Presentación en el Templo

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Hoy se proclama en el evangelio el Misterio de la Presentación en el Templo del Niño de Belén y la Purificación de su Madre la Virgen María. El relato comienza en el versículo 22 del capítulo segundo del evangelio de Lucas, evitando proclamar el versículo 21 que nos habla de la Circuncisión y la imposición del nombre (celebrada en el Calendario anterior el día 1 de enero, justo a los ocho días de la Natividad). En el texto que nos ocupa se hace referencia al cumplimiento de los días, pues según la Ley, el día 40 del nacimiento, todo varón primogénito debía ser rescatado y su madre purificada.

La ofrenda por la purificación es de un par de tórtolas o dos pichones. Esta era la ofrenda de los pobres; quizá este es un detalle programático de la vida de Jesús: el Señor se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8,9).

Lo que resulta más interesante es que fuera las prescripciones de la Ley, Jesús es también “presentado” en el Templo. Se produce aquí una de las muchas paradojas que se sucederán en la vida de Jesús: los primogénitos eran pertenencia exclusiva de Dios (cf. Ex 13,2.12-13.15) por eso había que rescatarlos, pero aquí en vez de rescatar al primogénito y que vuelva a sus padres no se habla nada del rescate sino del ofrecimiento; Jesús recién nacido “pertenece” a Dios y en esto consistirá toda su vida, en volver al lugar de donde había venido (cf. Jn 16,28), pero en esta ocasión llevando cautivos (cf. Ef 4,8).

Jueves 28 de diciembre. Fiesta de los Santos Inocentes.

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La celebración de la fiesta de los Inocentes está desde siempre ligada a la Octava de Navidad y aunque su ubicación nos sitúa en el plano histórico, los formularios presentan un tinte teológico. En efecto, nos narra el evangelio de Mateo que el rey Herodes, advertido del nacimiento de un Rey para los judíos, mandó ejecutar a los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. Los historiadores nos cuentan que Herodes pensaba que querían arrebatarle el reino, incluso sospechaba de sus hijos llegando, de hecho, a ejecutar a alguno de ellos. El nacimiento de un pretendiente al trono era una amenaza para él.

Pero el hecho histórico que nos relata el Evangelio, se convierte en la celebración de la fiesta en un compendio de la “teología del martirio”. En efecto, lo que las oraciones de la Misa proclaman es que el martirio es siempre, como se manifiesta en este caso, más que una ofrenda del hombre a Dios, una gracia de Dios al hombre. Los niños no pueden dar testimonio de palabra, ni defenderse con los miembros, es la entrega de su vida y el derramamiento de su sangre lo que habla por ellos.

La victoria de los Inocentes no es originalmente fruto de su entrega si no don de Dios, que como afirma Juan en su primera carta: “Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero”.

Miércoles 27 de diciembre. Fiesta de san Juan Evangelista

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San Juan, identificado con el discípulo amado, el que en la última Cena se recostó sobre el pecho del Señor, es el evangelista que nos pone en contacto con la intimidad de Jesús. De hecho es uno de los elegidos que participó y por eso fue testigo de acontecimientos como la Transfiguración, la resurrección de la hija de Jairo, la Agonía en Getsemaní, fue el único que estuvo presente en la Crucifixión y el que, Junto con Pedro, halló el Sepulcro vacío. Todo esto, justo con otras muchas cosas que no nos narran los evangelios, porque lo que se ha consignado se ha hecho para que tengamos vida (cf. Jn 20,31), formaría parte de la memoria cotidiana del Apóstol, hasta que finalmente lo puso por escrito en su Evangelio, en las tres Cartas y en el libro del Apocalipsis.

Juan nos ha regalado en el Prólogo de su evangelio la reflexión más elevada del Misterio de la Navidad que escuchamos reiteradamente en estos días, pero también comenzamos a escuchar hoy y lo haremos durante todo este tiempo de forma casi continua en la Primera lectura de la Misa, sus tres cartas.

Dos o tres son las ideas centrales de sus escritos que aparecen ya en las lecturas de hoy: Dios es Amor, Cristo lo ha manifestado y este es su “testamento” para sus discípulos; Jesús y su mensaje no son un conjunto de historias bonitas que recordamos en las celebraciones Eclesiales, es Alguien real, “lo que hemos visto y oído, lo que tocaron nuestras manos”, un Hombre real, no una serie de mandamientos que hay que cumplir o una serie de actitudes que debemos procurar en nuestra vida; y, por último, lo que vemos y oímos, lo que tocamos cotidianamente del Verbo de la Vida, nos conduce a la fe, (“vio y creyó”), y de esto es de lo que hablamos, acerca de lo cual damos testimonio.

Martes 26 de diciembre. Fiesta de san Esteban Protomártir.

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Nos puede sorprender que en la Octava de Navidad se celebren diversas fiestas que parecen interrumpir el gozo natalicio transformándolo en lamentos por la celebración del martirio, pero hay que comprender que la Fiesta de Navidad, aunque celebra un hecho histórico, lo hace desde un punto de vista teológico. De hecho, la fiesta de san Esteban, el primero de los mártires, celebrada en toda la Iglesia desde muy antiguo en la Octava de Navidad, pone de relieve el destino o la finalidad para la que el Hijo de Dios se hace carne: nobis natus- nobis datus (cf. Himno Pange lingua) nace para entregarse, es Amor en el pesebre y sufrimiento en la Cruz, nace para morir y de este modo testimoniar el Amor del Padre.

Así la fiesta de san Esteban es el correlato de la Navidad. El relato del martirio del primero que rubricó con su sangre el ser seguidor de Jesús, nacido en Belén, que escuchamos en la primera lectura, está construido con la “plantilla” de la Pasión de Cristo y cumple la profecía de Jesús en el Evangelio que se proclama en la celebración Eucarística.

No es necesario huir de lo entrañable que resulta la celebración de la Natividad del Señor; es, de hecho, el signo más caritativo y misericordioso de Dios para con el hombre, pero tenemos que dejar a un lado el sentimentalismo barato al que estamos acostumbrados a empaparnos en Navidad. La cosa es mucho más seria. El Señor se hace hombre para amarnos hasta el extremo, y nos invita a que, como san Esteban, le sigamos en su vida y en su muerte, dando testimonio, así, del amor que Dios nos tiene.

Lunes 25 de diciembre. Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.

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Celebramos el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué significa esto? Esta es una pregunta que ha ocupado la vida de Juan el Evangelista de cuyo Evangelio hemos escuchado parte del primer capítulo, el Prólogo. Este “himno” que es como el culmen de la meditación de toda la existencia del Apóstol, se nos propone hoy a nosotros para que nos introduzcamos en el Misterio que celebramos: la Encarnación del Verbo y la Manifestación de su Gloria.

El que nace en Belén, al que los pastores encuentran envuelto en pañales recostado junto a su Madre, es el Verbo eterno de Dios, que ha asumido nuestra naturaleza pecadora hecha de polvo y que debe retornar a la tierra. Es el que estaba desde el “principio” junto al Padre y que comparte su Naturaleza Divina. Aquel por el que todo fue hecho, el “Modelo” de la Creación especialmente de la del hombre, la fuente de todo lo que existe. Se hace hombre porque el hombre, hecho a su imagen, vivía en la tiniebla, porque a lo largo de la historia (de Salvación) había rechazado la Luz manifestada en la Obra de Dios y proclamada por los Profetas. Viene para ser acogido, para dar una nueva oportunidad al hombre, más aún, para que pueda llegar a ser hijo de Dios (cf. Jn 1,12).

Nunca jamás Dios se ha hecho tan cercano al hombre, por eso este Misterio que atraviesa el tiempo se pone año tras año delante de nuestros ojos para que con mirada contemplativa nos adentremos en esta verdad fundamental; el mundo, nuestra vida sólo cambiará si fijamos nuestra mirada en la Luz de la Encarnación, en la realidad de Dios que se hace carne, que viene a buscarnos a cada uno en nuestra tiniebla, a levantarnos de nuestras caídas, a sanar nuestras enfermedades y dolencias, a perdonar nuestros pecados y a ofrecernos una nueva vida de cuya plenitud ni ojo vio, ni oído escuchó, ni nadie puede imaginar ni esperar jamás.

Por esto hoy nos saludamos con entusiasmo diciendo Feliz Navidad, porque no podemos callar lo que hemos visto y oído, aquello que se nos ha revelado. Hoy más que nunca el mundo desea amanecer con este saludo, con esta noticia: “hoy en Belén de Judá, ha nacido el Mesías, el Señor”.

Domingo 24 de diciembre. Sol que naces de lo alto, Sol de justicia

Escrito por Comentarista 6 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

OH, SOL QUE NACES DE LO ALTO, RESPLANDOR DE LA LUZ ETERNA, SOL DE JUSTICIA, VEN AHORA A ILUMINAR A LOS QUE VIVEN EN TINIEBLAS Y EN SOMBRA DE MUERTE.

En este último día aparecen tres títulos del Mesías con un punto en común: la luz. Jesucristo se definió a sí mismo como “Luz del mundo”, que viene a iluminar las tinieblas.

En el Evangelio de Lucas, Zacarías alude a la llegada del Mesías diciendo: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte” (Lc 1,78). En latín se dice “Oriens”. Es el sol naciente.

Pero referido al Mesías adquiere una fuerza inusitada: es una luz que se origina, que nace en el tiempo, pero que está llamada a no menguar ni guardarse. El “Oriens”, el “Sol de Justicia” no conoce el ocaso. Así lo afirma el pregón pascual: “ese lucero que no conoce el ocaso, y es Cristo, tu Hijo resucitado”. Jesús es “Resplandor de la luz eterna”, de la luz divina incesante.

En esta víspera de la Navidad, la Iglesia entera madruga para ver el amanecer. Sin duda, una de las experiencias más bonitas de la naturaleza. ¡Cuántos amaneceres tenemos en nuestra memoria! Pero este amanecer es diferente. De hecho es único: la Iglesia madruga en Adviento para prepararse a la salida del Oriens.

Durante el tiempo de adviento, como ocurre en los minutos antes de la salida del sol, todo se va iluminando con tonos diferentes, que aluden a las diferentes profecías salvíficas que hemos visto estas cuatro semanas. En ellas hemos contemplado las promesas que Dios va a cumplir.

Pero sobre todo, hemos visto prefigurado al Mesías, a quien esperamos ver ardientemente. Él es la Sabiduría del Altísimo, Pastor de la casa de Israel, Raíz de Jesé, Llave de David, Enmanuel, Rey de las naciones, Piedra angular de la Iglesia, Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos.

Este amanecer que contemplamos es único en la historia, porque es el Oriens quien va a levantarse para no ponerse nunca.

Preparemos nuestros corazones para esta noche, en que la Iglesia —cada uno de nosotros— quiere estar junto a María y José para adorar al Niño y alegrarnos por el esplendor que irradia la luz eterna del Verbo encarnado.

¡Gracias, Señor, por amarnos tanto! ¡Gracias por ser tan grande y hacerte tan pequeño!

¡Que nos dejemos abrasar por los rayos de la luz eterna que salen de este Sol envuelto en pañales!

¡¡Feliz Navidad a todos!!

 

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Versículos del Aleluya (Leccionario).

(dom) 17 de dic.: Oh, Sabiduría del Altísimo, que lo dispones todo con firmeza y suavidad, ven para mostrarnos el camino de la prudencia.

(lun) 18 de dic.: Oh, Pastor de la casa de Israel, que en el Sinaí diste a Moisés tu ley, ven a rescatarnos con el poder de tu brazo.

(mar) 19 de dic.: Oh, Raíz de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ven a librarnos, no tardes más.

(mié) 20 de dic.: Oh, Llave de David, que abres las puertas del Reino eterno, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas.

(jue) 21 de dic.: Oh, Enmanuel, rey y legislador nuestro, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.

(vie) 22 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

(sab) 23 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia , esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

(dom) 24 de dic.: Oh, Sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

Sábado 23 de diciembre. Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos

Escrito por Comentarista 6 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

OH, REY DE LAS NACIONES Y PIEDRA ANGULAR DE LA IGLESIA, ESPERANZA DE LAS NACIONES Y SALVADOR DE LOS PUEBLOS, VEN A SALVARNOS, SEÑOR DIOS NUESTRO.

A los dos títulos que vimos ayer y que de nuevo aparecen hoy —Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia— se añaden otros dos: “Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos”.

Con el ataque de la flota japonesa a Pearl Harbor, apareció ante el mundo la esperanza de la victoria, representada por Estados Unidos. Sin su intervención en el conflicto bélico, la historia habría sido bien distinta. La Guerra se ganó, pero la aparición de intereses políticos y económicos —siempre presentes en las guerras— manifestó que no era oro todo lo que relucía. Este ejemplo tan internacional nos permite contemplar que la paz entre las naciones nunca llega a ser plena ni definitiva. Siempre hay letra pequeña en que se establecen influencias, acuerdos, beneficios… Y al final siempre hay perjudicados en esos acuerdos.

Ojalá que la letra pequeña fuera siempre grande, y que los acuerdos ocultos se hicieran con luz y taquígrafos; ojalá hubiera un reparto equitativo de las riquezas, con los justos beneficios por la explotación de los recursos naturales en cada país; ojalá se respetara de verdad el medio ambiente; ojalá se legislara siempre a favor de las personas, con especial protección para las más desprotegidas y desfavorecidas.

Todo esto son esperanzas que muchos tienen, y animan a miles de corazones a luchar por ello a través de plataformas, ONGs, movimientos sociales… Pero el enemigo al final no resulta ser un país determinado, o un grupo de poder, o una ideología, o unos intereses comerciales. Todo esto son los síntomas, pero no la causa. Mientras no se redima la causa, los síntomas seguirán apareciendo, aunque vayan cambiando de forma a lo largo de los siglos.

El problema es que sanar la causa queda fuera del alcance de los hombres porque es más oscura y tenebrosa de lo que se piensa: es el pecado. Por esta razón, sólo Cristo, el Mesías prometido, puede tener el título de “Esperanza de las naciones” y “Salvador de los pueblos”.

 

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Versículos del Aleluya (Leccionario).

(dom) 17 de dic.: Oh, Sabiduría del Altísimo, que lo dispones todo con firmeza y suavidad, ven para mostrarnos el camino de la prudencia.

(lun) 18 de dic.: Oh, Pastor de la casa de Israel, que en el Sinaí diste a Moisés tu ley, ven a rescatarnos con el poder de tu brazo.

(mar) 19 de dic.: Oh, Raíz de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ven a librarnos, no tardes más.

(mié) 20 de dic.: Oh, Llave de David, que abres las puertas del Reino eterno, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas.

(jue) 21 de dic.: Oh, Enmanuel, rey y legislador nuestro, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.

(vie) 22 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

(sab) 23 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia , esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

(dom) 24 de dic.: Oh, Sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

 

Viernes 22 de diciembre. Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia

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OH, REY DE LAS NACIONES Y PIEDRA ANGULAR DE LA IGLESIA, VEN Y SALVA AL HOMBRE QUE FORMASTE DEL BARRO DE LA TIERRA.

Ya vimos que Cristo es la Llave de David y Tronco de Jesé, ambos títulos vinculados con la realeza del Mesías. Ambos se relacionan con la historia concreta del pueblo de Israel. Pero el Ungido viene al mundo con una mayor amplitud de miras: no sólo viene a ser rey de Israel, sino del mundo entero. Es decir, Rey de reyes y Señor de señores. Así, Jesucristo detenta el título de “Rey de las naciones”. De este modo se universaliza su potestad y gobierno, de la que se beneficia todo el género humano —a veces tan sometido a la arbitrariedad, corruptelas y tiranías de sus gobernantes—.

El otro título que aparece es “Piedra angular de la Iglesia”. La imagen, referida a la arquitectura, se refiere a la piedra clave que sujeta todo el arco y todo el edificio. Fueron los romanos quienes universalizaron el uso del arco para aligerar las construcciones y darles más belleza. La Iglesia es el nuevo pueblo de Dios que camina hacia la plenitud del Reino de Dios. Construida sobre el cimiento de los Apóstoles, encuentra en Jesucristo su piedra angular. Él ha sido, es y será siempre el fundamento de la Iglesia. Sin Jesucristo, la acción de la Iglesia no tiene alma. Algo que el Papa Francisco repite machaconamente para evitar un cristianismo sin Cristo.

De una imagen de la arquitectura pasamos a una imagen artesanal: Dios como alfarero, que modela al hombre del barro de la tierra. Ese es nuestro origen. La iglesia nos lo recuerda cada miércoles santo: “acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”. Somos criaturas de Dios, no creadores. Benedicto XVI afirmaba que una de las mayores aberraciones de la cultura actual es haber dado la espalda al Dios Creador, queriendo sustituirle por el nuevo dios de la tecnología.

No solo somos barro, sino un barro manchado. Pero la llegada del Mesías nos anuncia un nuevo proceso de sanación, a través del nuevo moldeado que hace en nosotros la gracia de Dios. Es como el barro, una vez moldeado de nuevo por el alfarero, que recibe un baño de esmaltes que dan brillo y luminosidad a la pieza.

 

 

 

Versículos del Aleluya (Leccionario).

(dom) 17 de dic.: Oh, Sabiduría del Altísimo, que lo dispones todo con firmeza y suavidad, ven para mostrarnos el camino de la prudencia.

(lun) 18 de dic.: Oh, Pastor de la casa de Israel, que en el Sinaí diste a Moisés tu ley, ven a rescatarnos con el poder de tu brazo.

(mar) 19 de dic.: Oh, Raíz de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ven a librarnos, no tardes más.

(mié) 20 de dic.: Oh, Llave de David, que abres las puertas del Reino eterno, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas.

(jue) 21 de dic.: Oh, Enmanuel, rey y legislador nuestro, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.

(vie) 22 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

(sab) 23 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia , esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

(dom) 24 de dic.: Oh, Sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

 

Jueves 21 de diciembre. Enmanuel y Legislador nuestro

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OH, ENMANUEL, REY Y LEGISLADOR NUESTRO, VEN A SALVARNOS, SEÑOR, DIOS NUESTRO.

Isaías profetiza que una virgen quedará encinta y tendrá un hijo llamado Enmanuel, que se traduce “Dios-con-nosotros” (Is 7,14). El anuncio que hace San Gabriel a la Virgen María abunda en esa idea: “el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios” (Lc 1,35).

Cuando alguien desea preparar un evento de envergadura, hace lo posible por invitar a gente “importante”, por su fama, su genialidad, su representatividad o su autoridad. Por ejemplo, si organizas una gala deportiva, el mejor reclamo sería decir que Rafael Nadal va a asistir, o Pau Gasol, o Cristiano Ronaldo. En ese caso, la gente se animaría más que si invitaras a jugadores de segunda o de tercera. Se puede aplicar a cualquier campo: económico, cultural, social, político, religioso…

Las personas importantes honran a todos con su presencia, porque son figuras relevantes, reconocidas, en algunos casos auténticos ídolos (del deporte, de la música…). Y es mayor la honra cuanto mayor reconocimiento y “escalafón” tenga el personaje: es mejor que venga el Rey y no un Infante; es mejor que venga el Papa que un Obispo; el Presidente que un Ministro, etc.

El título “Emmanuel” señala la categoría, el escalafón de quien nos visita: Dios mismo. En la historia de la salvación Dios se había hecho presente a través de criaturas (la zarza ardiente, el viento…) o a través de personas que son enviadas por su nombre (profetas, jueces…). En el momento de la Encarnación, el Señor mismo honra a la humanidad con su visita. No envía a nadie con un rango menor. Y por lo tanto, viene a estar con nosotros la persona de más alto rango posible. Nadie más grande que Dios, y nadie quien pueda honrar más a la raza humana que Dios mismo en persona. Reconociendo su dignidad, nos sentimos honrados, valorados, amados.

Ese reconocimiento de Dios-con-nosotros nos lleva a profesar la fe, como hizo el apóstol Santo Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”.

 

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Versículos del Aleluya (Leccionario).

(dom) 17 de dic.: Oh, Sabiduría del Altísimo, que lo dispones todo con firmeza y suavidad, ven para mostrarnos el camino de la prudencia.

(lun) 18 de dic.: Oh, Pastor de la casa de Israel, que en el Sinaí diste a Moisés tu ley, ven a rescatarnos con el poder de tu brazo.

(mar) 19 de dic.: Oh, Raíz de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ven a librarnos, no tardes más.

(mié) 20 de dic.: Oh, Llave de David, que abres las puertas del Reino eterno, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas.

(jue) 21 de dic.: Oh, Enmanuel, rey y legislador nuestro, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.

(vie) 22 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

(sab) 23 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia , esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

(dom) 24 de dic.: Oh, Sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

Miércoles 20 de diciembre. Llave de David

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OH, LLAVE DE DAVID, QUE ABRES LAS PUERTAS DEL REINO ETERNO, VEN Y LIBRA A LOS CAUTIVOS QUE VIVEN EN TINIEBLAS.

El profeta Isaías afirma: “pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David: abrirá y nadie cerrará, cerrará y nadie abrirá” (22,22). El palacio del rey es el mayor símbolo de autoridad y representa a todo el reino; es símbolo de justicia, protección y estabilidad. Estaba situado en Jerusalén, cerca del templo que proyectó David y levantó Salomón en el monte Sión.

En las promesas mesiánicas aparece la ciudad santa y el templo como símbolo del reino que está por venir: la nueva Jerusalén. En ella está también el palacio de David, lugar del gran rey. Todas estas alusiones iluminan el título de “Llave de David” referida al Mesías.

El palacio en que vivió David fue destruido, así como el templo y el resto de la ciudad. Por eso, las profecías aluden a una realidad futura no sujeta a los avatares trágicos de la destrucción. La nueva Jerusalén, el nuevo templo, el nuevo palacio son obra de Dios, y no pasarán jamás ni serán destruidos. Su poder y justicia serán permanentes.

Jesús es la llave de ese Reino que Dios Padre le ha entregado, y abre o cierra su puerta a quien quiere. El sentido simbólico de las llaves nos habla de la propiedad y de la autoridad. El propietario tiene también la potestad de entregar esas llaves a otro que le represente: Jesús lo hace con Pedro, cuando le entrega las llaves del Reino de los Cielos. Sólo con la llave se puede abrir y cerrar la puerta.

Antaño, las ciudades amuralladas y castillos eran el refugio del pueblo cuando venían los invasores. Una vez cerrado el puente levadizo, no se podía entrar ni salir. Son épicos algunos relatos de conquistas de ciudades amuralladas (como Masadá). Simbólicamente, nosotros vivíamos fuera del castillo, sometidos a la tiranía del pecado, cautivos de la tiniebla de la ceguera, que nos impide ver a Dios.

Pero el Señor, que tiene piedad de nosotros, anuncia que el Mesías, Llave de David, va a abrir la puerta del castillo para que, liberados de nuestra cautividad, podamos entrar en la nueva Jerusalén, el reino eterno, cimentado sobre roca firme.

 

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Versículos del Aleluya (Leccionario).

(dom) 17 de dic.: Oh, Sabiduría del Altísimo, que lo dispones todo con firmeza y suavidad, ven para mostrarnos el camino de la prudencia.

(lun) 18 de dic.: Oh, Pastor de la casa de Israel, que en el Sinaí diste a Moisés tu ley, ven a rescatarnos con el poder de tu brazo.

(mar) 19 de dic.: Oh, Raíz de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ven a librarnos, no tardes más.

(mié) 20 de dic.: Oh, Llave de David, que abres las puertas del Reino eterno, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas.

(jue) 21 de dic.: Oh, Enmanuel, rey y legislador nuestro, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.

(vie) 22 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

(sab) 23 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia , esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

(dom) 24 de dic.: Oh, Sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

 

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