Episodio de la profetisa Ana

Escrito por Comentarista 7 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Con el episodio de la profetisa Ana, Lucas cierra el ciclo del Nacimiento de Jesús. Efectivamente, al final del Evangelio proclamado se afirma que después de cumplir con todo lo que prescribía la Ley, regresaron a Nazaret. Hay varios elementos sobre los que se puede reflexionar en este día:

El primero es tratar de saciar nuestra curiosidad acerca de la cronología de los acontecimientos. Si Lucas nos dice que después de la Presentación en el Templo, es decir, a los cuarenta días, regresaron a Nazaret, ¿dónde se sitúa la huida a Egipto de la que nos habla Mateo? Hay que tener en cuenta que en los relatos de la Infancia de Jesús no importa tanto la cronología si no la narración de los acontecimientos. A Mateo le interesaba remarcar el hecho de que Jesús, como prototipo de Israel, también vivió en Egipto y de este modo, señalar que la profecía “de Egipto llamé a mi Hijo” (cf. Os 11,1) estaba sobradamente cumplida. Lucas insiste, sin embargo, en el cumplimiento de la Ley y de los preceptos rituales y no se preocupa de relatar otros hechos de la Infancia de Jesús; no es que no los conozca, no sabemos si se los contaron, pero aunque los supiese, no los contó porque contó sólo lo que quiso contar. Todos los evangelistas hicieron lo mismo porque no pretendían hacer una biografía de Jesús, sino contar aquello que era necesario para la salvación (cf. Jn 20, 31).

El relato de hoy se centra, en cambio, en una mujer anciana, Ana, llamada profetisa, en la que se concentran todas las esperanzas de Israel. Podríamos decir que ella es una de las que forman el “Resto de Israel” término que acuño el profeta Sofonías al referirse al grupo de gente humilde y pobre llenos de fidelidad hacia Dios, un pequeño grupo que mantendrá firme y vigente la alianza y permanecerá firme en la comunión con Dios. A este pequeño grupo pertenecían María y José y otros justos.

La profetisa Ana nos invita también hoy a nosotros a que mantengamos viva la esperanza de la Salvación, a que, formando un nuevo “resto” anunciemos con nuestra vida y nuestras palabras y obras que el Señor está cerca de nosotros.

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