Cuidar a los enfermos

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camilla”. Entre los milagros de Jesús tienen un lugar especial las curaciones de enfermos. La solicitud por los enfermos estaba en el corazón de Cristo. El Papa Francisco, nos recuerda cómo Cristo “se presenta públicamente como uno que lucha contra la enfermedad y que ha venido para curar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo (…). Jesús nunca huyó de sus cuidados. Nunca pasó de largo, nunca volvió la cara hacia otro lado. Y cuando un padre o una madre, o incluso gente amiga lo llevaban delante de un enfermo para que lo tocase y lo sanase, no dejaba de hacerlo (…).” (Audiencia 10-junio-2015). Hoy Jesús quiere seguir sanando y llevando consuelo y esperanza a cuantos padecen todo tipo de enfermedad y para ello cuenta con nosotros, con que no pasemos de largo y hagamos de buen samaritano. En la misma Audiencia el Papa Francisco nos recordaba que “Jesús envía a sus discípulos a cumplir su propia obra y les dona el poder de sanar, es decir, de acercarse a los enfermos y cuidarlos hasta el fondo”.

No podemos desentendernos de los enfermos. Hemos de preguntarnos cada uno si no es a mí a quien están esperando. Nos jugamos mucho cada uno y la sociedad misma. “La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana. A su vez, la sociedad no puede aceptar a los que sufren y sostenerlos en su dolencia si los individuos mismos no son capaces de hacerlo y, en fin, el individuo no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación y maduración, un camino de esperanza” (Benedicto XVI, Encíclica “spes salvi” n. 38).

El próximo sábado, 11 de febrero, se celebrará la XXV Jornada Mundial del Enfermo en toda la Iglesia. Estas jornadas son “una ocasión para prestar especial atención a la situación de los enfermos y de todos los que sufren en general; y, al mismo tiempo, es una llamada dirigida a los que se entregan en su favor, comenzando por sus familiares, los agentes sanitarios y voluntarios, para que den gracias por la vocación que el Señor les ha dado de acompañar a los hermanos enfermos” (Mensaje del Papa Francisco para la XXV Jornada Mundial del Enfermo).

En nuestra Archidiócesis de Madrid tendremos la ocasión de acompañar y rezar por nuestros enfermos. Con nuestra participación se hace visible nuestra solicitud por los enfermos, que no están solos. Vale la pena el esfuerzo por rezar juntos por ellos, ofrecer la Santa Misa que presidirá nuestro Cardenal D. Carlos el sábado 11 a las 19:00 en la Catedral.

Le pedimos a Nuestra Señora de Lourdes, Salud de los enfermos, que sostenga a los enfermos y haga de cada uno buenos samaritanos.

Que la sal no viene de ti…

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Ojo, que escuchas atentamente el Evangelio de hoy y te puede venir la tontería de creerte un superhéroe cuya fuerza nace exclusivamente de ti, y que cuanto tocas lo conviertes, como el rey Midas, en oro puro. Escuchas que eres la sal de la tierra y te dices, “es que soy así, no lo puedo evitar, voy sazonando el mundo con la verdad“. Esa chulería no te sienta nada bien, porque te separa de los demás por arrogancia y además por la falsedad de lo que crees. Si eres la sal de la tierra es por tu bautismo, no por tus cualidades, ¿sabes?, aquel día no te enteraste porque eras un bebé, bastante hacías con chillar y comer. Pero en aquel momento, cuya partida deberías tener enmarcada sobre el cabecera de tu cama, tus padres te hicieron el gran regalo de la dulce invasión de Dios en tu vida. De esa presencia interior, “más íntima que tu propia mismidad“, nace tu personalidad espiritual y la sal con la que estás dispuesto a sazonar el mundo entero.

Sí, dan ganas de sazonar este mundo con el calor de Nuestro Señor. A la vieja Europa, que después de la Segunda Guerra Mundial había ido construyendo su puzzle, le está llegando el momento de volver a desordenar sus piezas, acontecimiento que había previsto el San Juan Pablo II: del nacionalismo y de la ausencia de vertebración cristiana, el continente no se reconocerá y sólo quedará una estructura individualista dispuesta a rebañar el dinero propio, cada uno atendiendo a su negocio. Y la sal de la tierra es que la vocación política vuelve a servir al bien común.

Pero en tu trabajo ordinario puedes ser la sal de la tierra, porque tu cometido no es cumplir, sino vivir el trabajo con la misma pasión de Dios en el proceso de la creación del Universo. Y sazonas también el hogar de casa, no te contentas con preparar a tus hijos para el futuro laboral, sino para darles claves de advertir la presencia de Dios en la vida ordinaria.

Y tú como sacerdote no buscas facilitar cuatro palabras de cariño a los que acuden a ti, sino ofrecer la palabra del Señor. Contaba el entonces cardenal Ratzinger a un grupo de seminaristas, que en un campo ruso de prisioneros de guerra, un clérigo no católico se acercó a un sacerdote católico para confesarse, “¿y por qué?“, y el otro le respondió, “porque no necesito consuelo, sino absolución”. Es la palabra salvadora del Señor la que salva, no nuestros fáciles consuelos.

Piensa por tanto que ser la sal de la tierra es una nueva identidad que te ha sido regalada, no un logro personal.

“Tu esencia es dejarme hueco”

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Evangelio de hoy produce mucha ternura en quien se pone a rezarlo. Los apóstoles se han puesto a hablar del Señor por todos los rincones, han hecho muchos signos, esos milagros que son consecuencia de andarse en la cercanía de Dios. No han parado, que es una frase muy española. Hay que imaginarse la cara de Jesús oyendo las historias que narraba cada uno, eran como niños, quitándose la palabra de la boca. Se les había concedido el regalo más grande que un ser humano puede tener en este mundo, tener al mismo Dios a su lado. Y a pesar de todo, se olvidarán de Él. Cuando llegue el momento de la verdad le dejarán solo, sudando sangre sobre la tierra, mientras ellos dormirán en la única noche verdaderamente importante de su vida. La naturaleza humana es así de olvidadiza y antojadiza.

Por eso el Señor tiene siempre una mirada de profunda piedad sobre el hombre, lo dice el final de la lectura de hoy, miraba a la multitud “como a ovejas que no tienen pastor“. Todos necesitamos una compañía de cerca en este mundo. Me fijo que últimamente los sacerdotes, a los que vienen a pedirnos cierto ánimo espiritual, no les tratamos como verdaderos pastores. Un pastor busca a la oveja para andarse con ella, saber de sus asuntos, poner aceite en las heridas, las cosas propias del pastor. Y en vez de enseñarles el placer de vivir con Dios en lo menudo, les redirigimos a cursos espirituales, a charlas de catequesis, que están muy bien, pero preferimos la comodidad de referirles a las grandes reuniones y no les sugerimos el acompañamiento personal, que es en el fondo lo que buscan. En el día a día de un cristiano hay muchos materiales grises con los que construir una monotonía que puede ser aún más gris. El sacerdote debe ser siempre la prolongación de la mirada del Señor sobre el mundo. Y el Señor trata muy de cerca, porque quiere de verdad.

Todo cristiano en el fondo es un testigo de la mirada de Cristo sobre él. Cada persona que reza en este mundo llena sus ojos de la misma piedad de los ojos divinos, y esto no es música celestial. El Señor quería que los suyos estuvieran advertidos de lo esencial, “veníos conmigo, si os pegáis a mí, haréis los mimos milagros que yo, miraréis como yo, vuestra esencia es dejarme hueco. Un enamorado sabe muy bien de estas intimidades. Uno de los pocos poemas en los que la enfermedad de Alejandra Pizarnik no le hizo mella, fue el dedicado al aniversario del amor con un chico. Le dice justo lo que Dios espera de mí, “recibe este rostro mudo, mendigo/ recibe este amor que te pido/ recibe lo que hay en mí, que eres tú

Va a depender de ti

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Evangelio de hoy nos trae la archiconocida historia de la muerte del Bautista. Como el relato nos lo sabemos muy bien, y hasta Richard Strauss y Oscar Wilde le pusieron sus añadidos de música y ficción, prefiero referirme a la reacción de Herodes Antipas ante la persona del Señor al inicio de la lectura, es muy significativa. Ante una sorpresa tan inaudita como fue Jesucristo para los hombres de su tiempo, los contemporáneos se pusieron a encontrarle su casilla, eso se llama exactamente “encasillar. Tenía que ser un extraño espécimen espiritual o un profeta de los antiguos, como Elías. Herodes piensa que es el mismo Juan Bautista redivivo, porque en el fondo nunca pudo quitarse de la cabeza a su víctima.

Hay más personajes que aparecen en el Nuevo Testamento a quienes les llega la posibilidad de hablar de Nuestro Señor, como aquel ciego al que Jesús le hizo el milagro de ponerle barro en los ojos y pasar a la visión. Contestó así a los judíos que querían arrancarle su testimonio, “si es pecador, no lo sé; una cosa sé: que yo era ciego y ahora veo“. Es la respuesta más sensata de toda la Escritura. El ciego se remite a las pruebas que deja toda acción, en este caso las trazas de una inmensa bondad y de un inmenso poder. Pedro responderá desde la gracia de Dios al interrogatorio del Maestro, “tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo“. El pobre pescador, y aún así primer Papa de la Iglesia, se atrevió a decir tanto porque contó con la inspiración del mismo Dios. Nadie es capaz de subir tan arriba y ser tan atinado en su juicio si no existe una estrecha sintonía con el misterio de Dios.

Veamos por tanto las cartas que tenemos sobre la mesa. Herodes responde desde la insensatez, sus propios prejuicios, el atolondramiento, el desconocimiento, todo eso tan poco juicioso. El ciego desde el sentido común. Y Pedro desde la gracia. Hoy el Señor te podría hacer una propuesta, permíteme el atrevimiento de revelártela: que entres en una iglesia, la más próxima a tu casa o lugar de trabajo, y le digas mirándole más allá del sagrario quién es Él para ti. En tu respuesta se juega toda tu vinculación con el hecho cristiano. Todo va a depender de Él y de ti, de vuestras citas de reconocimiento, en las que el Señor también quiere proponer su definición de ti, “eres mi hijo, aunque te parezca que me escondo, te prometo que nunca he dejado de hablarte, no puedo mantenerme al margen de ti.

La duración y la esperanza

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Alguien tendría que narrar una biografía novelada del anciano Simeón. De él hay poca cosa, sólo conocemos una escena, es tan poca la información que habría que echarle mucha ficción al resto. Pero del Evangelio presumimos que era justo, piadoso y esperaba el consuelo de Israel. Son tres rasgos que si asemejáramos el hombre a un árbol, serían las tres ramas más importantes del tronco. Una justicia natural, una vida inmersa en Dios y una desmedida esperanza, porque la suya era ni más ni menos que la esperanza de la llegada del Mesías, no una esperanza low cost. Un hombre inadvertido, anciano ya, con las rarezas de quien lleva mucho tiempo sobre la tierra, que hacía vida en silencio hasta que el Señor pone en sus manos el regalo de su presencia.

Es lógico que casi todos los pintores barrocos se fijen en este personaje cuando la protagonista debería ser la pareja de jóvenes, la sagrada familia, que había ido al templo para cumplir con la ley. El cuadro de Rembrandt es el más conocido, el anciano mira sobrecogido al cielo, abraza al Niño como el que ha conseguido por fin la prueba de la propia existencia, “es cierto, Dios me hizo una promesa, Dios me la acaba de confirmar”. Hay en esta escena una enseñanza que no debemos olvidar, Dios siempre responde, no sólo escucha, responde. Sabe cuándo poner su mano en la tierra para que su sorpresa nos haga todo el bien que necesitamos.

A Dios le preocupa el “cuándo” del hombre, sabe que nos movemos en el desasosiego y eso le hace daño, porque un padre no espera que su hijo desconfíe de él. Igual que los niños caprichosos, nosotros queremos las cosas a golpe de doble click, y a Dios le asusta la inmediatez, porque sabe que la edificación espiritual se parece mucho a la edificación de castillos y pirámides. Trabajo previo, tiempo. La poetisa argentina Alejandra Pizarnik, que sufría un trastorno bipolar que le ahogaba las alegrías de lo cotidiano, dejó escrito una colección de diarios en los que narraba sus angustias. Una de ellas bien que la subrayó, “tengo comprobado que la duración me espanta“. Y sin embargo, la duración es posibilidad de ver a Dios en la tierra.

Querer las cosas “para ya” es apropiarse de Dios, servirse de Él como de un recadero. Embarcarse en la duración es vivir un estado de estrecha relación. Simeón debería ser el patrono de la respuesta de Dios en esa duración interminable que parece que es la vida.

Hoy mira a Simeón, pídele esas tres grandes virtudes: justicia, fe y una vida en esperanza. Y no le temas nunca al tiempo.

¿De dónde saca todo eso?

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Un periodista busca como un poseso las fuentes de un hecho, porque los cuentos no le valen. Una fuente no sirve, con dos se podría dar con cautela la información, con tres la fiabilidad es máxima, es la hora de la publicación. Todos llevamos guardada en algún rincón un olfato de periodista, queremos conocer la verdad de las cosas, los rumores no nos satisfacen, las verdades a medias nos dejan justamente así, a medias. Por eso al Señor, que estuvo cosido a la vida de familia durante su vida oculta, se le miraba con sospecha. Nadie podía entender esa sabiduría que le nacía de sí mismo. Dice Carlos de Foucauld que en la humilde casa de Nazaret vivía del trabajo de sus manos, humildemente, “la sabiduría divina oculta bajo la apariencia de un pobre”. No salió de su pueblo y parecía que conocía el alma humana como si hubiera viajado por continentes inexplorados.

Conocer la vida del Señor, conocerle a a Él a fondo, es inexcusable para un cristiano. Él se pronunció a sí mismo como camino, verdad y vida. Verdad es un término que el ciudadano contemporáneo entiende como agresivo y mira con recelo, porque el ciudadano está acostumbrado a consensos, a elecciones y primarias. Es normal, la vida secular tiene sus reglas. Pero el Señor dijo de sí mismo que su persona era una fuente preclara, y sus obras delataban cuanto decía. Cristo es el lugar donde toda alma de periodista bebe sin confusión, donde el enamorado sabe que tiene su corazón correspondido, donde el hombre que sufre recibe todo su consuelo.

A veces te entrará el veneno de la sospecha, “Dios entero no puede estar en un círculo de pan inerte”, “acaba de morir mi padre entre estertores, ¿por qué Dios se esconde?”, ” Dios no me oye, estoy seco, mi oración es un monólogo triste donde me escabullo ente mis pensamientos”. Al Señor no le incomodan nuestras vacilaciones, es más, cuenta con ellas. Que no te quepa la menor duda de que tus dudas no le hacen a Dios dudar de ti. El secreto de reconocer al Señor en el mundo, es mantener firme el amor hacia Él en medio de la incertidumbre. Si te sirves del silencio, de la oscuridad, del no saber, nacerá en ti esa posibilidad que se llama “la verdad de Dios”. Dejarás de sospechar, como hacían sus contemporáneos, y en vez de valerte de tus conclusiones, dejarías tus empresas cotidianas en sus manos.

¿De dónde sacaba el Señor cuanto decía y hacía?, de un corazón divino enamorado del hombre

Deprisa, deprisa

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El jefe de la sinagoga no puede más, se le está muriendo su hijita, por eso se echa a los pies de Cristo, se ha convertido en una criatura inconsolable,  una niña en agonía produce una tristeza que hace temblar a los árboles. Pocas cosas producen una sombra tan alargada. Quien se encuentra en un trance así, es capaz de lo que sea, los niños deberían vivir siempre, es más, alguien tendría que impedir que crecieran, porque los niños miran la realidad de esa manera divina que los adultos acaban por olvidar. Llevan en los ojos un punto de agradecimiento y asombro recién nacido. La ardilla que sube al árbol es la apoteosis de la belleza, nada les es ajeno, no juzgan lo que existe, lo veneran, saben intuitivamente que todo lleva noticias de un padre que juega a esconderse.

Por eso, una niña que se muere es un escándalo. El Señor se pone en marcha inmediatamente, al Maestro no le cuesta servir, ponerse en camino es la definición más propia de Dios. Cristo dirá más adelante, “para esto he salido“. La segunda persona de la Trinidad salió del Padre y ha venido al mundo para salir en busca del hombre, y si hay alguien que sufre o muere, la salida es aún más urgente. Esta puntualidad de nuestro Señor ante el dolor de quienes sufren es recurrente en los Evangelios.

A ti que lees estas líneas, te vendría bien una disponibilidad en salida tan acusada. Porque solemos ocupar nuestro tiempo en remolonear. Cuando tenemos algún enfermo de nuestra familia, que pide unos minutos de atención en el hospital, solemos organizarnos el día. Introducimos la visita en nuestro horario, cuando el enfermo debería ser la prioridad sobre la que girase el resto de la jornada. Nadie vive tan desatendido como el enfermo. Por mucho que las enfermeras rodeen su cama con visitas frecuentes, la desatención del enfermo se refiere a su alma, desea que alguien le explique qué le ocurre, capaz de regalarle tiempo para llevar a medias su desvalimiento.

El Señor va hacia la niña que se muere, el autor de la vida no puede dejar escapar la ocasión de mostrar que ha venido a traer vida y vida en abundancia. Y lo que resulta aún más novedoso es saber que a nosotros también nos ha regalado la facultad de poner vida donde la gente anda muriéndose, sólo quien ha aprendido a rezar sabe que la muerte se quiebra con la oración. Aún nos faltan los dos instrumentos básicos para vivir en verdad: la fe y la urgencia por servir. Hoy seguro que tienes a alguien que espera tu consuelo, no dejes que la tristeza le ronde, sé como el Maestro, deprisa, deprisa.

El enemigo de Dios no es el hombre

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Dios vs El Diablo

La historia que nos narra el evangelista Marcos hoy, es de película de terror, ríete tú del cine Night Shyamalan y sus estrategias de sustos imprevisibles. El endemoniado furibundo, con más posesiones diabólicas de las que los judíos vecinos habrían previsto, se enfrenta con Nuestro Señor. Y luego están los cerdos, que de hozar como cebones se lanzan en tromba acantilado abajo. Pasado el susto, el Evangelio es material imprescindible para saber que el enemigo de Dios no es el hombre, ni siquiera esa acendrada manera con la que los fariseos querían preservar sus privilegios y su hipocresía, ni son los asesinos, ni los cerriles que no quieren enmendar su conducta. Aquí hay un enemigo mayor del que los cristianos tenemos vaga noción y que persiguiera al Maestro durante toda su vida pública. Es el Diablo.

El Diablo se encontraba confuso con la humanidad y divinidad de Jesús. Le era desconcertante que el Enemigo (el Verbo hecho carne) bostezara como los hombres y tuviera que desayunar para afrontar la jornada. La batalla es mayor de lo que el cristiano de a pie imagina, por eso sería preferible no imaginarse mucho. Tras las bambalinas de nuestro proceder se mueve la cota de malla, la red de gladiador y la coraza del Diablo para echarnos en cara que la aventura de intimar en amistad con Cristo, es una aberración, además de una patraña de abuelita de cuento.

El papel del Diablo es acusar ante el tribunal de la gracia de Dios del proceder de los hombres, en muchas ocasiones lleno de mediocridad, reprochándole su falta de entusiasmo y amor, para que nuestro Señor se canse de una vez de nosotros y nos dé por imposibles. En el Apocalipsis hay una cita estremecedora sobre ese fiscal negro, que es denominado el gran Acusador, “Oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado“. El Diablo ha perdido autoridad, aunque no su ruido, fanfarronea como todo espíritu vanidoso. Nuestro Señor, la Virgen, el corrillo de santos, todos nos quieren cerca de su morada para que llevemos salud espiritual en nuestro recorrido por la tierra.

Llevamos a nuestros aliados tatuados en nuestra piel, y no necesitamos más. Ni siquiera conocer a fondo quién es el Diablo, que a veces de tanto buscar información e interés, el alma se apega a lo escabroso. A los tufos del mal ni olerlos, bastante tenemos ya con pedirle perdón al Señor de nuestra propias miserias.

Manual

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Comiendo con unos amigos de mis padres en una ocasión, surgía en ellos hablar de su vida religiosa y sus ideas sobre la misma. Siempre que las personas que se dicen creyentes quieren justificar su vida poco o más cristiana, lo hacen diciendo que intentan cumplir los mandamientos y les resulta muy difícil, “es posible sólo para los santos”, o que cumplen los mandamientos porque no matan, ni roban, ni… Para ellos, ser religioso se reduce a una conducta más o menos moral conforme a unas normas que son los mandamientos y ya está.

Pero, podemos afirmar que el llamado “Sermón de la Montaña”, y dentro de él las “Bienaventuranzas”, son el meollo, la médula espinal de todo el Evangelio. Los mandamientos de la Ley de Dios son como “el suelo” por donde caminamos para no “caernos”, lo más básico para vivir moralmente. Ahora, para vivir nuestra fe, la “guía” para caminar en nuestras vidas, para seguir a Jesús y aprender a vivir lo que nos propone, son las Bienaventuranzas.

Ellas, por sí solo, comprimen la Buena Noticia que Jesús ha venido a traer al mundo. Constituyen la línea revolucionaria que trae Dios a la tierra. Las Bienaventuranzas son la norma suprema de conducta del cristiano, seguidor de Jesús. No están redactadas como leyes o mandamientos a manera de imperativo. Son invitación e indicativo de una oferta de transformación en el amor. Son la gran propuesta revolucionaria a la libertad del hombre que, si la acepta, va transformándole en el ideal de persona que Dios proyectó desde su providente plan antes de la creación del mundo. Recordemos aquella cita evangélica que jamás debemos cansarnos de recordar: “por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor” (Efesios 1,4). Para eso hemos sido creados… ¡para nada más!

Las Bienaventuranzas son Evangelio, buena noticia, y por tanto invitación a la alegría. Bienaventurados, dichosos, felices, alegres…Parece que a Jesús se le llena la boca y el corazón de gozo al anunciarlas después de vivirlas Él.

Leyéndolas hoy comprendemos las palabras de San Pablo a los Corintios: lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. La vida cristiana no se trata de vivir normas por las normas, ni de complicarnos la vida. Se trata de hacerse un corazón de pobre, consciente de su vacío que Dios solo puede llenar. Un corazón que no busca poseer sino darse; que se apoya solo en Dios, se pone en sus manos y vive como peregrino, desprendido de lo que no tiene valor absoluto y disfrutando con lo que recibe de Él. Así lo destaca el salmo 145. El corazón de pobre no es orgulloso ni testarudo, ni se hace el centro de nada ni se cree el ombligo del mundo. Dios nos invita a ser pobre de corazón porque este es humilde, sencillo, amable, abierto a los demás y generoso. En mi experiencia, gente así es feliz porque su bondad atrae la simpatía de los demás y recibe lo que da.

Nosotros somos parte de la Iglesia y esta es pueblo de las Bienaventuranzas. Únicamente en ella pueden estas nacer y desarrollarse. Porque en ella Jesús ha puesto los medios necesarios: su Palabra, su presencia real, los Sacramentos, el Magisterio, la Tradición, los santos. No perdamos más tiempo, y en nuestro camino de conversión, pongámonos manos a la obra y utilicemos como guía vital todas y cada una de las Bienaventuranzas.

Autoridad

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¿A quién escuchamos?¿A quien hacemos caso?¿De quién aprendemos?.. Habitualmente cualquier persona lo hace de aquellas personas que tienen autoridad para ella, ya sea por quien es, por el testimonio de su vida, por algo importante que ha hecho, por los vínculos afectivos fuertes que les une, etc.

Nos solemos quejar de nuestra falta de fe, de que no tenemos certeza de que nos preste atención y no vemos que el Señor haga algo. A veces no lo decimos, pero lo pensamos en nuestro interior. Nos cuesta escucharle y aunque en el fondo y detrás de mucha palabrería y justificaciones inconsistentes, sabemos lo que tenemos que hacer. En las lecturas de la liturgia de hoy nos presentan varias personas que reconocen la autoridad, el poder de Dios y tuvieron fe en Él. Por ello, le escucharon, le hicieron caso, le obedecieron y en su vida ocurrieron maravillas, hechos extraordinarias, cosas buenas, acontecimientos importantes que determinaron su vida para bien.

La gente quería escuchar a Jesús, le seguía y acudía a Él. Era tanto y tantos que el Señor pide a los apóstoles que le lleven a la otra orilla para descansar. La verdad es que ante la fe de esta gente por la autoridad que reconocen en Él contrasta la falta de fe de los apóstoles en la barca, su miedo. ¿Con quién te identificas? ¿Cuál es el personaje que más te define? Reflexiona, mira el contexto en el que se encontró en su vida, como se comporta y como responde al final al Señor.

« ¿Pero quién es este? .. » Hasta que no reconozcamos de verdad su poder, su autoridad no podremos convertirnos, no podremos seguirle. La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.

Febrero 2017
L M X J V S D
« Ene    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728