CHATEAR

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Santiago 2,14-24.26; Sal 111, 1-2. 3-4. 5-6 ; san Marcos 8, 34-9, 1

Compruebo que el diccionario de la Real Academia de la Lengua sólo ha recogido del término “chatear” el significado de tomar chatos (de vino) y no esa otra posible acepción que sería conversar con otras personas (utilizar un “chat”) a través de Internet. Es lógico ya que son dos cosas que requieren actitudes muy distintas. Una persona suele chatear con vino con otras personas, conociéndose cara a cara y después de unos cuantos chatos se suelen decir casi todas las verdades y las mayores mentiras. Chatear por Internet suele ser un acto privado, cientos de personas más desagradables que pegar a una madre se anuncian como “joven simpático y amable de buena presencia…”, es un conocerse sin darse a conocer, habitualmente un mentir que lleva a mayores mentiras, un relacionarse sin que implique la existencia y que se acaba cuando uno sale del programa.
Si alguna vez tienes la tentación de “chatear” con Dios en este segundo sentido, las lecturas de hoy te quitarán las ganas. “¿Quieres enterarte, tonto, de que la fe sin obras es inútil?”. Lo de “tonto” podría haber sido una añadidura personal para dar más énfasis a la frase, pero no es así: lo leeremos en Misa y contestaremos “Palabra de Dios”. “Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta época descreída y malvada, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre entre sus santos ángeles”.¿Qué pensabas, tonto (este sí es mío y me lo dedico en primer lugar a mí mismo), que jamás oirías esas palabras de Cristo?. Cuántas veces escucho eso de “yo tengo más fe que esos otros” como si la fe fuese algo que se pudiese pesar, medir y contar, pues bien, a ése hay que contestarle con el apóstol “enséñame tu fe sin obras y yo, por las obras, te probaré mi fe”.
Encontrarse con Cristo no es un “chat” del que me descuelgo cuando quiero, no es una relación impersonal basada en el engaño o en la mentira para satisfacer ciertas curiosidades. Encontrarse con Cristo es vivir con Él, hasta el punto de que “quien quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Un día te encontrarás cara a cara con Cristo, corazón frente a corazón y esperemos que no tenga que avergonzarse de ti porque le presentes muchas palabras y ningún hecho, un montón de excusas y ninguna obra buena. Mucho decir yo creo en Dios, pero nunca hemos hecho nada por Él (“Tú crees que hay un solo Dios; muy bien, pero eso lo creen también los demonios y los hace temblar”).
Vale la pena dejar de perder el tiempo, dejarse de habladurías o de teorías vacías y “arremangarse” delante de Dios y decirle “Señor, qué quieres que haga” y ponerse a dar testimonio de la cruz gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo, de la entrega sin reservas al Único por el que se puede dar la vida y que nos pide que la demos por todos. María, madre mía y madre de todos, ayúdame a dejar de perder la vida en mis cosas para ganarla para Él.

EL PENALTI

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Santiago 2, 1-9; Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7 ; San Marcos 8, 27-33

Dicen que la realidad es testaruda y, aunque hablamos de las lecturas de la Misa de hoy, no puedo zafarme de hablar del penalti en el último minuto del partido del Real Madrid y el Valencia. Pasan los días y se sigue comentando, algunos se siguen indignando e incluso se levantan las pasiones más desenfrenadas defendiendo la justicia o injusticia del punto marcado y la decisión arbitral.
Hace no mucho me explicaron la diferencia entre tema, problema y misterio. El gol del Madrid para la mayoría es un tema, hablamos de él, opinamos, discutimos incluso, pero no nos va la vida en ello, al cabo de un tiempo prudencial volvemos a nuestros quehaceres y seguimos trabajando y viviendo como si no hubiera ocurrido nada hasta la siguiente discusión. Sin embargo, para el árbitro es un problema: le afecta personalmente, se le juzga y puede ver perjudicadas sus futuras actuaciones; tiene que demostrar que no se equivocó en su decisión y seguramente le haya quitado el sueño algún día de éstos. Para Florentino Pérez me imagino que todo esto es un misterio, le afecta a su ya abultada cartera y al prestigio del equipo que preside, pero debe entender de fútbol tanto como yo, tendrá que hablar del penalti pero le tendrán que asesorar y, en el fondo, sabe que por mucho que le afecte nunca entenderá del todo lo sucedido.
Pero dejemos el fútbol y centrémonos en las lecturas de hoy. El apóstol Santiago es muy claro en su carta: “No juntéis la fe en Nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas”, “¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que le aman?”. Para muchas personas religiosas e incluso teólogos los pobres son como el penalti famoso: un tema que hay que tratar. Se llenan libros de “teología de la pobreza” (que se venden bastante bien), se habla de la falta de compromiso de la Iglesia (como si ellos fueran otra cosa distinta) con los pobres, se critica- con ocasión o sin ella- cualquier frase, actuación, documento o acontecimiento, arrojando la pobreza a la cara de los demás, pero… es sólo un tema: cuando abandonan la discusión, la cátedra o la página web no les afecta y no están dispuestos a abandonar sus “privilegios”, sus prebendas o el prestigio alcanzado por su discurso “tan comprometido”, aunque no quieran ver a un pobre más que en dramáticas fotografías.
Para otros la pobreza es un problema, están hartos de discutir sobre el asunto y trabajan a favor de sus pobres. Pero claro, hay tantos que no se puede abarcar a todos y tienen sus “preferidos”, lo que lleva a hacer una clasificación de pobres y pobrezas y cada uno se queda con “la que mejor le cae”. Hay que valorar su trabajo y su vida aunque a veces existe el peligro de que, buscando justicia para algunos, se cometan injusticias con otros.
La pobreza creo que es un misterio, me supera y nunca entenderé que el pecado del hombre lleve a vivir tantas injusticias en el mundo entero, pero sé que en los pobres me encuentro con Cristo, que están llamados a la vida eterna, que Jesucristo, el Mesías (“¿Quién decís que soy?” Pedro le contestó: “Tú eres el Mesías”) vivió pobre y no sólo económicamente: “tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. Por esto, aunque nunca podré solucionar la pobreza del mundo procuraré ver en cada persona a un hijo de Dios, no me fijaré en su “vestido o su anillo en el dedo”, intentaré “no juzgar con criterios malos” y pensar como Dios, no como Satanás.
No es sencillo todo esto y menos en un folio, pero cuando reces (con el corazón o con la vida, que la oración de la vida es la caridad) pídele a Santa María, pobre y humilde, que nunca “denigremos ese nombre tan hermoso que lleváis como apellido” y jamás “usemos” a los pobres sino que les sirvamos y amemos como a Cristo.

EL PELUQUERO

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Santiago 1, 19-27; Sal 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5 ; San Marcos 8, 22-26

Sinceramente no puedo presumir de una hermosa mata de pelo, es más, cada día gasto menos champú y más gel. En las pocas ocasiones en que voy al peluquero me pongo completamente en sus manos ya que me quita las gafas y mi imagen reflejada en el espejo se convierte en una nebulosa sin rasgos definidos (como el ciego del evangelio de hoy: “veo hombres, me parecen árboles pero andan”). Cuando me cambian de parroquia tengo que buscar una peluquería de esas de “toda la vida” para que no les dé por hacerme un “new look” , raparme al cero media cabeza o hacer peinados exóticos (aunque tienen poco margen para la imaginación dada la escasez de materia prima). Cuando recupero la vista me veo en el espejo y me parece que estoy igual que entré, tengo mi imagen interior con el pelo corto, pago y me voy tan feliz.
El ciego del Evangelio de hoy necesita encontrarse con Cristo y re-encontrarse con Él. Podría parecer que en este caso el milagro le salió mal al Señor, pero a mi me gusta pensar que en la vida nos hace falta encontrarnos y reencontrarnos con Cristo cada día, a cada momento, y es que tenemos la manía de engañarnos a nosotros mismos con cierta frecuencia, como nos recuerda el apóstol Santiago. Al igual que yo tengo mi “imagen interior” con el pelo corto (poco, pero corto), a veces tenemos la idea de nuestra vida interior como cristiana y casi perfecta. Aunque vayan creciendo las pequeñas infidelidades, las faltas de piedad, los abandonos en la caridad, las críticas infundadas y, de vez en cuando, nos demos cuenta, somos como “aquel que se miraba la cara en el espejo, y apenas se miraba, daba media vuelta y se olvidaba de cómo era”. Creemos que vemos bien pero “me parecen árboles”: tenemos el problema de acostumbrarnos a ver mal, a tener la certeza de que en nuestra vida cristiana no nos hace falta más, de que lo estamos haciendo bien (mejor que bien, estupendamente) y no examinamos nuestra vida cara a cara con Jesucristo. Escuchamos la palabra de Dios pero para “oír y olvidarla”, hacemos oración pero sin que eso implique cambiar nuestra vida, asistimos a la Eucaristía pero no salimos más enamorados del Señor. En resumidas cuentas, que poco a poco resulta que “su religión no tiene contenido”. Es cierto, un día nos encontramos con Cristo y empezamos a ver el mundo de una manera diferente, pero no le dejamos que vuelva a acercarse a nuestra vida no vaya a ser que “veamos todo con claridad” y nos demos cuenta de que lo primero que tenemos que hacer es cambiar nuestro modo de “funcionar”. Quizá no nos guste, evidentemente, este cambio de rumbo porque no pensamos que “el que se concentra en la ley perfecta, la de la libertad, y es constante, no para oír y olvidarse, sino para ponerla por obra, éste encontrará la felicidad en practicarla”. No tengas miedo a hacer un examen profundo de tu vida delante del sagrario, deja que el Señor te abra más los ojos. No temas hacer un examen cada noche de cada día y deja que el Espíritu Santo te ayude a hacer propósitos concretos para mañana. Si tu corazón tiembla ponlo en las manos de María y ella, que es la Madre del Amor Hermoso, te descubrirá la alegría de fiarte del Señor y caminar con él, llenando de contenido tu religión y tu vida.

MARILYN

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Santiago 1, 12-18; Sal 93, 12-13a. 14-15. 18-19; San Marcos 8, 14-21

Billy Wilder, Marilyn Monroe, Tom Ewell, Oscar Homolka, Carolyn Jones, Evelyn Keyes, Sonny Tufts, Robert Strauss, Marguerite Chapman, Victor Moore, Donald MacBride, Carolyn Jones nunca se debieron leer la carta de Santiago (que, por cierto, Lutero no consideraba como canónica y no aparece en la Biblia Luterana, así que no es extraño). ¿Quiénes son todos esos personajes? Son el director y los actores de la famosa película “La tentación vive arriba” (aunque el título original poco tiene que ver con la traducción) que “inmortalizó” a Marilyn e hizo a todas las mujeres tomar precauciones ante las rejillas de los respiraderos del metro.
“La tentación vive arriba”… Podríamos pensar alguna vez que las tentaciones nos acechan continuamente y, claro, como uno no puede ganar todas las batallas acabo cayendo, al menos, en alguna. Incluso algunos piensan que Dios manda las tentaciones como si tuviera un afán irrefrenable de vernos humillados: parece que vivimos rodeados de tentaciones, arriba, abajo, por los lados y que nuestra vida es una continua lucha en la que tenemos todas las de perder.
“¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís?” Los discípulos están preocupadísimos por la falta de pan, han visto los milagros de Jesús pero siguen pensando mundanamente, sin confiar más que en sus propias fuerzas. Los que viven agobiados por las tentaciones se parecen a los discípulos, no acaban de confiar en la gracia de Dios sólo confían en sus propias fuerzas e incluso malinterpretan a Dios o no le entienden.
“A cada uno le viene la tentación cuando su propio deseo lo arrastra y seduce”. Cuando salgo a dar un paseo por el campo con un amigo biólogo el paseo es apasionante (bueno, a veces mi amigo se pone un poco pedante y aburre hasta a las ovejas) pues se fija en cada planta, animalillo, gusanito o árbol que hay a lo largo de nuestro camino. Es lo que se llama “deformación profesional”, para mí todo son plantas y bichos, para él son coleópteros, y los claveles son “Dianthus semperflorens”. Algunas veces podemos tener “deformación profesional” con las tentaciones: todo nos parece una tentación, se nos va la vista, el tacto, el oído o la lengua y parece que ya tenemos entablada la lucha. Procura tener “formación profesional”, es decir, descubre la maravilla de la gracia de Dios, de los dones que nos concede cada día, de las maravillas de la creación. Así no te pasarás la vida “luchando contra molinos de viento” sino disfrutando de todo “don perfecto” que, ése sí, “viene de arriba”, y descubriendo que “cuando me parece que voy a tropezar, tu misericordia, Señor, me sostiene; cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos son mi delicia”. “¿Y no acabáis de entender?”, Dios no quiere que luches en vano, Santa María sabía que la gracia de Dios actuaba en ella y era dócil al Espíritu Santo. Pídele que te enseñe.

¡¡¡ MENUDA DICHA!!!

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Santiago 1, 1-11; Sal 118, 67. 68, 7l. 72. 75. 76 ; San Marcos 8, 11-13

Ha sido un fin de semana movidito, los sacerdotes –al contrario que la mayoría de los mortales- temblamos ante los fines de semana y éste venía cargadito: nueve bautizos de niños de nueve años, seis bautizos más en otras dos tandas, predicar un retiro a unas religiosas, cuatro Misas, confeccionar la hoja parroquial, los asuntos normales del día a día y sacar un hueco para escribir el comentario. Normalmente escribir estos comentarios me relaja, me leo las lecturas de la semana, rezo con ellas y se me van ocurriendo ideas para expresar en este folio, pero esta vez empezamos la carta de Santiago que con un lenguaje claro y sencillo, como quien escribe a un amigo, nos da varapalos hasta en el paladar. Comencemos.
“Que el colmo de vuestra dicha sea pasar por toda clase de pruebas”. ¡Ya estamos!, ¿es qué no nos van a dar un respiro?, la gente “normal” (aquí las comillas son importantes), busca la paz, la tranquilidad, el relax. De vez en cuando nos viene bien una emoción, algún “extra” pero en el fondo de nuestro corazón anhelamos la bendita rutina, controlar nuestra vida, no sufrir más imprevistos y sobresaltos que los estrictamente necesarios… ¿qué es eso de pasar por todo tipo de pruebas? Ni que la vida cristiana fuese como el “Gran Prix” y nuestro Señor como Ramón García soltándonos la vaquilla y haciéndonos andar por gigantescos rodillos imposibles de superar, pero Santiago insiste “Sabed que al ponerse a prueba vuestra fe, os dará aguante”.
En el Evangelio los que ponen las pruebas son los fariseos y el Señor, dando un profundo suspiro (ya comentamos los suspiros de Jesús), “los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla”. Entonces en qué quedamos, las pruebas ¿son malas o buenas?, pues responderemos a la gallega: Depende.
Los fariseos quieren una prueba no para afianzar su fe sino para probar a Dios. Podría haber hecho el Señor que el sol y la luna bailasen “la conga” y hubieran seguido sin creer en Él. Ésas son las pruebas que a veces ponemos a Dios: “Si Dios me escuchase haría lo que yo quiero” y como no lo hace seguimos viviendo como si Dios no existiese y seguramente si nos lo concediese no nos llevaría a la conversión, a cambiar de vida, incluso nos pavonearíamos de lo bien que exigimos a Dios. Poner esas pruebas a Dios es malo, es pensar que si Dios quiere que seamos castos nos tiene que anular la pasión de la carne, creer que si Dios quiere que seamos honrados nos tiene que tocar la bono-loto, suponer que si queremos servir efectivamente a Dios nos tendrá que dar una salud de hierro y no tener ni una mala gripe y, como no nos lo concede ya suponemos que no tenemos que ser castos, ni honrados ni servirle con toda nuestra vida.
Las pruebas de las que habla Santiago son reconocer realmente el pecado que hay en nuestro interior, el “hombre viejo” que regresa por sus fueros y, sin asustarnos de nuestra flaqueza, pedir “con fe, sin titubear lo más mínimo” a Dios que “da generosamente y sin echar en cara” la gracia para vivir como lo que somos, pecadores redimidos por la muerte de Cristo en la cruz y su gloriosa resurrección, pobres pero “orgullosos de nuestra alta condición”; entonces, por la gracia de Dios, tendrás el aguante que nace de la confianza.
Pídele a la Virgen que vivamos como ella, conscientes del don de Dios y que cuando vengan las pruebas (que vendrán) las superemos con la gallardía del corazón enamorado.

¿CLONES O DONES?

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Jeremías 17, 5-8; Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 ; Corintios 15, 12. 16-20; San Lucas 6, 17. 20-26

Menudo lío se ha armado con todo el asunto de la clonación de los embriones humanos: las imágenes en televisión de pequeñas agujas atravesando las células, opiniones de médicos, biólogos, actores, políticos, amas de casa, sanos, enfermos, de cualquiera que tenga algo que decir – o que no tenga nada que decir pero que le pongan un micrófono delante- comentando eso de los “fines terapéuticos”.
“Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor”, así comienza hoy la lectura de Jeremías. Esta semana he tenido que ir dos veces al crematorio, dos veces he oprimido el botoncito que cierra las cortinas quitando de la vista el féretro que contiene un cuerpo que en breve será pasto de las llamas, en los dos casos esos cuerpos estaban ya inanimados tras una lucha con el cáncer, en ambas situaciones la familia sufría la separación tanto del más joven (cincuenta y pocos) como del mayor (setenta y muchos). La muerte es una realidad que no podemos esquivar, más pronto o más tarde esta carne nuestra se corrompe y aguardará el día de la resurrección universal. Buscar la fuerza en algo tan débil es una triste ilusión, algún tiempo después la muerte, ese enemigo que será el último en ser vencido, reclamará sus fueros y siempre parecerá triunfadora. “¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos”, San Pablo nos recuerda la verdadera y única realidad en la que la muerte ha sido vencida, no somos unos “desgraciados”, somos agraciados de ser llamados de la vida a la Vida. Y la resurrección es un don gratuito de la misericordia de Dios. Ya podría yo tener clones para poder intercambiarme las orejas todos los meses y más hígados en reserva que las casquerías de “Mercamadrid”, podría haber aniquilado tantos embriones como para duplicar la población de la China continental, pero si no soy consciente de los dones de Dios de poco me valdrán los clones.
Los dones de Dios se dan a aquél que “pone su confianza en el Señor”. A los pobres, a los que tienen hambre, a los que lloran, a los odiados, excluidos, insultados y proscritos les acompaña la dicha de Dios y ésta es eterna. Podremos carecer hasta de lo necesario para vivir, hasta de salud, pero tendremos la paz y alegría que sólo el Espíritu Santo es capaz de dar. A los ricos, los saciados, los que ríen y los “respetados” les acompañan los “ayes”, esa dicha es pasajera y, como los cadáveres, se pudren en poco tiempo, no llena el corazón, deja insatisfecho.
Ojalá se gastasen tantos litros de tinta para describir la bondad de Dios con los hombres como para comentar los descubrimientos de la clonación, pero nos encanta quedarnos en lo inmediato y descuidar lo eterno. Pide al Señor por los científicos para que encuentren soluciones a tantos males que asolan a la humanidad, pero que nunca asuman el papel de Dios. María, madre amorosa de todos los enfermos, dales a todos tu entereza al pie de la cruz.

ESAS ALEGRÍAS TAN BREVES

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hechos de los apóstoles 13, 46-49; Sal 116, 1. 2 ; San Lucas 10, 1-9

“Noches alegres, mañanas tristes; borracho mío…¿dónde estuviste?.” Cada vez más personas los domingos por la mañana (o lo que ellos llaman “por la mañana” ,es decir, hacia las dos del mediodía), mascan en su boca la reseca, el resultado de ese “planazo” propuesto el día anterior y que, casualmente, era el mismo de todos los fines de semana, que dejará huellas en sus neuronas y en su hígado, pero no en su corazón. Buscar la alegría parece difícil, siempre va unida al miedo a que se acabe (“poco dura la alegría en casa del pobre”, por seguir con los dichos), a que la alegría sea un momento y que la época de prueba dure bastante más. Por eso se nos proponen alegrías momentáneas, una tras otra, esperando que no se acaben o, por lo menos, que nos hagan más corta la espera entre un momento placentero y otro, entre una copa y otra, una pastilla y otra, un “rollete” y otro. Hay que “vivir el momento”, “Carpe Diem” que nos grita el “Club de los poetas muertos” y un montón de películas en que se exalta el hacer lo quieras, cuando quieras, pero sin consecuencias posteriores, y que además llenan la vida de “no momentos” pues parece que es imposible “vivir intensamente” la rutina del trabajo, el estudio, los ratos con la familia…, y esos ratos se convierten en “no momentos”.
El “Carpe Diem” del rey David fue Betsabé, aprovechó “tanto” el momento que tuvo un hijo pero ¡a qué precio!, al precio de mandar matar a Urias, al precio de la muerte posterior de su hijo, al precio de perder su relación de amistad con Dios que le había designado rey de Israel. Visto desde fuera parece una barbaridad y alguno exclamará ¡Qué Dios tan cruel!, como David exclamó: “¡Vive Dios, que el que ha hecho esto es reo de muerte!” pero al comprender su pecado sólo le queda buscar la misericordia de Dios, tener ante Dios “un corazón puro”, pues comprende que ese “momento” de su vida con Betsabé no es un hecho aislado, David no tenía “no momentos”, toda su vida era delante de Dios que lo había elegido, lo había ungido y le mantenía en su presencia. Por un instante de placer, de falsa felicidad, sufrió la amargura. Sólo él y Natán comprendieron la profundidad de su pecado y, por seguir con los dichos, “en el pecado llevó la penitencia”.
A nosotros nos toca aprovechar el momento, cada momento, como si fuera el último pero sabiendo que en nuestra vida no hay “no momentos”. Cada cosa que hagas, la más espectacular o la más rutinaria, la haces en la presencia de tu Padre Dios que te quiere en cada instante, que ama – como los padres que miran embelesados los primeros pasos de sus hijos- cada uno de tus pensamientos , de tus acciones, de tus sentimientos.
Te parecerá que esto no es posible, que Dios no puede comprender el ajetreo de tu vida diaria, que estás en medio de un mar proceloso, de una tormenta en la que es imposible encontrarte con Dios, pero escúchale en el fondo de tu alma, el Señor dirá a tanta actividad desordenada: “Silencio, cállate!” y te vendrá una gran calma pues estarás con Jesús, como lo estuvo María, como lo han estado los santos.

¡EFFETÁ!

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Libro de los Reyes 11, 29-32; 12, 19; Sal 80, 10-11 ab. 12-13. 14-15 ; san Marcos 7, 31-37

“Effetá”, no se si pronuncio bien esta palabra pero me gusta cómo suena. A veces los sacerdotes realizamos los sacramentos con prisas o en grupos muy numerosos y nos saltamos esta parte del ritual del bautismo. A mí me gusta hacerlo y consiste en que al niño recién bautizado el sacerdote le toca con un dedo los oídos y la lengua- como sucede en el evangelio de hoy- para que Dios le “conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre” (éste es otro motivo para bautizar cuanto antes a los niños, cuando son más mayores, muerden).
Ignoro si será por saltarnos esta parte del ritual (que es opcional, no es que el que no lo haga lo esté haciendo mal), pero parece que en esta generación se nos ha quedado un nudo en la garganta y un tapón de cerumen en las orejas que nos impiden escuchar y transmitir la Palabra de Dios. “Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos”, desde luego no es nada original el no querer escuchar a Dios e incluso el no dejarle hablar. la humanidad parece que siempre lo ha intentado y siempre lo intentará con total falta de éxito. Cada día me encuentro con más personas que se dicen católicas, que acuden a la parroquia a “exigir” sacramentos, pero que niegan la existencia de un Dios personal, que cuando vas a sus casas y propones bendecir la mesa se ponen en la postura de los episcopalianos americanos (manos juntas, cabeza gacha, ojos cerrados) que han visto en la última película del Harrison Ford mientras esperan un discursito sobre la bondad de la familia y no una sencilla oración de acción de gracias, personas que ignoran qué es un sagrario y niños que a la hora de hacer la comunión siguen llamando al Cuerpo de Cristo “la pastillita”.
¡“Effetá”! habría que gritarles al oído, ¡Ábrete! habría que decirles mientras se les pasa un limpiador por la garganta (nota al margen: ¿Por qué no existe la palabra “desatascador”?, confieso mi ignorancia, yo creía que existía). Ese nudo en la garganta, ese tapón en los oídos es el pecado que quiere que no conozcas el amor de Dios, que vuelvas la espalda a la cruz donde pende tu Redentor, que intentes apagar las llamas del fuego que el Espíritu Santo pone en tu alma. Acuérdate de San Agustín: “Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”, esa pesadumbre que tienes en el corazón, esa penumbra que cubre tus ideales, esa tristeza que ocultas bajo estentóreas risotadas, saldrán de ti a la vez que tu pecado. Deja que el Señor te aparte un poco de la gente, comienza a hablar con quien te puede dar el perdón de Dios por medio de la Iglesia, deja que vayan fluyendo fuera de ti esos humores malolientes que te impiden conocer a Dios y entonces oirás, hablarás, serás feliz. Ponte en manos de la Virgen que es una estupenda auxiliar de otorrinolaringología (esta palabreja si que existe y mira que es fea, no es tan bonita como “desatascador”) y déjate curar por Jesucristo.

LAS RESPUESTAS DE DIOS

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Libro de los Reyes 11, 4-13; Sal 105, 3-4. 35-36. 37 y 40 ; San Marcos 7, 24-30

Pocas veces en el Evangelio escuchamos respuestas en las que Jesús aplace algo que le piden de corazón (no esas peticiones de los escribas y los fariseos para ponerlo a prueba, sino de personas que ponen en Él su confianza). Hoy es una de ellas. Otras ocasiones en que parece que Jesús se niega a escuchar a los que le piden algo: en las bodas de Caná a su madre santísima y cuando le avisan de que su amigo Lázaro está enfermo y se muere. En todas ellas el Señor se sobrepasa en generosidad cuando ve la fe probada como oro en crisol.
Hoy una mujer pagana, fenicia de Siria, de la que ni tan siquiera sabemos su nombre le pide la curación de su hijita y recibe lo que parece una negativa, “no está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Pero la mujer no baja la cabeza y se va a buscar a otro, cuando una madre se arranca no hay quien la pare y como sabe que el Señor puede hacerlo, no ceja en su intento y responde con la misma gallardía: “También los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”, y por esa valentía su hija queda curada.
Enfrentarse a Dios, puede parecer una blasfemia pero creo que a veces es necesario y desde luego es mucho mejor que intentar comprarlo o acostumbrarse a Él. Muchas veces en el Antiguo Testamento los patriarcas y profetas se han “enfrentado” con Dios, le han pedido explicaciones o le han intentado “regatear” sus decisiones y lo hacían desde el convencimiento de que Dios les escuchaba y que haría siempre lo mejor. En tu oración nunca te des por vencido, nunca digas: “Dios no me ha escuchado”; continúa clamando sin cesar, no pierdas la constancia, no digas “ya se me ha acabado la paciencia” y desesperes. El Señor te escucha y sabe, mejor que tú, lo que te hace falta. Si eres constante verás que en el mejor momento- no antes- el Señor te dará aquello que de verdad necesitabas, aunque no fuese lo que tú habías imaginado. No seas como esa pobre mujer que desconsolada lloraba por la calle diciendo: “Dios me ha fallado, no volveré más a Misa, me ha traicionado y no ha escuchado mi oración, n hace justicia, no creo ya ni que de verdad exista”. Cuando le preguntabas el por qué de tanta desolación, qué no le había concedido Dios, qué le había hecho perder la fe, te contestaba: “Se ha llevado a mi madre, ha muerto mi madre y Él la podía salvar”. Su madre tenía 97 años (ella 75) y no entendía que la muerte es inexorable para todos pero que- en pocos años- volvería a encontrarla (por la misericordia de Dios) en el cielo, llena de vida y de amor de Dios, que realmente sí la había salvado aunque su egoísmo la llevase a pensar que era mejor tener a su madre anciana, medio demente y paralítica a su lado.
Pide siempre, no pares, no te canses, no seas como Salomón que ya creía que no le hacía falta pedir nada al Señor pues lo tenía todo y lo perdió todo, desvió su corazón y aún así el Señor no le abandonó completamente. Pide junto con María, ella sabe arrancar esos milagros -que no salen en la prensa pero conceden la paz- al corazón misericordioso de su Hijo.

LA CASETA DE MI PERRO

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Libro de los Reyes 10, 1-10; Sal 36, 5-6. 30-31. 39-40 ; San Marcos 7, 14-23

Hace unos años, cuando mi labor pastoral estaba en cuatro pueblos de la sierra, me dispuse a hacer con un montón de palés viejos, una sierra, un poco de cola y unos clavos una caseta para mi perro. En mi cabeza la idea estaba clarísima y era sencilla de realizar, aunque a la hora de la realización ninguna madera tenía la misma medida, los clavos se doblaban y la construcción tenía una curiosa tendencia a la horizontalidad. Mientras intentaba superar las dificultades técnicas en el pórtico de la Iglesia (que era mi taller al aire libre improvisado), una voz me dijo a mis espaldas: ¿Qué hace?. Me volví y me encontré con Jose (sin tilde, porque era tan pobre que no tenía ni para acentos), un mendigo de los pies a la cabeza. Tenía una edad indeterminada, barba descuidada de varios meses, dos abrigos a cual más raído en uno de cuyos bolsillos asomaba un cartón de vino, zapatos con más heridas que un gallo de pelea, una manta enrollada a la espalda a modo de mochila y sujeta con dos viejos cinturones y el color de la piel como el de una estrella de cine tras sus sesiones de rayos UVA, pero conseguidos en su caso por el sol y una pátina de suciedad a la que acompañaba ese olor acre y ácido del que sólo se lava con el agua de lluvia. Sin embargo, tenía una mirada clara, limpia, transparente que ahuyentaba el temor que pudiera ocasionar su lamentable aspecto. Me pidió pasar la noche en el pórtico de la Iglesia, lo cual acepté. Le conseguí un colchón, una manta nueva y él se ofreció para acabar la caseta del perro, entre otras muchas cosas había sido carpintero. Cenamos juntos, me contó su vida, sus estudios, sus trabajos y cómo tras arruinarse y perder su matrimonio decidió vagabundear y ahora así se encontraba feliz. Al día siguiente la caseta del perro estaba acabada, él siguió su camino y, habitualmente, una vez al año, venía a dormir al portalillo de la parroquia.
Ahora haz tú el comentario a las lecturas de hoy:“Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre”. “En sabiduría y riquezas superas todo lo que yo había oído”. “De dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad”. ¿Dedicas tanto tiempo- al menos-, para cuidar tu interior como en cuidar tu imagen exterior?. ¿Te molesta tanto un pecado, aunque no sea grave, como una mancha en tu mejor traje y tardas tan poco tiempo en limpiarla?. ¿Juzgas (o te juzgas) por las apariencias y no miras el corazón?.
Jose, el mendigo, debería asearse y asentarse en la vida, pero prefiero mil “Joses” con el corazón limpio y la mirada clara que una persona con una fachada imponente y olor a “Christian Dior” pero que ha dejado a su padre abandonado en una gasolinera. La Virgen nunca actúa desde fuera, si la dejas preparará tu interior para que allí puedas encontrar a Cristo.

Marzo 2017
L M X J V S D
« Feb    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031