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¿Que le damos a Dios?

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Isaías 45, 1. 4-6

Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y e 

san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

san Mateo 22, 15-21

“Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Muchas veces utilizamos esta frase de Jesús para reclamar la independencia de lo terreno, pero pocas veces para dar a Dios lo que es de Dios. Si no pagas impuestos te persigue la policía o Hacienda, pero si no le das a Dios lo suyo parece que no molestas a nadie.

Fenomenal que le demos al Cesar lo que es del Cesar, pero no seamos hipócritas y démosle a Dios lo suyo en este domingo y en cada momento de nuestra vida. Que la Virgen nos ayude a descubrir todo lo que Dios nos da para ser realmente agradecidos ¿o todavía crees que tienes fe gracias a tu esfuerzo?

No existe el amor virtual a Dios

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

San Pablo a los Romanos 4, 13, 16-18

Sal 104, 6-7, 8-9, 42-43 

San Lucas 12, 8-12

“«Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios.” Con Dios no valen los enamoramientos virtuales (no todo el que dice “Señor, Señor”…). La acción de Dios en la historia de los hombres, la vida de Jesucristo y la acción del Espíritu Santo en nosotros no es una realidad virtual, es algo real, palpable y demostrable, a poco sinceros que seamos.

«Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: “Así será tu descendencia”» Y cambió su vida, la de su familia, la de sus sirvientes y hasta la de sus cabras. De nada valen los arrobamientos místicos, las revelaciones particulares o las levitaciones de tres metros y medio si no cambiamos nuestra vida. No podemos llevarnos bien con Dios en la sacristía y avergonzarnos de ser Hijos suyos en la calle, en la empresa, entre los amigos. Es inútil decir: “Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,” mientras damos otra vuelta a la cama el domingo a las 12:25 pues “¡No tengo otro día para descansar!” y pasas de ir a Misa.

Y si nuestro amor a Dios no es virtual, el de Dios tampoco lo es. “ Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.” Cuántas personas buenas, santas diría yo, he visto dar argumentos de su fe en ambientes completamente hostiles. Muchas veces no les han hecho falta palabras, simplemente un gesto, una sonrisa, una obra de caridad hecha sin doblez, han bastado para que los que se metían con su fe me dijesen: ¡Qué equivocado estaba respecto a esta persona!. Y esa es la acción de Dios en uno y en otro.

Hoy sábado tenemos el corazón centrado en María. Una pregunta que siempre me he hecho. ¿Por qué los apóstoles se quedaron con María, la madre de aquel al que habían traicionado y abandonado? Lo normal es que estuviesen muertos de vergüenza y no quisieran verla nunca más para no pasarlo mal. Pero el amor de la Virgen tampoco era virtual, cada caricia que daría a los discípulos, cada mirada, cada sonrisa entre lágrimas, les estaba diciendo: Yo os quiero, mi Hijo os quiere, Dios os quiere y el amor es más fuerte y más real que la muerte y que el pecado.

Nuestra grandeza viene de lo alto

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

san Pablo a los Romanos 4, 1-8

Sal 31, 1-2- 5. 11

san Lucas 12, 1-7

“Temed al que tiene poder de matar y después echar al infierno”. Muchas veces se nos olvida lo valiosos que somos, especialmente a los ojos de Dios que hasta ha entregado a su Hijo por nosotros, por ti y por mi. Se nos olvida y hacemos de nuestra vida una vulgaridad, ponemos el corazón en las cosas y destrozamos la creación de Dios, desde las plantas a las personas, con fines innobles. Date cuenta de tu grandeza, no por lo que tú crees valer, sino por el valor que ha puesto Dios en ti. No seamos tontos, no juguemos con nuestro destino eterno entregándonos a lo caduco. No es sensato que guardemos las formas y no guardemos el corazón. ¿Cuántas veces has pensado en la eternidad últimamente? No tengamos miedo al futuro si lo vamos preparando en el presente. La Virgen nos descubrirá la grandeza del amor de Dios, disfrútalo sin miedo.

El dueño de la llave

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

san Pablo a los Romanos 3, 21-30a

Sal 129, 1-2. 3-4. 5 

san Lucas 11, 47-54

“¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!” La llave no es mía y si me la he quedado ha sido fraudulentamente. Cuando tengo algo que hacer, algo en lo que servir, no soy yo es Cristo quien actúa en mi. San Agustín (creo) decía: “Dame Señor lo que me pides y pídeme lo que quieras” Yo me he encontrado con cientos de personas a las que podemos calificar de “extrañas” pero ¿Puedo yo hacerme el dueño de la misericordia, la bondad, la paciencia y benignidad de Dios? ¿Acaso es Dios sólo de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Evidente que también de los gentiles, si es verdad que no hay más que un Dios. Pues no me puedo quedar para mí con Dios, tendré que darlo. ¿Lo hago?

Poner la esperanza en Cristo

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

II san Pablo a Timoteo 4, 9-17a

Sal 144, 10-11. 12-13ab. 17-18  

san Lucas 10, 1-9

La primera lectura de hoy pertenece a la carta que san Pablo dirige a su discípulo Timoteo. En ella se desahoga el Apóstol expresando la soledad a que lo han reducido sus compañeros. Frente a ello señala la compañía que le ofrece el Señor. Abandonado por todos siente la fortaleza que ofrece Jesucristo. El testimonio es conmovedor y, al mismo tiempo, una lección para todos nosotros.

Es frecuente que lamentemos cuando un amigo nos deja solos o nos traiciona. Eso es lo que le pasó a san Pablo. Algunos hubieron de ir a la misión pero otros, sencillamente, se apartaron de él por amor al mundo. Incluso, acusado ante las autoridades romanas, hubo de defenderse solo, sin el apoyo moral de nadie. Prefirieron irse, antes que acompañar a quien, a los ojos del mundo, estaba condenado. Pero el Apóstol no se queda en la constatación de lo humano sino que percibe también la presencia escondida de Dios. Por eso dice “el Señor me ayudó y me dio fuerzas”. Esta es la parte imnportante de la enseñanza: darse cuenta, cuando todo lo humano falla, de que Jesucristo sigue a nuestro lado y que es nuestro verdadero refugio.

Si Pablo hubiera puesto sus esperanzas sólo en sus compañeros ahora sería un hombre muy desgraciado. Pero él los había abrazado en la amistad con Cristo. Nosotros también hemos de aprender a poner a Jesucristo como fundamento de todas nuestras relaciones. En el matrimonio, el sacerdocio o en cualquier grupo de apostolado si no nos apoyamos firmemente en Jesucristo, en cualquier momento puede pasar que todo nuestro mundo se tambalee y nos hundamos. Jesús, como decían aquellas estampas antiguas, es el amigo que nunca falla.

Esa misma enseñanza es la que encontramos en el Evangelio. Jesús advierte a sus discípulos que los envía como corderos en medio de lobos. Esos lobos no siempre están fuera de los ámbitos de la Iglesia. No se trata solo de las dificultades que va a encontrar el discípulo para anunciar el Evangelio. En ocasiones, lamentablemente, son los más cercanos los que se ponen en contra, como le sucedió a san Pablo. Por eso Jesús añade la enseñanza de que no hay que ir demasiado precavido para la misión. No llevar talega ni alforjas, etc… no sólo es una indicación respecto de los bienes materiales sino también una invitación a poner toda la confianza en Jesucristo y sólo en Él.

Cuando se anuncia el Evangelio de la gracia sólo puede contarse con los medios de la gracia. No basta con apoyar una buena causa, sino que hay que ser respetuoso con ella. Predicar el Evangelio supone hacerlo con los medios del Evangelio. Jesús otorga a sus colaboradores la ayuda necesaria, pero siempre y cuando se apoyen en Él con absoluta confianza. En esa situación es como el apóstol pudo “anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los creyentes”.

Que la Virgen María, que conoció la soledad al pie de la cruz, pero que nunca dejó de confiar en su Hijo nos enseñe a poner toda nuestra vida y nuestros apostolados en manos de Dios.

¿Qué hemos de dar?

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

san Pablo a los Romanos 1, 16-25

Sal 18, 2-3. 4-5 

san Lucas 11, 37-41

Lo que tenemos dentro es lo que damos. «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades.¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.» ¡Cómo tenemos que cuidar nuestro interior! No podemos ser esos sepulcros blanqueados que, en cuanto nos tocan, sacamos huesos, sapos y culebras. Es verdad que muchas veces nos acusan a los católicos de cosas falsas y de tópicos típicos, pero en otras ocasiones los que nos critican tienen razón. Y no me refiero a eso que la gente llama “la Iglesia Institución”, sino a ti y a mi. Dar limosna de lo de dentro significa darnos, y no damos porquería, damos lo que Dios va haciendo en nosotros. Si frecuentemente recibimos el Cuerpo de Cristo si nos hicieran una autopsia tendrían que descubrir a Cristo, y no nuestras entrañas llenas de orgullo o vanidad. “Yo no me avergüenzo del Evangelio; es fuerza de salvación de Dios para todo el que cree, primero para el judío, pero también para el griego. Porque en él se revela la justicia salvadora de Dios para los que creen, en virtud de su fe, como dice la Escritura: «El justo vivirá por su fe.»” No podemos avergonzarnos del Evangelio, y una forma de vergüenza sería mostrar en nuestra vida una caricatura del Evangelio. La fe tiene que mostrarse en la vida y así nuestra vida será de fe. Que nuestra Madre la Virgen nos ayude a dar lo mejor de nosotros mismos, es decir, lo que de Dios hemos recibido.

Se trata de comenzar

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

san Pablo a los Romanos 1, 1-7

¿Cómo se encontraría San Pablo al comenzar a escribir una carta a los romanos, con tan mala fama en aquel entonces? Da un poco de miedo.

Comenzar no es fácil, si no estás convencido que es Dios quien comienza y acaba. A los sacerdotes se nos dice en nuestra ordenación: “Dios que comenzó en ti esta obra buena, Él mismo la lleve a término” Es Dios quien lleva las cosas adelante.

Los hombres de Nínive o los siervos de Jerusalén se convirtieron, pero no por Jonás que era un cobarde, ni por Salomón que era un golfo, sino por la acción del Espíritu Santo. Cada comienzo es difícil, y tenemos un montón de comienzos en nuestra vida. Con dificultades, con problemas, con incredulidades…, pero lo importante es comenzar y seguir. no por nosotros sino por el Espíritu Santo.

Sea en Roma, sea a un verdadero incrédulo, sea a un ateo con carnet del partido… lo importante es comenzar. Quien no comienza no acaba. A Dios sólo hay que darle la mano para que arranque, y no será cosa tuya ni mía, sólo de Dios.

Vamos a pedirle a la Virgen que nonos de pereza comenzar,, sino que sea Él el que acabe, que es lo importante.

¿Dónde brilla la luz?

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Daniel 7, 9-10. 13-14

Sal 96, 1-2. 5-6. 9

san Pedro 1, 16-19

san Mateo 17, 1-9

“Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”. Celebramos hoy la Transfiguración. Esta fiesta pasa desapercibida, en medio de las vacaciones para muchos y en un día laborable. En ocasiones me pregunto ¿Por qué sólo tres de los doce vieron al Señor transfigurado? Si hubieran ido los doce se habría afianzado su fe, tal vez Judas no le hubiera traicionado. Claro que ya puestos podía haberse transfigurado en la explanada del Templo de Jerusalén, frente al pueblo los sumos sacerdotes y ancianos…, o haber ido a Roma. Pero no, el Señor sólo se transfigura ante tres de sus discípulos.

El hombre necesita de certezas y seguridades y, cuanto menos nos fiamos del hombre, hacemos más cantidad de documentos y crece la legislación respecto a los contratos, acuerdos y negociaciones. Donde antes había un apretón de manos y una palabra ahora hay tres abogados. Nosotros confiamos en la palabra. Por la palabra se nos comunica la fe, la conocemos y ahondamos en ella. Y entonces, mediante la fe, la experiencia de otros se convierte en nuestra propia experiencia. Quien, que se haya puesto a hacer un rato verdadero de oración, no ha dicho con San Pedro: “Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!”. Por eso el Señor no se transfigura delante de muchos, sino que nos hace conocer que la experiencia de la transfiguración está al alcance de todos. Una vez que Cristo ha resucitado todos podemos acercarnos a la “montaña santa” y disfrutar de esa intimidad con el Salvador que Pedro, Santiago y Juan tuvieron en la cima de ese monte alto. Ciertamente la oración, siempre que sea posible, es recomendable hacerla frente al Sagrario, pero podemos tener esa cercanía con Dios ante un paisaje, en la tranquilidad de la montaña, en el barullo de la playa, ante un amanecer o ante la pantalla del ordenador. Todo momento es propicio para encontrarse con Dios, mientras no n os encerremos en nosotros mismos.

Contemplar a los fieles que se acercan a los santuarios marianos es ver a tantos que se acercan a buscar un poco de luz que brilla en brazos de la Madre. También nosotros nos acercamos a ella para escuchar la Palabra que nunca defrauda.

Años de bienes

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Levitico 25, 1. 8-17

Sal 66, 2-3. 5. 7-8 

san Mateo 14, 1-12

Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.» Mira que ya podía ser aficionada a las gambas la hija de Herodías, pero se ve que le gustaban más las cabezas de bautistas. Herodes, ni Herodías, ni el cornudo de Filipo se daban cuenta de lo que estaban haciendo, pero estaban inaugurando un año jubilar. Al cortar la cabeza a Juan el Bautista se da por terminado el Antiguo Testamento y comienza el nuevo. Se devuelve a cada uno lo que es, el hombre hijo de Dios y Dios recrea a la humanidad. Tal vez no era comprensible para los discípulos de Juan, Herodes no se enteraba de nada, pero todo se estaba haciendo nuevo. Pronto, quienes lo fueran descubriendo por la revelación de Cristo y el don del Espíritu Santo, recuperarían la alegría, la esperanza, la ilusión. En ocasiones Dios se sirve de elementos ineptos, que incluso objetivamente son malos, para hacer nuevas todas las cosas.

Todo esto nos tiene que ayudar a aprender a leer nuestra historia y la de la sociedad en que vivimos. En ocasiones hay personas que dicen. “¡Ah!, ¡la juventud está fatal!”. Y se quedan en la queja o en mirar hacia atrás, como si sus tiempos hubieran sido mucho mejores. Sin embargo sabiendo leer la historia y el momento presente ni la juventud está tan mal (hay grupos estupendos y chicos y chicas de quitarse el sombrero), y con los que peor están habrá que preparase para decir una palabra de aliento al abatido, enseñar el camino al perdido, dar sentido al que está de vuelta de todo, curar a los heridos, … Es decir, van a ser épocas de muchísimo trabajo, de mucha más oración y de estar muy atentos. El que se desencante con la generación que le ha tocado vivir no será capaz de sacar bienes de los males. A los años de sequía les siguen años de gracia, y hay que estar alerta para recibirlos.

Pidámosle a la Virgen que nos de ese olfato católico para descubrir la alegría en medio de las situaciones complicadas y el don de la esperanza que nunca se acaba.

¿Quién eres tú?

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Levítico 23, 1. 4-11. 15-16. 27. 34-37

Sal 80, 3-4. 5-6ab. 10-11 ab

San Mateo 13, 54-58

¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre Maria, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?”. La familia, la patria, la tribu, el grupo de amigos, es sin duda uno de los entornos más sagrados y bendecidos por Dios. En comunión con dicho entorno, puede el hombre sacar a relucir lo mejor de sí mismo… Pero cuando la familia, el grupo de amigos, la tribu, se pervierten, pueden llegar a ser una verdadera cárcel, una red ansiosa de devorar cuanto cae en ella. El mito de Saturno devorando a sus hijos no responde a la originalidad de un excéntrico: muestra, antes bien, la crueldad que reside en la corrupción de los ámbitos más nobles.

Los paisanos de Jesús quisieron despeñarlo por un barranco. Sus parientes quisieron encerrarlo en un manicomio. Les hubiera gustado haberlo mantenido encerrado en la carpintería familiar, donde podían tener al Mesías bajo control como se posee un bien material en propiedad. Puesto que no pudieron hacerlo, decidieron acabar con Él… Tras la visita que hoy nos narra el evangelio de Mateo, Jesús rompió definitivamente con su familia y con la ciudad que lo vio crecer. De no haberlo hecho, jamás hubiera podido mostrar al mundo el Reino de Dios. El Maestro no volvió a poner sus pies en Nazareth. Hay lugares a los que no se debe volver jamás.

Imagino el terrible sufrimiento de María. Imagino los dimes y diretes, los chismes, las injurias soterradas vertidas en tertulias bajo los portales. Imagino aquellas silenciosas lágrimas de Madre, y oro para que Ella nos conceda estar en guardia siempre. Somos depositarios de tesoros maravillosos… ¡Cuánto tenemos que velar!

noviembre 2017
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