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¿Ciego? ¿En qué sentido?

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En el Evangelio de hoy Jesús viene a mostrarnos a través de la curación de n ciego de nacimiento, que El es la luz del mundo que todo hombre necesita para vivir. Quizás alguno se pregunte, pero ¿yo estoy ciego?
 Muchas veces somos incapaces de vernos con la mirada de Dios a nosotros mismos, a los demás y a la realidad que nos rodea. Hay más zonas oscuras dentro de nosotros de lo que a veces pensamos y éstas son las que nos hacen ver con desesperanza la vida de mis hijos, lo que pasa en el mundo, etc. El apóstol Juan llega a decir que el que no ama, el que no vive para los demás camina en tinieblas (1 Juan 2, 9-11).
En mi trabajo con los jóvenes veo que tántos jóvenes se levantan cada día sin ganas, sin un sentido fuerte para vivir, pensando que son un número más, que nadie les necesita verdaderamente. Jesús hoy viene a decirnos : “¡Despierta, tú, que estás dormido, levántate de la muerte que yo vengo a iluminarte!” Muchas veces estamos dormidos ante el valor de nuestras propias vidas, dormidos a la trascendencia de la huella que podemos dejar en esta tierra empezando por las personas que tenemos más cerca. Jesús viene como ese Buen Pastor a sacarnos de esos valles sombríos, en los que a veces nos metemos sin darnos cuenta, y a llevarnos a verdes praderas, a una vida bien alimentada porque es muy querida, a vivir con y por los demás, a levantarnos la mirada y mostrarnos que nuestras vidas también pueden ser luz. La persona rescatada por el Buen Pastor se convierte en alguien que irradia calor y amor por donde va e ilumina a otras personas que viven en un relativismo tal, que dejaron de escuchar a sus conciencias hace mucho tiempo.
Que en éste día nos podamos dejar encontrar por el Buen Pastor allí donde cada uno de nosotros nos encontremos interiormente y podamos ser luz en medio de nuestros ambientes.

La trascendencia de tu Amén de cada día

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hoy celebramos la Solemnidad de la Anunciación del ángel a María y la Encarnación de Jesús en el seno de María.
El Evangelio lo conocemos mucho, pero me quedaría sólo con los dos últimos versículos (37-38): “Porque nada es imposible para Dios. Y María dijo: Aquí está la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”. María pronunció un Amén, así sea, hágase, fiat (es la traducción latina) a todo lo que Dios le proponía; no porque lo entendiera y lo viera claro, sino porque hizo un acto de fe, de confianza y abandono en el Dios para el que nada es imposible.

María es nuestra Madre, Madre de toda la Iglesia, de cada uno de nosotros, y nos acompaña en este camino de fe . Nos invita a hacer su misma opción de confianza total, de abandono ilimitado, creyendo en Dios, en la sabiduría de Dios, en su poder, en su fecundidad, en Él.

María nos anima a creer que nuestro Amén de cada día puede ser también fuente de Vida para muchos hermanos. Hoy he podido escuchar a varios matrimonios en los cuales ha habido cambios laborales debido a una eschucha creyente de la Biblia y del deseo profundo de sus corazones, aunque les haya supuesto un descenso del nivel económico. De nuestro Amén a Dios depende el que muchos se encuentren con Él, que muchos descubran su rostro de Bondad y Misericordia y se animen a seguir a Jesús por sus mismos caminos. Podemos aplicarnos lo que San Bernardo decía en una de sus homilías comentando este texto: “¿Por qué tardas? ¿Qué recelas? Cree, di que sí y recibe. Que tu humildad se revista de audacia, y tu modestia de confianza”.

No te pido que cumplas, sino que me escuches

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Jesús es muy claro en responder al escriba acerca de cuál es el primer mandamiento. No es de primeras, haz esto o lo otro, sino “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todo tu ser. El segundo es  éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que éstos.

Jesús es preguntado por uno, por el primero, pero Él une el primero y el segundo, y su punto de partida es que ESCUCHEMOS, que descubramos, que reconozcamos que nuestro Dios es el único Señor.
Como nos recordaba el Papa Francisco, “Dios no tiene simplemente el deseo o la capacidad de amar; Dios es caridad; la caridad es su esencia, su naturaleza” (Discurso del 26-02-016).
Por eso, en su Nombre, con su Gracia y con su Fuerza, sólo podemos vivir con Él amando como Él ama a cada hermano. Como nos recuerda la Palabra de Dios en la Primera Carta de San Juan, “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la Vida porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte (1 Jn 3,14-15) y más adelante “Quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 4,20b). Que el Señor nos conceda la gracia de vivir el Mandamiento del Amor  como Jesús lo vivió y enseñó: uniendo en uno el Amor a Dios y el mismo Amor suyo a los hermanos.

Solo quien se deja acariciar por su misericordia

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Jesús dice: ‘El que no está conmigo, está contra mí’. Esta expresión de Jesús suena muy absoluta sobre todo cuando uno le observa en otros momentos, donde dice sobre uno que expulsaba demonios en su nombre, que no se lo prohíban, “porque nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a nuestro favor (Mc 9, 39).

En el Evangelio de hoy parece que no hay camino de compromiso, un poco aquí y un poco allá. Nuestro papa Francisco dijo ya en una homilía del 2015: “O estás en el camino del amor, o estás en el camino de la hipocresía. O te dejas amar por la misericordia de Dios, o haces lo que quieres, según tu corazón, que se va endureciendo, cada vez más, por ese camino. ‘El que no está conmigo, está contra mí’: no hay un tercer camino de compromiso. O eres santo, o te vas por el otro camino. ‘El que no recoge conmigo’, deja las cosas… No. Peor aún: desparrama, arruina. Es un corruptor. Es un corrupto, que corrompe”. Estas palabras son claras y proféticas. Por ello es necesario comprenderlas bien.

Francisco pone el énfasis en que un cristiano necesita dejarse tocar por la misericordia de Dios. ¿Por qué es esto tan importante? Porque la realidad de nuestra vida humana está llena de fallos, egoismos y debilidades. Ante esto puedo evadirme, levantarme por mis propias fuerzas haciéndome cada vez más duro, insatisfecho y amargo o dejarme tocar justamente ahí por el amor y el perdón de Dios. El caso es que justamente aquí se juega todo, ya que la misericordia es lo único que puede volver a unificar interiormente a una persona después de hacer la experiencia del egoísmo y de la ruptura interior, lo que la levanta de sus ruinas, lo que la vuelve a hacer persona íntegra. Sin ella nos vamos haciendo forzosamente cada vez más hipócritas, que arruinan y desparraman, porque internamente estamos “desparramados” y rotos.

También Francisco concreta cómo el episodio del Evangelio nos muestra un ejemplo de ‘corazón endurecido’, sordo a la voz de Dios. Jesús cura a un endemoniado y, en cambio, recibe una acusación: ‘Tú expulsas a los demonios con el poder del demonio. Eres un brujo demoniaco’. Es la acusación típica de los ‘legalistas’, destacando que ‘creen que la vida está regulada por las leyes que establecen ellos.

Que en éste día nos podamos dejar acariciar por la misericordia de Dios en todo aquello que en nuestra vida no sea amor y servicio a los demás, de forma que seamos hombres y mujeres que comprenden tantas miserias humanas y acompañan a la gente de cerca.

Solo quien se deja acariciar por su misericordia

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Jesús dice: ‘El que no está conmigo, está contra mí’. Esta expresión de Jesús suena muy absoluta sobre todo cuando uno le observa en otros momentos, donde dice sobre uno que expulsaba demonios en su nombre, que no se lo prohíban, “porque nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a nuestro favor (Mc 9, 39).

En el Evangelio de hoy parece que no hay camino de compromiso, un poco aquí y un poco allá. Nuestro papa Francisco dijo ya en una homilía del 2015: “O estás en el camino del amor, o estás en el camino de la hipocresía. O te dejas amar por la misericordia de Dios, o haces lo que quieres, según tu corazón, que se va endureciendo, cada vez más, por ese camino. ‘El que no está conmigo, está contra mí’: no hay un tercer camino de compromiso. O eres santo, o te vas por el otro camino. ‘El que no recoge conmigo’, deja las cosas… No. Peor aún: desparrama, arruina. Es un corruptor. Es un corrupto, que corrompe”. Estas palabras son claras y proféticas. Por ello es necesario comprenderlas bien.

Francisco pone el énfasis en que un cristiano necesita dejarse tocar por la misericordia de Dios. ¿Por qué es esto tan importante? Porque la realidad de nuestra vida humana está llena de fallos, egoismos y debilidades. Ante esto puedo evadirme, levantarme por mis propias fuerzas haciéndome cada vez más duro, insatisfecho y amargo o dejarme tocar justamente ahí por el amor y el perdón de Dios. El caso es que justamente aquí se juega todo, ya que la misericordia es lo único que puede volver a unificar interiormente a una persona después de hacer la experiencia del egoísmo y de la ruptura interior, lo que la levanta de sus ruinas, lo que la vuelve a hacer persona íntegra. Sin ella nos vamos haciendo forzosamente cada vez más hipócritas, que arruinan y desparraman, porque internamente estamos “desparramados” y rotos.

También Francisco concreta cómo el episodio del Evangelio nos muestra un ejemplo de ‘corazón endurecido’, sordo a la voz de Dios. Jesús cura a un endemoniado y, en cambio, recibe una acusación: ‘Tú expulsas a los demonios con el poder del demonio. Eres un brujo demoniaco’. Es la acusación típica de los ‘legalistas’, destacando que ‘creen que la vida está regulada por las leyes que establecen ellos.

Que en éste día nos podamos dejar acariciar por la misericordia de Dios en todo aquello que en nuestra vida no sea amor y servicio a los demás, de forma que seamos hombres y mujeres que comprenden tantas miserias humanas y acompañan a la gente de cerca.

La grandeza de nuestras vidas

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“El que los cumpla (las enseñanzas de la ley y los profetas, los mandamientos) y los enseñe , será grande en el Reino de los cielos”. Con éste Evangelio nos coloca Jesús a todos en un gran horizonte de vida.
 Además de venir a quitarle los miedos a los fariseos  de que él no viene  a abolir la ley, Jesús nos saca de la visión aislada de una santidad personal y nos invita a concebirnos transmitiendo a mucho las enseñanzas que para un cristiano significan Vida en abundancia.
 Cuando las personas con las que convivimos, trabajamos o estudiamos nos ven vivir una vida diferente, al servicio de los demás, sin competitividades, perdonando las ofensas y creyendo en lo bueno de la gente, se llegan a cuestionar muchas cosas. Si en esos momentos damos razón de por qué tenemos esperanza, experimentaremos que nuestra propia fe se fortalece y que todas las dificultades que vivimos pueden ser un “camino abierto” para muchos. La fe toma otra viveza cuando nos concebimos como pueblo y como parte de una cadena de testigos, gracias a la cual nos ha llegado el Evangelio a nuestras vidas y en la cual también somos miembros pequeños, pero vitales. Sólo así podrán llegar estas enseñanzas a muchos.
Que en éste día nos podamos dejar mirar por Jesús con esa trascendencia que él nos ve, como esos “eslabones de una cadena de transmisores de fe y Vida” y podamos descubrir que no hay mayor grandeza para una vida que ésta.

Este es mi hijo amado en quién me complazco

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Celebramos este domingo la fiesta del bautismo de Jesús, de esta forma cerramos el tiempo de Navidad y damos comienzo al tiempo ordinario. Durante todos estos días hemos profundizado el misterio de la Encarnación, el misterio que es que Dios quiso hacerse hombre. Ahora, pasamos a otra etapa del año litúrgico, nos vamos a centrar en el ministerio de Jesús, en su vida pública, que comienza con el bautismo.

Jesús, el Hijo amado, era verdadero Dios y verdadero hombre. Jesús, durante su vida, que vamos a ir recorriendo durante el tiempo ordinario, nos muestra lo que significa ser hijos, nos enseña en que cosiste la verdadera filiación. Para ello, necesita ser ungido por el Espíritu Santo en su humanidad, de esta forma, podrá llevar hasta el final la misión que el Padre le encomienda. Como vemos, esta fiesta es profundamente trinitaria. El Padre se deja oír desde el cielo diciendo: “este es mi Hijo amado, en quién me complazco”. El Hijo, para llevar a cabo su misión, se coloca en la fila para ser bautizado por Juan, reconoce que necesita de la acción del Espíritu en su humanidad. El Espíritu desciende sobre Jesús y se posa sobre Él. Padre, Hijo y Espíritu, cada uno realizando su misión en el plan de salvación.

Esta fiesta nos enseña la importancia de la comunión. Dios Amor, comunión de personas, actúa siempre en unidad. Nosotros estamos creados a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, nuestra esencia más profunda es la comunión. Pidamos hoy la comunión para nuestra Iglesia, desde los ámbitos más pequeños a los más grandes, pidamos la comunión para nuestros grupos de catequesis, para nuestras parroquias, para nuestras diócesis, comunión en la Iglesia local y universal. Comunión no significa uniformidad de pensamiento y de formas, sino opción por la unidad en la diferencia. Esta fiesta también nos enseña la necesidad que tenemos todos del Espíritu Santo, si el Hijo de Dios, segunda persona de la trinidad, fue ungido por el Espíritu en su humanidad, cuanto más nosotros, criaturas, necesitamos ser ungidos por el Espíritu. Sin la acción del Espíritu no podemos generar comunión, no podemos crear unidad, por eso pidamos la fuerza del Espíritu. Hoy somos nosotros los hijos amados en quién Dios se complace, hoy Dios nos confía también la misión de llevar el evangelio a nuestro mundo.

Comencemos el tiempo ordinario pidiendo al Espíritu Santo que nos ilumine, que nos guíe, que nos conduzca. Que nos ayude a vivirnos y sentirnos en todo momento como los hijos predilectos de Dios, en quienes Él confía. Pidamos por todos los catecúmenos que se preparan para recibir el bautismo. Por los padres de los niños que se acercan a la Iglesia para pedir este sacramento, ojalá pueda significar para ellos un acercamiento y un redescubrimiento de su fe. Pidamos hoy por todos los bautizamos, para que renovemos nuestro bautismo en este día, para que descubramos la grandeza de ser hijos amados de Dios.

Elevemos nuestra plegaria a la Trinidad, que el Padre, el Hijo y el Espíritu nos ayuden a comprender lo que significa nuestro bautismo. Que ellos nos acompañen durante todo el tiempo ordinario para que sepamos actuar como hijos en todas las circunstancias y situaciones que la vida nos presente.

Jesús recorría toda Galilea predicando y curando

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Ayer celebramos la Epifanía de Dios a todos los pueblos, y hoy vemos a Jesús poniéndose en camino para anunciar el evangelio y para curar enfermedades. Jesús abandona Nazaret y se dirige a Cafarnaún, Jesús sale a otros lugares para llevar allí también la buena noticia de la salvación. La noticia del arresto de Juan lejos de paralizarle le hace ponerse en marcha. Esta actitud de Jesús es un contraste para nosotros. Este evangelio me lleva a dos reflexiones.

La primera es acerca de Juan Bautista, es encarcelado por ser un profeta, por decir la verdad, por ser fiel a sus principios. ¿Cuántos “Juan Bautista” hay en el presente en nuestro mundo? ¿Cuántos cristianos perseguidos por su fe? Os invito hoy a rezar por los cristianos perseguidos, por aquellos que sufren una persecución cruenta y por los que sufren persecución a otros niveles. También os invito a rezar no solo por los cristianos, sino por todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que sufren por defender la verdad, o que son víctimas de radicalismos y fundamentalismos. Recemos por todos los que están presos por causa de la injusticia.

La segunda reflexión es sobre la forma que tiene Jesús de revelar al Padre, a través de hechos y palabras. “La revelación de Dios se lleva a cabo en Jesús a través de hechos y de palabras intrínsecamente conexos” (cf. Dei Verbum nº 2). Jesús recorría Galilea hablando del Reino, a la vez que realizaba milagros, que son signo del anticipo de ese Reino en la persona de Jesús. ¿Qué nos enseña esto? Que nosotros también debemos anunciar el Reino con hechos y con palabras. Nos enseña que debemos ser coherentes con lo que creemos, la fe no son ideas, la fe es vida, implica acciones concretas. Sabemos que nuestra palabra tiene más fuerza cuando es acompañada de nuestras obras.

Señor Jesús, ayúdanos a ponernos en camino como Tú, ayúdanos a vivir el seguimiento siempre en actitud de salida. Danos ojos para ver a nuestro alrededor las enfermedades y dolencias de nuestro tiempo, y con tu ayuda, acercarnos a las necesidades de nuestros hermanos.

Todos los pueblos caminarán hacia tu luz

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La fiesta de este día, la Epifanía de Dios a todos los pueblos, es una fiesta muy entrañable de la que podemos extraer varios mensajes.

El primero es el deseo universal de salvación de Dios. Esta fiesta nos remite al deseo de nuestro Dios de que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tim 2, 4). Para los primeros cristianos llegar a formular esta afirmación supuso un cambio total de sus expectativas, ya que el Mesías, el Salvador, lo sería tan solo del pueblo de Israel. Sin embargo, descubrieron que Cristo se entregó no solo por ellos, sino por todos, Pablo tuvo un papel decisivo para la comprensión de este mensaje universal de salvación, como vemos en la segunda lectura. Siendo él un judío de la fiel observancia de la ley, tras su conversión, se sintió llamado a llevar la buena noticia de Cristo a los gentiles. La apertura de la Iglesia primitiva, nos invita a nosotros hoy, a salir de nuestras fronteras, a generar esa cultura del encuentro de la que tanto nos habla nuestro papa Francisco. Si nuestro Dios desea llegar a todos, y Él llegó a nosotros los primeros, salgamos a las periferias a anunciarle. Preguntémonos hoy en nuestra oración: ¿En qué periferias quieres que anuncie tu salvación?

El segundo mensaje de este día podría ser la llamada a vivir nuestra fe en clave de adoración, como los magos de oriente. Enséñanos Señor a postrarnos frente a Ti, a saber adorarte en la vida, en el día a día, a colocarte en el centro de nuestras vidas. Podemos preguntarnos también hoy: ¿Qué sería vivir adorándote? ¿Qué nos deslumbra, que adoramos? La cultura del bienestar, del placer, del consumismo dirige nuestra mirada a tantos falsos dioses, sin embargo, los cristianos solo tenemos un rey a Quién adorar, ante Quién rendirnos.

Por último, el tercer mensaje de este día nos llega de mano de los niños. Si hay algún día del año en el que la inocencia de los niños resplandece con más fuerza, ese día es hoy. Dejémonos nosotros, los adultos, contagiar de esta inocencia para esperar y recibir el mayor regalo que nos ha sido dado: Jesús. Con Él lo tenemos todo, no necesitamos nada más. En esta Navidad he tenido la ocasión de visitar a una familia siria que acababa de reencontrarse después de llevar dos años separados. La madre y el hijo de 9 años tuvieron que salir los primeros de Siria, el padre llegó a España hace apenas unos días. Para este hijo el mayor regalo que podía recibir era tener a su padre con él, sus ojos radiaban alegría. En esos ojos vi los ojos de Dios, hecho niño, inocente, vi su deseo de unidad y paz. Ese niño me enseñó que teniendo a su padre consigo lo tenía todo. Nosotros tenemos al Enmanuel, al Dios con – nosotros ¿Qué nos puede faltar? Para acabar me gustaría pedir una oración por todos aquellos niños a los que la vida les robó la inocencia, recemos por todos los niños que sufren, por todos los niños que siguen en Siria o en países en guerra, en ellos Dios sufre y nos necesita. Señor que tu mensaje de salvación le llegue también a ellos.

¡Eso que te ayuda a vivir y que te da esperanza, comunícalo a los otros!

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“Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret”, le dice Felipe a Natanael. Felipe expresa muchísimo en ésta frase. El Mesías tan esperado por su pueblo, aquel que viene a dar cumplimiento a todas las promesas que Dios hace a su pueblo las identifica en la persona de Jesús.

Felipe nos ayuda a descubrir cuál es nuestra misión en la vida, qué es lo que estamos llamado a comunicar a las demás personas con las que convivimos y trabajamos. El papa Francisco en la llamada que nos hace a todos lo expresa así:

“todos somos llamados a ofrecer a los demás el testimonio explícito del amor salvífico del Señor, que más allá de nuestras imperfecciones nos ofrece su cercanía, su Palabra, su fuerza, y le da un sentido a nuestra vida. Tu corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él; entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros” (Evangelii Gaudium 121)

Hoy nos podríamos preguntar: ¿Qué es lo que a mi me ayuda a vivir? ¿Qué actitudes de vida, qué aspectos de la fe y de la persona de Jesús me dan fuerza y sentido en el día a día?

El papa nos ayuda a sincerarnos y a darnos cuenta de que realmente no es lo mismo la vida sin El o con El. Por eso desde ahí nos podemos preguntar: ¿En qué situaciones de mi vida he experimentado que no da lo mismo la vida con El o son El? ¿Qué situaciones he superado gracias a El? ¿De dónde he sacado la fuerza para vivirlas de una forma reconciliada, que no me hicieran daño, incluso con alegría?

Esta reflexión puede ayudarnos a reconocer lo que Dios ya ha hecho en nuestras vida y la fuerza de la fe en ellas. Hay personas que gracias a la fe en Jesús rehicieron su matrimonio y no se separaron. Otros reconocen que la fe les ayudó a aceptar con paz la pérdida de un ser querido. Otros que gracias a la persona de Jesús llegaron a poder perdonar fuertes ofensas. Otros experimentan que Jesús cambió por completo su escala de valores y del carrierismo pasaron a vivir la alegría de sacar lo mejor de los demás y a potenciarles.

A la hora de hablar con los demás no se nos pide dar teorías o buenos consejos, sino justamente ésto, lo que a mi me ha ayudado y dado esperanza en la vida. Que en medio de nuestras imperfecciones no callemos aquello ya “hemos encontrado” como Felipe.

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