Archiv para 29 diciembre, 2017

Presentación en el Templo

Escrito por Comentarista 7 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hoy se proclama en el evangelio el Misterio de la Presentación en el Templo del Niño de Belén y la Purificación de su Madre la Virgen María. El relato comienza en el versículo 22 del capítulo segundo del evangelio de Lucas, evitando proclamar el versículo 21 que nos habla de la Circuncisión y la imposición del nombre (celebrada en el Calendario anterior el día 1 de enero, justo a los ocho días de la Natividad). En el texto que nos ocupa se hace referencia al cumplimiento de los días, pues según la Ley, el día 40 del nacimiento, todo varón primogénito debía ser rescatado y su madre purificada.

La ofrenda por la purificación es de un par de tórtolas o dos pichones. Esta era la ofrenda de los pobres; quizá este es un detalle programático de la vida de Jesús: el Señor se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8,9).

Lo que resulta más interesante es que fuera las prescripciones de la Ley, Jesús es también “presentado” en el Templo. Se produce aquí una de las muchas paradojas que se sucederán en la vida de Jesús: los primogénitos eran pertenencia exclusiva de Dios (cf. Ex 13,2.12-13.15) por eso había que rescatarlos, pero aquí en vez de rescatar al primogénito y que vuelva a sus padres no se habla nada del rescate sino del ofrecimiento; Jesús recién nacido “pertenece” a Dios y en esto consistirá toda su vida, en volver al lugar de donde había venido (cf. Jn 16,28), pero en esta ocasión llevando cautivos (cf. Ef 4,8).

David, rey de Israel (1000-961 a. C.)

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Santos: Tomás Becket, obispo y mártir; Trófimo, Alberto, confesores; Calixto, Félix, Bonifacio, Domingo, Víctor, Primiano, Liboso, Saturnino, Secundo, Honorato, mártires; Crescente, Catrense, obispos; Trófimo, obispo y mártir; Ebrulfo, Giraldo o Giraud, Vidal, Marcelo, abades; David, rey y profeta.

Tomás Becket, arzobispo y mártir (1118-1170)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Tomás Becket, obispo y mártir; Trófimo, Alberto, confesores; Calixto, Félix, Bonifacio, Domingo, Víctor, Primiano, Liboso, Saturnino, Secundo, Honorato, mártires; Crescente, Catrense, obispos; Trófimo, obispo y mártir; Ebrulfo, Giraldo o Giraud, Vidal, Marcelo, abades; David, rey y profeta.

29/12/2017 – Viernes – Octava de Navidad

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Quien ama a su hermano permanece en la luz
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2, 3-11

Queridos hermanos:

En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos.

Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.

En esto conocemos que estamos en él.

Quien dice que permanece en él debe caminar como él caminó.

Queridos míos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado.

Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo – y esto es verdadero en él y en vosotros -, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya.

Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.Palabra de Dios

Sal 95,1-2a.2b-3.5b-6
R. Alégrese el cielo, goce la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.

El Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo. R.

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel. R.

EVANGELIO
Luz para alumbrar a las naciones
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-35

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”, a quien has presentado ante todos los pueblos: “luz para alumbrar a las naciones” y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María su madre:

«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción – y a ti misma una espada te traspasará el alma – para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Palabra del Señor