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Perdonar siempre

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Una de las cosas que más le entretiene a mi Madre, y que sigue sin perderse un capitulo todos los días, son las series interminables de la sobremesa, los “culebrones”. En ellas se cuentan historias ficticias de personas y familias que viven historias y tramas de las relaciones humanas. Lo preocupante es ver como se suceden situaciones de rencores y venganzas, de odio sin fin que va, poco a poco destruyendo a las personajes. Es ficción, pero lo peor es que también sucede en la vida real y, a veces, la realidad supera a la ficción.

En esta semana la Palabra nos ha ido instruyendo en las buenas actitudes, pensamientos y hábitos que nos ayuden a hacer buenas obras y tomar buenas decisiones en la vida. Pero, hay momentos y circunstancias que no lo hacemos. Pecan y pecamos, obran y obramos mal, nos ofenden y ofendemos, nos hacen y hacemos daño, perjudicamos, nos perjudicamos y nos perjudican, de una manera más o menos grave. ¿Cuál es la actitud que nos enseña la Palabra hoy?

Las lecturas se colocan en la perspectiva de la víctima o del que sufre el mal. Cuando nos toque a nosotros la respuesta debe ser siempre la misericordia, el perdón, no guardar rencor y no ser vengativo. Así es el Señor y nosotros que le seguimos e imitamos en nuestra vida, también. Esto es importantísimo, tanto, que el libro del Eclesiástico nos advierte de las consecuencias de no vivirlo así: el vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados; deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte…

Y es que vivimos para el Señor, no para nosotros mismos. Nuestro ego debe ser colocado en su sitio o descentrado para salir del egoísmo y la soberbia que nos conduce al odio y el rencor. Dios es también justo y nos ama tanto que no va a permitir que nos encerremos en el odio o nos obsesionemos con la venganza. Por ello, como buen Padre, nos va a reprender y corregir si caemos en ello. Así nos lo muestra en la parábola del evangelio de hoy. El nos da ejemplo y nos enseña con su perdón y nos ayuda a perdonar. Pero si no obedecemos y devolvemos mal, no nos lamentemos, ni lloremos por las consecuencias. El Señor no es injusto como los hombres, ni nos engaña: ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?; si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados?

Por ello, Jesús responde a Pedro que la misericordia y el perdón no es solo de un momento o algo aislado. Sino, una actitud de vida que nace del corazón y que es alimentada por la fe en Dios. Es vivir los mandamientos y es amar cristianamente, como Cristo ama, perdona, repara y cura a las personas. Sólo así, caminaremos hacia la Vida, se puede vivir de verdad y ser feliz. Lo contrario hace malvadas a las personas y les destruye desde dentro poco a poco. Con el odio y la venganza nadie gana, todos pierden. Nada se arregla, todo se fastidia más y te aleja de la justicia verdadera.

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete, pasa por al to la ofensa. Para esto murió Jesucristo, para que podamos hacerlo y seamos ciudadanos del Reino

Árbol bueno

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Desde pequeño tus padres te enseñan a diferenciar el bien del mal y a escoger siempre el bien. También te enseñan que hay personas buenas y malas, y que te relaciones con las buenas y te alejes de las malas. Es verdad que esto es un poco simple y que la realidad es mucho más compleja en las personas. Pero se empieza con por ahí para aprender lo que va a ser muy importante en tu vida y te ayudará en el futuro cuando tengas que aplicarlo en el complejo mundo de los adultos.

El evangelio de San Lucas de hoy es la fuente de esta enseñanza que nos ayuda a evitar el mal, el pecado, y los que lo practican o promueven. Es muy importante juzgar los actos de la personas y no autoengañarnos o relativizarlos, cayendo en un buenismo absurdo e irreal. Todos somos pecadores, pero hay algunos que es tan habitual y tan grave que han acabado con sus principios morales y han estropeado sus vidas, hasta vivirlas no solo al margen del Señor, sino contra su voluntad: el árbol que es malo, de la maldad saca el mal.

Es importante saber esto y actuar en consecuencia. Y la enseñanaza que nos ayuda es que por sus frutos los conoceréis. No hay árbol bueno que dé fruto malo, así es, y lo digo por experiencia. Pero Jesús ha venido a salvar también a estos. El es el que puede cambiar las cosas y el que puede ayudarles a convertirse, a ser árbol bueno, a curarse del daño que hace el pecado y transformar a la persona. Así lo testimonia San Pablo en la primera lectura. El es la prueba del triunfo de Cristo sobre esta realidad. No ocultando, falseando o relativizando la verdad, las acciones, sino perdonando y transformando a quienes las cometen para que no vuelvan a hacerlo más.

Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. Esta es la aclamación a la que nos unimos al salmista de hoy por este don de Dios que nos salva y puede salvar a todos los que lo acojan. Si quieres convertirte, si quieres ser árbol bueno, no te resistas, no dejes pasar más el tiempo, cree en Él y tendrás vida eterna.

Tienes

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Desde pequeño el día de hoy ha sido en mis recuerdos un día de ilusiones y de experiencias de fiesta en mi vida. Las fiestas de mi pueblo son en honor a Nuestra Señora de la Soledad y estos días eran para disfrutar de las celebraciones festivas religiosas, y lo que a un niño y adolescente le aporta sus eventos y una feria con tus amigos y familiares.

Por ello, quizás he entendido mejor el profundo significado de la escena del evangelio de hoy, como el testimonio de San Pablo en el comienzo de la carta a Timoteo. La Cruz supera el dolor y es fuente de amor y de vida para todos aquellos que la acogen y la afrontan con confianza en el Señor. Ellos son los que están con Jesús en esta escena: María, su Madre, algunas mujeres y Juan. Jesús construye su Iglesia, la bendice y llena de relaciones de amor entre los que la forman. La maternidad espiritual y de fe de María en la Iglesia, realizada por Cristo a través de su discípulo amado, nos muestra la riqueza y el misterio de amor que nos salva del dolor, la injusticia y la incomprensión; que nos salva del pecado.

Nunca estaremos solos. Nunca nos abandonará el Señor, ni siquiera cuando nosotros le abandonemos. No nos olvidemos que detrás de la Cruz está la resurrección, el triunfo, la Vida. En la Cruz, el Señor se queda definitivamente y es un Dios que es Padre y Madre a la vez. En Nuestra Señora de los Dolores lo podemos percibir y comprender. María está en primera fila y a su lado en el dolor y el sufrimiento. Por ello, Jesús le concederá la gracia de poder estarlo ahora a nuestro lado.

Por consiguiente, es una fiesta y una alegría gozar de este cuidado y protección de Dios para con nosotros, de tener esta ayuda y consuelo. Algo que sencillamente lo he sentido desde pequeño y doy gracias con nuestra Madre por ello.

Con la Virgen, Madre en el dolor, aprendemos y sentimos que Tu eres, Señor, el lote de mi heredad y me sacias de gozo en tu presencia. Esto es lo que tengo y tienes, ¿cómo lo vives?

No olvides

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Cuando fallece una persona querida sientes la tristeza y la pérdida de alguien que forma parte de tu vida. Es verdad que no es igual el sentimiento si esa persona es más cercana o menos, si ha sido de repente o llevaba tiempo enferma, o si era muy mayor o joven. Pero, a medida que pasa el tiempo y vas recorriendo el camino del duelo con la esperanza que nos da la fe y el amor que nos une en Jesucristo, vas aceptando y acogiendo la finalidad última para la que hemos sido creados y salvados: para estar con Dios, para ir al cielo.

En el pasaje del evangelio de hoy, Jesús se lo indica a Nicodemo al explicarle la finalidad fundamental de su misión: Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. El Señor se ha encarnado para abrirnos las puertas del cielo y llevarnos a el. Por ello, se alzará en la Cruz como el estandarte que Dios mando hacer a Moisés y salvó a los judíos curándoles de las picaduras de las serpientes y librándoles de la muerte. Mirar, creer y acoger la Cruz de Cristo y su resurrección en nuestra vida nos cura y nos libera del veneno de las picaduras del mal, el pecado, en el que caemos y obramos, y que nos lleva a luna vida de muerte.

Pero, solemos olvidarnos de esto en el transcurso de esta vida, y corremos el peligro de caer  en el sinsentido, en la desesperación o en la tristeza, por creer que perdemos el tiempo o esta vida que conocemos. Nos olvidamos de desear el cielo, de esperarlo y caminar hacia el. Y nos olvidamos de Dios, de su voluntad, de su misión para con nosotros y de su realización plena en la vida eterna.

No olvides tener la perspectiva del cielo que hemos adquirido por la fe en Cristo, que se está haciendo efectiva en nosotros día a día nuestra salvación; nuestra respuesta a esta gracia con nuestra vida entregada al seguimiento de Cristo, viviendo el mandamiento del amor.

No olvides las acciones del Señor, encaminadas a llevarnos al cielo porque nos ama y nunca nos fallará.

Dad muerte

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Estoy acostumbrado a escuchar habitualmente a personas que dicen sin dudar que perdonan pero no olvidan ¿Es esto un auténtico perdón? ¿Es cristiano? Imaginémonos que Dios no olvidara nuestros pecados cuando nos perdona, y los de todo el mundo ¿Qué sería de nosotros, de la humanidad?

Escuchar esta frase nos hace pensar en una persona que perdona de boquilla, por las razones que sea, pero que esta guardando en su corazón un rencor que no le permite perdonar. A todos nos es muy difícil perdonar totalmente de corazón, máxime cuando la ofensa o el daño esta reciente, y la herida que nos ha provocado en nuestro interior duele. Pero el tiempo todo lo cura y el Señor nos pide un perdón absoluto y las veces que sea necesario. La primera lectura nos insta a dar muerte a todo lo terreno que hay en nosotros: al pecado. Y también, al rencor, al odio, la venganza, la soberbia, a llevar cuenta de los delitos del hermano y a resistirnos a reparar, curar y olvidar. Esto es del hombre viejo y nuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Nos tenemos qurevestir de la nueva condición de redimidos que se va renovando a imagen de nuestro Creador.

Ahora entendemos las exclamaciones de alegría y esperanza de Jesús en el pasaje de San Lucas de hoy hablando de nosotros: bienaventurados. Vivamos una vida nueva de bienaventurados y no nos dejemos llevar o nos cerremos con soberbia, cobardía o egoísmo en una vida vieja, terrena, de la cual se lamenta Jesús y advierte: ¡Ay de vosotros…!

Una fuerza

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Un día, en uno de los grupos de adultos de la parroquia, una persona nos compartía un período de su vida que había sido muy duro y muy sombrío. Nos decía que por culpa de su mala cabeza quizás, algunos vicios que no quería corregir, y mejor, su inmadurez, le fue infiel a su mujer durante once años. Estuvo alejado del Señor, pero curiosamente su fe se mantuvo. Al principio todo lo justificaba y se sentía llevado por unas pasiones que le parecían algo normal y que le gustaba. Pero su doble vida le fue haciendo mella y fue perdiendo el control de ella hasta pasar a un verdadero infierno.

La verdad es que, ha medida que transcurrían los años, era más infeliz y parecía que aquello iba a acabar muy mal. Llego a pensar que era imposible que pudiera acabar con esa situación y poder volver a vivir los primeros años de su matrimonio que tanto le llenó, ser fiel y feliz con su mujer. Hasta que un día prácticamente rendido, en las últimas, decidió acudir al Señor y pedir que le curara, que recuperara su vida, que pudiera ser un buen marido y una persona digna de llamarse hijo de Dios. Habló con el sacerdote que le encontró llorando en la capilla de una parroquia y algo ocurrió.

Esta persona nos compartió que a partir de ese momento y día tras día fue sintiendo una fuerza que venía de la oración y de la percepción de que Dios confiaba en él y le había dado una nueva oportunidad. Dejó esa doble vida y se fue manteniendo firme hasta recuperar que su corazón se centrara en su familia. Le costó años y todavía se pregunta si su mujer lo sabía, pero el Señor le ha ido curando y lo que parecía que era imposible que cambiara en él, ha cambiado. Todavía tiene miedo de volver a caer, o que perder lo que ha conseguido. Ahora, sabe que esta conversión de su vida al margen de la voluntad de Dios que ha vivido puede ser una ayuda para otros que la necesiten.

En este pasaje de Lucas leemos hoy como Jesús pasó toda la noche orando a Dios y después eligió a los Apóstoles y curó a muchas personas. La auténtica fuerza para la vida que te ayuda, te transforma y es capaz de lo imposible viene de lo alto: salía de él una fuerza que los curaba a todos. Y tu también puedes recibirla, tenerla y compartirla con los demás hoy; gracias a la oración y a la fe. En el Cristo nunca pierdas la esperanza. Cualquier situación adversa, aunque creas que has metido la pata para toda la vida y no hay solución o que nunca podrás arreglarlo, acude al Señor, acude a su Iglesia, Él te curará y se solucionará. El Señor es bueno con todos.

De Dios

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Llama la atención el contraste de actitudes que suceden entre las personas que buscan sinceramente el bien de los demás y su felicidad de las que solo buscan su bien propio y su felicidad egoísta. En estas últimas se sufre sus actitudes tóxicas que perjudican a todo el que se cruza en su camino. Aunque aparentemente, a veces nos creemos que están personas son las más listas y que se salen con la suyo, eso no es así; no alcanzarán la felicidad.

Hoy Jesús, de nuevo, sufre los prejuicios y las malas actitudes de los fariseos y los escribas, personas ciegas y obsesionadas con buscar la manera de quitarle de en medio. Su egoísmo y soberbia les lleva a esta situación. No les importa el sufrimiento de la discapacidad de este hombre que acude al Señor, su problemática de vida o su necesidad. Solo quieren encontrar más argumentos para acabar con Jesús.

Pablo aprende del Señor y se alegra de sus padecimientos por ser apóstol de Cristo, porque su vida y sacrificio están ayudando a muchos hermanos en la fe y es testimonio para la salvación de los demás. Ser ayuda para que otros alcancen la sabiduría en Cristo que les lleve a la felicidad al acercarse al misterio de Dios. De Dios viene mi salvación y mi gloria no de no se que técnicas de relajación o filosofías o “gurus” o “falsos maestros” de pseudoespiritualidades con las que se montan negocios lucrativos; parecido a lo que vendían estos fariseos a la gente sencilla para aprovecharse de ellos.

Es una pena el caos y la desorientación que muchas personas sufren hoy por no escuchar la enseñanza de Jesús, por no confiar en Él y hacerlo en toda la amalgama de ofertas consumistas de espiritualidad que el relativismo actual propicia, gracias a estas personas con actitudes tóxicas. Quizás, nosotros tengamos algo de culpa por participar un poco de esas actitudes y no preocuparnos por darles un auténtico testimonio sin complejos. De Dios viene mi salvación. Lee una y otra vez, e interioriza este salmo 61, y propónselo a aquellos que buscan en su vida.

Andemos en una vida nueva

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Haciendo deporte con una persona que nos hemos conocido hace unos meses, me comentó que una de las cosas que llamó la atención cuando hablamos la primera vez era la paz que transmitía. Me preguntaba porque era cristiano y cómo había encontrado mi fe. Yo le respondí que a quien había encontrado era a Jesucristo y que había cambiado mi vida, de tal forma, que no puedo imaginármela de otra manera. Vivo una vida nueva que crece desde mi interior cada día más y produce esa paz interior que el percibe.

San Pablo en la segunda lectura nos recuerda la fe que tenemos, que nos está salvando, y por la cual tenemos que andar en una vida nueva. Esta es la vida en la que yo me siento y he caminado desde que el Señor tocó mi corazón hace tantos años. Seguro que tú también compartes estas impresiones desde tu experiencia personal. Cuando nos surge la alabanza que describe el salmo 88 en nuestro ser, hemos dado el paso que nos está transformando y estamos viviendo esta vida nueva que viene del Señor ¿Por qué sucede esto? Porque hemos sido bautizados y por tanto sepultados con Cristo en la muerte, para que el mismo Cristo nos resucite a una vida nueva.

Esta semana hemos ido recorriendo en las lecturas de la Misa aspectos y acciones de Dios en los que, a través de la fe, nos van transformando y llevando a una vida auténtica y plena, una vida nueva. Poco a poco, yo voy tomando conciencia de ello y profundizo, y no dejo de caminar en esta vida ¿Tú también lo haces?

Eliseo caminaba en una vida nueva como profeta de Dios y así lo percibió esta mujer principal de Sunén que se convirtió y dio un giro fructífero su vida. Esta vida nueva nos convierte en enviados de Dios por el don y la misión recibidas; el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado. No podemos olvidar que también somos testimonio para muchos otros que no viven una vida nueva, sino vieja. Una vida de “pasados”, de perdidos, de vacío, de sin sentido y con hambre atroz de verdad y paz interior.

Nuestra vida es oportunidad, orientación y luz para otros que recibirán su recompensa igual que nosotros la estamos recibiendo. No le demos más vueltas, ni nos quedemos parados o acomodados. Andemos en una vida nueva.

Que suceda según has creído

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Hace unos días tuve que llevar el coche al taller para su revisión del año. Como es una herramienta para ayudarme en mi tarea, su uso frecuente le produce el desgaste consecuente. Cuando fui a pagar para recogerlo me sucedió algo imprevisto que nunca me había sucedido antes. Como la factura era de un importe considerable fui a pagar con la tarjeta como de costumbre y no pude, porque ,aunque tenía el dinero, por un error del banco la rechazaba al sobrepasar su límite de pagos. Me encontré sin palabras e imposibilitado para solucionarlo al ser ya muy tarde.

Los empleados del taller me ayudaron en todo momento con las gestiones del banco para poder subsanar el error. Al no poder arreglarlo, me dieron mi coche con la promesa de pagarles lo antes posible. Así pude volver a mi parroquia para celebrar la Eucaristía y continuar mi tarea pastoral. El acto de fe y confianza en mi persona de estas personas hizo que se solucionara una situación muy difícil y embarazosa. Por supuesto, cumplí mi promesa en cuanto pude.

La fe del centurión en Jesús curo a su criado, la fe de Abraham hizo que tuviera descendencia. La fe de Pedro hace que sus suegra se cure. La fe nos lleva a que el Señor actúe en nuestras vidas y que desaparezcan nuestros males y adversidades. La fe transforma nuestras vidas para bien, transformando el mundo para bien. El problema es que esto no sucede cuando nos falta fe y la desconfianza, los reproches y la desesperanza se adueña de nuestra vida. En el Evangelio de hoy de San Mateo, Jesús queda impresionado de la fe de este romano, un pagano que no es del pueblo elegido, de los hijos del reino. Dios quiere siempre actuar en nuestras vidas para curarnos, para ayudarnos para que el bien prevalezca sobre el mal, para acabar con el sufrimiento. Pero requiere que nosotros le dejemos actuar, confiemos en Él y no impidamos o fastidiemos su acción.

Doy gracias a Dios porque hay gente como estos empleados de un servicio oficial de mantenimiento de una conocida marca de coches que confían en los demás, en las personas, y sus actos de fe ayudan a otras personas en los problemas de sus vidas. No están lejos del Reino.

Quiero, queda limpio

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En una ocasión, hablando con un joven que no veía futuro en su vida, le comenté que para nosotros hay muchas dificultades insalvables y empresas irrealizables, pero que para Dios no hay nada imposible. El me compartía que estaba a punto de tirar la toalla con su vida. Aunque se esforzaba y lo había intentado todo, siempre volvía a caer en los mismos errores que habían destrozado su vida y a las personas que quería. Estaba perdiendo la esperanza y, con lo joven que era, ya estaba cansado de todo.

Yo me pregunté en mi interior que le podía decir a este pobre muchacho, derrotado en aquel banco. Me di cuenta que había perdido la fe, no sólo en si mismo, sino en Dios ¿Hasta que punto nos damos cuenta de lo importante y vital que es para nosotros tener nuestra fe? Decidí volverme a encontrar con él y acompañarle en una búsqueda tranquila y sincera del Señor en su vida para recuperar la esperanza.

El leproso de Mateo no había perdido la esperanza porque encontró la fe. Tenía una fe en Cristo que fue por lo que el Señor obró el milagro y le curó. Dicen que la esperanza es lo último que se tiene que perder, pero creo que es la fe porque es la que sostiene nuestra esperanza. Nuestra fe es la que puede impulsar nuestra vida, la que puede transformarla y la que nos da fuerzas para superar todas las dificultades y adversidades. No hay que dejar de crecer en la fe y acercarnos al Señor con la humildad y la confianza del leproso de hoy, porque Él siempre quiere lo mejor para nosotros. Esta persona no sólo quedó limpia de la lepra, de una enfermedad física. Sino más, de una enfermedad espiritual que es más preocupante y determinante. El pecado daña nuestra persona y acaba con ella si no ponemos remedio.

Es de nuevo la salvación, el empeño de Dios y el sentido de su revelación. Salvarnos del mal para que domine en nosotros el bien. Salvarnos del pecado para que domine en nosotros la gracia. Toda una historia de salvación que se muestra hoy en dos momentos significativos: la fecundidad de Abraham, padre de los creyentes y la curación por Jesús de este leproso.

¿Acudes a Jesús con esta fe? ¿Te relacionas con Él con esta confianza?¿Te sientes parte de una historia de salvación?¿Como te ha salvado o te está salvando el Señor?

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