Archiv para 5 enero, 2018

Cuando el Niño viene a tu corazón

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

San Juan 3, 11 21

Sal 99, 1 2. 3. 4. 5  

San Juan 1,43 51

No, no me interpretes mal; no es que se desentienda de nosotros. Ya te dije, en su momento, que el Hijo de Dios no ha venido a la Tierra “de visita”. Pero el Niño Jesús, que ha plantado su tienda entre los hijos de los hombres, no ha acampado para quedarse quieto. Vino marchándose, y en verdad se marcha, pero quiere llevarnos con Él. Como el Buen Pastor, salió del Divino Establo en que pastoreaba a los ángeles para buscar a quienes, a causa de nuestros pecados, habitábamos en tierras de sombras. Y, ahora que está entre nosotros, hecho Cordero el Pastor, y aunque aún no sabe andar, ya encabeza una santa procesión de ovejas que tiene, como destino, los añorados pastos del Cielo.

Le preguntábamos ayer “¿Dónde vives?”, y, atraídos por sus ojos, llegamos a Belén, llegamos a María, de donde nunca nos debimos haber marchado. Hoy, aún nuestra mirada fija en Él (¡No la retires! ¡Que no te distraigan!), escuchamos su llanto, y el llanto se nos torna silbido. El Niño, es verdad, aún no sabe hablar ( ¡Misteriosa y divina misión la de José y María: enseñar a hablar a la Palabra!), pero ya silba… Silba con los silbidos del Buen Pastor, y en ellos ya escuchamos, tú y yo, ovejas perdidas y fatigadas, la misma invitación que, años más tarde, dirigiera a Felipe: “Sígueme”… “Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y voy al Padre” (Jn 16, 28)… Y ya comienza, ya está dando sus primeros pasos, la maravillosa peregrinación que, partiendo de la Tierra, llegará al Reino de los Cielos cruzando la Puerta Santa de la Cruz… Estás a tiempo; el Señor te está llamando, y tienes que decirle que sí. De otro modo, pasará la Navidad, y te habrás quedado solo, solo otra vez. ¿Acaso no ves que el Niño ha venido a por ti, que no quiere marcharse sin ti, que no quiere vivir la eternidad sin ti? Pero no te llevará a la fuerza; necesita tu “sí” junto al Pesebre, necesita que te levantes y le sigas, dejándolo todo atrás.

Todos estos días, en nuestras iglesias, veneramos con un beso la imagen del Niño Jesús. Que tu beso no sea un beso de despedida, que no signifique: “¿Ya te marchas? ¡Qué rápido se me ha pasado la Navidad!”. No; tu beso tiene que ser un beso de Alianza, un beso nupcial, el beso de quien quiere unir su vida y su destino con Aquel a quien besa, y que, por tanto, está dispuesto a caminar con Él, por muy duro que sea el camino. Pero, no temas. Cuando, hoy, te acerques a besar la imagen del Niño, coge a la vez la mano de su Madre. Ella viene con nosotros, pegadita al Cordero. Al final – ya lo verás – el camino lo recorrerás en brazos… ¡Nos vamos! ¡Date prisa!

Simeón, estilita (s. V)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Telesforo, papa; Juan Neumann, Eufrasio, obispo; Teodoro, Onulfo, Onoberto, confesores; Simeón estilita, anacoreta; Amelia, Emiliana, Apolinaria, Sinclética, vírgenes; Amada, abadesa.

05/01/2018 – Viernes de la 2ª semana de Navidad.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 11-21

Queridos hermanos:

Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros.

No seamos como Caín, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran justas.

No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie; nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte.

El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva permanentemente en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Pero si uno tiene bienes del mundo y viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.

En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo.
Queridos, si el corazón no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios.

Palabra de Dios.

Sal 99, 1-2. 3. 4. 5
R. Aclama al Señor, tierra entera.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R.

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.» R.

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Un día sagrado nos ha iluminado
venid, naciones, y adorad al Señor,
porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra. R.

EVANGELIO
Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 43-51

En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice:

«Sígueme»

Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:

«Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».

Natanael le replicó:

«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».

Felipe le contestó:

«Ven y verás».

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:

«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

Natanael le contesta:

«¿De qué me conoces?».

Jesús le responde:

«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

Natanael respondió:

«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Jesús le contestó:

«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

Y le añadió:

«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Palabra del Señor.

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