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¿Tu vida es una ruina?

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

La situación de ruina de Jerusalén, que no se ha restaurado después de la caída del imperio babilónico, provoca la oración de súplica que leemos hoy en la primera lectura. El único que puede salvarles es Dios. Es importante fijarnos en la expresión de Daniel: “Señor, nuestro Dios”; un título cargado de afecto que destaca la estrecha relación entre Dios y el pueblo elegido. El sentimiento del profeta que representa al del pueblo es de confesión del pecado, de haber transgredido la ley de Moisés y no haber prestado atención a lo que Dios hablaba a través de los profetas. Las calamidades, la desgracia del pueblo, es percibida como consecuencia de este pecado, de haber incumplido los compromisos contraídos en la alianza. Son merecedores del castigo y, como Dios si es fiel a su palabra, la ruina de la nación, de Jerusalén y del templo se ha hecho inevitable.

Pero, en este pasaje, se produce una nueva revelación y afirmación del Dios de Israel como un Dios fiel y misericordioso, que por su misma fidelidad, no abandonará a los supervivientes. Así lo asegura Jesús a sus discípulos en el evangelio de hoy: “vuestro Padre es compasivo”.

La Cuaresma es un tiempo que nos ayuda primero a darnos cuenta de que hemos pecado, de que somos pecadores. Y segundo, a recapacitar en nuestras vidas y experimentar el arrepentimiento sincero, gracias a la misericordia de nuestro Padre, que nos da el perdón reparador. Qué bueno es para las personas esta experiencia. He sido testigo en innumerables ocasiones de la apertura del corazón de personas que su vida había llegado a la ruina por las consecuencias de sus pecados y por su obstinación en no reconocerlos. La aceptación de la situación de miseria interior, de haber fallado, de culpabilidad ante los hechos y el abrazo de la compasión del Señor y de los hermanos, culminado en el sacramento de la reconciliación, ha sanado y levantado de la postración a estas personas, transformando sus vidas de una forma increíble.

¡Qué razón tiene Jesús en sus palabras de hoy! Cuando descubres que todos somos responsables de nuestros actos y que nos tenemos que ayudar los unos a los otros, empezando por uno mismo, para hacer las cosas bien y reparar el mal hecho, el mío, el tuyo y el del otro, entonces, perdonas y eres perdonado, recibiendo mucho más de lo que has sacrificado, renunciado o dado. Ya se que te cuesta mucho hacerlo, que no lo terminas de ver; sólo, no puedes. Por eso, pídeselo a Él, pídeselo al Señor y confía en nuestro Dios, te ayudara a repararlo todo.

La obediencia a Dios es el secreto de la felicidad

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Llevamos toda esta semana viendo las grandes promesas divinas al pueblo elegido de Israel. En la primera lectura la profecía-promesa del profeta Natán establece la elección de Jerusalén como ciudad santa ya que el arca de la alianza pedía un templo en el que habitar. También, había que asegurar la descendencia o dinastía davídica ante la esterilidad de la mujer de David, al elegir la dinastía davídica como depositaria de las promesas divinas, Dios promete que “permanecerá por siempre”, resolviendo la incertidumbre. Así lo comprobamos en el salmo 88 y en el Evangelio de hoy de la anunciación: Jesús, recibe el trono de David, su padre, y su reino no tendrá fin.

 A nosotros, los cristianos, el nuevo pueblo de Dios, se nos ha revelado el “misterio mantenido en secreto durante siglos”, anuncia San Pablo en la segunda lectura de la liturgia. Con la predicación del Evangelio de Cristo Jesús, recibimos la fortaleza y a fe que nos ayuda a conocer y obedecer a Dios. Sabemos muy bien, y cada día lo vamos descubriendo, que el secreto de la felicidad en nuestra vida es obedecer a Dios. Así nos lo va repitiendo una y otra vez la revelación bíblica. El Señor nos ama, y su amor es fiel y leal. Por ello, la importancia de descubrir nuestra propia elección en el amor por Él, aceptarla y responder con lealtad a ella. Así lo viven los israelitas y luego los apóstoles. También la Virgen María lo cree así y se deja llenar de gracia por Dios, respondiendo con una fidelidad plena a Él. Esta obediencia le llena de gozo y felicidad por la gracia que redunda en todos nosotros, en la humanidad, por su participación en el misterio de la redención.

La obediencia al Señor nos lleva a escuchar su Palabra, a tener una relación cercana con Él, a acudir a recibir su gracia en los sacramentos y, por tanto, nos ayuda a que nuestro actuar sea conforme a su voluntad divina, o sea, a hacer lo correcto, lo bueno. Y cuando se va viviendo con esta certeza, cada vez más, experimentamos la auténtica felicidad. Cuando somos niños lo entendemos rápidamente y parece fácil. Pero ha medida que vamos creciendo todo se complica, nosotros nos complicamos y vamos perdiendo esta actitud creyente de vida. Cuando hablo con los jóvenes, ellos se dan cuenta rápido y siempre me  preguntan que hacer para evitarlo. La respuesta es que lo que a mi me funciona es no parar de conocer a Jesucristo a través de vivir su Evangelio, de tratar con Él y de aprender día a día a ser fiel, luchando con constancia por mantenerse en la obediencia, aún teniendo que levantarme una y otra vez por culpa de mi pecado ¿Tú lo haces?

Confiar y escuchar

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El rey Acaz esta bloqueado ante el inminente asedio de Jerusalén, capital del reino de Judá, por parte de Siria y Efraín. Se está preparando para el asedio porque ha perdido la esperanza, no confía en Dios, su decisión es un suicidio. Isaías intenta persuadirle de su actitud y le exhorta a pedir un signo a Dios que confirme su decisión. El rey se niega con una excusa teológica. Entonces, el profeta anuncia un signo de esperanza para el pueblo: la virgen que está en cinta y le pondrá al hijo por nombre Enmanuel, “El Señor está con nosotros”.

A veces, las personas nos podemos encontrar desesperanzados o incrédulos ante las dificultades graves. Lo veo a menudo con los que hablo en mi parroquia. Una enfermedad muy grave, la falta de trabajo durante largo tiempo y la situación límite de muchas familias, hace que se encuentren en esta situación. Quizás, tú lo estés ahora. No hay que bloquearse y hay que apoyarse en el Señor, está con nosotros. Desahogarse con Él y escuchar. Él siempre responde, y en este caso, vemos que su respuesta va más allá de un conflicto entre reinos. La promesa de un Mesías que salve al pueblo elegido es la señal de Isaías.

Jesús es descrito con los rasgos de este Mesías en este pasaje de Lucas. La garantía del mensaje a María se la da el ángel con el signo del embarazo de su prima Isabel. Además, todo es obra del Espíritu, el poder o la fuerza de Dios. El que ya estaba en el Génesis para realizar la obra de la creación, vuelve a hacerse presente en el momento que se inicia la nueva creación en Cristo.

No es exagerado que nosotros tengamos en ocasiones que entonar el himno de alabanza a Dios creador y rey victorioso del salmo de hoy, porque su respuesta ante los problemas de nuestra vida que nos asedian y ahogan, supere toda expectativa y transforme nuestra vida hasta recrearla.

Tomar la actitud de María, que con su obediencia a la Palabra se nos presenta como el nuevo prototipo ideal de creyente, es la decisión adecuada. Esto nos ayudará a confiar en Dios activamente, no perder nunca la esperanza y a dejarle hacer (“ése recibirá la bendición del Señor”).

Atentos a los signos

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Sabemos que para Dios no hay nada imposible; lo sabemos por la revelación y por la fe. Además, Él es el Señor de la Vida, el que da la Vida. Así nos lo muestran las lecturas de hoy. Nos presentan dos mujeres estériles que quedan embarazadas. Dos mujeres que creyentes que confían en Dios. Dos familias que se creen en desgracia por no poder tener descendencia, imposibilitados para colaborar en dar vida, sin fruto. Dios les da un hijo, realiza un signo importante en sus vidas, siempre conforme a su plan y no solo para su gozo y alegría que les devuelve la esperanza. Sino, también para la alegría y esperanza de la humanidad, del mundo.

Son las madres de Sansón, que salvará a Israel de los filisteos, y de Juan que convertirá a muchos israelitas al Señor para preparar al Salvador un pueblo bien dispuesto. Los dos tienen una misión muy importante y necesaria para la historia de la salvación y por ello, estarán consagrados a Dios desde el seno materno.

Dios actúa en nuestras vidas, y siempre, desde un proyecto de amor que es un misterio a desvelar por nosotros y es para nuestra salvación. Dios hace bien y bien para todos. El no se equivoca y siempre nos lo demuestra. Pero nuestra fe no es plena y, a veces, fallamos, necesitando siempre de la gracia y de aprender con humildad. Ante la aparición de un ángel del Señor en un lugar santo, Zacarías todavía duda y cuestiona la veracidad de su mensaje, del poder de Dios. Una vez más, Dios tiene que dar una lección, aprovechando misteriosamente esta incredulidad como oportunidad para enseñar y transformarla en un bien para todos, a través de un signo: deja mudo a Zacarías (debemos usar nuestras palabras para alabanza y agradecimiento al Señor) y la gente que esperaba comprendió que había tenido una visión.

Signos importantes preceden a hechos importantes de la intervención divina. Estemos atentos a los signos del Señor en el mundo y en nuestra vida. Quizás encuentres alguno más importante de lo que crees o el que estabas esperando.

Dios-con-nosotros

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La verdad es que Dios siempre hace maravillas. Las hace por Amor y mueve los hilos de la historia sorprendentemente. En que situación pone a María y a José, dos buenas personas que se amaban y caminaban en un proyecto de amor en familia para toda la vida. Pero, no son cualquiera. La maravilla que hace Dios es prepararles, de distinta forma, para el proyecto universal de salvación de la humanidad ¿Pudo imaginar alguna vez esto María? José no lo esperaba y ante la situación que, humanamente era fácil de mal interpretar, la amaba tanto y era tan santo, que “decidió repudiarla en secreto”. Pero el ángel le mostró la maravilla que había hecho Dios.

Nosotros hemos podido dejar de esperar que Dios haga maravillas en nuestra vida. Y, en ocasiones, podemos sentir o creer que Dios tiene demasiado que hacer para preocuparse por hacer maravillas en nosotros; le podemos sentir lejano, indiferente. Pero no es así. Vive el Señor y vive con nosotros. Esta tan cercano que se ha hecho uno de nosotros en una Virgen, en una humana, en María. Y se llama Dios-con-nosotros. Debemos recordarlo y repetirlo lo que sea necesario para no ignorarlo y perdernos su presencia. “José, hijo de David, no tengas reparo”, mira con los ojos de la fe y te darás cuenta de la maravilla que Dios ha hecho, de lo especial y única que es María, porque Dios la ha llenado de gracia, y vuestro proyecto compartido de vida, otra maravilla de Dios, ha querido que sea para la salvación del mundo por obra del Espíritu Santo. Qué maravilloso seguro que fue vivir esto para ellos, a pesar de las dificultades y dudas que les asaltaron.

Pero ya lo dice Jeremías en la profecía de la primera lectura,”lo llamarán con este nombre: El Señor-nuetra-justicia”, y lo dice el salmo 71,”Bendito sea el Señor, Dios de Israel, el único que hace maravillas”, en el mundo, en la historia, en ti, en mi… Nos preparamos para contemplar de nuevo el culmen de todas sus maravillas, lo que da sentido a nuestra fe, a nuestra existencia, su Encarnación en una Virgen y la fidelidad a Dios de ella y de un hombre enamorado de su mujer, que llevan a cabo su vocación, su misión divina, cumpliendo la voluntad de Dios para ser buenos instrumentos en su plan salvífico. Nos vamos acercando a Quien es la luz del mundo, la luz que poco a poco al acercarnos, al profundizar y madurar en nuestra experiencia de fe, va iluminando nuestras vidas y vamos viendo las maravillas que el Señor ha hecho y hace, también en nosotros, en nuestro entorno. Lo veo cada vez más en mi parroquia, en las personas que caminamos juntos, en las que nos encontramos y en las que se van acercando. Él está.

Jesús cumple las promesas

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Las genealogias pueden ser un poco aburridas y repetitivas cuando no hay un interés directo y un conocimiento de su sentido, más, si no tiene nada que ver contigo. Pero este no es el caso. Mateo presenta la genealogía de Jesús para dar a conocer su ilustre ascendencia que se remonta hasta Abraham, padre de los creyentes y receptor de la promesa fundacional del pueblo de Israel, pasando por el gran rey David. En la cultura mediterránea la familia era el depósito del honor acumulado por todos los antepasados y en la familia de Jesús es sobrado.

En la primera lectura del Génesis encontramos a Judá, el heredero de las promesas al que se le predice la victoria sobre sus enemigos y la supremacía sobre sus hermanos. Se le compara al león a quien nadie se atreve a molestar. Y este también es uno de los antepasados del Señor. La genealogía la divide Mateo en tres grupos de catorce. Tres para señalar las tres grandes etapas de la historia de la salvación: Abrahán, David, la cautividad en Babilonia y Jesús que inaugura la definitiva. Él cumple las promesas hechas al pueblo de Dios desde el principio, siendo el Mesías esperado. Él es a quien se refiere la primera lectura cuando dice “hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos”.

Catorce, puede venir de la suma de las letras en el hebreo del nombre de David (DVD) que suman 4+6+4. Y así, todo encaja. Jesucristo es el rey definitivo de Israel, descendiente de una dinastía de reyes, con el que nos llega la liberación. Pero, como siempre, Dios supera todas las expectativas e incluso sus promesas. Jesús es también el Hijo de Dios, es el Señor, cuyas enseñanzas y signos hay que escuchar y contemplar respectivamente para nuestra salvación. Si nos fijamos en como C.S. Lewis utiliza el león para su personaje de Aslan en la mitología de Narnia que enseña a los niños el camino correcto y la sabiduría para la vida, que obtiene el perdón de los pecados dando la vida por ellos y resucita venciendo al mal en su propia trampa, nos damos cuenta como desde su experiencia de fe nos muestra a Jesús, cuya realeza se realiza en este misterio de salvación, que va más allá de un pueblo o de una época (curiosamente su genealogía incluye a paganas).

También somos herederos de estas promesas, porque somos hijos de Dios en el Hijo por el bautismo. Y Jesús añade más promesas en el Evangelio ¿Tú te las crees? ¿Las vives esperando con fe su cumplimiento en ti, en los demás? No dudes de que las cumple, confía en Él. Estamos en Adviento.

Recapacitar, nos hace fuertes

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Uno de los problemas más preocupantes hoy en nuestra sociedad es que muy pocas personas reconocen que se han equivocado, que han actuado mal o que han hecho algo que estaba mal. No digamos que reconozcan que han pecado. Pregúntate cuántas veces lo has escuchado de alguien que lo ha reconocido en privado o públicamente. Y, pregúntate a ti mismo. Quizás te sobren dedos de la mano para contar las personas o las veces. También es muy preocupante entre los creyentes hoy en día, lo poco que se acude al sacramento de la Reconciliación, a confesarte, a reconocer lo que menos te gusta de tu vida: tus pecados.

La autosuficiencia impuesta como un signo de fortaleza en el ambiente actual y la relativización de los principios éticos y morales básicos, nos están llevando a estas actitudes soberbias y a una pérdida de donde está el norte. “Todo esta bien” porque lo que haces depende de tus intereses, de los intereses de algunos, de como lo mires, del objetivo bueno que tengas o un fin que esté bien visto. De lo que hayas hecho, no recapacites. Luego, lo “divertido” es que muchos se escandalizan por los casos de corrupción y están indignados por lo que hacen los demás, cuando aprueban y participan de estos “dogmas” actuales. Y no nos engañemos, los encontramos también en nuestras parroquias.

Jesús responde hoy a esta situación con una parábola en la que, con mucho sentido común, nos hace caer en la cuenta de lo importante que es reconocer nuestros errores, que nos hemos equivocado, que hemos actuado o estamos actuando mal. Recapacitar, reconociendo una mala decisión, un pecado, una debilidad o una actitud que está mal, es la oportunidad que hace posible cambiar las cosas, mejorar, transformar tu vida. No es sinónimo de ser una persona débil, sino, de todo lo contrario, de ser una persona fuerte. Más aún, es propio de un hijo de Dios. Pero, para ello, Sofonías, el salmo 33 y Jesús insisten en que trabajemos y pidamos ayuda para vivir actitudes personales y comunitarias de pobreza, de humildad y de confianza en Dios.

Los pecadores arrepentidos, afligidos, atribulados, adelantan en el camino del reino de Dios y son librados y redimidos por el Señor. Los que recapacitan y se convierten. Esto lo promete el Señor en la profecía de la primera lectura, en el contexto de la denuncia de Sofonías a la ciudad de Jerusalén como un cúmulo de maldad que no escarmienta ni recapacita. La Palabra de Dios en este adviento nos anima a acoger esta promesa y a aprender del primer hijo de la parábola: “nunca es tarde si la dicha es buena”. Experimenta el perdón de Dios, su consuelo, su gracia, su abrazo reparador que nos libera de nuestra culpabilidad, de nuestra angustia. Yo lo he experimentado y es impresionante lo que va haciendo en ti.

Es cuestión de reconocer su autoridad en nuestras vidas…

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Nos encontramos hoy, otra vez, a Jesús en una disputa en público con la aristocracia sacerdotal de la época. A los sumos sacerdotes del Templo no les hace ninguna gracia la creciente popularidad y autoridad que está adquiriendo Jesús entre el pueblo. En este intercambio de preguntas y ninguna respuesta, es necesario “sintonizar el canal adecuado” para poder enterarse de lo que pasa. A mi me pasa mucho, por ejemplo, cuando estoy en una conversación con varias personas del pueblo que van con segundas o terceras intenciones, influenciadas por prejuicios o rencillas pasadas: no te enteras de la mitad de lo que están diciendo y te quedas con una idea falsa de lo conversado.

El cuestionar la autoridad de Jesús está motivado realmente porque los que no querían reconocer, ni la misión divina de Juan El Bautista, ni quién es Jesús, el mesías esperado, que habla y actúa con autoridad propia, no dada, ven peligrar su poder y privilegios. Estaban perdiendo autoridad e influencia sobre el pueblo y, principalmente sobre los humildes y débiles. Jesús, con su predicación y obras, pone en evidencia sus pecados, sus debilidades y sus muchas sombras de vida. Le pasa hoy en día también a muchas personas que conocemos. Cuestionan los Evangelios, la Iglesia o los fundamentos de nuestra fe. La verdad es que cuesta reconocer la divinidad de Jesús, porque, entonces, la autoridad de sus palabras y obras, ponen en evidencia la superficialidad, la incoherencia y la lejanía de Dios, como los que disputan en este pasaje con Él, de los que hoy quieren ser o son nuestros referentes.

Nosotros podemos caer en esta tentación. Podemos intentar hacerle preguntas trampa al Señor o ir con segundas o terceras intenciones, movidos por nuestras resistencias a aceptar la verdad de nuestra vida, su voluntad, la necesidad de purificación de nuestras intenciones, deseos, afectos. Él nos va a hacer otra pregunta para ayudarnos a darnos cuenta de ello, como a los sumos sacerdotes. ¿No responderemos? Piensa, se valiente, como Blaán en este pasaje del libro de los Números que se mantiene obediente a la voz divina ,aunque a Balac le irrite y lo expulse de su pueblo. Hoy te invito a repetir las palabras de este salmo 24 en tu oración personal, en el trabajo, en la facultad, en casa, en la capilla… Que nos ayuden a superar nuestras superficialidades, incoherencias, prejuicios, miedos, ansias de poder, distancias de los demás, distancia de Él.

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