Archiv para 13 enero, 2018

Jesús llama a Leví

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Estoy viendo como nieva y quiero decirlo. He encendido la calefacción y me dispongo a escribir el comentario del próximo viernes, que es este que ahora puedes leer. La nieve parece agua delicada. Me pongo bajo ella y, al principio ni siquiera notas que te moja. Es el mismo agua que hoy nos visita de otra manera, como envuelta para regalo. No me canso de mirarla y, me pregunto, si me pasa lo mismo con los evangelios.

Caen los copos y no quiero escudriñar en su interior porque es hermoso tal cual, en su simplicidad. También el evangelio es sencillo y no deberíamos cansarnos de contemplarlo. Sobre todo de mirar a Jesús y de ver lo que dice y lo que hace. Hoy nos encontramos con la vocación de Leví, al que solemos llamar Mateo, pues es su nombre de apóstol. Era cobrador de impuestos y llegará a ser evangelista. Cuando él narra este episodio en su evangelio dice que Jesús llamó a Mateo, pero Lucas escribe también Leví, como Marcos, quien además señala que era “el de Alfeo”. Esto no tiene nada de raro, salvo que parece que a Mateo le gustaba más que le llamaran así que no Leví, aunque este fuera también su nombre.

Jesús le dirige una palabra muy simple: “Sígueme”, y Leví se levanta y abandona su “mostrador de impuestos”, lo cual es muy sorprendente, porque parecía un empleo seguro y lucrativo, aunque fuera mal visto. Aquel día, o alguno más tarde, dejó de cobrar impuestos. Quizás por eso Marcos y Lucas lo mencionan como Leví, para encubrir que es Mateo y que cobraba impuestos. Y por eso Mateo dice que era Mateo, porque quiere dejar claro que Jesús lo llamó cuando cobraba impuestos. Y, como leemos hoy, estaba muy mal visto.

De sentado al telonio (que era la oficina para recaudar impuestos, tan popular como ahora), pasaron a sentarse a la mesa. Esa es la misericordia que experimentó Leví el alcabalero. Y la que también experimentamos nosotros pues Jesús no deja de invitarnos al banquete de la Eucaristía. Ayer se nos recordaba la penitencia; hoy la eucaristía. Siempre es el mismo Jesús y su misericordia infinita. Y los fariseos vuelta a voznar, que lo suyo no fueron arrullos de tórtola sino graznidos de cuervo: “¿por qué come con publicanos y pecadores?”. Y el mismo Señor, en un acto de condescendencia, responde. Hoy no ha tenido que leer en su interior, porque era tal su dureza, que han verbalizado su enojo. Les explica, que ha venido a llamar a los pecadores, igual que un médico está para sanara a los enfermos. Una manera amable de invitarles a sentarse en la mesa auque, sospechamos, prefirieron escudarse en su ayuno para rechazar la misericordia.

San Juan Crisóstomo, que tiene unas hermosas homilías sobre el evangelio de Mateo, lo llama alcabalero y dice: “no me avergüenzo de llamarle con el nombre de su profesión ni a él ni a los otros; pues eso, mejor que nada, muestra la gracia del Espíritu Santo y la virtud de los apóstoles”, y añade en otro momento, dándole palabra al apóstol: “no hemos recibido lo que recibimos porque antes trabajáramos y sudáramos nosotros, no por habernos cansado y sufrido, sino únicamente porque fuimos amados de Dios”.

El Señor también ha tenido misericordia de nosotros. Que nunca lo olvidemos. Virgen María, memoria de Cristo, ayúdanos a tener siempre presente su amor.

13/01/2018 – Sábado de la 1ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Ese es el hombre de quien habló el Señor; Saúl gobernará a su pueblo
Lectura del primer libro de Samuel 9, 1-4. 17-19; 10

Había un hombre de Benjamín, de nombre Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afij, hijo de un benjaminita,. Era un hombre de buena posición.

Tenía un hijo llamado Saúl, fornido y apuesto. No había entre los hijos de Israel nadie mejor que él. De hombros para arriba, sobrepasaba a todo el pueblo.

Las borricas de Quis, padre de Saúl, se habían extraviado; por ello ordenó a su hijo:

«Toma contigo a uno de los criados, ponte en camino y vete a buscar las borricas».

Atravesaron la montaña de Efraín y recorrieron la comarca de Salisá, sin encontrarlas. Atravesaron la comarca de Saalín y el territorio benjaminita, pero no dieron con ellas.

En cuanto Samuel vio a Saúl, el Señor le advirtió:

«Ese es el hombre de quien te hablé. Ese gobernará a mi pueblo».

Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta, y le dijo:

«Haz el favor de indicarme dónde está la casa del vidente».

Samuel le respondió:

«Yo soy el vidente. Sube delante de mi al altozano y comeréis hoy conmigo. Mañana te dejaré marchar y te aclararé cuanto te preocupa».

Tomó entonces Samuel el frasco del óleo, lo derramó sobre su cabeza y lo besó, diciendo:

«El Señor te unge como jefe de su heredad. Tú regirás al pueblo del Señor y lo librarás de la mano de los enemigos que lo rodean».

Palabra de Dios.

Sal 20, 2–3. 4-5. 6-7
R. Señor, el rey se alegra por tu fuerza.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios. R.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término. R.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia. R.

Aleluya Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad. R.

EVANGELIO
No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.

Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice:

-«Sígueme.»

Se levantó y lo siguió.

Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa, de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que los seguían.

Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos:

-«¿Por qué come con publicanos y pecadores?».

Jesús lo oyó y les dijo:

-«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores».

Palabra del Señor.

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