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Tiempo

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Comenzamos un nuevo año litúrgico y, por tanto, un nuevo ciclo litúrgico: el B. Y lo comenzamos, como siempre por el tiempo litúrgico del Adviento. La palabra latina “adventus” significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. Se abre un camino en las cuatro próximas semanas como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor en la Navidad.

 

Es un tiempo que lo podemos aprovechar para pensar todo lo bueno que nos ha concedido el Señor hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores hoy y en adelante. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo.

Para ello, os invito a hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta, que se nos ha desajustado en nuestra vida. Luego elegir un punto sólo y trabajarlo para que Jesús lo transforme.

 

Esto es muy importante porque no sabemos cuando se nos acabará el tiempo y vendrá definitivamente Jesucristo ante nosotros. Por ello, el evangelio de hoy nos invita a estar vigilantes y en alerta, a no dejarnos sorprender. Sabemos que la Venida de Jesús en la Navidad está conectada íntimamente con su Venida en el último día. Y como dice San Pablo en la segunda lectura por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don. Así que, no podemos perder el tiempo para seguirle, para dejarnos enseñar por Él a amar como Él nos ama.

 

Isaías nos presenta el primer problema que tenemos que solucionar en este tiempo para amar más: el de nuestro pecado. «Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema?» En Jesús, Dios ha rasgado los cielos y ha descendido entre nosotros para liberarnos de nuestros pecados. Así, la Navidad es la celebración de las obras maravillosas realizadas por Dios y que nunca hubiéramos podido esperar. Nos ha salvado y por su gracia podemos amar sin límites hasta desterrar el mal de nuestras vidas. Adelante, estamos en camino, ¿a qué esperas para experimentar su misericordia? Aprovecha este tiempo.

Plenitud

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Estamos viviendo situaciones novedosas para la mayoría y conocidas para algunos. Estamos en unos tiempos convulsos que están provocando una situación de inseguridad en el ámbito de “confort” de las personas. Es verdad que no esta mal un estado de “bienestar”, supuestamente para todos, donde todo este controlado y siga su curso previsto, según el sistema actual de convivencia. Pero este “estado” basado sólo en comodidades materiales y dentro de un consumismo hedonista disparado, donde cada vez tiene menos importancia la persona y el centro es el dinero y los “derechos”, no es lo mejor y no tiene ningún futuro. ¿Por qué? Porque le falta una aspiración a la plenitud. Porque es sesgado y parcial, y no responde a nuestros deseos más profundos. Falta la ayuda para salir de nosotros mismos y encontrarnos con el otro.

 

¿Cómo? Llevamos en la liturgia de esta semana escuchando la Palabra que nos profetiza la plenitud del Reino y nos describe de muchas maneras la realidad del final de estos tiempos. Como la historia de la salvación lleva a la humanidad y a cada uno de nosotros al encuentro definitivo con el Rey del Universo, Jesucristo, el único que nos pude llenar plenamente. Nos preocupan las guerras, los desastres, los refugiados, las hambrunas, etc. Pero la batalla crucial y las bestias que nos acechan vienen de la raíz que provoca todo esto: el mal, el pecado que no evitamos y que nos tienta de mil maneras todos los días para que lo materialicemos.

 

Nuestro “confort” verdadero es vivir como cristianos auténticos que disfrutan de la presencia del Señor y reina en nuestro corazón y nuestra voluntad. Es mantener constantemente una sincronía con Él, como se sincronizan los móviles con la “nube”, que nos transforme en imagen suya para los demás.

 

No es cuestión de vivir atormentados en clave “apocalíptica” mundana, con miedo a que todo sea aniquilado como en las películas. Sino, de vivir en clave de “salvados”, hijos e hijas de Dios que han recibido como don ser ciudadanos de un reino que no tiene fin, que se va a imponer a todos los de la tierra y que se someterán todos los soberanos. Lo único que va a ser aniquilado es el mal, el pecado, el dolor, el sufrimiento para siempre.

 

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre. Buen consejo que nos da Jesús hoy en el evangelio. No dejemos de bendecir al Señor con nuestras vidas, vivir acorde con nuestro ser bendecidos por Él.

Sentido

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La semana pasada recibí una llamada triste que me hizo un amigo para contarme una tragedia en su familia: un cuñado se había suicidado y todos estaban destrozados. En el día a día me encuentro con muchas personas que se preguntan por el sentido de sus vidas. Casi siempre, sucede algo importante en sus vidas que cambia radicalmente su situación de confort: pierden el trabajo que tenían desde hace muchos años, su marido la deja, se muere un hijo, le detectan un cáncer grave, sufren una depresión por primera vez, le deja su novia después de quince años de relación, se arruina la familia que tenía mucho dinero, sus hijos han dejado de hablarla, etc. Buscan a alguien que les escuche y les de una respuesta.

 

Yo les escucho, pero no tengo la respuesta. Siempre compruebo si se lo han preguntado al Señor. Pocos lo hacen. A medida que profundizas en la amistad con Jesús y compartes tu vida con Él, descubres que el sentido de nuestra vida es alabar y servir a Dios. Nos lo dice en la Biblia. Hemos sido creados por el Amor de nuestro Creador para ser objeto y sujeto de este amor. Una de las cosas principales que restaura la redención de Cristo es algo importante que habíamos perdido: el sentido de nuestra existencia. Y lo va restaurando en cada uno de nosotros. A medida que maduras en tu fe y dejas a Dios que este presente en todos los aspectos de tu vida, va derribando las barreras que te impiden ver las maravillas que ha hecho en ti y te sientes agradecido. Y la mejor forma de mostrarle tu gratitud es que tu vida sea para servirle a Él en los demás. ¿Cómo? Confía en Él y te lo ira diciendo; déjate guiar y no te perderás.

 

Pero para ello, Jesucristo tiene que ser el Rey de tu vida, el más importante; más que cualquier cosa o persona de este mundo, de tu mundo. Tú corazón tiene que reposar en Él y estar enganchado, como cuando te enamoras. Así lo verás todo con claridad y seguridad, siendo consciente de tu fragilidad. Cuando una persona se quita la vida es que hace mucho que la perdió, sacando a Dios de su vida. Su corazón estaba enganchado a los falsos ídolos de este mundo: seguridad material, posición, fama, sobreprotección familiar, afectos desordenados con personas…

 

Si Él reina en tu vida, esta tendrá siempre su sentido y ten por seguro que el cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. Porque su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Inmediatamente

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Si recordamos cuando fue el momento en el que decidimos dar el paso para seguir a Jesús en nuestra vida y vivir una vida de fe auténtica, cristiana, nos daremos cuenta que siempre en el origen hay una persona especial que nos habló de Jesús. En algunas historias personales, incluso varias personas. Dios ha querido contar con mensajeros para llegar a todos los hombres, para llegar a nosotros. En el pasaje de Mateo que hoy nos propone la liturgia, Jesús busca y llama a sus colaboradores en su misión para prepararles y enviarles.

 

Es impresionante observar la reacción de estas personas que Jesús llama. Dice que Andrés y Simón inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron, y, Santiago y Juan, inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Este “inmediatamente” nos ayuda a imaginarnos la fuerza seductora de la mirada de Jesús que llega hasta tu corazón y te mueve. Su poder de atracción debía ser tremendo, su Persona, impactante.

 

¿Te has encontrado ante Él? ¿Has percibido su mirada? ¿Te pasó o te ha pasado lo mismo a ti? Porque Jesús resucitado esta vivo y sigue entre nosotros y necesita nuestra colaboración en su misión de llevar a todos los hombres a Dios, de que todas las criaturas entren a formar parte de la familia de Dios, la Iglesia, de salvarnos: ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?; y ¿cómo anunciarán si no los envían? Yo lo experimenté y lo sigo sintiendo. No es fácil decir que sí, pero es tan irresistible su propuesta cuando le escuchas. Te ama tanto y llegas a contagiarte tanto de su amor que no puedes decirle que no.

 

El Señor sigue haciendo discípulos, porque hay personas que responden a su llamada de trabajar por el Reino («¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!»). Pero no todos han prestado oído al Evangelio, ¿eres tú uno de ellos?

 

Si sientes que te habla a ti, que te esta llamando, no dudes, no te escondas, no busques excusas, inmediatamente déjalo todo y síguele, es lo mejor que va a pasar en tu vida. Él te quiere, te necesita.

Incomprensión

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Constantemente nos da la sensación de que los discípulos de Jesús (nosotros) no nos comprenden la mayoría de la gente. Cuando intentas expresar que es Jesús para ti o como ves la vida y los acontecimientos del día a día desde tu fe en Él, parece que estás hablando en chino. En ocasiones se ríen de ti o te miran con cara de que estás flipado. Otras veces te dan palmadas en el hombro de manera condescendiente y, con mirada irónica, diciéndote que hay que pisar tierra. La verdad es que los enamorados del Señor siempre hemos sido unos incomprendidos y lo seremos. Hasta el punto, dice Jesús hoy en el evangelio de Lucas, que seremos perseguidos y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por mi nombre.

La verdad es que no me extraña por la interpretación que le da hoy en la lectura el profeta Daniel al rey Baltasar de su visión. Ser fieles a la verdad y sinceros con todos por obediencia a Dios, conlleva muchos peligros y uno es la incomprensión de los demás. Pero, cuando te suceda esto y te sientas así, date cuenta de que inútil siervo eres y no estas solo. No sólo eres recompensado por el Señor de la Vida, sino que El no te abandona y está contigo para iluminarte y poner palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Esto requiere una sincronización y sinergia con Jesús que no se consigue en un momento. Es el resultado de una vida de camino y vivencia del discipulado, madurando nuestra fe y pidiéndole la gracia de crecer en ella. Es tener puesto nuestro corazón, además de la cabeza, en Dios. Es vivir como salvados que somos y la incomprensión no tendrá importancia; Jesús te comprende y tu comunidad cristiana también.

Eterno

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El otro día tomando un café con amigos, comentábamos la época de incertidumbre y sobresaltos que vivimos. Teníamos todos la impresión de que todo cambia muy rápido y que los cambios se están produciendo en todas partes. El Papa Francisco afirma que estamos ante un cambio de época.

En estos momentos empieza a dar la impresión de que no hay nada sólido y duradero. Lo que creíamos hace unos decenios que no se podía cambiar e iba a ser siempre así, ahora ya no lo conoce “ni su padre”. Es verdad que el relativismo imperante esta poniendo todo “patas arriba”: la visión del mundo, la del hombre, la de la vida, la de la política, la de los países, los principios, las creencias, la familia, etc. Parece que no hay nada inamovible o para siempre, ni siquiera los bancos.

Las lecturas de hoy nos hablan de lo frágil y débil que es lo mundano, de lo caduco que resulta lo construido por el hombre. Todo lo creado frente al Creador es temporal y pasa, hasta el dinero y los bancos, como los imperios o los reinos de los hombres. Hay sólo un Reino que será definitivo y eterno, que aunque construido con nuestra colaboración no vendrá de los hombres: el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido, ni su dominio pasará a otro pueblo, sino que destruirá y acabará con todos los demás reinos, y él durará por siempre. Este ya esta entre nosotros y, aunque no termines de creértelo tu formas parte de él o puedes formarla.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, nos dice el salmo de hoy. En la medida que pidamos a Dios que nuestro corazón se incline a Él y lo desee más que a nada (oro, plata, hierro, personas, móvil, televisión, internet, coche, casa, éxito…), nos dejaremos abrazar por el Señor en su amor y alabanza (dice San Ignacio de Loyola) y le serviremos en su Reino. Este es el principio y fundamento de nuestras vidas y no una falsa autorrealización personal que viene del egoísmo y de la tentación que nos aleja de nuestro Hacedor.

Jesucristo es el que nunca cambia, el que siempre permanece, el que te puedes fiar de verdad porque nunca te va a fallar, el Eterno que te salva de tus mediocridades, de tus resistencias internas, de tus miserias que detestas, de tu constante volver a caer en lo que no deseas. Él te llevará a la eternidad de la plenitud de su Reino. Ámale como lo primero en tu vida y se fiel hasta la muerte – dice el Señor – y te daré la corona de la vida.

Inteligencia

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Muchas veces nos encontramos con diversas complicaciones en nuestra vida diaria, especialmente en los trabajos, para poder ser fieles al Evangelio del Señor o para celebrar el Día del Señor, el domingo. Que decir cuando llega la cuaresma o queremos hacer ayuno sin que nadie se de cuenta, la dificultad para poder pasar desapercibidos, o dar explicaciones. Esto no es nada con lo que tienen que pasar día a día los cristianos perseguidos en muchos países del mundo. Arriesgan su propia vida si quieren vivir su fe y ser fieles a Dios.

 

Así les pasa hoy en la primera lectura a estos cuatro jóvenes judíos que son seleccionados para el servicio del rey pagano de Babilonia. Me parece muy instructiva y valiosa la enseñanza de este pasaje. Ante la decisión que le puede llevar a perder la vida por no obedecer al rey, o desobedecer a Dios para no ponerse en peligro, optan por ponerse en manos de Dios y usar el don de la inteligencia que nos da el Espíritu Santo. Al final, estos jóvenes creyentes consiguen ser fieles a Dios y respetar el poder terrenal en el que conviven.

 

Daniel, Ananías, Misael y Azarías, sin dudar en ningún momento de respetar la ley de Dios, buscaron la manera de llevar a delante las órdenes del Rey Nabucodonosor. Su fe y nobleza de corazón para vivir la Verdad, les lleva a actuar con inteligencia. El Señor les ayuda y les ilumina. Y el resultado es mejor de lo esperado. Nosotros, en muchas ocasiones somos vagos, dejados y timoratos. Y ante decisiones parecidas, con riesgo de perder el trabajo o de no ser aceptado social o familiarmente, rápidamente caemos en la tentación de dejar a un lado nuestros valores evangélicos, la voluntad de Dios y diluirnos en la masa, haciendo lo mismo que los demás.

 

¿En cuantas ocasiones suspendemos nuestros principios cristianos o no preguntamos a Dios que quiere que hagamos, por miedo al que dirán o a que nos humillen? No terminamos de caer en la cuenta, de reflexionar, lo débil que es nuestra fe o la cobardía y la falta de amor a Dios que tenemos ¿Puede ser tan baja nuestra autoestima que ni siquiera nos planteemos por un momento que solución nos ofrece el Señor?

 

Trabajar y emplear los dones que Dios nos da con laboriosidad y humildad, nos ayudan a seguirle y vivir su voluntad afrontando con éxito cualquier dificultad. El problema es que no lo hacemos. Nos creemos o aparentamos que somos autosuficientes, y no es así. Tenemos que aprender de estos jóvenes judíos en un ambiente hostil o de la viuda del evangelio que ofrece a Dios todo lo que tiene para vivir. A Él le debe todo y es el que le ayuda y salva su vida. Utiliza la inteligencia y esta te llevará a abandonarte en Dios, a confiar en Él, a dejarte iluminar por su sabiduría para hacer el bien, lo bueno, lo constructivo, lo que quiere.

Perdonar siempre

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Una de las cosas que más le entretiene a mi Madre, y que sigue sin perderse un capitulo todos los días, son las series interminables de la sobremesa, los “culebrones”. En ellas se cuentan historias ficticias de personas y familias que viven historias y tramas de las relaciones humanas. Lo preocupante es ver como se suceden situaciones de rencores y venganzas, de odio sin fin que va, poco a poco destruyendo a las personajes. Es ficción, pero lo peor es que también sucede en la vida real y, a veces, la realidad supera a la ficción.

En esta semana la Palabra nos ha ido instruyendo en las buenas actitudes, pensamientos y hábitos que nos ayuden a hacer buenas obras y tomar buenas decisiones en la vida. Pero, hay momentos y circunstancias que no lo hacemos. Pecan y pecamos, obran y obramos mal, nos ofenden y ofendemos, nos hacen y hacemos daño, perjudicamos, nos perjudicamos y nos perjudican, de una manera más o menos grave. ¿Cuál es la actitud que nos enseña la Palabra hoy?

Las lecturas se colocan en la perspectiva de la víctima o del que sufre el mal. Cuando nos toque a nosotros la respuesta debe ser siempre la misericordia, el perdón, no guardar rencor y no ser vengativo. Así es el Señor y nosotros que le seguimos e imitamos en nuestra vida, también. Esto es importantísimo, tanto, que el libro del Eclesiástico nos advierte de las consecuencias de no vivirlo así: el vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados; deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte…

Y es que vivimos para el Señor, no para nosotros mismos. Nuestro ego debe ser colocado en su sitio o descentrado para salir del egoísmo y la soberbia que nos conduce al odio y el rencor. Dios es también justo y nos ama tanto que no va a permitir que nos encerremos en el odio o nos obsesionemos con la venganza. Por ello, como buen Padre, nos va a reprender y corregir si caemos en ello. Así nos lo muestra en la parábola del evangelio de hoy. El nos da ejemplo y nos enseña con su perdón y nos ayuda a perdonar. Pero si no obedecemos y devolvemos mal, no nos lamentemos, ni lloremos por las consecuencias. El Señor no es injusto como los hombres, ni nos engaña: ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?; si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados?

Por ello, Jesús responde a Pedro que la misericordia y el perdón no es solo de un momento o algo aislado. Sino, una actitud de vida que nace del corazón y que es alimentada por la fe en Dios. Es vivir los mandamientos y es amar cristianamente, como Cristo ama, perdona, repara y cura a las personas. Sólo así, caminaremos hacia la Vida, se puede vivir de verdad y ser feliz. Lo contrario hace malvadas a las personas y les destruye desde dentro poco a poco. Con el odio y la venganza nadie gana, todos pierden. Nada se arregla, todo se fastidia más y te aleja de la justicia verdadera.

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete, pasa por al to la ofensa. Para esto murió Jesucristo, para que podamos hacerlo y seamos ciudadanos del Reino

Árbol bueno

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Desde pequeño tus padres te enseñan a diferenciar el bien del mal y a escoger siempre el bien. También te enseñan que hay personas buenas y malas, y que te relaciones con las buenas y te alejes de las malas. Es verdad que esto es un poco simple y que la realidad es mucho más compleja en las personas. Pero se empieza con por ahí para aprender lo que va a ser muy importante en tu vida y te ayudará en el futuro cuando tengas que aplicarlo en el complejo mundo de los adultos.

El evangelio de San Lucas de hoy es la fuente de esta enseñanza que nos ayuda a evitar el mal, el pecado, y los que lo practican o promueven. Es muy importante juzgar los actos de la personas y no autoengañarnos o relativizarlos, cayendo en un buenismo absurdo e irreal. Todos somos pecadores, pero hay algunos que es tan habitual y tan grave que han acabado con sus principios morales y han estropeado sus vidas, hasta vivirlas no solo al margen del Señor, sino contra su voluntad: el árbol que es malo, de la maldad saca el mal.

Es importante saber esto y actuar en consecuencia. Y la enseñanaza que nos ayuda es que por sus frutos los conoceréis. No hay árbol bueno que dé fruto malo, así es, y lo digo por experiencia. Pero Jesús ha venido a salvar también a estos. El es el que puede cambiar las cosas y el que puede ayudarles a convertirse, a ser árbol bueno, a curarse del daño que hace el pecado y transformar a la persona. Así lo testimonia San Pablo en la primera lectura. El es la prueba del triunfo de Cristo sobre esta realidad. No ocultando, falseando o relativizando la verdad, las acciones, sino perdonando y transformando a quienes las cometen para que no vuelvan a hacerlo más.

Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. Esta es la aclamación a la que nos unimos al salmista de hoy por este don de Dios que nos salva y puede salvar a todos los que lo acojan. Si quieres convertirte, si quieres ser árbol bueno, no te resistas, no dejes pasar más el tiempo, cree en Él y tendrás vida eterna.

Tienes

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Desde pequeño el día de hoy ha sido en mis recuerdos un día de ilusiones y de experiencias de fiesta en mi vida. Las fiestas de mi pueblo son en honor a Nuestra Señora de la Soledad y estos días eran para disfrutar de las celebraciones festivas religiosas, y lo que a un niño y adolescente le aporta sus eventos y una feria con tus amigos y familiares.

Por ello, quizás he entendido mejor el profundo significado de la escena del evangelio de hoy, como el testimonio de San Pablo en el comienzo de la carta a Timoteo. La Cruz supera el dolor y es fuente de amor y de vida para todos aquellos que la acogen y la afrontan con confianza en el Señor. Ellos son los que están con Jesús en esta escena: María, su Madre, algunas mujeres y Juan. Jesús construye su Iglesia, la bendice y llena de relaciones de amor entre los que la forman. La maternidad espiritual y de fe de María en la Iglesia, realizada por Cristo a través de su discípulo amado, nos muestra la riqueza y el misterio de amor que nos salva del dolor, la injusticia y la incomprensión; que nos salva del pecado.

Nunca estaremos solos. Nunca nos abandonará el Señor, ni siquiera cuando nosotros le abandonemos. No nos olvidemos que detrás de la Cruz está la resurrección, el triunfo, la Vida. En la Cruz, el Señor se queda definitivamente y es un Dios que es Padre y Madre a la vez. En Nuestra Señora de los Dolores lo podemos percibir y comprender. María está en primera fila y a su lado en el dolor y el sufrimiento. Por ello, Jesús le concederá la gracia de poder estarlo ahora a nuestro lado.

Por consiguiente, es una fiesta y una alegría gozar de este cuidado y protección de Dios para con nosotros, de tener esta ayuda y consuelo. Algo que sencillamente lo he sentido desde pequeño y doy gracias con nuestra Madre por ello.

Con la Virgen, Madre en el dolor, aprendemos y sentimos que Tu eres, Señor, el lote de mi heredad y me sacias de gozo en tu presencia. Esto es lo que tengo y tienes, ¿cómo lo vives?

diciembre 2017
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