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De nuestras proyecciones a la locura de su misericordia

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Las lecturas de hoy parecen algo contradictorias. Por un lado nos habla el salmo de que la misericordia del Señor es eterna y por otro lado la actitud con el mayordomo de palacio Sobná es durísima hasta el punto de que le echar de tu puesto, le destituye de su cargo y  llama a su siervo Eliacín para que le reemplace. Por otro lado parece que el tema va de llaves y el poder que está unido a ellas tanto en el caso de las llaves del palacio de David como las llaves del Reino de los cielos que le son confiadas por Jesús a Pedro. ¿Cómo se junta  todo esto?

Así como en la vida de toda persona, el pueblo de Israel fue haciendo un camino de conocimiento interior de Dios poco a poco. Durante muchos años se ve que su imagen de Dios es proyección de su forma de pensar. Los seres humanos y, aun hoy en muchos pueblos, asociamos las dificultades, el fracaso o los fallos con una imagen de Dios castigador. Esto lo podemos ver en la primera lectura de Isaías.

Jesús viene a revelarnos como es Dios de verdad, más allá de toda proyección humana. En el hecho de que Jesús elija a Pedro como esa “piedra en la que edificaré mi iglesia” no está basado en que Jesús no conociera las debilidades de Pedro. Precisamente parece que Jesús no tiene problema en reprender a Pedro incluso delante de los demás discípulos cuando los consejos que Pedro le da nos son según Dios. Jesús también predice su negación en el momento crucial de su pasión. Pero aun así Jesús expresa en ésta elección de Pedro su enorme fe en la mediación humana. Esto verdaderamente no está fundamentado en una lógica humana, sino únicamente en un Dios que es verdaderamente Misericordia.

¡Qué bien entendemos a las personas que nos dicen:” ¿Y yo por qué me tengo que confesar con una persona igual de pecadora que yo llena de fallos? ¡Yo me confieso con Dios en directo!”

¡Verdaderamente es una locura de misericordia que recibamos el perdón y la misericordia a través de las manos y palabras de un sacerdote! Pero Dios sabe que necesitamos de gestos humanos, de la palabra de otro que nos absuelva ya que una de las cosas más difíciles es perdonarse a uno mismo.

Esta mediación humana en la que tanto cree Jesús no solo se refiere a los sacerdotes, sino a toda persona. La misericordia de Dios es tan grande que no sólo nos quiere y perdona siempre, sino que cuenta con cada uno de nosotros para expresar ésta calidad de amor a los demás a través de nuestros gestos, reacciones y palabras.

Si pensamos en nuestras propias vidas, ¿cuándo hemos comprendido lo que es el verdadero amor, el perdón y misericordia? Pues cuando mi madre me perdonó aquella forma tan desagradecida de tratarla, cuando aquel amigo no me retiró su confianza a pesar de fallarle, etc. ¡Con esto nos está expresando Dios  la máxima valoración de nuestras personas y de nuestra humanidad!

Haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen

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En el Evangelio de hoy Jesús nos muestra la forma de vivir de un cristiano como servidor de los demás. Esta forma de vivir la contrapone a los fariseos o al espíritu fariseo que tan fácilmente se puede introducir en la forma de pensar de toda persona, también del cristiano.

La falta de coherencia y de autenticidad es lo primero que denuncia Jesús: “Haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.”

Dar consejos a los demás es algo que a algunas culturas nos resulta bastante fácil; nos suele gustar opinar ante la vida de los demás. También hoy nos podemos preguntar ¿Qué estoy dispuesto a hacer por las personas más cercanas a mi vida? Recuerdo cuántas veces en mi vida una compañera de clase o alguien de mi familia me contaban un problema que tenían y yo les escuchaba y después les solía decir, si la persona era creyente: “Rezaré por ti.” Eso no está mal, porque hoy sigo creyendo en la fuerza de la oración, pero al mismo tiempo me doy cuenta que no estaba dispuesta a involucrarme más allá.

Hay personas que están llevando una cruz muy pesada en sus vidas y quizás hasta más pesadas de lo que son capaces de llevar y les está causando tristeza, amargura o hasta les está rompiendo internamente. Dios me estaba llamando en esas personas no sólo a darles consejos o rezar por ellos sino a ser su servidor, que pone también su hombro para ayudar a cargar esos problemas.

A veces se trata de cosas tan sencillas como cuidar unas horas del hijo de mi vecina madre soltera, para que ésta pueda irse a hacer la compra o pueda buscar trabajo. Jesús nos invita hoy a ser sencillamente hermanos, a estar cerca de la personas y todo esto sin hacer diferencias o acepciones de personas, ya que uno sólo es nuestro Maestro y Padre.

Para poder vivir ésta invitación a ser hermanos y servidores de los demás necesitamos contemplar a Jesús en evangelios como los de hoy. Que podamos dejarnos cautivar por la persona de Jesús, por su forma de acercarse a las mujeres y niños, a los extranjeros, a los marginados, por la libertad que vivía frente a los líderes religiosos de su tiempo, etc. Jesús toma éste camino de ser servidor sin buscar aplausos o reconocimientos, porque de verdad le interesamos los hombres y no quedar él bien.

Señor Jesús, ¡tu autenticidad en el amor nos cautiva, por ello déjanos seguirte por tus caminos de servicio!

Amor incondicional

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La primera lectura de hoy nos pone ante el ejemplo de un amor fiel e incondicional. Se trata del de Rut frente a Noemi.

Orfá, su otra nuera, se despidió de su suegra Noemi y volvió a su pueblo, cosa que era bastante comprensible y razonable, ya que así podría recomenzar en su vida. Noemí, a pesar de su situación dramática, deja a Rut en total libertad: «Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios. Vuélvete tú con ella.» Pero Rut la contestó: «No insistas en que te deje y me vuelva. Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios.»

Seguramente todos conozcamos situaciones de amor incondicional: ese padre que se prejubila para poder cuidar de su hija enferma de cáncer, esa madre que cuida de su hijo con síndrome de down hasta el final de sus días, esa joven que se casa con su novio que está en silla de ruedas por un accidente, ese profesor que no desiste de sus alumnos más probleáticos, etc. Estos y muchos más, son casos admirables, que responden a la pregunta que se le plantea a Jesús en el Evangelio: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»

Pero, si somos sinceros, muchas veces nos sentimos incapaces de vivir una calidad de amor así; la respuesta de Orfa nos es más natural. Pero Jesús nos recuerda que El es la vid y nosotros sus sarmientos o en otro lugar, que El nos amó primero y que por eso podemos amarnos algo más incondicionalmente.

Jesús es el primero que decide hacerse hombre y unir su destino al nuestro, pasando por todas las etapas, alegrías y penas de la vida humana hasta la muerte y muerte de cruz. ¡Y no acaba ahí! Hay una homilía anónima que suele leerse en sábado santo que dice:

“Dios en la carne ha muerto y ha descendido a sacudir el reino del abismo. Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere descender a visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte…a Adán y Eva…Y tomándolo por la mano lo sacude diciendo: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz
A ti te mando: ¡despierta tú que duermes!, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. ¡Levántate, obra de mis manos! Levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. ¡Levántate, salgamos de aquí! Tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible naturaleza. “

En éste texto queda reflejado cómo Jesús ha sido el primero en decirnos a nosotros: «No insistas en que te deje y me vuelva. Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios.» Las palabras de Rut prosiguen: “Donde tú mueras moriré y allí seré enterrada. Que Yahveh me dé este mal y añada este otro todavía si no es tan sólo la muerte lo que nos ha de separar.»” Jesús, a través de su muerte, llega a ser enterrado donde nosotros fuimos enterrados por nuestro egoísmo, pero no se queda allí: baja hasta los infiernos a buscarnos y por su Resurrección nos lleva con El a la vida abundante, a la luz, a vivir nuestra verdadera identidad que es amor sacrificado, gratuito e incondicional.

Hoy somos invitado a saborear interiormente éste gran amor incondicional de Jesús por cada uno de nosotros, que va incluso más allá de la muerte. Esto provocará tal seducción, algo que no se consigue desde nuestra fuerza de voluntad, podremos llegar a ser personas incondicionales como Rut.

¡Qué todas tus criaturas te bendigan!

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El salmo de hoy nos recuerda la actitud del corazón de la persona que ha descubierto a Dios presente en su vida: “Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.”

El creyente reconoce que su vida no es fruto solamente de la casualidad, de la voluntad de amarse de dos personas, de un accidente, etc. sino que es querido y deseado por Dios desde toda la eternidad tal y como es. De ésta conciencia nace un profundo agradecimiento que es más fuerte que toda situación externa que pueda apagar esa bendición.

¡Qué toda criatura te bendiga Señor! Toda criatura está hecha para bendecirte: Dios nos ha creado a cada uno como somos para una misión en la tierra. Así lo expresa el profeta Isaías: “Yahveh desde el seno materno me llamó; desde las entrañas de mi madre recordó mi nombre. Ahora, pues, dice Yahveh, el que me plasmó desde el seno materno… Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.” (Isaías 49) Cada uno de nosotros somos muy queridos por Dios y El quiere que dejemos brillar la luz que somos, para que a través de nosotros llegue el amor, la esperanza, las ganas de vivir, en definitiva la salvación, a ése “confín de la tierra” donde yo vivo.

A la hora de plantearse un joven qué estudiar se puede hacer desde muchos ángulos: ¿qué me gusta?, ¿qué me ofrece un futuro más seguro? Pero también le puede preguntar a Dios: Tú, ¿qué has pensado para mí?, ¿desde qué lugar o trabajo puedo alumbrar más, dar más amor, servirte mejor para tu gloria?
“Para mayor gloria de Dios”. Este fue el lema o pregunta que movió al joven Ignacio de Loyola y después de él a muchos más. “La gloria de Dios es el hombre vivo”, nos dice uno de los primeros padres de la iglesia. Por ello la gloria de Dios coincide con aquello que nos hace estar más vivos y ser más nosotros mismos. Esta pregunta se puede extender a todos los ámbitos: ¿éste trabajo es para tu gloria? Cuando se me pide consejo o ante tantas decisiones de la vida, ¿qué es “para mayor gloria tuya” Dios mío?

¿Te sientes contratado por Dios?

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El Evangelio de hoy nos habla de un propietario que salió a contratar jornaleros para su viña en diferentes momentos del día y al final paga a todos por igual. Puede parecer que Dios es injusto y que no toma en cuenta a los que trabajaban desde la primera hora del día. Hoy nos vamos a fijar en otro aspecto: el contrato.

Lo que se percibe con fuerza es que se trata de un propietario que es muy sensible a la realidad de las personas que no tienen trabajo y que va contratando a todo el que se encuentra en la plaza sin hacer nada.

El paro es algo que hoy en día afecta a muchas personas, especialmente jóvenes en España. Hoy nos acordamos de ellos de forma especial y rezamos para que pronto puedan encontrar un trabajo digno. Pero también hay otros niveles de sentirnos contratados; me refiero a la cuestión de si como cristianos nos sentimos contratados por Dios para trabajar en su viña. Sabemos que su viña es el mundo, nuestra sociedad, nuestras familias; a fin de cuentas esa “parcela” o ese entorno que Dios nos confía de forma especial. La pregunta es: ¿Dónde nos encontramos cada uno de nosotros? ¿en la plaza sin trabajo, sin sentir que Dios nos confía nuestro entorno, que tenemos una misión en la vida que va más allá de nuestro trabajo o en la viña del Señor activos en la iglesia y evangelizando nuestro entorno?

Como dice el papa Francisco en el número 273 de la alegría del Evangelio: “Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás.”   ¡Qué forma tan distinta de estar presente en mi familia o en el trabajo si soy consciente de que Dios me pone ahí por algo! Porque de no sentirme contratado, estaré internamente “sentado en la plaza”  o como dice el papa en el mismo número: “ todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades. Dejará de ser pueblo.”

Sea cual sea nuestra edad o condición, nunca es tarde para escuchar del mismo Dios esta invitación: “Id también vosotros a mi viña.” Que podamos escuchar ésta llamada personalísima de Dios que nos necesita en nuestras familias y con nuestros amigos y estemos realmente presentes en lo que viven hijos con sus problemas y alegrías. También en  nuestras parroquias y podamos pasa de ser meros consumidores a ser cristianos activos, que descubren su responsabilidad en la preparación de novios al matrimonio, en la catequesis, en la visita a los alejados, etc.

María se dejó mirar y turbar

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En contraste con el caso del joven rico, hoy se nos presenta el de una joven palestina de un pueblo muy pequeño llamado Nazaret. Esta joven se encontraba además en una situación poco favorable, ya que estaba recién comprometida en matrimonio con un hombre cuyo nombre también se conoce: José.

Las palabras de “alégrate llena de gracia, el Señor está contigo” significan que ella ha encontrado gracias, complacencia a los ojos de Dios y por su reacción de turbación se nota que ella sí que se dejó mirar de esa forma por Dios. Esa mirada la llega tan hondo que se deja cambiar sus planes desde lo más profundo. Junto con esa experiencia de amor va también la confianza de todo un Dios que le confía ser la madre de su querido Hijo. María podría haber puesto muchas pegas a Dios ya que estaba  a las puertas de crear la familia de sus sueños. Sin embargo María solo busca comprender lo que Dios le está proponiendo ya que supera toda lógica humana: “¿Cómo será eso, si no conozco varón?” María ni siquiera deja que su propia lógica la frene en escuchar a Dios a fondo y hasta el final. Esta actitud se mantuvo hasta el final de su vida en ésta tierra.

María es reina porque se dejó mirar por Dios como una reina. Ella nos invita a dejarnos mirar así por Dios a cada uno de nosotros: desde el bautismo sacerdotes, profetas y reyes. María reina es un impulso para cada hombre de esta tierra a descubrir que hemos encontrado gracia, complacencia y amor a los ojos de Dios y que El nos elige para llevar a Cristo en nuestras entrañas y mostrarle al mundo a través de nuestros gestos y palabras.

No dejó que su mirada le penetrara

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El Evangelio de hoy del joven rico es de los evangelios más conocidos. Me he encontrado gente no muy allegada a la iglesia que lo conocía sobre todo por esa frase tan tremenda del final: “se fue triste, porque era rico.” Este evangelio se suele asociar a aquella exclamación que lanza Jesús más adelante: “¡Qué difícil es que un rico entre en el Reino de los cielos! Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.”

Estas expresiones causan en algunas personas cargo de conciencia y no se llega a profundizar ni en el mensaje y ni en quien es el que se lo propone a aquel joven.

Lo más importante queda en la sombra y es que Jesús le mira fijamente y le ama. A través de esa mirada  Jesús le quiere regalar un amor que le de la seguridad y la profunda felicidad que está buscando en el dinero. Pero, al parecer, ese joven no deja que esa mirada le penetre. Jesús, ni tampoco la iglesia, tienen interés en nuestro dinero, aunque a veces colecta tras colecta, campaña tras campaña, pueda parecerlo. Somos nosotros mismos los que necesitamos compartir lo que tenemos con los demás para llegar a ser verdaderamente felices. ¿De qué me sirve una vida cómoda y en sobreabundancia si veo tanta carencia a mi alrededor? Una señora me comentaba estos días, que desde la tumbona de la piscina del hotel en el que ella estaba pasando sus vacaciones en la playa, podía ver la costa africana de lejos. Ella está informada, como la mayoría de personas en España, de la situación de desertización de Africa con sus enormes campos de refugiados, con sus gobiernos dictatoriales y corruptos, etc. ¡Tan cerca y somos dos mundos! ¡Me voy a volver loca!

Cuando nos hacemos propietarios de lo que somos y tenemos perdemos la alegría de saber que, junto con nuestros esfuerzos, es Dios quien nos regala cada día la salud, las fuerzas, la inteligencia, etc. por puro amor. Sólo quien es consciente de lo muy querido que es, puede vivir sin agarrarse al dinero. Sabemos de sobra que el dinero es necesario para vivir, pero se nos invita a no vivir para el dinero sino para lo que de verdad importa: compartir con los pobres, dedicarle tiempo a nuestras familias y amigos y saborear el Amor de Dios que es el mayor seguro de vida.

La Trinidad, ¿tan misteriosa?

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La fiesta de hoy resulta para muchas personas e incluso para algunos cristianos algo complicado y abstracto. Recuerdo que en la catequesis de cuando era niña me decían que pocas cosas eran tan difíciles de explicar como el misterio de la santísima Trinidad.

A lo largo de la historia debido a la mezcla entre la iglesia y el poder del estado, se ha hecho más incapié en un Dios todopoderoso, autoritario, solitario y prácticamente impasible. Sin embargo las lecturas de hoy nos hablan de un Dios que tanto ama al mundo que entrega a su Hijo, para que el mundo se salve, de un Dios a quien Moisés tiene la desfachatez de ponerle como condición que le acompañe en el camino con ese pueblo tan difícil, de un Dios cuya presencia en medio de las primeras comunidades cristianas hace que entre ellos se enmienden, se animen, se den el beso de la paz, etc. ¿Tan difícil es acercarnos a este misterio?

Una de las mejores representaciones en la historia de la Trinidad es la del pintor ruso Andrei Rublev del año 1411, donde se transmite una imagen de la Trinidad como tres Personas sentadas en torno a una mesa con una copa en medio. Aunque el zar ruso de su tiempo le encargó pintar una imagen de la Trinidad que infundiera miedo y respeto, para así mejor controlar al pueblo, Rublev, después de mucho ayuno y oración, consciente de que se arriesgaba a no ser aceptado por el zar e incluso a precio de su vida, llegó a dibujar éste icono.

Aquello no transmite una jerarquía sino una comunión circular de tres personas que se miran con amor y comparten su vida. Un elemento que muestra la igualdad de las Tres Personas Divinas, es el hecho de –si unimos con líneas los dos extremos de la mesa, con la cabeza de la Persona del Hijo, que está en el centro- obtenemos un triángulo equilátero. Al mismo tiempo, contemplamos la comunión de las Personas, en el siguiente elemento: si quitamos los espacios que las separan, veremos que los perfiles de las Tres Personas quedan fusionados. Ninguno de ellos vive para sí, sino que cada uno mira a otro, está pendiente del otro.

Que en esta fiesta de la Trinidad aceptemos su invitación a compartir la vida con ellos, a sentarnos a su mesa y que el tipo de relación ente ellos se haga extensible a nuestras familias, trabajos y lugares donde vivimos.

¡Manifestad a todos las obras del Señor como él se merece!

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La primera lectura de hoy nos recuerda la necesidad de ser cristianos evangelizadores: “Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho, para que todos canten himnos en su honor. Manifestad a todos las obras del Señor como él se merece, y no seáis negligentes en darle gracias. Si el secreto del rey hay que guardarlo, las obras de Dios hay que publicarlas y proclamarlas como se merecen.” Un enviado le recuerda a Tobit cómo Dios ha ido obrando cosas maravillosas a lo largo de toda su vida y como eso no se lo puede guardar para él. Es Dios quien nos regala el hacer una lectura profunda de nuestra vida. El enviado le dice a Tobit que le ha presentado el memorial A Dios cuando Sara y él estaban rezando, y también cuando enterraba a los muertos. Y le recuerda un momento concreto cuando se levantó de la mesa sin dudar y dejó la comida por ir a enterrar a aquel muerto. Que el ángel presentara ese memorial nos quiere decir que Dios tiene memoria y sobre todo para las cosas buenas que hacemos en la vida, para cada gesto de amor, de entrega, de sacrificio, etc.

¿Por qué ser evangelizadores? ¿Es una cuestión de carácter más extrovertido? La primera lectura nos da la respuesta: “Manifestad a todos las obras del Señor como él se merece”. La respuesta es porque El se lo merece, porque El es el Dios que en Jesús es capaz de mirar a las personas a tal profundidad que se fija en una viuda pobre que echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.» Un Dios así es digno de ser proclamado desde los terrados a todos los hombres.

Pero, ¿cómo puede ser que un Dios tan bueno pueda azotar y compadecerse, hundir hasta el abismo y sacar de él como dice el salmo? Para el pueblo de Israel no era nada fácil aunar la existencia del mal y de las desgracias, con la creencia en un Dios omnipotente, por ello explicaban esos males y dificultades como “enviadas por Dios para probar a las personas”. Jesús vino a mostrarnos que eso no es así, que Dios es omnipotente en el amor, que el mal existe y que Dios también lo sufre hasta sus últimas consecuencias en la cruz. Con la Resurrección de Jesús el Padre nos muestra que su amor es más fuerte que el mal y que éste no viene de El.

La ceguera

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El Evangelio de hoy es bastante enigmático, por ello me voy a centrar en el salmo, que es una síntesis entre Tobias y el Evangelio:

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. R/.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

El Señor abre los ojos al ciego, ¿de qué ceguera habla? Existe la ceguera física como es el caso de Tobias, pero también la ceguera de la indiferencia, de la desesperanza, de no ver a las personas que me rodean, etc. Un ejemplo claro de esta ceguera es el caso de John Newton, comerciante de esclavos de la Inglaterra colonial, actividad en la que se destacó por su crueldad y abyección, conductas de las que se arrepintió para convertirse en pastor protestante. Escribió muchos himnos como el conocido “Amazing Grace”. En él se expresa de ésta forma: “Estaba ciego, pero ahora puedo ver. Estuve perdido, pero ahora me encontré.” Aquí queda claramente reflejada la experiencia de ceguera e incapacidad de ver a los demás como iguales, como personas y como hermanos, lo que le llevó a trabajar en el tráfico de hermanos.

¡Cuántas veces en los ambientes académicos o laborales se percibe que el otro es más bien un rival o hasta un enemigo o es sencillamente invisible!

El salmo de hoy nos recuerda que existe una curación espiritual que puede ser hasta un mayor alivio o liberación que la curación de la ceguera física. Tobias es un ejemplo de una enfermedad vivida con paciencia y esperanza.

Sabemos que muchas personas y a veces, nosotros mismos, sufrimos la falta de perspectiva de futuro, no vemos salida a nuestros problemas, etc. Dios viene hoy a abrirnos los ojos del corazón a su amor, a todo lo que El nos regala en la vida y al valor de nuestra propia vida y de los que nos rodean.

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