SANTOS E IRREPERENSIBLES.

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Se termina el mes de agosto, el mes de vacaciones por excelencia en España. Aunque no he tenido vacaciones (ya me desquitaré), también se me acaba el chollo de decirle a alguien cuando venía a plantear algo de la catequesis o de actividades de la parroquia: “¡Estamos en agosto, esas cosas las hablamos en septiembre!” y poder seguir leyendo o rezando tranquilamente (o preparando el curso, pero sin muchas interrupciones). A partir de mañana se me acabó el chollo. Mañana empieza un nuevo curso, con tanta gente, tantas actividades, tantos compromisos. No sabemos qué niños nacerán (bueno, algunos sí, en esta parroquia el número de las embarazadas es infinito), quienes enfermarán, fallezcan o les toque la lotería. No sé cuántos pecados perdonaré y, dada mi debilidad, cuántos cometeré. Siempre da un poco de vértigo comenzar el curso y pensar: “A cada uno que se acerque a la parroquia tengo que llevarlo al cielo.” Que cada persona se presente “ante Dios, nuestro Señor, santos e irreprensibles en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos”.

Ese es mi objetivo pastoral particular. Tal vez debería poner en primer lugar afianzar el grupo de jóvenes, poner en marcha más grupos de matrimonios, mejorar la formación de las catequistas, mejorar la celebración litúrgica y vivir mejor la Santa Misa, hacer que más personas vengan a la Adoración del Santísimo…, no sé, hay cientos de actividades, pero todo eso son sólo medios para mi objetivo pastoral personal. Y eso me hace vivir en cierta manera con temor y temblor.

“Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.” Si supiéramos el día y la hora de nuestra muerte o del día del fin del mundo casi seguro que esperábamos a convertirnos un mes antes, somos así de caraduras a veces. Pero no lo sabemos. Yo no sé si podré escribir el comentario del viernes o estaré en una caja de pino después de una parada cardiaca o un mal estornudo. Ninguno hemos firmado la permanencia. Pero eso no nos tiene que llevar al miedo sino a la responsabilidad.

¿Te has enfadado con tu marido o tu esposa hace un rato? A qué esperas para llamarla y decirla que la quieres y es toda tu vida. ¿El adolescente ese que anda por casa te ha roto los nervios? Hazle saber que le quieres, aunque no te crea del todo. ¿Has faltado a la caridad? Corre a pedir perdón. ¿Tienes algún pecado en tu conciencia? Aunque tengas que despertar al cura ves a buscarle (No le digas que lo has leído aquí, no quiero que me odien todos mis hermanos sacerdotes).

“Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.” Y si esto nos pasa a nosotros, hombres, mujeres, jóvenes y niños, sacerdotes y religiosos y religiosas de “andar por casa” … ¡Cuánto más deberían temblar los que tienen responsabilidades sobre los demás! El gran enemigo de la salvación es el “mañana, mañana, para lo mismo responder mañana.” Si yo fuese Obispo me moriría de miedo, no sé cómo hay personas que quieren “hacer carrera”. Y los políticos, y los empresarios y los famosos…, todos tendrán que comparecer ante el tribunal de Dios y no valdrá decir: “Mañana mismo iba a empezar a cambiar.”

Lo repito, no es miedo, es responsabilidad con nuestra vida, don precioso de Dios. Dios nos quiere y no quiere que ninguno de los suyos se pierda, dejémonos encontrar. Tenemos que rezar mucho los unos por los otros, especialmente por los que más responsabilidades sobre los demás tienen. Que nadie se despiste, sino que todos seamos fieles y prudentes.

Virgen María, madre buena, recuérdame en cada momento lo que debo hacer, con quién estoy y cómo llevarle al cielo. Que no me deje nadie indiferente y que huya del mañana cuando tiene que ser hoy.

OS EXHORTÁBAMOS A CADA UNO DE VOSOTROS.

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Hace quince días que abrimos en la parroquia la inscripción a catequesis de infancia para la primera comunión. Sólo se inscriben los de primer curso, los de segundo y tercero siguen el mismo día a la misma hora. Lo pues en la página web un lunes 14 de agosto, puente y con ocho novenas partes de España de vacaciones, sin excluir este barrio. Al escribir este comentario hay 287 niños nuevos en la catequesis en la parroquia, por lo que es fácil que este año rondemos los mil niños en catequesis en total. Una maravilla, ciertamente, aunque dan trabajo. Pero recordando mis tiempos de sacerdote en la sierra, en la que tenía apenas una decena de niños en catequesis me falta el trato personal con cada familia. Con esos números y tan sólo dos (bueno, espero que tres), sacerdotes este año, pasa mucha gente por la parroquia con la que ni tan siquiera tienes oportunidad de hablar si no es en reuniones masivas.

San Pablo escribe a los Tesalonicenses: “Vosotros sois testigos, y Dios también, de lo leal, recto e irreprochable que fue nuestro proceder con vosotros, los creyentes, fue leal, recto e irreprochable; sabéis perfectamente que, lo mismo que un padre con sus hijos, nosotros os exhortábamos a cada uno de vosotros, os animábamos y os urgíamos a llevar una vida digna de Dios, que os ha llamado a su reino y a su gloria”. El encuentro personal en la Iglesia es irrenunciable. Podemos hacer reuniones, asambleas, comités, mesas de negociación o happenings; pero sin encuentro personal, de tú a tú, no hay nada que hacer.

Hace años enterré a un bebé que murió de una muerte súbita que estaba sin bautizar pues su párroco siempre estaba muy ocupado para bautizar más de un fin de semana al mes. Cuando el bebé murió no pudo ir al tanatorio pues tenía una reunión muy importante con la comunidad. Esa familia se acercó a Dios a pesar de su párroco, que seguirá reunido en alguna parte.

Las reuniones son necesarias, pero no salvan. Quien basa su evangelización en reuniones es como quien ve un cementerio en una fotografía, pueden parecer hasta hermosos, obras de arte en piedra diseminadas por un campo. Pero el que se acerca a las personas conoce cada dolor que hay debajo de las lápidas, las lágrimas y lamentos derramadas, las vidas truncadas, la esperanza enterrada. No te acercas igual al libro de la “pastoral de exequias”, que a la tumba de tu padre o de tu hermano. Las reuniones hablan en plural, el encuentro habla a la persona, al corazón de cada persona.

No podemos ser hipócritas, de las cosas que más molestan al Señor. A muchos que, después de sesudas reuniones, sacan un manifiesto o una pastoral, les ponía yo unas cuantas horas en un confesionario a encontrarse con la realidad. Les cerraría los oídos para que dejasen de escucharse a sí mismos, para ser capaces de escuchar al Espíritu Santo que habla en cada persona. El hipócrita hace que escucha, pero no oye.

Es necesaria la dirección espiritual (llámalo como quieras), el confesionario, el despacho, el estar. No podemos ser una Iglesia de manifiestos. Obras son amores y no buenas razones.

Dentro de unos días estaré como loco organizando la catequesis y las demás actividades de la parroquia, le faltarán horas al día durante los próximos meses. Pero ojalá no deje de tener un tiempo para escuchar, para confesar, para “perder” el tiempo con las personas. También vosotros que no sois sacerdotes: no tengáis miedo a “perder” el tiempo con vuestro esposo o esposa, con vuestros hijos, con los amigos y los compañeros de trabajo. Es un tiempo precioso, es gloria, tiempo del cielo.

No imaginamos a la Virgen como una líder sindical arengando a las masas. Habla a sus hijos, al corazón de cada uno, y de cada corazón al mundo entero. Que ella sea la Señora de nuestros tiempos.

 

VALOR PARA PREDICAR EL EVANGELIO.

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Acabo de terminar un expediente matrimonial y el padre del novio me contaba que tenía 4 hijos. Uno de ellos le preocupaba hace unos años, iba muy a sus cosas, se había dejado rastras en el pelo (no es pecado dejarse rastras, eh) y le parecía al padre que no llevaba buen camino.  “Y ¿qué hace ahora?” Le pregunté al padre. “Es camaldulense”, me contestó. Menudo cambio de vida. Primero se hizo de otros monjes –no me acuerdo cuáles me ha dicho-, y buscó algo más exigente. Descubrir la vocación y seguirla no es fácil, más si el Señor te pide un cambio tan radical de vida. Es un verdadero acto de valor, casi diría que de heroísmo en la alegría.

Hoy celebramos el martirio de San juan Bautista. San Juan Bautista no tiene miedo a callar ni ante Herodes. Ni ante la cárcel ni ante Herodías se echa atrás, y sin perder la cabeza la pierde.

Hablamos poco de ser valiente para ser cristiano. Y hoy, y creo que podríamos decir siempre, es una virtud fundamental. El que sigue a Cristo no puede dejarse guiar por el miedo, o ir zarandeado por las modas o los “trending topic.”  San Pablo también es otro de esos valientes:

“Ya conocéis, apoyados en nuestro Dios tuvimos valor para predicaros el Evangelio de Dios en medio de fuerte oposición. Nuestra exhortación no procedía de error o de motivos turbios, ni usaba engaños, sino que, en la medida en que Dios no juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones”.

¿Cómo se puede ser valiente? También nos lo dice San Pablo: “Os queríamos tanto que deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.” No tiene miedo el que no tiene nada que perder, pues sabe que el que pierde su vida por Cristo, la gana. “No tengáis miedo” nos recordaba Juan Pablo II al comienzo de su pontificado. No tengamos miedo al qué dirán, al qué sucederá, al qué pensarán. Hoy vemos a tantos cristianos perseguidos que nos dan ese testimonio impresionante de valentía, jugándose día tras día la vida por vivir su fe. No tengamos miedo a darnos, por amor de Dios, a los demás.

Pocas cosas son más tristes que un cristiano, y más aún en un sacerdote, que actúe por “palabras de adulación, codicia disimulada o pretendiendo honor de los hombres”. El que así actúa acaba dominado por el miedo y dejará de predicar el Evangelio para regalar el oído a sus oyentes. ¡Qué cosa tan contraria al Evangelio!.

De vez en cuando tenemos que mirar nuestra vida y descubrir si tenemos miedo a algo o a alguien. Si descubres algún tenemos pregúntate si eso es de Cristo o no. Si es de Cristo quítate el miedo que no te lo arrebatarán. Si no es de Cristo no te vale para nada, despréndete de eso.

“Sed fuertes y valientes de corazón, no temáis”. Se lo pido al Señor para mí y para cada bautizado. No podemos callar por miedo, más nos vale perder la cabeza.

Centenario de Fátima. La Virgen hizo valientes a esos tres pastorcillos que no  temieron sufrir por anunciar el mensaje de María. A ella le pedimos que el Espíritu Santo derrame abundantemente el don de valentía sobre toda la Iglesia.

 

CON LA FUERZA DEL ESPÍRITU SANTO Y CON PLENA CONVICCIÓN

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Última semana de agosto. Ya van volviendo los que se fueron de vacaciones, ese pecado capital. En mi parroquia no hemos cambiado el horario de Misas, soy muy perezoso para ir cambiando carteles. Había menos gente, pero ninguna con menos de 20 personas en cada Misa a diario. Pero conozco una parroquia cercana que ha puesto en su página web que en verano se suspenden las Misas hasta nuevo aviso. ¿Será que en ese barrio pierden la fe en bloque durante julio y agosto? No todos, que algunos han venido a Misa aquí. Pero claro sí se ha comentado. No es fácil crear una comunidad parroquial, requiere constancia, perseverancia, mucha oración y presencia. Sin embargo, es muy fácil echar abajo una parroquia, al tercer día que te la encuentras cerrada ya no vuelves. Si el fiel piensa que las vacaciones de los sacerdotes están por encima de cuidado de sus feligreses ya no van a confiar mucho más en poder “incomodar” al sacerdote con sus cosas. ¿Cómo pedirá ahora ese sacerdote a la gente que dedique su tiempo gratuitamente a la parroquia si los abandona en verano? Bueno, le deseo lo mejor, pero no lo va a tener nada fácil.

“En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.” En la Iglesia el sacerdote tiene que ir delante…, en el servicio a los demás, en la entrega de la vida. Al igual que los padres y madres de familia van delante de sus hijos para que aprendan a ser generosos, entregados, piadosos y fieles. No podemos pensar que el Evangelio se anuncia con un Power Point, por muy bonito que sea. El Evangelio es vida y se tiene que encarnar en la vida y, como algunas epidemias, se trasmite por contacto.

San Pablo nos lo recuerda: “Cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción. Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien.” Uno puede pensar: Entonces yo no valgo, tengo muchos defectos y muchos pecados. No te engañes. Lo malo sería que vivieses una doble vida, una cosa lo que hago y otra lo que digo. Pero si el más débil y pecador no renuncia a acudir a la misericordia de Dios y se levanta una y otra vez será un profeta de la misericordia, del perdón de Dios y, por tanto, de la alegría. No es justificación nuestra debilidad pues Dios mismo pone el complemento.

El Señor ama a su pueblo, y se sirve de ti y de mi para llevar a todos a Cristo. Ya que muchos regresan al trabajo y pronto al colegio, regresemos también a ser apóstoles de Cristo con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.

Solos no podemos, pero de la mano de María sí se puede, pues ella hace nuestra vida auténtica en manos de Dios.

De nuestras proyecciones a la locura de su misericordia

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Las lecturas de hoy parecen algo contradictorias. Por un lado nos habla el salmo de que la misericordia del Señor es eterna y por otro lado la actitud con el mayordomo de palacio Sobná es durísima hasta el punto de que le echar de tu puesto, le destituye de su cargo y  llama a su siervo Eliacín para que le reemplace. Por otro lado parece que el tema va de llaves y el poder que está unido a ellas tanto en el caso de las llaves del palacio de David como las llaves del Reino de los cielos que le son confiadas por Jesús a Pedro. ¿Cómo se junta  todo esto?

Así como en la vida de toda persona, el pueblo de Israel fue haciendo un camino de conocimiento interior de Dios poco a poco. Durante muchos años se ve que su imagen de Dios es proyección de su forma de pensar. Los seres humanos y, aun hoy en muchos pueblos, asociamos las dificultades, el fracaso o los fallos con una imagen de Dios castigador. Esto lo podemos ver en la primera lectura de Isaías.

Jesús viene a revelarnos como es Dios de verdad, más allá de toda proyección humana. En el hecho de que Jesús elija a Pedro como esa “piedra en la que edificaré mi iglesia” no está basado en que Jesús no conociera las debilidades de Pedro. Precisamente parece que Jesús no tiene problema en reprender a Pedro incluso delante de los demás discípulos cuando los consejos que Pedro le da nos son según Dios. Jesús también predice su negación en el momento crucial de su pasión. Pero aun así Jesús expresa en ésta elección de Pedro su enorme fe en la mediación humana. Esto verdaderamente no está fundamentado en una lógica humana, sino únicamente en un Dios que es verdaderamente Misericordia.

¡Qué bien entendemos a las personas que nos dicen:” ¿Y yo por qué me tengo que confesar con una persona igual de pecadora que yo llena de fallos? ¡Yo me confieso con Dios en directo!”

¡Verdaderamente es una locura de misericordia que recibamos el perdón y la misericordia a través de las manos y palabras de un sacerdote! Pero Dios sabe que necesitamos de gestos humanos, de la palabra de otro que nos absuelva ya que una de las cosas más difíciles es perdonarse a uno mismo.

Esta mediación humana en la que tanto cree Jesús no solo se refiere a los sacerdotes, sino a toda persona. La misericordia de Dios es tan grande que no sólo nos quiere y perdona siempre, sino que cuenta con cada uno de nosotros para expresar ésta calidad de amor a los demás a través de nuestros gestos, reacciones y palabras.

Si pensamos en nuestras propias vidas, ¿cuándo hemos comprendido lo que es el verdadero amor, el perdón y misericordia? Pues cuando mi madre me perdonó aquella forma tan desagradecida de tratarla, cuando aquel amigo no me retiró su confianza a pesar de fallarle, etc. ¡Con esto nos está expresando Dios  la máxima valoración de nuestras personas y de nuestra humanidad!

Haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En el Evangelio de hoy Jesús nos muestra la forma de vivir de un cristiano como servidor de los demás. Esta forma de vivir la contrapone a los fariseos o al espíritu fariseo que tan fácilmente se puede introducir en la forma de pensar de toda persona, también del cristiano.

La falta de coherencia y de autenticidad es lo primero que denuncia Jesús: “Haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.”

Dar consejos a los demás es algo que a algunas culturas nos resulta bastante fácil; nos suele gustar opinar ante la vida de los demás. También hoy nos podemos preguntar ¿Qué estoy dispuesto a hacer por las personas más cercanas a mi vida? Recuerdo cuántas veces en mi vida una compañera de clase o alguien de mi familia me contaban un problema que tenían y yo les escuchaba y después les solía decir, si la persona era creyente: “Rezaré por ti.” Eso no está mal, porque hoy sigo creyendo en la fuerza de la oración, pero al mismo tiempo me doy cuenta que no estaba dispuesta a involucrarme más allá.

Hay personas que están llevando una cruz muy pesada en sus vidas y quizás hasta más pesadas de lo que son capaces de llevar y les está causando tristeza, amargura o hasta les está rompiendo internamente. Dios me estaba llamando en esas personas no sólo a darles consejos o rezar por ellos sino a ser su servidor, que pone también su hombro para ayudar a cargar esos problemas.

A veces se trata de cosas tan sencillas como cuidar unas horas del hijo de mi vecina madre soltera, para que ésta pueda irse a hacer la compra o pueda buscar trabajo. Jesús nos invita hoy a ser sencillamente hermanos, a estar cerca de la personas y todo esto sin hacer diferencias o acepciones de personas, ya que uno sólo es nuestro Maestro y Padre.

Para poder vivir ésta invitación a ser hermanos y servidores de los demás necesitamos contemplar a Jesús en evangelios como los de hoy. Que podamos dejarnos cautivar por la persona de Jesús, por su forma de acercarse a las mujeres y niños, a los extranjeros, a los marginados, por la libertad que vivía frente a los líderes religiosos de su tiempo, etc. Jesús toma éste camino de ser servidor sin buscar aplausos o reconocimientos, porque de verdad le interesamos los hombres y no quedar él bien.

Señor Jesús, ¡tu autenticidad en el amor nos cautiva, por ello déjanos seguirte por tus caminos de servicio!

Amor incondicional

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La primera lectura de hoy nos pone ante el ejemplo de un amor fiel e incondicional. Se trata del de Rut frente a Noemi.

Orfá, su otra nuera, se despidió de su suegra Noemi y volvió a su pueblo, cosa que era bastante comprensible y razonable, ya que así podría recomenzar en su vida. Noemí, a pesar de su situación dramática, deja a Rut en total libertad: «Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios. Vuélvete tú con ella.» Pero Rut la contestó: «No insistas en que te deje y me vuelva. Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios.»

Seguramente todos conozcamos situaciones de amor incondicional: ese padre que se prejubila para poder cuidar de su hija enferma de cáncer, esa madre que cuida de su hijo con síndrome de down hasta el final de sus días, esa joven que se casa con su novio que está en silla de ruedas por un accidente, ese profesor que no desiste de sus alumnos más probleáticos, etc. Estos y muchos más, son casos admirables, que responden a la pregunta que se le plantea a Jesús en el Evangelio: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»

Pero, si somos sinceros, muchas veces nos sentimos incapaces de vivir una calidad de amor así; la respuesta de Orfa nos es más natural. Pero Jesús nos recuerda que El es la vid y nosotros sus sarmientos o en otro lugar, que El nos amó primero y que por eso podemos amarnos algo más incondicionalmente.

Jesús es el primero que decide hacerse hombre y unir su destino al nuestro, pasando por todas las etapas, alegrías y penas de la vida humana hasta la muerte y muerte de cruz. ¡Y no acaba ahí! Hay una homilía anónima que suele leerse en sábado santo que dice:

“Dios en la carne ha muerto y ha descendido a sacudir el reino del abismo. Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere descender a visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte…a Adán y Eva…Y tomándolo por la mano lo sacude diciendo: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz
A ti te mando: ¡despierta tú que duermes!, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. ¡Levántate, obra de mis manos! Levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. ¡Levántate, salgamos de aquí! Tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible naturaleza. “

En éste texto queda reflejado cómo Jesús ha sido el primero en decirnos a nosotros: «No insistas en que te deje y me vuelva. Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios.» Las palabras de Rut prosiguen: “Donde tú mueras moriré y allí seré enterrada. Que Yahveh me dé este mal y añada este otro todavía si no es tan sólo la muerte lo que nos ha de separar.»” Jesús, a través de su muerte, llega a ser enterrado donde nosotros fuimos enterrados por nuestro egoísmo, pero no se queda allí: baja hasta los infiernos a buscarnos y por su Resurrección nos lleva con El a la vida abundante, a la luz, a vivir nuestra verdadera identidad que es amor sacrificado, gratuito e incondicional.

Hoy somos invitado a saborear interiormente éste gran amor incondicional de Jesús por cada uno de nosotros, que va incluso más allá de la muerte. Esto provocará tal seducción, algo que no se consigue desde nuestra fuerza de voluntad, podremos llegar a ser personas incondicionales como Rut.

¡Qué todas tus criaturas te bendigan!

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El salmo de hoy nos recuerda la actitud del corazón de la persona que ha descubierto a Dios presente en su vida: “Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.”

El creyente reconoce que su vida no es fruto solamente de la casualidad, de la voluntad de amarse de dos personas, de un accidente, etc. sino que es querido y deseado por Dios desde toda la eternidad tal y como es. De ésta conciencia nace un profundo agradecimiento que es más fuerte que toda situación externa que pueda apagar esa bendición.

¡Qué toda criatura te bendiga Señor! Toda criatura está hecha para bendecirte: Dios nos ha creado a cada uno como somos para una misión en la tierra. Así lo expresa el profeta Isaías: “Yahveh desde el seno materno me llamó; desde las entrañas de mi madre recordó mi nombre. Ahora, pues, dice Yahveh, el que me plasmó desde el seno materno… Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.” (Isaías 49) Cada uno de nosotros somos muy queridos por Dios y El quiere que dejemos brillar la luz que somos, para que a través de nosotros llegue el amor, la esperanza, las ganas de vivir, en definitiva la salvación, a ése “confín de la tierra” donde yo vivo.

A la hora de plantearse un joven qué estudiar se puede hacer desde muchos ángulos: ¿qué me gusta?, ¿qué me ofrece un futuro más seguro? Pero también le puede preguntar a Dios: Tú, ¿qué has pensado para mí?, ¿desde qué lugar o trabajo puedo alumbrar más, dar más amor, servirte mejor para tu gloria?
“Para mayor gloria de Dios”. Este fue el lema o pregunta que movió al joven Ignacio de Loyola y después de él a muchos más. “La gloria de Dios es el hombre vivo”, nos dice uno de los primeros padres de la iglesia. Por ello la gloria de Dios coincide con aquello que nos hace estar más vivos y ser más nosotros mismos. Esta pregunta se puede extender a todos los ámbitos: ¿éste trabajo es para tu gloria? Cuando se me pide consejo o ante tantas decisiones de la vida, ¿qué es “para mayor gloria tuya” Dios mío?

¿Te sientes contratado por Dios?

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Evangelio de hoy nos habla de un propietario que salió a contratar jornaleros para su viña en diferentes momentos del día y al final paga a todos por igual. Puede parecer que Dios es injusto y que no toma en cuenta a los que trabajaban desde la primera hora del día. Hoy nos vamos a fijar en otro aspecto: el contrato.

Lo que se percibe con fuerza es que se trata de un propietario que es muy sensible a la realidad de las personas que no tienen trabajo y que va contratando a todo el que se encuentra en la plaza sin hacer nada.

El paro es algo que hoy en día afecta a muchas personas, especialmente jóvenes en España. Hoy nos acordamos de ellos de forma especial y rezamos para que pronto puedan encontrar un trabajo digno. Pero también hay otros niveles de sentirnos contratados; me refiero a la cuestión de si como cristianos nos sentimos contratados por Dios para trabajar en su viña. Sabemos que su viña es el mundo, nuestra sociedad, nuestras familias; a fin de cuentas esa “parcela” o ese entorno que Dios nos confía de forma especial. La pregunta es: ¿Dónde nos encontramos cada uno de nosotros? ¿en la plaza sin trabajo, sin sentir que Dios nos confía nuestro entorno, que tenemos una misión en la vida que va más allá de nuestro trabajo o en la viña del Señor activos en la iglesia y evangelizando nuestro entorno?

Como dice el papa Francisco en el número 273 de la alegría del Evangelio: “Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás.”   ¡Qué forma tan distinta de estar presente en mi familia o en el trabajo si soy consciente de que Dios me pone ahí por algo! Porque de no sentirme contratado, estaré internamente “sentado en la plaza”  o como dice el papa en el mismo número: “ todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades. Dejará de ser pueblo.”

Sea cual sea nuestra edad o condición, nunca es tarde para escuchar del mismo Dios esta invitación: “Id también vosotros a mi viña.” Que podamos escuchar ésta llamada personalísima de Dios que nos necesita en nuestras familias y con nuestros amigos y estemos realmente presentes en lo que viven hijos con sus problemas y alegrías. También en  nuestras parroquias y podamos pasa de ser meros consumidores a ser cristianos activos, que descubren su responsabilidad en la preparación de novios al matrimonio, en la catequesis, en la visita a los alejados, etc.

María se dejó mirar y turbar

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En contraste con el caso del joven rico, hoy se nos presenta el de una joven palestina de un pueblo muy pequeño llamado Nazaret. Esta joven se encontraba además en una situación poco favorable, ya que estaba recién comprometida en matrimonio con un hombre cuyo nombre también se conoce: José.

Las palabras de “alégrate llena de gracia, el Señor está contigo” significan que ella ha encontrado gracias, complacencia a los ojos de Dios y por su reacción de turbación se nota que ella sí que se dejó mirar de esa forma por Dios. Esa mirada la llega tan hondo que se deja cambiar sus planes desde lo más profundo. Junto con esa experiencia de amor va también la confianza de todo un Dios que le confía ser la madre de su querido Hijo. María podría haber puesto muchas pegas a Dios ya que estaba  a las puertas de crear la familia de sus sueños. Sin embargo María solo busca comprender lo que Dios le está proponiendo ya que supera toda lógica humana: “¿Cómo será eso, si no conozco varón?” María ni siquiera deja que su propia lógica la frene en escuchar a Dios a fondo y hasta el final. Esta actitud se mantuvo hasta el final de su vida en ésta tierra.

María es reina porque se dejó mirar por Dios como una reina. Ella nos invita a dejarnos mirar así por Dios a cada uno de nosotros: desde el bautismo sacerdotes, profetas y reyes. María reina es un impulso para cada hombre de esta tierra a descubrir que hemos encontrado gracia, complacencia y amor a los ojos de Dios y que El nos elige para llevar a Cristo en nuestras entrañas y mostrarle al mundo a través de nuestros gestos y palabras.

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