Autor del archivo

Desierto

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Siempre me ha llamado la atención el significado de los números para los judíos. En muchos momentos a lo largo del Antiguo Testamento aparece el número cuarenta. Este número para los judíos siempre nos lleva en la Biblia a una experiencia espiritual intensa. Es el origen de la palabra cuaresma un tiempo de camino con un recorrido que nos lleva a una meta importante. Sabemos que es la Pascua, el misterio central para la experiencia de nuestra fe. Renovar esta experiencia para crecer y madurar en la fe es vital en nuestra vida cristiana. para ello vivimos este tiempo.

La experiencia del desierto a la que se retira Jesús y que tan expresivamente nos trae hoy Marcos, es una experiencia que las lecturas de comparan con los mismos efectos que tuvo el diluvio o el bautismo para los que la viven. Es un espacio de acercamiento a Dios necesario para llevar adelante la misión que te ha encomendado. Este número nos sugiere en el evangelio de hoy que las tentaciones en la vida de Jesús no acabaros en el desierto, sino que sucedieron continuamente a lo largo de su vida. En esto nos sentimos identificados, ya que nosotros también las sufrimos ¿Que nos enseña? A como afrontarlas y rechazarlas.

Primero el Espíritu empuja a Jesús a retirarse al desierto. Debemos escuchar la voz del Espíritu y tomarnos nuestros tiempos de “desierto” en nuestra vida: oración personal, retiros, ejercicios espirituales, etc. En sí, toda la cuaresma, también debemos tomárnosla como un tiempo de desierto.

Segundo, como Jesús tendremos que confrontarnos con Satanás para aprender a detectar sus tentaciones y a rechazarlas, especialmente en momentos de debilidad, de cansancio o de angustia, y hacernos fuertes ante el. Jesús nos enseña que la austeridad del desierto es nuestra mejor aliada para vencerle; ahí el ayuno y la abstinencia.

Tercero, el amor al Padre es el que hará que venzamos la tentación. Sólo amando intensamente al Padre, más que a nuestros propios intereses y supuestas necesidades, hará que no haya tentación que se nos resista.

Esta Cuaresma puede ser el tiempo decisivo para nuestra conversión: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio»

Enfermo

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¡Que problema tenían los fariseos porque Jesús y sus discípulos participaban de banquetes y compartían momentos de fiesta! Se dedicaban a murmurar y a acusarles con el dedo de estar con los excluidos, con los pecadores, con los no-puros, como si Dios no quisiera saber nada de ellos. Ya Isaías reprende a esta clase de personas: Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía.

Seguimos el camino de esta Cuaresma con un nuevo aspecto que el evangelio nos apunta: la importancia de acercarnos a todos, especialmente a los alejados y a los pecadores, para suscitar su conversión. No como los “puros y perfectos” y ellos los “manchados e imperfectos”. Sino, conscientes de que nosotros también somos pecadores, estamos enfermos del alma, pero hemos encontrado la liberación de nuestro pecado, la salvación en Jesucristo que nos ha elegido, que nos ha llamado, que nos perdona. Así lo experimentó Leví que nos dudó en dejarlo todo cuando Jesús se acercó y le llamó. Esta experiencia sanadora es tan gozosa y liberadora que ofreció en su honor un gran banquete.

La experiencia del encuentro con el Señor hace que nuestra vida pase de ser una carga o desenfreno o una lucha sinsentido o una existencia herida, a ser una bendición como señala la primera lectura. Muchos estábamos enfermos en nuestra vida, no físicamente, sino vitalmente. Y gracias a reconocernos necesitados de un médico, Jesús ha podido acercarse y sanarnos.

Aunque dejar de estar enfermo no es de la noche a la mañana. Es un proceso que requiere recorrer un camino de seguimiento, de confianza en el Señor. En ello estamos. Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad.

¿Y tú?

Ayuno

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Es importante en la vida saber porque hacemos las cosas y, sobre todo en nuestra religión, por qué la Iglesia nos enseña ciertas prácticas que la tradición nos ha traído del Evangelio. En este tercer día de la Cuaresma nos habla Jesús en Mateo del ayuno. Las prácticas religiosas de su tiempo son vividas por los judíos, y especialmente por los fariseos, como una carga y algo triste o forzado. Un contraste notorio con el aire fresco, la alegría y la liberación que Jesús nos trae con el anuncio del Reino.

No es que Jesús supere estas prácticas por no ser válidas, sino el sentido y el por que las practican. Si se viven desde el formalismo, el que toca o la apariencia por el “cumplo-y-miento”, pierden su sentido y su función, no es lo que Dios quiere.

El ayuno es una pedagogía que nos ayuda a entrenar la voluntad con la renuncia a las cosas buenas (comidas placenteras y que nos gustan, bebidas, aficiones, tiempo de ocio, hacer lo que me apetece, etc) para poder rechazar las cosas malas cuando lleguen. Es avanzar en el dominio de si para ser nosotros directamente los que deciden el bien, lo mejor en nuestra vida y no dejarnos llevar por vicios, debilidades o pasiones que nos quitan el control de la misma.

Es verdad que el ayuno en su práctica gustosa y deseada, misteriosamente nos abre a la gracia y a gustar las cosas de Dios. Nos pone como en sintonía, en linea con Él y su voluntad. Claro que este ayuno tiene que estar unido a la oración, porque si no, es meramente una práctica ascética que no nos ayuda.

Jesús elogia la manera de vivir el ayuno de Él y sus discípulos con privaciones auténticas, vividas desde la esperanza y la alegría de que el Señor está con nosotros, toda una fiesta para nuestra existencia. Es la ilusión de seguirle y participar en la construcción de su Reino. El ayuno no es una norma para el cristiano, ni un castigo o una carga. No es una obra nuestra. Es obra del Espíritu en nosotros, es una ayuda, una oportunidad, un paso más para la liberación que nos trae el habernos encontrado con Él  ¿No lo ves así? ¿Cómo lo vives? ¿Como los fariseos o como los discípulos de Cristo?

Negarse

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Somos personas con vida interior, con pensamientos, con sentimientos, con deseos, con emociones, con… Vemos lo que nos rodea y el mundo desde nosotros y lo más fácil es ponernos en el centro de todo. Esto nos trae muchos problemas y nos suele distorsionar la realidad, confundiéndonos y no dejándonos actuar como queremos. Es verdad que vamos aprendiendo en la vida y gracias al evangelio, a no ponernos en el centro, a no ser egocentristas o egoístas. La fe en Cristo nos ayuda a ir poco a poco poniendo a quien es realmente el centro de todo: a Jesucristo, el Señor. No lo es ni cosas, ni proyectos, ni ideales, ni sueños, ni valores, ni personas.

En este segundo día de la Cuaresma, la Palabra de Dios en el pasaje de San Lucas nos dice que si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, o sea, que se quite del centro de su vida y, además, no pretenda serlo del mundo. Esto tiene tela, vaya, no empezamos con algo fácil y sencillo. Pero es que esto es fundamental para convertirnos, para cambiar, para ser discípulos de Jesús, para que seamos felices de verdad. Ya lo enseña Moisés en los primeros versículos de la primera lectura.

Si no somos conscientes y no trabajamos en dar este paso en el camino que hemos comenzado, todo lo demás será inútil; pierde su sentido de por qué hacerlo. Cuantas personas ganan el mundo entero (dinero, fama, reconocimiento, poder, etc) y se arruinan a sí mismos. Tenemos que poner nuestra confianza en el Señor, eso es ponerle en el centro de nuestra vida. Porque es dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Y ¿cómo lo hacemos? Jesús nos lo dice: toma tu cruz de cada día y sígueme. Acoge todo lo que eres, lo que te sucede, lo que vives día a día y actúa como Jesús nos enseña con su vida y nos va indicando. Se perseverante y no dudes en confiar en el éxito de esta enseñanza, de confiar en su Persona. A pesar de lo que te cueste y de las caídas que tengas, no dejes de intentarlo hasta el final. Negarse a sí mismo es el comienzo del camino y El Señor protege el camino de los justos.

Rasgad

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Una de las afirmaciones más comunes entre las personas mayores que yo escucho cuando hablamos de la confesión es “para qué confesarme, yo no tengo pecados; no mato, no robo, no salgo de casa…”. Es curiosa esta afirmación y triste en muchos casos de cristianos que van a Misa todos los domingos.

Hoy es Miércoles de Ceniza y comenzamos la Cuaresma con la imposición de la ceniza. La tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva. Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo. Y es que somos pecadores y, en la medida que vamos creciendo y madurando en nuestra fe nos damos más cuenta.

El gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal.

La profecía de Joel en la primera lectura apunta a buscar la verdad de nuestro actos, de lo que estamos viviendo. Con honestidad y mirándonos a nosotros mismos hay que rasgar nuestros corazones, no nuestros vestidos. Cambiar o dejarnos cambiar por el Señor no puede ser una mera apariencia o un mero deseo. Así nos enseña Jesús en el evangelio de hoy.

Tenemos una nueva oportunidad de dejar de ser unos ciegos y ver. No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor. Escuchar la voz del Señor hará que vayamos viendo la verdad poco a poco y tengamos un corazón nuevo. San Pablo nos llama a reconciliarnos con Dios a acercarnos más a Él, es tiempo favorable. Toda la Iglesia universal nos ponemos ante la misericordia de Dios en este tiempo, conscientes de que tenemos que evitar pecar y que hemos caído, hasta en lo más tonto y pequeñas faltas. Pero sus consecuencias para los demás y para nosotros tenemos que repararlas y aprender a no causarlas. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme, este es nuestro deseo.

Tenemos por delante un camino de cuarenta días, no nos engañemos, ni nos creamos que podemos hacerlo con Dios. Aprovechemos el momento, Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Prueba

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Que interesantes las lecturas de hoy porque son muy iluminadoras. Algo que comprendí hace muchos años en mi experiencia personal de vida es que Dios es infinitamente bueno y perfecto, tanto, que no cabe ningún error ni se le puede atribuir ni la más mínima imperfección o mal. Por ello, me di cuenta que Dios nunca tienta, ni nos pone a prueba. Es otro el que lo hace. así nos lo confirma hoy la primera lectura del apóstol Santiago: Cuando alguien se vea tentado, que no diga « Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie.

La vida misma nos presenta pruebas por una compleja suerte de consecuencias de los actos de los demás y de nuestros propios actos. En esta complejidad el malo se aprovecha y nos tienta produciéndose la situación de prueba. Em esta el Señor está con nosotros y es nuestro aliado y ayuda para superarla. Así les enseña Jesús a los apóstoles en el pasaje de hoy de San Marcos: ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?

Dios ante nuestro momentos de necesidad, de agobio, de problemas que nos angustian, de peligro, de desesperación, El nos salva. Los apóstoles estaban siendo tentados por el maligno y ante la necesidad de no tener pan discutían y se echaban la culpa unos a otros y se reprochaban en vez de pedir ayuda y solucionarlo entre todos. El Señor estaba con ellos en la barca y no contaban con él, como si nada. Esto es lo que muchas veces nos pasa ante las pruebas de la vida y ante las tentaciones; no contamos con Él, no nos apoyamos en Él, no le escuchamos, ni le pedimos ayuda para solucionarlo de verdad y superar la prueba. Escuchamos las voces del mundo o recurrimos a lo fácil: caer en la tentación, el fin justifica los medios, mis debilidades e imperfecciones lo justifican todo.

¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís?

Dichoso el hombre a quien tú educas, nos dice hoy el salmista en un salmo 93 muy instructivo y cierto. No nos dejemos llevar ni caigamos en tópicos absurdos y falsos sobre la vida. La Palabra de Dios de hoy es para leerla varias veces y meditarla en el corazón y en la cabeza porque nos enseña algo muy importante y nos descubre la verdad de lo que nos sucede: A cada uno le tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce; después el deseo concibe y da a luz el pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte.

Por eso, aprendamos del Señor la lección, despejemos nuestra mente y preparemos nuestro espíritu para afrontar como personas las pruebas de nuestra vida, porque bienaventurado el hombre que aguanta la prueba, porque, si sale airoso, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que lo aman.

Signo

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El otro día le comentaba una amiga a mi Madre que cree que no tiene fe. Mi Madre se escandalizó y le respondió que porque lo decía, si toda su vida ha ido a Misa y han estado cerca de la Iglesia. Ella añadió que no sabía porque. Es una persona que no falta ningún mes a la cita con la imagen de Jesús de Medinacelli y sigue otras muchas costumbres debocionales que cumple a rajatabla.

 

Curiosamente, esta persona nunca ha cuidado su formación en la fe, ni la comparte en comunidad, ni lee la Biblia, ni dedica un tiempo al sosiego de la oración habitualmente, sino a rezos y mecanismos humanos para conseguir algo. Es parecido a lo que le pasaba a los fariseos en tiempos de Jesús. No me extraña que discutieran con el Señor y le exigieran un signo para creerle. La falta de fe y de profundidad espiritual les llevó a no encontrarse con Jesucristo, aunque le tuvieran delante. Este es el problema de muchos bautizados y de tradición cristiana familiar. Como también, de los que están buscando todos los días “signos” tangibles y milagrosos en supuestas apariciones y videntes por todo el mundo. La falta de una experiencia personal de encuentro con Jesucristo, por diversos motivos, les lleva al alejamiento, enfriamiento y abandono de la fe cristiana, aunque algunos militen en un fundamentalismo radical y recalcitrante.

 

Jesús no les dio ningún signo porque no buscaban a Dios, ni le escuchaban, ni tenían intención de encontrarle. Dios quiere que le encontremos y nosotros tenemos que esforzarnos en buscarle de corazón, porque nos va la vida en ello. No es fácil y muchas veces podemos estar muy perdidos o muy heridos. Pero, como nos dice el apóstol en la primera lectura considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia. Vivir una fe auténtica porque queremos encontrarnos con el Señor, estar con Él, seguirle solo a Él, confiados de que esto es lo mejor de nuestra vida.

 

En esta Cuaresma caminamos de nuevo para purificar nuestra fe, para que el Señor la aumente, para dejarnos curar por Él, y así reconocer, Señor, que tus mandamientos son justos, que con razón me hiciste sufrir. Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo. Este es el “signo” que esperamos y en el que nosotros somos parte activa.

Tiempo

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Comenzamos un nuevo año litúrgico y, por tanto, un nuevo ciclo litúrgico: el B. Y lo comenzamos, como siempre por el tiempo litúrgico del Adviento. La palabra latina “adventus” significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. Se abre un camino en las cuatro próximas semanas como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor en la Navidad.

 

Es un tiempo que lo podemos aprovechar para pensar todo lo bueno que nos ha concedido el Señor hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores hoy y en adelante. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo.

Para ello, os invito a hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta, que se nos ha desajustado en nuestra vida. Luego elegir un punto sólo y trabajarlo para que Jesús lo transforme.

 

Esto es muy importante porque no sabemos cuando se nos acabará el tiempo y vendrá definitivamente Jesucristo ante nosotros. Por ello, el evangelio de hoy nos invita a estar vigilantes y en alerta, a no dejarnos sorprender. Sabemos que la Venida de Jesús en la Navidad está conectada íntimamente con su Venida en el último día. Y como dice San Pablo en la segunda lectura por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don. Así que, no podemos perder el tiempo para seguirle, para dejarnos enseñar por Él a amar como Él nos ama.

 

Isaías nos presenta el primer problema que tenemos que solucionar en este tiempo para amar más: el de nuestro pecado. «Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema?» En Jesús, Dios ha rasgado los cielos y ha descendido entre nosotros para liberarnos de nuestros pecados. Así, la Navidad es la celebración de las obras maravillosas realizadas por Dios y que nunca hubiéramos podido esperar. Nos ha salvado y por su gracia podemos amar sin límites hasta desterrar el mal de nuestras vidas. Adelante, estamos en camino, ¿a qué esperas para experimentar su misericordia? Aprovecha este tiempo.

Plenitud

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Estamos viviendo situaciones novedosas para la mayoría y conocidas para algunos. Estamos en unos tiempos convulsos que están provocando una situación de inseguridad en el ámbito de “confort” de las personas. Es verdad que no esta mal un estado de “bienestar”, supuestamente para todos, donde todo este controlado y siga su curso previsto, según el sistema actual de convivencia. Pero este “estado” basado sólo en comodidades materiales y dentro de un consumismo hedonista disparado, donde cada vez tiene menos importancia la persona y el centro es el dinero y los “derechos”, no es lo mejor y no tiene ningún futuro. ¿Por qué? Porque le falta una aspiración a la plenitud. Porque es sesgado y parcial, y no responde a nuestros deseos más profundos. Falta la ayuda para salir de nosotros mismos y encontrarnos con el otro.

 

¿Cómo? Llevamos en la liturgia de esta semana escuchando la Palabra que nos profetiza la plenitud del Reino y nos describe de muchas maneras la realidad del final de estos tiempos. Como la historia de la salvación lleva a la humanidad y a cada uno de nosotros al encuentro definitivo con el Rey del Universo, Jesucristo, el único que nos pude llenar plenamente. Nos preocupan las guerras, los desastres, los refugiados, las hambrunas, etc. Pero la batalla crucial y las bestias que nos acechan vienen de la raíz que provoca todo esto: el mal, el pecado que no evitamos y que nos tienta de mil maneras todos los días para que lo materialicemos.

 

Nuestro “confort” verdadero es vivir como cristianos auténticos que disfrutan de la presencia del Señor y reina en nuestro corazón y nuestra voluntad. Es mantener constantemente una sincronía con Él, como se sincronizan los móviles con la “nube”, que nos transforme en imagen suya para los demás.

 

No es cuestión de vivir atormentados en clave “apocalíptica” mundana, con miedo a que todo sea aniquilado como en las películas. Sino, de vivir en clave de “salvados”, hijos e hijas de Dios que han recibido como don ser ciudadanos de un reino que no tiene fin, que se va a imponer a todos los de la tierra y que se someterán todos los soberanos. Lo único que va a ser aniquilado es el mal, el pecado, el dolor, el sufrimiento para siempre.

 

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre. Buen consejo que nos da Jesús hoy en el evangelio. No dejemos de bendecir al Señor con nuestras vidas, vivir acorde con nuestro ser bendecidos por Él.

Sentido

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

La semana pasada recibí una llamada triste que me hizo un amigo para contarme una tragedia en su familia: un cuñado se había suicidado y todos estaban destrozados. En el día a día me encuentro con muchas personas que se preguntan por el sentido de sus vidas. Casi siempre, sucede algo importante en sus vidas que cambia radicalmente su situación de confort: pierden el trabajo que tenían desde hace muchos años, su marido la deja, se muere un hijo, le detectan un cáncer grave, sufren una depresión por primera vez, le deja su novia después de quince años de relación, se arruina la familia que tenía mucho dinero, sus hijos han dejado de hablarla, etc. Buscan a alguien que les escuche y les de una respuesta.

 

Yo les escucho, pero no tengo la respuesta. Siempre compruebo si se lo han preguntado al Señor. Pocos lo hacen. A medida que profundizas en la amistad con Jesús y compartes tu vida con Él, descubres que el sentido de nuestra vida es alabar y servir a Dios. Nos lo dice en la Biblia. Hemos sido creados por el Amor de nuestro Creador para ser objeto y sujeto de este amor. Una de las cosas principales que restaura la redención de Cristo es algo importante que habíamos perdido: el sentido de nuestra existencia. Y lo va restaurando en cada uno de nosotros. A medida que maduras en tu fe y dejas a Dios que este presente en todos los aspectos de tu vida, va derribando las barreras que te impiden ver las maravillas que ha hecho en ti y te sientes agradecido. Y la mejor forma de mostrarle tu gratitud es que tu vida sea para servirle a Él en los demás. ¿Cómo? Confía en Él y te lo ira diciendo; déjate guiar y no te perderás.

 

Pero para ello, Jesucristo tiene que ser el Rey de tu vida, el más importante; más que cualquier cosa o persona de este mundo, de tu mundo. Tú corazón tiene que reposar en Él y estar enganchado, como cuando te enamoras. Así lo verás todo con claridad y seguridad, siendo consciente de tu fragilidad. Cuando una persona se quita la vida es que hace mucho que la perdió, sacando a Dios de su vida. Su corazón estaba enganchado a los falsos ídolos de este mundo: seguridad material, posición, fama, sobreprotección familiar, afectos desordenados con personas…

 

Si Él reina en tu vida, esta tendrá siempre su sentido y ten por seguro que el cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. Porque su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

febrero 2018
L M X J V S D
« Ene    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728