Archiv para 4 enero, 2018

Ana Isabel Seton, fundadora (1774-1821)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Celso, Gregorio, Rigoberto, Ferréolo, obispos; Dafrosa, Hermetes, Ageo, Cayo, Máyulo, Aquilino, Gémino, Eugenio, Marciano, Quinto, Teódoto, Trifón, Prisco, Prisciliano y Benedicta, mártires; Roger, abad; Ana Isabel Seton, fundadora; Genoveva Torres Morales, fundadora del Instituto de las RR. MM. Angélicas, beata.

Dafrosa, mártir († a. 362)

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Santos: Celso, Gregorio, Rigoberto, Ferréolo, obispos; Dafrosa, Hermetes, Ageo, Cayo, Máyulo, Aquilino, Gémino, Eugenio, Marciano, Quinto, Teódoto, Trifón, Prisco, Prisciliano y Benedicta, mártires; Roger, abad; Ana Isabel Seton, fundadora; Genoveva Torres Morales, fundadora del Instituto de las RR. MM. Angélicas, beata.

La mentira

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

san Juan 3, 7-10

Sal 97, 1-2ab. 7-8a. 8b-9

san Juan 1,35-42

Hoy, la primera lectura de la carta del apóstol san Juan, en la Misa empieza así: “Hijos míos que nadie os engañe”. Hay todo un deseo, me atrevería a decir que vehemente, por parte de Dios, de que nadie nos engañe. Un deseo a que no nos engañen que se remonta al principio de los tiempos.

Es lógico, porque con la mentira empezaron todos los males del hombre. Eva y después Adán, fueron engañados por el diablo: “quien comete pecado -seguimos leyendo en esta primera lectura- es el diablo, pues el diablo pecó desde el principio”.

No sé si desde entonces, o como consecuencia de las constantes mentiras que el diablo ha inventado para seducir y engañar al hombre con el fin de apartarlo de Dios, es por lo que al diablo se le ha llamado “padre de la mentira”, es decir, progenitor, origen, engendrador de la falsedad. También por eso podemos decir que el mismo San Juan que es el que hoy nos propone esta lectura en la Misa, sea el que nos diga que “la verdad os hará libres” es decir, Dios nos hace libres; el diablo es el que nos hace esclavos: de las pasiones, de las codicias, esclavos de las mentiras.

Lo de la mentira está mal; está mal que se las digamos a otras personas: que les mintamos. Pero el peor mal es la mentira para con uno mismo: engañarse. Y así volvemos al principio de esta carta de San Juan: “hijos míos, que nadie os engañe”.

Engañarse así mismo. He aquí el mal de los males: “no pasa nada por hacer eso”; ¡Cómo me voy a condenar por no ir a misa los domingos!, ¡qué tontería!”; “seguro que no pasa nada por mantener relaciones sexuales con la persona que amo aunque no sea mi cónyuge todavía”, y con estas “mentiras” o parecidas, el hombre se quiere engañar. Se engaña cuando conocedor de los Mandamientos de la Ley de Dios dicen lo contrario a esos ejemplos que hemos puesto o, en general, cuando “opinamos” de modo contrario a lo que Dios nos ha dicho en su Ley suprema para los hombres, entonces, estamos, como Adán y Eva, dejándonos engañar por el padre de la mentira. Ciertamente no se nos aparece el demonio en forma de serpiente susurrándonos al oído estas mentiras. Pero “nos vienen a la cabeza” esos pensamientos que -contrario a lo que Dios nos ha dicho- damos cabida y seguimos sus insinuaciones hasta creer más a ellos -a nuestros pareceres y opiniones, a lo que nos viene a la cabeza- que a lo que oímos y sabemos se nos dice de parte de Dios.

Fíjate que hay unas palabras maravillosas de Isabel, la prima de la Virgen María, que estos días de Navidad tienen quizá el contexto más apropiado para ser citadas, que son las que le dijo a la Virgen en cuanto ésta apareció en su casa después de que le anunciara el Ángel que iba a ser madre de Dios. “Bienaventurada tú -dice Isabel a nuestra Madre- que has creído todo lo que se te ha dicho de parte de Dios”. Ella sabe que en Dios está la verdad, por eso se lo cree todo de Él. Pero no de quien -de creerlo- nos apartaría de Dios, porque seguir esos consejos, de otros o de nuestros propios pensamientos, serían seguro pensamientos o consejos que provendrían del “padre de la mentira”.

 

04/01/2018 – Jueves – Tiempo de Navidad.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
No puede pecar, porque ha nacido de Dios
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 7-10

Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo.

Quien comete el pecado es del Diablo, pues el Diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo.

Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido Dios.

En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del Diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.

Palabra de Dios.

Sal 97, 1-2ab. 7-8a. 8b-9
R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos,
aclamen los montes. R.

Al Señor, que llega
para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud. R.

Aleluya Heb 1, 1-2
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. En muchas ocasiones habló Dios antiguamente
a los padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo. R.

EVANGELIO
Hemos encontrado al Mesías
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1,35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

«Este es el Cordero de Dios».

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

«¿Qué buscáis?».

Ellos le contestaron:

«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»-

Él les dijo:

«Venid y lo veréis».

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:

«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

Palabra del Señor.

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