El texto del Evangelio de este sábado, tomado del relato de Mateo, es una muestra de sensibilidad y de buen gusto, de las que la simple lectura nos hace sonreír. Para comenzar encontramos un centurión romano que sale al encuentro con Jesús, conociendo la situación de opresión del Pueblo judío frente a la autoridad romana y las críticas mordaces contra los colaboracionistas con el opresor nada bueno cabe esperar de este encuentro. Sin embargo desde el principio llama la atención la actitud del romano, primero el centurión se acerca con confianza a Jesús impropia de un opresor, o del poder establecido, y además el centurión no pide nada para sí, sino que le presenta la situación de pobreza extrema y sufrimiento, un de sus criados postrado en cama paralítico y sufriendo.

Son muy escasos en los evangelios en los que los protagonistas piden una ayuda para un tercero, no demandan nada para sí, y lo que es más sorprende que el centurión se preocupe de esa manera por un sirviente. La respuesta de Jesús no se hace esperar, esta dispuesta a ir inmediatamente a ver al criado, pero de nuevo el centurión nos sorprende con una sencillez y una delicadeza fuera de lo usual, pues confía plenamente en lo que Jesús puede hacer, y sabiendo que visitar su casa puede comprometerle lo rechaza con naturalidad.

¿Cuántas veces nuestros egoísmos, mi egoísmo bloquea esa sensibilidad o ese tener en cuenta al otro? Especialmente hoy, que estamos todos obsesionados con obtener beneficios inmediatos nuestro deseo se antepone a cualquier realidad, nos ocurre como a los adolescentes con Dios, cuando le pedimos algo tiene que ser ya y como le decimos, con una falta total de sensibilidad. Sin embargo el centurión nos enseña otra forma de actuar, nos enseña otra forma de reaccionar ¿aprenderemos hoy de él?

Finalmente el evangelio nos presenta otros casos de curaciones, la suegra de Pedro, que nada más levantarse se pone a servirlos, un montón de endemoniados… pero probablemente lo que más llama la atención es la expresión: “curó a todos los enfermos”. ¿No es un motivo de esperanza? Jesús  quiere también curar tus enfermedades. Animo.