Jesús recorría toda Galilea predicando y curando

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Ayer celebramos la Epifanía de Dios a todos los pueblos, y hoy vemos a Jesús poniéndose en camino para anunciar el evangelio y para curar enfermedades. Jesús abandona Nazaret y se dirige a Cafarnaún, Jesús sale a otros lugares para llevar allí también la buena noticia de la salvación. La noticia del arresto de Juan lejos de paralizarle le hace ponerse en marcha. Esta actitud de Jesús es un contraste para nosotros. Este evangelio me lleva a dos reflexiones.

La primera es acerca de Juan Bautista, es encarcelado por ser un profeta, por decir la verdad, por ser fiel a sus principios. ¿Cuántos “Juan Bautista” hay en el presente en nuestro mundo? ¿Cuántos cristianos perseguidos por su fe? Os invito hoy a rezar por los cristianos perseguidos, por aquellos que sufren una persecución cruenta y por los que sufren persecución a otros niveles. También os invito a rezar no solo por los cristianos, sino por todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que sufren por defender la verdad, o que son víctimas de radicalismos y fundamentalismos. Recemos por todos los que están presos por causa de la injusticia.

La segunda reflexión es sobre la forma que tiene Jesús de revelar al Padre, a través de hechos y palabras. “La revelación de Dios se lleva a cabo en Jesús a través de hechos y de palabras intrínsecamente conexos” (cf. Dei Verbum nº 2). Jesús recorría Galilea hablando del Reino, a la vez que realizaba milagros, que son signo del anticipo de ese Reino en la persona de Jesús. ¿Qué nos enseña esto? Que nosotros también debemos anunciar el Reino con hechos y con palabras. Nos enseña que debemos ser coherentes con lo que creemos, la fe no son ideas, la fe es vida, implica acciones concretas. Sabemos que nuestra palabra tiene más fuerza cuando es acompañada de nuestras obras.

Señor Jesús, ayúdanos a ponernos en camino como Tú, ayúdanos a vivir el seguimiento siempre en actitud de salida. Danos ojos para ver a nuestro alrededor las enfermedades y dolencias de nuestro tiempo, y con tu ayuda, acercarnos a las necesidades de nuestros hermanos.

Todos los pueblos caminarán hacia tu luz

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La fiesta de este día, la Epifanía de Dios a todos los pueblos, es una fiesta muy entrañable de la que podemos extraer varios mensajes.

El primero es el deseo universal de salvación de Dios. Esta fiesta nos remite al deseo de nuestro Dios de que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tim 2, 4). Para los primeros cristianos llegar a formular esta afirmación supuso un cambio total de sus expectativas, ya que el Mesías, el Salvador, lo sería tan solo del pueblo de Israel. Sin embargo, descubrieron que Cristo se entregó no solo por ellos, sino por todos, Pablo tuvo un papel decisivo para la comprensión de este mensaje universal de salvación, como vemos en la segunda lectura. Siendo él un judío de la fiel observancia de la ley, tras su conversión, se sintió llamado a llevar la buena noticia de Cristo a los gentiles. La apertura de la Iglesia primitiva, nos invita a nosotros hoy, a salir de nuestras fronteras, a generar esa cultura del encuentro de la que tanto nos habla nuestro papa Francisco. Si nuestro Dios desea llegar a todos, y Él llegó a nosotros los primeros, salgamos a las periferias a anunciarle. Preguntémonos hoy en nuestra oración: ¿En qué periferias quieres que anuncie tu salvación?

El segundo mensaje de este día podría ser la llamada a vivir nuestra fe en clave de adoración, como los magos de oriente. Enséñanos Señor a postrarnos frente a Ti, a saber adorarte en la vida, en el día a día, a colocarte en el centro de nuestras vidas. Podemos preguntarnos también hoy: ¿Qué sería vivir adorándote? ¿Qué nos deslumbra, que adoramos? La cultura del bienestar, del placer, del consumismo dirige nuestra mirada a tantos falsos dioses, sin embargo, los cristianos solo tenemos un rey a Quién adorar, ante Quién rendirnos.

Por último, el tercer mensaje de este día nos llega de mano de los niños. Si hay algún día del año en el que la inocencia de los niños resplandece con más fuerza, ese día es hoy. Dejémonos nosotros, los adultos, contagiar de esta inocencia para esperar y recibir el mayor regalo que nos ha sido dado: Jesús. Con Él lo tenemos todo, no necesitamos nada más. En esta Navidad he tenido la ocasión de visitar a una familia siria que acababa de reencontrarse después de llevar dos años separados. La madre y el hijo de 9 años tuvieron que salir los primeros de Siria, el padre llegó a España hace apenas unos días. Para este hijo el mayor regalo que podía recibir era tener a su padre con él, sus ojos radiaban alegría. En esos ojos vi los ojos de Dios, hecho niño, inocente, vi su deseo de unidad y paz. Ese niño me enseñó que teniendo a su padre consigo lo tenía todo. Nosotros tenemos al Enmanuel, al Dios con – nosotros ¿Qué nos puede faltar? Para acabar me gustaría pedir una oración por todos aquellos niños a los que la vida les robó la inocencia, recemos por todos los niños que sufren, por todos los niños que siguen en Siria o en países en guerra, en ellos Dios sufre y nos necesita. Señor que tu mensaje de salvación le llegue también a ellos.

¡Eso que te ayuda a vivir y que te da esperanza, comunícalo a los otros!

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“Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret”, le dice Felipe a Natanael. Felipe expresa muchísimo en ésta frase. El Mesías tan esperado por su pueblo, aquel que viene a dar cumplimiento a todas las promesas que Dios hace a su pueblo las identifica en la persona de Jesús.

Felipe nos ayuda a descubrir cuál es nuestra misión en la vida, qué es lo que estamos llamado a comunicar a las demás personas con las que convivimos y trabajamos. El papa Francisco en la llamada que nos hace a todos lo expresa así:

“todos somos llamados a ofrecer a los demás el testimonio explícito del amor salvífico del Señor, que más allá de nuestras imperfecciones nos ofrece su cercanía, su Palabra, su fuerza, y le da un sentido a nuestra vida. Tu corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él; entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros” (Evangelii Gaudium 121)

Hoy nos podríamos preguntar: ¿Qué es lo que a mi me ayuda a vivir? ¿Qué actitudes de vida, qué aspectos de la fe y de la persona de Jesús me dan fuerza y sentido en el día a día?

El papa nos ayuda a sincerarnos y a darnos cuenta de que realmente no es lo mismo la vida sin El o con El. Por eso desde ahí nos podemos preguntar: ¿En qué situaciones de mi vida he experimentado que no da lo mismo la vida con El o son El? ¿Qué situaciones he superado gracias a El? ¿De dónde he sacado la fuerza para vivirlas de una forma reconciliada, que no me hicieran daño, incluso con alegría?

Esta reflexión puede ayudarnos a reconocer lo que Dios ya ha hecho en nuestras vida y la fuerza de la fe en ellas. Hay personas que gracias a la fe en Jesús rehicieron su matrimonio y no se separaron. Otros reconocen que la fe les ayudó a aceptar con paz la pérdida de un ser querido. Otros que gracias a la persona de Jesús llegaron a poder perdonar fuertes ofensas. Otros experimentan que Jesús cambió por completo su escala de valores y del carrierismo pasaron a vivir la alegría de sacar lo mejor de los demás y a potenciarles.

A la hora de hablar con los demás no se nos pide dar teorías o buenos consejos, sino justamente ésto, lo que a mi me ha ayudado y dado esperanza en la vida. Que en medio de nuestras imperfecciones no callemos aquello ya “hemos encontrado” como Felipe.

Jesús se interesa por las inquietudes de los discípulos y les invita a convivir con él

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En el Evangelio de hoy vemos como Jesús se toma en serio la búsqueda de Andrés y del otro discípulo de Juan. Jesús se interesa por nuestras inquietudes y búsquedas.

Cada uno de nosotros tenemos una o varias inquietudes vitales. Por ejemplo a la filósofa judía, que después fue carmelita, Edith Stein le movió toda su vida la búsqueda de la verdad. A uno de los santos padres de los primeros siglos del cristianismo llamado San Agustín fue la búsqueda del Amor que llenara su corazón inquieto, lo que le hizo buscar en muchas experiencias de amor humano.

En la Biblia también se nos presentan personajes como Moisés, quien era muy sensible a la situación de injusticia que vivía el pueblo de Israel frente a la opresión del imperio egipcio.

¿Cuál es tu inquietud existencial? ¿Qué es lo que más te importa en la vida, cuáles son esas preguntas que te inquietan dentro de ti?

Jesús ante esas inquietudes de los discípulos de Juan no les da respuestas rápidas, sino que les dice: “Venid y veréis”. Los invita a convivir con él, a vivir su misma vida. Este momento debió ser marcante para ellos, ya que en el Evangelio está recogida hasta la hora: era como la hora décima.

Es desde la convivencia con Jesús, desde la amistad con El desde donde todas nuestras inquietudes y dudas van encontrando respuesta. Como dice el concilio Vaticano II, “la razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva. Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador” (Gaudium et Spes 19).

Esta unión con Dios no es algo abstracto, sino que se realiza a través de la unión con Cristo. San Pablo describe así el sentido de su vida: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2,20). Pablo nos explica que no se trata solo de pensar cómo actuaría Cristo en cada situación, sino de dejar a Cristo vivir, sentir, pensar y actuar en nuestras vidas. Esto nos saca de toda actitud voluntarista a la hora de vivir nuestra unión o amistad con Cristo y le confiere un sentido y un valor muy grande a cada uno de nuestros días. Madeleine Delbrel, una asistente social y escritora del siglo pasado lo concreta de ésta manera:

“Empieza un día más.

Jesús quiere vivirlo en mi. No está encerrado.

Ha caminado entre los hombres.

Conmigo está entre los hombres de hoy.

Va a encontrarse con cada uno de los que entren en casa,

Con cada uno de los que me cruce por la calle,

Otros ricos distintos de los de su tiempo, otros pobres,

Otros sabios y otros ignorantes,

Otros niños y otros ancianos,

Otros santos y otros pecadores,

Otros sanos y otros inválidos.

Todos serán los que él ha venido a buscar.

Cada uno, el que él ha venido a salvar.

A quienes me hablen, él tendrá algo que responder.

A quienes tengan carencias, él tendrá algo que dar.

Cada uno existirá para él como si fuera único.

Tendrá que vivir su silencio en le ruido.

Impulsará su paz en el tumulto.

Todo estará permitido el día que venga,

Todo estará permitido y exigirá que yo diga que sí.

El mundo en el que él me deja para estar conmigo

no puede impedirme estar con Dios;

como un niño en los brazos de su madre

no deja de estar con ella,

aunque ella camine entre la multitud.

Jesús no ha dejado de ser enviado a todas partes.

Nosotros no podemos dejar de ser

en cada instante

los enviados de Dios al mundo.

A través de los hermanos próximos a los que él nos hará

Servir, amar, salvar,

las oleadas de su caridad partirán

hasta el confín del mundo,

irán hasta el fin de los tiempos.

Bendito sea éste nuevo día, que es Navidad para la tierra,

porque en mi Jesús quiere vivirlo de nuevo.”

Que podamos vivir el día de hoy desde ésta maravillosa perspectiva.

Cómo Dios se presenta

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En un hombre que se pone a la cola de os pecadores, como uno más que necesita el perdón de Dios y se bautizado por Juan, es capaz Juan de reconocer al Hijo de Dios.

Muchas veces influenciada por las películas he creído que Juan vió algo muy especial, vió realmente al Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre Jesús y por eso le reonoció como Hijo de Dios. Pero si nos situamos en el contexto de su época, Juan era un judío como tántos que vivía bajo la opresión romana y que esperaba la venida de un Mesías de forma espectacular y que les liberase de la opresión romana. Sin embargo Jesús se acerca al Jordán como un pecador más. El Hijo de Dios se presenta de una forma inesperadamente poco espectacular, sin poderes, humilde y como un cordero manso.

Tenemos muy frescas las Navidades, donde Dios se hace presente al margen de la sociedad, en una familia extrangera, humilde y sin recursos. Ahí Dios se hace presente en “un niño envuelto en pañales” rodeado del amor de sus padres, que es capaz de congegar desde unos sabios de oriente hasta los más sencillos pastores que velaban aquella noche su rebaño.

Si yo hubiera estado en la situación de Juan el Bautista, ¿hubiera reconocido en ese hombre y en su forma de presentarse al Hijo de Dios?

A veces Dios actua de una forma tan discreta en nuestras vidas, en nuestras familias y en medio de la sociedad, que no es fácil descubrirle.Cuando uno ve dentro de la situación del mundo el conflicto entre isrelitas y palestinos, podemos pensar que un conflicto de tantos años ya no tiene remedio y sin embargo miles de mujeres han pergrinado este año en octubre desde el norte de Israel hasta la casa del presidente israelí Benjamin Netanyahu en Jerusalén pidiendo que se retomen las negociaciones de paz entre el gobierno israelí y el palestino por el futuro de las nuevas generaciones. Este gesto puede parecer una gota en el desierto, pero quien mira a más profundidad reconoce que esto es un signo de la presencia de Dios en el mundo. Dios actua de una forma pacífica, discreta, pero enormemente transformadora.

El amor humilde de Dios es que puede conquistar más profundamente nuestra libertad porque es un amor que no se impone, que nos desarma, que nos quita miedos y llega a conquistar nuestra voluntad.

Puede suceder, que en nuestras familias, después de un momento de tensión haya una persona que da un paso tímido de buscar el diálogo o hasta de pedir perdón, pero por no reconocer a Dios ahí, no apoyamos estos pasos con mayor decisión. Nos gustaría que Dios actuara solucionandonos de golpe todos los problemas, pero ese no el Dios que se pone a la fila de los pecadores, que nace en un pesebre y cuyo Reino comienza en cada uno de nuestros corazones así se extiende a nuestras relaciones hasta abarcar el mundo entero.

Hay más personas de las que a veces pensamos en nuestras familias, lugares de trabajo o en la universidad, que están siendo esos “corderos de Dios que quitan el pecado del mundo”. Son personas que no temen asumir los fallos propios o de los demás, que aman en silencio, que disculpan, que unen en vez de meter división y acentuar las diferencias. Quizás nos esté llamando Dios a ser una de esas personas allí donde estamos.

Pidámosle a Dios los ojos de Juan el Bautista que fue capaz de reconocer a Dios en las personas y en las situaciones más humanas y sencillas de nuestra vida. Que ahí podamos escuchar estas palabras frente a la vida de los otros y frente a las nuestras propias: “Tú eres mi Hijo amado en quien me complazco” como remarca el evangelista Marcos relatando éste mismo episodio de la vida de Jesús.

La importancia de “allanar el camino al Señor”

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Evangelio de hoy nos presenta a la figura de Juan como aquel que tiene conciencia de nos ser el Mesias y que se dedica a allanar el camino a éste. Quizás en este nuevo día que Dios nos regala ésta vida pueda ser luz para identificar una misión no poco importante como cristianos.

Seguramente nos hayamos preguntado varias veces por qué tan poca gente cree en Dios o siquiera le conoce. Una de las razones es porque consciente o inconscientemente la gente, y a veces nosotros mismos, tienen una imagen falsa de Dios. Creemos que Dios es el que viene a quitarnos la voluntad propia, el policía que nos controla, el juez que condena nuestras faltas o que incluso nos castiga con el fracaso o alguna enfermedad, el que está lejos y es impasible ante lo que viven las personas, el Dios que no puede existir porque sino no permitiría tanto mal que sucede en el mundo, el que viene a prohibir todo aquello que nos da satisfacción o placer, el aburrido, el culpable de tantas discusiones, fanatismos y guerras,etc. Como es lógico, frente a un Dios así nadie quiere acercarse y menos abrir su corazón. Aquí es donde es necesario las personas que “allanen el camino al Señor”  desbloqueando y desactivando éstas imágenes falsas en las mentes y corazones de las personas. Estas son personas estilo Juan el Bautista que hacen creíble con sus vidas y palabras que Dios es cercano, bueno, sensible a la vida de las personas, Padre y Madre, misericordia hasta las últimas consecuencias.Personas que ayuden a los demás a no interpretar la vida desde un ángulo que les hace daño. Esto es así si interpretamos lo que vivimos como fruto de nuestros errores, como castigo divino, como quien nunca tiene ni tendrá suerte, desde el victimismo, desde la desesperación, etc. ¡Qué importante que en esos momentos de la vida haya alguien que ayude a leer la vida como una historia de Amor de Dios con nosotros, en clave de agradecimiento, con la certeza de que “Dios encamina todo hacia el bien de los que le aman”(Rom 8, 28)  o mejor dicho, de los que El ama.

Con todo esto Dios no nos pide ser o creernos salvadores o “el Mesías” de la gente, pero sí que necesita que le allanemos el camino hacia la mente y el corazón de las personas, para que éstos le puedan dar, si quiera, una oportunidad de revelarse a sus vidas, de hacerles felices, de hablarles, etc.

Nuestra misión para este nuevo año.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¡FELIZ 2017! A TODOS LOS QUE CON FIDELIDAD SEGUÍS ESTOS COMENTARIOS. En nombre de todos mis compañeros, invoco de corazón la bendición divina sobre todos vosotros con la fórmula hoy pronunciada en el libro de los Números:

” El Señor os bendiga y os proteja, ilumine su rostro sobre vosotros y os conceda su favor. El Señor se fije en vosotros y os conceda la paz.”

No se puede empezar mejor este año nuevo que con una bendición. Cada día es una bendición y debe vivirse como tal.

Hoy es el día en que reconocemos que toda la humanidad ha sido extraordinariamente bendecida con una vida nueva desde la encarnación de nuestro Señor Jesucristo.

Si alguien ha comprendido profundamente esta bendición ha sido nuestra madre la Virgen. Una jovencísima madre, que acoge entre sus brazos al Verbo eterno de Dios en cuerpo de niño, con carne de hombre. Y piensa -como insinuaban los padres de la Iglesia-: Dios se ha hecho carne en mi, para que mi cuerpo sea suyo. 

La Madre de Dios intuyó que ya nunca se pertenecería, su ser, su pensar, su sentir, sus amores le pertenecerían a Cristo. Su cuerpo se había convertido en un templo divino para siempre. Templo en el que el Espíritu había hecho morada, y así una joven judía se convertía en la primera y auténtica hija de Dios. Y a la vez, tenía el privilegio de ser la Madre del mismo Hijo unigénito del Padre. María así conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.

Ese misterio es nuestro sello de identidad. Así nos lo dice San Pablo. Nuestro cuerpo ya no nos pertenece, toda nuestra biología ha sido asumida por Dios. Ya no somos sólo criaturas en el universo, sino hijos adoptivos de Dios;  pues si el Hijo tomó nuestra humanidad es para que los hombres llegáramos a ser hijos. Y como María recibió en su entraña el Espíritu Santo nosotros también lo recibimos y podemos vivir una vida nueva: el amor de los hijos de Dios, la libertad de los hijos de Dios, la Gracia que se vive en el Cielo.

No lo dudemos: el Padre nos regala cada día de un nuevo año para realizar su misión: vivir con plenitud la existencia que nos ha sido dada y hacer todo lo posible para que el número de hijos de Dios crezca en cada rincón de la tierra. Nuestra misión en este nuevo año es dar a conocer a todos los caminos del Señor, a todas las gentes su salvación. 

Contad conmigo para vivir así. Muy unidos en cada Eucaristía.

La naturaleza anuncia la Palabra hecha carne.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Sencillamente quería que hoy elevásemos nuestro espíritu e hiciésemos un momento de oración y contemplación juntos. Espero nos ayude.

“Alégrese el cielo, goce la tierra; retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque… Delante del Señor que ya llega a regir la tierra…  (Sal 95).

Las olas se estrellan con contra la roca haciendo un gran estruendo. El espectáculo es de una belleza singular. No cesa el vaivén, y “dice sí y dice no”, y “dice voy y dice adiós”, con un grito que suena al batir de tambores en una orquesta. Retumba el mar.

Pasas por los campos de trigo en una noche cálida de Junio. La brisa mueve las cosechas y parece un susurrar de miles de voces. Los grillos no dejan de cantar su soniquete estival. El concierto de la noche es algo casi mágico. Inunda la paz. Vitorean los campos y cuanto hay en ellos.

Cruzas un inmenso bosque de chopos. Si el viento ruge cuando pasas por medio de ellos, la chopera se agita de tal modo como si un millar de aplausos huecos se ofrecieran para tí . Se alza la ovación solemne de la naturaleza. Aclaman los árboles del bosque.

¿ Y si la dinámica de la creación hubiera sido misteriosamente establecida para dar un día la bienvenida al Dios hecho hombre? Es cierto, la belleza de la naturaleza ha sido siempre signo de la gloria y sabiduría del Creador. Pero también, como dice San Juan en su prólogo: “por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho”. Por una parte entonces, la naturaleza en toda su magnificencia y esplendor, durante milenios, habría anunciado y proclamado la venida de Jesús en medio de ella, como  decenas de trompetas anunciaban la llegada del emperador victorioso al llegar a la patria. Y por otra parte, todo el aforo del universo se pone en pie para aplaudir con su grandiosa armonía la manifestación visible del Hijo de Dios en la naturaleza humana. Por eso continúa el salmo: delante del Señor que ya llega, ya llega a regir la tierra.

¿Y después de su venida? La presencia de Cristo lo iluminó todo. Cada acto del universo quedó inserto en su luz. La humanidad para ser plenificada, su pecado para ser redimido, su mal para ser juzgado y sanado. Y su luz llegó a la naturaleza para ser respetada como impronta de su ser y ser contemplada como providencia de amor de Dios. Espacio donde el Espíritu del Resucitado habitaría hasta el fin de los tiempos.

Vivir “en familia”.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Decía mi abuelo Paco que “cada casita tiene su espinita”.  Como puedes encontrarte alguna en el pescado más aparente y sabroso. La vida en nuestras familias habrá tenido mayores o menores alegrias, pero seguramente en todas siempre habrá habido un muro de dolor que superar, una dificultad que saber saltar, una limitación que abrazar. ¿Estoy en lo cierto? No existe, en ese sentido, la familia perfecta. La familia que no está herida por carencias materiales, lo está también por imperfecciones morales o incluso por pobrezas espirituales. La preciosa familia de José, María y el niño Jesús también tuvo que conocer muchas carencias: vivir en un pueblucho de mala fama (Nazaret), tener que dar a luz en un pesebre, emigrar a Egipto por persecución, pasar estrecheces por falta de recursos, tener que trabajar de sol a sol para salir adelante, la incomprensión de muchos vecinos,… etc.

La perfección de la familia de Nazaret es su carácter sagrado, haber custodiado la presencia de Jesús en medio de ella. Es es el mayor bien que posee. Es el don que la hace ser una familia santa, con infinitas dificultades, carencias y pobrezas, pero verdaderamente plena.

Siempre recordaré la familia de una amiga del barrio de San Blas . Los papás eran personas humildes, del mundo obrero, muy sencillas. Ella tenía 3 hermanos y dos de ellos eran gemelos que habían nacido con un alto grado de invalidez. Mi amiga P. siempre los llamaba “los niños”, porque aún llegando a la edad adulta, había que atenderles como si fueran realmente unos bebés. El sacrificio  por parte de todos era grande -como se puede suponer- e incluso se podía caer en la tentación de pensar si vidas como las de estas “personas tan minusválidas” merecían la pena ser vividas. Pero para mí, esta familia era el testimonio de algo inmenso: circulaba un amor entre ellos de una calidad distinta. Una capacidad de amar que yo no había visto en ningún otro lugar. A sabiendas de los sinsabores que los miembros de esta casa vivirían miles de veces, había una atmósfera de algo divino que lo traspasaba todo. Sin duda, era algo sagrado. ¿Qué era? Con el tiempo he reconocido que el amor oblativo de todos hacia aquellos “niños siempre necesitados” y el sacrificio de amor de unos por otros, atraía para mí la presencia de la Gracia por excelencia: Jesús espiritualmente presente entre ellos.

¿Cuántas congregaciones en el mundo existen bajo el patrocinio o por inspiración del carisma de la Sagrada Familia de Nazaret? ¡Son muchísimas! ¡Muchísimas! ¿Por qué? Porque ese carisma de ser custodios de la presencia de Cristo en medio del mundo, por el amor oblativo y recíproco de sus miembros, es el camino recto para hacer de este mundo una gran familia. Éste es el sueño de Cristo expresado en su “oración sacerdotal”: hacer de la humanidad una sola familia de hermanos. Por eso muchos hombres y mujeres consagrados bajo el testimonio de los castos esposos de José y María, desean vivir con pureza de corazón sus relaciones humanas de tal modo que testimonien a todos que en todo lugar y circunstancia, el gran Ideal será siempre poder vivir “en familia”.

Escucha de nuevo las palabras del apóstol Pablo a los colosenses:        “Hermanos, como elegidos de Dios, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura y comprensión. Perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro… Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.”

LLevar con orgullo la bandera de Cristo.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Vicente trabaja en una empresa de construcción de materiales aeronáuticos y en su trabajo es muy valorado. Es un buen padre de familia y colabora con la parroquia del barrio siendo catequista de chavales de confirmación. Ser cristiano en medio del mundo, vivir sus mandamientos, es siempre ir contracorriente. Vicente lo sabe bien.

Simeón el sacerdote de Jerusalén que atendió a María y a José en la ofrenda del primogénito en el templo como estaba establecido en la ley de Moisés, así lo profetizó para todos nosotros: “Jesús será bandera discutida”.  Y eso significa que quien desee vivir conforme al evangelio tendrá muchas veces que avanzar con el viento en contra.

Vicente, cuando mejor estaba posicionado en su trabajo, se enteró de que muchos de los elementos que diseñaban y producían en su empresa se utilizaban para construir misiles de larga distancia de última generación. Y Vicente, firme en sus convicciones cristianas, se negó a seguir trabajando para dichos proyectos y pidió el cambio de sector dentro de la empresa. El resultado fue la mofa pública entre sus compañeros  y finalmente el despido. Esto supuso un momento de oscuridad muy grande para él. Con familia y sin trabajo, en medio de una gran crisis laboral.

Acudió a un sacerdote amigo para pedirle consejo. Y éste le ratificó en la verdad de su elección y cómo al haber dado la cara por Cristo, Dios Padre sabría cuidar de él. Vicente, a pesar de la incertidumbre de su futuro, sabía que si no hubiera actuado así nunca hubiera tenido la conciencia tranquila al acercase a recibir la comunión.

Unos tres meses después recibió una llamada insospechada de una multinacional del sector aeronáutico que quería contar con su saber y experiencia. Al principio, las condiciones laborales eran peor que las que había dejado. Pero ahora, un año después, su honradez probada en el trabajo y sus convicciones, le han hecho obtener el reconocimiento de los nuevos jefes que le han ofertado un puesto de gran responsabilidad.

“En esto se sabe quien conoce a Jesús: el que guarda sus mandamientos. Ese vive en la Verdad, guarda su palabra y tiene el amor de Dios en su plenitud”. No lleva una doble moral sirviendo a la vez a Dios y a los criterios del mundo. ¡No se puede servir a dos señores! Esta fue la convicción del famoso Santo Tomas Becket. El joven guapo, inteligente, elegante, lleno de astucia y habilidad que llegaría a ser archidiácono y canciller del rey Enrique II de Inglaterra, se convertiría en el gran arzobispo de Canterbury, promocionado por el mismísimo rey. Pero Enrique II lo había hecho con la oscura intención de tenerle como hasta ahora, súbdito fiel a sus intereses. De modo que pudiera así manejar a su antojo a toda la Iglesia de Inglaterra y deseando influir hasta en las decisiones del Papa. Pero, Tomas Becket, no lo hizo así, tomó su gran responsabilidad queriendo ser totalmente fiel a la Palabra de Dios, reconociendo al Papa como su padre y pastor, y trabajando con independencia por el bien de los cristianos de su pueblo. Y otra vez la profecía de Simeón vuelve a cumplirse: la espada que traspasó el corazón de María al ver a su hijo en la cruz, sería ahora espada de acero que atravesaría el cuerpo de Santo Tomás Becket en las mismas escaleras de su catedral, cuando la guardia real fue a castigarle por su pertinaz desobediencia al rey. Y el que fuera antaño su mayor amigo y mentor, se convertiría en el verdugo que le llevaría al martirio… Como recogen las últimas palabras de Tomas: “Muero voluntariamente por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia”.

Por Santo Tomás Becket ayer, como por Vicente hoy, como por tantos otros cristianos anónimos de todos los tiempos, fieles al amor de Cristo, hacen, que el Evangelio vuelva a brillar como luz para las naciones y gloria del pueblo de Dios. 

A todos vosotros va dedicado este comentario con inmenso cariño y reconocimiento.

 

 

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