Domingo de la 2ª semana de Pascua – 18/04/2004

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Comentario Pastoral
LA FE EN EL RESUCITADO

Este domingo, que cierra la octava de Pascua, suele llamarse “in albis” es decir, de las vestiduras blancas que habían llevado los nuevos bautizados durante toda la semana.

Todos, cristianos de ayer o desde hace mucho tiempo, somos de alguna manera “recién nacidos”, tenemos la necesidad de comprender mejor” que el bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido”, como reza la Oración colecta de la Misa.

El relato de la aparición de Cristo a los diez apóstoles y luego a Santo Tomás, muestra aquí su luz y su certeza, a la vez que expresa por -boca del mismo Tomás la fe de todas las generaciones cristianas: “Señor mío y Dios mío”. Debemos pensar que los cristianos muchas veces, como los Apóstoles, estamos encerrados por el miedo a los hombres y unidos por la muerte. Es necesario que venga y se aparezca Cristo, que abra puertas y ventanas, para que salgamos a testimoniar la fe pascual, a proclamar que con la resurrección el futuro se ha hecho presente. Este futuro nuestro es cuestión de fe, no de evidencia. Por eso es necesario superar un concepto táctil y comprobador de tener que meter las manos para estar seguros de lo que creemos.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Cristo, nuestra Pascua ha sido inmolado.
Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna,
los creyentes atraviesan los umbrales del reino de los cielos;
porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida
y en su resurrección hemos resucitado todos.


Prefacio pascual II


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 5, 12-16

Sal 117, 2-4. 22-24. 25-27a

Apocalipsis 1, 9-1 la. 12-13. 17-19

San Juan 20, 19-31

Comprender la Palabra

Este Domingo es al mismo tiempo el segundo de Pascua (del Tiempo Pascual) y el último día de la Octava de Pascua. Es, por tanto, el Domingo presente y el Domingo pasado, prolongado, distendido, hasta el Día de Hoy, el Octavo. La Celebración del solemnísimo Día de la Pascua abarca la Semana de Pascua; más aún, los Cincuenta Días (pentecostés) del Tiempo Pascual.

La Lectura del Evangelio -la misma en los tres ciclos- es insustituible; recoge la doble Aparición del Señor Resucitado: la ocurrida aquel Día, el Primero de la Semana, al atardecer (el Domingo pasado) y la ocurrida “a los ocho días”, es decir, Hoy.

Las dos Apariciones tienen su nexo en el Apóstol Tomás.

Los Relatos de Apariciones del Señor Resucitado son sobrios. Lejos de ser “reportajes ” periodísticos, no pretenden satisfacer nuestra curiosidad, describiendo la inefable experiencia, que vivieron los agraciados. Son Evangelio, Buena Noticia, para los creyentes, en el sentido más pleno de la palabra. Tienen además una e vidente finalidad catequética y misionera,

Los domingos del Tiempo Pascual las Lecturas Bíblicas no han sido escogidas por su relación entre ellas. Hay sin duda una unidad de Jondo: El Acontecimiento de la Pascua. La lª Lectura, en los tres cielos, es del Libro de los Hechos de los Apóstoles – en el Tiempo Pascual no se lee del Antiguo Testamento- y la 2ª Lectura, en el ciclo C, en que estamos, es del Libro del Apocalipsis. En el ciclo A se lee de la Carta 1ª de San Pedro y en el ciclo B, de la Carta 1ª de San Juan. Estos Escritos nos introducen acertadamente, mejor que otros, en el clima de novedad de la Pascua.

San Lucas, en los comienzos de su Obra los Hechos de los Apóstoles, nos presenta tres Resúmenes sobre la vida de la Iglesia en aquellos primeros tiempos. Intenta presentarnos un modelo-patrón de Iglesia ideal para la Iglesia de todos los tiempos y de todas las latitudes. Este año (ciclo C) escuchamos el Tercero de los resúmenes.

En la 2ªLectura se nos describe la primera Visión del Señor Resucitado (Epifanía, Cristofanía) que tiene el Autor del Apocalipsis, ordenándole describir las sucesivas Visiones-Revelaciones sobre el sentido, finalidad, de la Historia -Historia de Salvación- desde la perspectiva de la Pascua, En domingos sucesivos escucharemos visiones, revelaciones, descritas en este Libro.



Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Los primeros frutos


Aunque es comprensible que algunos piensen que lo verdaderamente importante en el proceso sinodal no es su preparación, sino la celebración de la Asamblea Sinodal que se reunirá, Dios mediante, en el curso 2004-2005, no es del todo exacto. Es evidente que los trabajos actuales no constituyen un fin en sí mismos y que se orientan a la Asamblea sinodal, a fin de que su reflexión sea más lúcida, más fraterno su diálogo y más audaz el compromiso con el Señor y con las exigencias de una nueva evangelización. ¿Pero quién puede negar que la participación en los grupos de consulta está produciendo ya resultados muy positivos? Vosotros mismos nos los habéis manifestado en repetidas ocasiones.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

celebrar mejor


La Cincuentena Pascual

Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo. Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya”. Los domingos de este tiempo han de ser considerados y llamados como “domingos de Pascua” y tienen precedencia sobre cualquier fiesta del Señor y cualquier solemnidad.

Los cincuenta días de Pascua se caracterizan por la ausencia de elementos penitenciales y la acentuación de los festivos. La música, el canto, las vestiduras, las flores, las lecturas y demás textos litúrgicos están orientados a expresar los sentimientos de júbilo y alegría. Se repite constamente ‘Aleluya”, que se inauguró en la Vigilia Pascual, como el heraldo de la buena noticia de la resurrección. Esta palabra, de origen hebreo, significa “alabanza de Dios” y se ha heredado del Antiguo Testamento. Es difícil traducirla exactamente. Expresa a la vez un sentimiento de alabanza y de gozo. El ideal sería cantar siempre el Aleluya.

El cirio pascual, colocado junto al ambón y el altar, bien visible, se enciende en todas las celebraciones litúrgicas de este tiempo, La aspersión con el agua bendita, recuerdo del bautismo, sustituye al acto penitencial, y es propio sobre todo de esta cincuentena. Otros elementos propios son: el canto de Gloria, la bendición solemne al final de la Misa…

Dos libros del Nuevo Testamento tienen la preponderancia durante la cincuentena pascual: los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio de San Juan. El primero sustituye en la primera lectura de la Misa al Antiguo Testamento, Muestra a lo largo de los siete domingos en el ciclo de los tres años, de una manera progresiva y paralela, diversas facetas de la vida y del testimonio de la iglesia primitiva. La Iglesia ha visto siempre una afinidad particular del evangelio de san Juan con el tiempo pascual: profundizar mejor el misterio de Cristo, Ve el desarrollo de la vida de Jesús a la luz de la gloria de la Pascua.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Hechos 4,23-3 1. Al terminar la oración, los llenó a todos el Espíritu Santo, y anunciaban con valentía la palabra de Dios.

Juan 3,1-8. El que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.

Martes 3:

Hechos 4,32-37. Todos pensaban y sentían lo mismo.

Juan 3,5a.7b-l5. Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Miércoles 3:
San Anselmo

(1033-1109), benedictino, obispo de Cantorbery (Inglaterra), teólogo insigne.
Hechos 5,17-26. Los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo.
Juan 3,16-21. Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él.


Jueves 3:

Hechos 5,27-33. Testigo de esto somos nosotros y el Espíritu Santo.

Juan 3,31-36. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano,

Viernes 3:
San Jorge



, mártir de gran veneración en Oriente y Occidente. 0 San Adalberto (+999), obispo de Praga, benedictino, mártir mientras trabajaba en la expansión del evangelio.
Hechos 5,34-42. Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús,

Juan 6,1-15. Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.

Sábado 3:
San Fidel de Sigmaringa

(1578-1622), capuchino de gran austeridad, predicador por toda Suiza, donde murió martirizado.

Hechos 4,32-37. Todos pensaban y sentían lo mismo.
Juan 3,5a.7b-1 5. Nadie ha subido al cielo, sino e que bajó del cielo, el Hijo del hombre.



Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor: Misa del día – 11/04/2004

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Comentario Pastoral
LA MAÑANA DE PASCUA

E1 alba radiante del domingo de Pascua es la imagen de Cristo Triunfante, que al salir del sepulcro ilumina una creación nueva y eterna. Es el anuncio de la última mañana, del gran día del Señor, la Parusía, el día que no tendrá ocaso. En la liturgia de Pascua la Iglesia no se cansa de festejar este día contemplando amorosamente, con emocionada gratitud, las maravillas que hizo el Señor. Todos los días son de Dios. Pero este domingo, es obra particular de Cristo Jesús, que en él hizo resplandecer su gloria convirtiéndole en el dia de la vida triunfante. Después de las penitencias de la Cuaresma y los sufrimientos de la Semana Santa la Iglesia descansa en el gozo de su Señor, que ya no morirá más.

En la mañana de Pascua tuvo lugar la primera aparición de Jesús a María Magdalena. Ella estaba llorando, sola, junto al sepulcro. Creía que lo había perdido todo. “Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano le contesta: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré”. Ve a Jesús y no le reconoce; las lágrimas le impiden ver que tiene ante sí al mismo a quien buscaba, al llorar no reconoce a quien lloraba. La vista, los sentidos no sirven ya para reconocer a Jesús en su nuevo estado de cuerpo resucitado. “Entonces Jesús le dijo: María”. Hasta este momento no había reconocido ni el rostro ni el aspecto ni la voz de Jesús. Pero al oír pronunciar su nombre es liberada de su desconfianza y enviada a anunciar el gozo de la resurrección.

Hoy todos somos enviados a los hermanos para encontrar y ver en la fe a Cristo resucitado. ¡Él está en los demás! Lo encontraremos en donde haya dos o más reunidos en su nombre. En la asamblea litúrgica de este domingo de Pascua podremos vivir la alegría en la certeza final y el gozo de ver al Señor presente en el sacramento de la Eucaristía. Ser cristiano es creer en la resurrección de Cristo, es creer que la muerte se torna en vida, la tristeza en gozo, la prueba en gracia. El cristianismo es luz y alegría.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Señor Dios, que en este día nos has abierto las puertas de la vida
por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte,
concédenos a los que celebramos la solemnidad
de la resurrección de Jesucristo,
ser renovados por tu Espíritu
para resucitar en el reino de la luz y de la paz.


Oración colecta


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

Sal 117, 1-2. l6ab-17. 22-23

Colosenses 3, 1-4

san Juan 20, 1-9

Comprender la Palabra

VIGILIA PASCUAL

Las Lecturas Bíblicas de la Celebración extraordinaria de la Palabra de Dios de la Solemne Vigilia Pascual son las mismas en los tres ciclos A, B, y C, excepto la Lectura del Evangelio, este año (ciclo C), según San Lucas.

La Lectura del Evangelio, precedida por la aclamación “Aleluya” que se inaugura esta Noche, y por el canto del Salmo 117, el Salmo Pascual por excelencia, contiene la Noticia, en la que se condensa todo el Evangelio=Buena Noticia: HA RESUCITADO. Noticia, que resuena desde nuestras celebraciones por todo el Cosmos; Noticia, que da sentido y finaliza a las Lecturas precedentes del Antiguo y del Nuevo Testamentos; Noticia, que ya venía gestándose en las páginas del Antiguo Testamento, pues, como dice el mismo Señor Resucitado a sus discipulos: “Todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de Mí (de su Resurrección de la Muerte) tenía que cumplirse”. En efecto, las Lecturas escogidas del Antiguo Testamento, de los Libros de la Ley: Génesis y Éxodo, y de los Profetas, son, como los Salmos que las comentan, anuncios proféticos del Acontecimiento de la Pascua. Acontecimiento de la Pascua que, en la Lectura del Apóstol, se nos revela en clave bautismal.

MISA DEL DíA

También las Lecturas Bíblicas de las Misas del Día del Domingo de Pascua -el Domingo primordial- son las mismas en los tres ciclos.
La Lectura del Evangelio recoge los sucesos de la madrugada de aquel Primer Día de la Semana, según San Juan. Son los mismos sucesos, a los que se refieren los otros tres Evangelistas con sus respectivas variantes. También en la Lectura del Evangelio de las misas del Día resuena la Noticia: HA RESUCITADO.
El momento culminante del Relato Evangélico está en las Palabras finales. “Vio -el sepulcro vacío y las vendas y el sudario) y creyó”, ‘pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que ÉL HABIA DE RESUCITAR DE ENTRE LOS MUERTOS”. Y el que ha resucitado no es cualquiera, sino el que Dios ha acreditado en la Sagrada Escritura como Salvación-Resurrección.
Las otras dos Lecturas recogen los solemnes testimonios de San Pedro y San Pablo, Columnas de la Iglesia: Ellos son los dos Apóstoles videntes, creyentes, testigos, del Señor Jesús Resucitado, cuyo testimonio funda la fe de la Iglesia de todos los tiempos.


Avelino Cayón


celebrar mejor


La Octava de Pascua

Los ocho primeros días del tiempo Pascual constituyen la octava de Pascua y se celebran como solemnidades del Señor”. Son una evocación continuada e intensa de la Resurrección del Señor, a través de la lectura de las apariciones, narradas por los cuatro evangelistas. Se descubre en ellas una intención ordenada y sucesiva de los hechos: la aparición de Jesús resucitado a las mujeres (Mt 28,8-15), a María Magdalena (Jn 20,11-18) -¿son dos o se trata de la misma aparición en la mañana misma de la resurrección?, a los discípulos de Emaús (Le 24,13-35), a los apóstoles reunidos en el cenáculo (Lc 24.35-48) -ambas en la tarde de aquel día-, a los discípulos junto al lago Tiberíades (Jn 21,1-14) -la tercera aparición estando los discípulos reunidos-, y la síntesis de todas las apariciones: a María Magdalena, a los dos de Emaús y a los Once reunidos (Me 16, 9-15)_ “Oh Dios, que todos los años nos alegras con la solemnidad de la resurrección del Señor; concédenos a través de la celebración de estas fiestas, llegar un día a la alegría eterna”. La primera lectura está tomada de los Hechos de los Apóstoles: la experiencia de los discípulos que “comieron y bebieron con el Resucitado”, que “eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones” y “todos pensaban y sentían lo mismo” y reunida en oración con María esperaban la manifestación del Espíritu, es el modelo de los cristianos de todos los tiempos.

Originariamente la octava de pascua fue concebida como una octava de Bautismo, para asegurar a los neófitos una catequesis postbautismal y orar por los nuevos miembros de la Iglesia. Este aspecto aparece destacado en las antífonas y en las oraciones de la Misa. ‘Les dio a beber agua de prudencia; apoyados en ella no vacilarán, los ensalzará para siempre. Aleluya”. “Señor, Dios, que por medio del bautismo haces crecer en tu Iglesia, dándole siempre nuevos hijos, concede a cuantos han renacido en la fuente bautismal vivir siempre con la fe que profesaron”. “Oh Dios, que has reunido pueblos diversos en la confesión de tu nombre, concede a los que han renacido en la fuente bautismal una misma fe en su espíritu y una misma caridad en su vida”. “Oh Dios, que con la abundancia de tu gracia no cesas de aumentar el número de tus hijos, mira con amor a los que has elegido como miembros de tu Iglesia, para que, quienes han renacido por el bautismo, obtengan también la resurrección gloriosa”.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Hechos 2,14.22-23. Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos.
Mateo 28,815. Id a comunicar a mis herma-nos que vayan a Galilea, allí me verán.

Martes 3:

Hechos 2,36-41. Convertíos y bautizaos to-dos en nombre de Jesucristo.
Juan 20,1 1-18. He visto al Señor y ha dicho esto,

Miércoles 3:

Hechos 3,1-10. Te doy lo que tengo: en nom-bre de Jesucristo, echa a andar.
Lucas 24,13-38, Reconocieron a Jesús al par-tir el pan

Jueves 3:

Hechos3,11-26. Matásteis al autor de la vida; pero Dios le resucitó de entre los muertos.
Lucas 24,35-48. Estaba escrito: El Mesías pade-cerá y resucitará de entre los muertos al tercer día.

Viernes 3:

Hechos 4,1-12. Ningún otro puede salvar.
Juan 21,1-14. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Sábado 3:


Hechos4,13-21. No podemos menos de contarlo que hemos visto y oído.
Marcos 16,9-15. Id al mundo entero y predicad el Evangelio.



Domingo de Ramos. Comienza la Semana Santa – 04/04/2004

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Comentario Pastoral
COMIENZA LA SEMANA SANTA

Con el domingo de Ramos comienza la Semana Santa, el período más intenso, significativo de todo el año litúrgico. En ella se celebra el acontecimiento siempre actual, sacramentalmente presente y eficaz, de la pasión, muerte y resurrección del Señor. La Semana Santa, que culmina con el festivo “Aleluya” de Pascua, se abre con el episodio de la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén. Agitando palmas y ramos de olivo se revive en la procesión el triunfo de Cristo. Pero estas aclamaciones de alegría durarán poco tiempo, pues enseguida resonarán la notas dolorosas de la pasión de Jesús y los gritos hostiles contra él, que a pesar de ser inocente, fue condenado a la muerte de cruz. Muchos de los que hoy grita “hosanna” el viernes gritarán “crucifícalo”.

Hoy comienzan de nuevo los días de la Pasión con los mismos papeles y actores que en el año 33: los espectadores indiferentes, los que se lavan las manos siempre, los cobardes que afirman no conocer a Cristo, los verdugos con sus látigos y reglamentos, y la misma víctima dolorida, infinitamente paciente y llena de amor, que dirige a todos su mirada de interrogación, de ternura, de espera. Y se siguen distribuyendo los papeles para que empiece el drama. ¿Quién interpreta a Simón de Cirene? ¿Quién quiere ser Judas? ¿Quién va a hacer de Verónica?

La Pasión no basta con leerla en el texto evangélico; hay que meditarla, asimilarla, encarnarla en la propia vida pudiendo ser el actor que queramos. El relato de la pasión nos hará ver al vivo (os signos del sufrimiento de Cristo, que es traicionado, escarnecido, cubierto de esputos, flagelado y crucificado. Su ejemplo altísimo de docilidad a Dios y de cumplimiento de la voluntad divina es la más esclarecedora expresión y el gesto más profundo y auténtico de amor, que llega hasta derramar la última gota de sangre para salvar a todos.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Para orar con la liturgia
Cristo, siendo inocente,
se entregó a la muerte por los pecadores
y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales.
De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa,
y, al resucitar, fuimos justificados.


Prefacio Domingo de Ramos


Palabra de Dios:

Isaías 50, 4-7

Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

Filipenses 2, 6-11

san Lucas 23, 1-49

Comprender la Palabra

DOMINGO DE RAMOS

En el Domingo 6º de Cuaresma comienza la Semana Santa, la Semana Mayor del Año Cristiano.

Lleva este Domingo dos títulos: “de Ramos” y “de la Pasión del Señor”. A uno y otro títulos corresponden respectivamente las dos lecturas evangélicas: la de la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, que se lee, cuando se hace Procesión a Entrada Solemne; y la de la Pasión del Señor, lectura prolongada, que caracteriza este Domingo.

Escuchamos este año (ciclo C) el Relato de la Pasión según San Locas. San Lucas pone de relieve, en todo su Relato Evangélico, pero, sobre todo, en el Relato de la Pasión, la Misericordia de Dios en Cristo. Así, en la Mirada de Jesús a Pedro, en la petición al Padre: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”, y en la respuesta al malhechor arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Sólo San Lucas recoge estos datos.

Al Relato de la Pasión preceden. Un fragmento de uno de los Poemas del Servidor de Dios (1ªLectura) y el Salmo 21, anuncios proféticos, en los que se describe la Pasión, en boca del futuro Mesías. En la 2ª Lectura el Apóstol recoge el Himno, en el que se compendia el Misterio de Cristo: Misterio de Encarnación, Misterio de la Pascua.

JUEVES SANTO

La Celebración Eucarística Vespertina del Jueves Santo, con la que termina la Cuaresma (cuarenta días a partir del Domingo 7′ de Cuaresma), nos sitúa en el umbral del Santísimo Tríduo Pascual.

Las tres Lecturas Bíblicas se refieren a tres actos simbólicos -ritos- La Cena Pascual Judáica (1ª Lectura: Relato de la Institución), la Cena Pascual Cristiana (2ª Lectura. Relato de su Institución); y el Lavatorio de los pies, gesto espontáneo de Jesús, que ha quedado ritualizado en la Celebración Eucarística de esta tarde (Lectura del Evangelio).

La Cena Pascual Judáica evoca el Acontecimiento de la Pascua Judáica. el Paso (Éxodo, Pascua) de Egipto a la Tierra Prometida. Este Acontecimiento es anuncio profético del Acontecimiento de la Pascua Cristiana: el Paso (Éxodo, Pascua) de Cristo -y de nosotros con Cristo- de este mundo al Padre. Acontecimiento evocado en la Cena Pascual Cristiana -la Cena del Señor-, instituida en el marco de la Cena Pascual Judáica.

El Acontecimiento de la Pascua de Cristo, en el que culmina su entrega en el servicio por amor, en obediencia al Padre (Ofrenda, Sacrificio), simbolizada (presente) en el Símbolo principal -Sacramento- de la Eucaristía fue previamente simbolizado, explicitada, en el símbolo secundario, explicativo, del Lavatorio de los pies.

En la Celebración Vespertina en conmemoración de la Institución de la Cena del Señor, (celebramos en forma condensada lo que vamos a celebrar en forma distendida el Viernes Santo -la Muerte-, el Sábado Santo -la Sepultura- y el Domingo de Pascua -la Resurrección- del Señor.


VIERNES SANTO, Conmemoración de la Pasión del Señor

La Celebración así llamada Conmemoración de la Pasión del Señor es la principal de este Día. Y, después de la Solemne Vigilia Pascual es la más importante del Triduo Sacro. Participar en esta Celebración es la mejor preparación para celebrar la Solemnidad de la Pascua en la Vigilia Pascual.

Si la Vigilia Pascual pone el acento en la Resurrección de la Muerte, en la Celebración de este Día, conmemoramos la Muerte de Cristo corno punto de partida de la Resurrección de Cristo, de nuestra Resurrección en Cristo. Por eso decirnos, “Muerte gloriosa” y Pasión Salvadora”.

En efecto, el Relato de la Pasión del Señor según San Juan (más que los Relatos de la Pasión de los otros Evangelistas) hay que leerlo en doble clave, pues tiene doble sentido: Las alusiones veladas a su exaltación a la Gloria, a su realeza y señorío sobre todo y sobre todos, a la entrega voluntaria de la vida para recuperarla como vida perennemente fecundada, son constantes en el relato de la Pasión. El mismo Cristo nos lo había predicho: “Cuando sea levantado sobre la tierra (levantado en la cruz, levantado a la gloria) atraeré a todos hacia Mí”.

Las otras dos Lecturas y el Salmo abundan en este doble sentido la Muerte de Cristo culmina en la plenitud de la Vida (“Llegado a la perfección-resurrección-“; “verá y se hartará”). Y por eso es una muerte fecunda (“justificará a muchos”; “se ha convertido para todos en causa de salvación eterna”).

En la cruz descubierta -en el momento de la Adoración de la Cruz- contemplamos al Crucificado, al exaltado en su gloria, que atrae nuestros pasos hacia Él para besar su imagen.

Y en el rezo de las Oraciones Solemnes – después de la Liturgia de la Palabra- te invocamos como Mediador nuestro ante el Padre, a Él, el Crucificado, el Resucitado, que vive para siempre intercediendo por nosotros.

En la Comunión de este Día -con la que concluimos la Celebración-, cobra todo su relieve la advertencia del Apóstol: “Cuántas veces comáis de este pan…anunciáis la Muerte del Señor hasta que El vuelva”.


Avelino Cayón


Para la Semana

Lunes 3:

Isaías, 42,1-7. No gritará, no voceará por las calles.

Juan 12,1-11. Déjala, lo tenia guardado para el día de mi sepultura

Martes 3:

Isaías 49,1-6. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra,

Juan 13,21-33.36-38. Uno de vosotros me va a entregar .. No cantará el gallo antes de que me haya negado tres veces

Miércoles 3:

Isaías 50,4-9, No me tapé el rostro ante ultrajes.

Mateo 26,14-25. El Hijo del hombre se va, coro, está escrito; pero, ¡ay del que va a entregarlo!

Jueves 3:

Éxodo 12,1-8,11-14. Prescripciones sobre la cena pascual.

1 Corintios 11,23-26. El cáliz que bendecimos es la comunión de la sangre de Cristo.

Viernes 3:

Isaías 52,13-53,12. Él fue traspasado por nuestras rebeliones.

Hebreos 4,14-16; 5,7-9. Aprendió a obedecer y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor le salvación.

Juan 18,1-19,42. Lo crucificaron, y con él a otros dos.

Sábado 3:
Vigilia Pascual, madre de todas las vigilias

Génesis 1,1-2,2. Vio Dios todo ¡o que había hecho, y era muy bueno.

Génesis 22,1-8, El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.

Éxodo 14,15-15.1. Los israelitas en medio del mar a pie enjuto.

Isaías 54,5-14. Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor.

Isaías 55,1-11. Venid a mí y viviréis. Sellaré con vuestra alianza perpetua.

Baruc: 3,9-15.32-4,4. Caminad en la claridad del resplandor del Señor,

Ezequiel 36,16-28. Derramaré sobre vosotros agua pura y os daré un corazón nuevo.

Romanos 6,3-11. Cristo una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.

Lucas 24,1-12. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?



Domingo de la 5ª semana de Cuaresma. – 28/03/2004

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Comentario Pastoral
EL PERDÓN

Resalta en este día el relato evangélico del perdón a la mujer adúltera. Este texto contrapone dos espíritus y dos actitudes: la de los letrados y fariseos, y la de Cristo. Somos como los letrados y fariseos cuando vivimos para sorprender el pecado de los demás, cuando hacemos preguntas capciosas para comprometer, cuando nos conformamos con ser externos cumplidores de todas las prácticas religiosas, cuando nos constituimos en jueces condenadores de los demás, cuando aplicamos la ley sin descubrir su espíritu. Procedemos igual que ellos si no nos damos cuenta de que estamos cargados de miserias y por lo tanto no podemos juzgar al hermano.

¿Por qué razón suplicamos benevolencia para nosotros y gritamos intransigencia para los demás? ¿Por qué preferimos apedrear a salvar? En el gigantesco patio de vecindad en que hemos convertido el mundo enseguida nos escabullimos y desaparecemos sin dejar rastro cuando somos interpelados y movidos a coherencia: “el que esté limpio de pecado que arroje la primera piedra”.

Resalta por contraposición la actitud de Cristo, el inocente que no condena, a la mujer pecadora y que morirá condenado en la cruz para pagar por nuestros pecados. La mirada y la palabra limpia de Jesús puso en pie a una mujer que estaba tirada por tierra. Salva a la mujer no tanto de las piedras cuanto de ella misma, de su pasión descontrolada, de su inmadurez afectiva.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
A tí, pues, Padre, que gobiernas el universo,
te bendecimos por Jesucristo, tu Hijo, que ha venido en tu nombre.
Él es la palabra que nos salva, la mano que tiendes a los pecadores,
el camino que nos conduce a la paz.
Dios, Padre nuestro, nos habíamos apartado de ti
y nos has reconciliado por tu Hijo, a quien entregaste a la muerte
para que nos convirtiéramos a tu amor
y nos amáramos unos a otros.


Plegaria eucarística Reconciliación II


Palabra de Dios:

Isaías 43, 16-21

Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

Filipenses 3, 8-14

san Juan 8, 1-11

Comprender la Palabra

En las Lecturas Bíblicas de los Domingos 3º, 4º y 5º de Cuaresma de este año (ciclo C) se pone de relieve, como venimos diciendo, el Aspecto Penitencial de la Cuaresma. Penitencia quiere decir cambio o conversión de … a… (paso, pascua); es la conversión pascual, que próximamente celebraremos en la Solemne Vigilia Pascual: nuestro paso, pascua, en Cristo, con Cristo. Este es el sentido de los dos grandes Sacramentos Pascuales, que celebramos- recibimos en la Noche de la Pascua: el Bautismo (la Aspersión con el agua bautismal) y la Eucaristía.

En la Lectura del Evangelio el Señor le dice a la Mujer sorprendida en adulterio. “Yo tampoco te condeno … anda, en adelante no peques más”. “Anda, en adelante”, aquí está expresado el sentido pascual de la conversión cristiana.

Y lo mismo dice el Apóstol San Pablo (2ª Lectura) al recordarnos su experiencia personal de conversión: “Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta… ” “Lo que está por delante … hacia la meta” (conversión pascual).

Y en este mismo sentido, también el Profeta Isaías (1ª Lectura) pone en boca del momo Dios estas palabras: “No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo, mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?”.

Lo “antiguo”, lo de “antaño” fue el paso, pascua, de Egipto a la Tierra Prometida; lo “nuevo, que está brotando” es el paso, pascua, de los desterrados en Babilonia a la Patria. “Así habla el Señor, que abrió camino en el mar” -dice el Profeta. En ambos casos. conversión al camino de Dios, camino de liberación.

El Salmo, complemento de la Lectura, es el canto agradecido de los deportados, que regresan.

El anuncio profético de Isaías tiene su plenitud de sentido más allá de lo que el Profeta supone: Anuncia la gran conversión de la Humanidad, liberada en Cristo, por el camino que conduce a la Patria definitiva. Conversión y liberación, que se nos anticipan en el perdón de Cristo a la Mujer Adúltera; en el Sacramento de la Penitencia.


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

¿Cómo celebramos nuestra fe? (IV)


El bautismo, la confirmación y la eucaristía son los sacramentos que nos introducen en la vida cristiana. La catequesis nos ayuda a recibirlos como un don del amor de Dios y a corresponder a ese amor con nuestra fe y modo de vivir.

Para fortalecer diferentes momentos de la vida cristiana recibimos también otros sacramentos: la penitencia, para recibir el perdón de Dios cuando hemos pecado; el matrimonio, para santificar la vida de familia; la unción, para fortalecer la fe puesta a prueba por la enfermedad.

Las exequias cristianas no son un sacramento, pero la oración de la Iglesia cuando la muerte nos arrebata los seres queridos, sostiene nuestra esperanza y nos anima.


Cuadernillo, nº 3, pág. 72

celebrar mejor


Domingo de Ramos

E1 próximo domingo, último domingo de Cuaresma, denominado “Domin-go de Ramos en la Pasión del Señor”, inauguramos la Semana Santa, que “tiene la finalidad de recordar la Pasión de
Cristo desde su entrada mesiánica en Je-rusalén”. Jesús entra y toma posesión de su ciudad, pero no como un guerrero que avanza con su ejército, sino como un Mesías humilde y manso, La proce-sión de los ramos, rito de entrada de la misa, es en honor de Cristo rey, y su ca-racterística es el júbilo, anticipo de la Pascua. Por eso los ornamentos son ro-jos y se cantan himnos y aclamaciones a Cristo. Se empezó a celebrar en Jeru-salén. La peregrina gallega Egeria la des-cribe en su “Diario de viaje” hacia el año 380: “…al acercarse la hora undécima (las cinco de la tarde) se lee el pasaje del Evangelio en que los niños con ra-mos y palmas acudieron al Señor dicien-do: “Bendito sea el que viene en nom-bre del Señor”. E inmediatamente se le-vanta el obispo con todo el pueblo, y entonces, desde lo alto del monte de los Olivos, se viene, todo el mundo a pie.
Todo el pueblo va delante del Obispo al canto de himnos y antífonas, respon-diendo siempre: ‘Bendito sea el que viene en nombre del Señor’. Todos los pequeños de la región, hasta los que no pueden andar por ser demasiado pequeños y a quienes llevan sus padres en brazos, todos tienen ramos, unos de palmeras, otros de olivos; y as¡ se escolta al obispo a la manera que se escoltó al Señor aquel día. Desde lo alto del monte hasta la ciudad, y desde allí hasta la Anástasis (la Iglesia donde se contiene el Santo Sepulcro) atravesando toda la ciudad, toda la gente hace todo el camino a pie, incluso las mujeres e incluso los altos personajes, todos escoltan al obispo diciendo la respuesta; se va así muy despacio, muy despacio para no fatigar a la multitud, de modo que ya ha caído la tarde cuando se llega a la Anástasis. Llegados allí, aún siendo tarde, se hace, sin embargo, el lucernario y después todavía una oración a la Cruz y se despide al pueblo”. Con todo el centro de la celebración lo va a ocupar el relato de la pasión del Señor de la liturgia de la Palabra de la Misa. Este es el gran tema que la Iglesia medita a lo largo de todo este domingo, pórtico de la Semana Santa


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Daniel 13,1-9.15-17.19-30.33-62. Ahora ten-go que morir siendo inocente.

Juan 8,1 -11. El que esté sin pecado que tire la primera piedra

Martes 3:

Número 21,4-9. Los mordidos de serpiente que darán sanos al mirar la serpiente de bronce.

Juan 8,21-30. Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy.


Miércoles 3:

Daniel 3,14-20.91-92.95. Envió un ángel a sal-var a sus siervos,

Juan 8,3 1-42. Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres

Jueves 3:

Génesis 17,3-9. Serás padre de muchedumbre de pueblos.

Juan 8,5 1-59. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día.

Viernes 3:

Jeremías 20,10-13, El Señor está contigo como fuerte soldado.

Juan 10,3 1-42. Intentaron detenerle, pero se les escabulló de las manos.

Sábado 3:

Ezequiel 37,21-28. Los haré un solo pue-blo.

Juan 11,45^47. Jesús debe morir para reunir a los hijos dispersos.



Domingo de la 4ª semana de Cuaresma. – 21/03/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
EL HIJO QUE NO ERA PRÓDIGO

Se abre la liturgia de este domingo “Laetare” con una invitación a la alegría pascual, aunque aún estemos a la mitad de la Cuaresma. Hoy se proclama una de las parábolas más entrañables y conocidas, la del hijo pródigo. La gran enseñanza del hijo pródigo es su retorno, verdadera catequesis de la conversión auténtica, que tiene los pasos siguientes: 1) darse cuenta de que hemos derrochado nuestra fortuna y vivimos perdidamente; 2) recapacitar y soñar la abundancia de la casa paterna; 3) examinarse para saber lo que hay que manifestar acusándose pecador; 4) ponerse en camino, cumplir la penitencia previa de desandar nuestros malos pasos; 5) confesarse diciendo: “Padre, he pecado ……

¿Y qué decir del hijo mayor? ¿Por qué los cristianos no somos capaces de aceptar y comprender que Dios Padre tiene siempre sus brazos abiertos en un gesto inmenso de perdón? ¿Por qué no entendemos que en la casa del Padre hay sitio para todos, un puesto privilegiado para el hijo que vuelve arrepentido? Corremos el peligro de ser “hijos mayores” que se queman en casa cuando vivimos en una fría honradez legalista, cuando nuestra conducta virtuosa se hace estrecha y nos separa de los otros, cuando reducimos la vida en la casa paterna a una cuestión de reglamento y de prohibiciones, cuando no salimos en busca de quien se ha ido. ¿Quién está más lejos de casa? ¿El insensato que la ha abandonado, pero que la recuerda, o el que se ha quedado en ella sin amor?

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Tú. Dios de bondad y misericordia, ofreces siempre tu perdón
e invitas a los pecadores a recurrir confiadamente a tu clemencia.
Muchas veces los hombres hemos quebrantado tu alianza;
pero tú, en vez de abandonarnos has sellado de nuevo con la familia humana,
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
un pacto tan sólido, que ya nada lo podrá romper.
Y ahora, mientras ofreces a tu pueblo un tiempo de gracia y reconciliación,
lo alientas en Cristo para que vuelva a ti,
obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo,
y se entregue al servicio de todos los hombres.


Prefacio Reconciliación I


Palabra de Dios:

Josué 5, 9a. 10-12

Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7

Corintios 5, 17-21

san Lucas 15, 1-3. 11-32

Comprender la Palabra

Aspecto Penitencial de la Cuaresma, característico del ciclo C, en que estamos este año, aparece con todo su relieve en las Lecturas Bíblicas de este Domingo 4º de Cuaresma.

El cambio (penitencia) del “hijo menor” de la Parábola (Lectura del Evangelio), los pasos sucesivos, que va dando: desengaño, dolor, pesar, propósito de enmienda, están cuidadosamente descritos: ” … recapacitando entonces se dijo … yo aquí me muero de hambre … me pondré en camino a donde está mi padre… :’ La transformación, que en él se opera, podemos verla simbolizada en el revestimiento ordenado por el padre: “Traed enseguida el mejor traje y vestidlo, ponedle anillo en la mano y sandalias en los pies”. Es la conversión pascual.

El mejor comentario de la Parábola Evangélica lo tenemos en la exhortación, que nos hace el Apóstol (2ª Lectura).

“El que es de Cristo -dice el Apóstol- es criatura nueva, lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado” (‘vestidle el mejor traje!).

“Por medio de Cristo -sigue diciendo el Apóstol- Dios nos reconcilió consigo”. (¡El padre de la Parábola, imagen de Dios, imagen de Cristo!) “sin pedirnos cuentas de los pecados” (” ..cuando el hijo todavía estaba lejos, el padre lo vió y se conmovió y echando a correr se le echó al cuello y se puso a besarlo”). En la insistente exhortación del Apóstol.”Dejaos reconciliar con Dios en Cristo” podemos entender una velada invitación al Sacra-mento del perdón y la reconciliación.

La Penitencia -cambio, conversión, pascual- termina en el Banquete de la Eucaristía. La reconciliación de los penitentes el Jueves Santo se sellaba con la Comunión Eucarística en la Solemne Vigilia Pascual.

El hijo menor de la Parábola, que “estaba perdido y ha sido encontrado” más aún, que “estaba muerto y ha revivido” (conversión pascual) es introducido en la sala del banquete. “Y empezaron el Banquete”. El Banquete Eucarístico es el Sacramento-Fuente del perdón y de la Reconciliación; perdón y reconciliación, que se hacen expresivos en el Sacramento especifico del perdón y la reconciliación: el Sacramento de la Penitencia,

Como el hijo menor de la Parábola reconciliado con el padre e introducido en la sala del Banquete, as¡ también “los israelitas” (1ª Lectura), ‘despojados del oprobio de Egipto” e introducidos por Josué en la Tierra Prometida, “acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer”. Anuncio profético de los que, despojados del pecado, celebramos el Banquete Pascual.


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

¿Cómo celebramos nuestra fe? (III)


Jesús encargó a los Apóstoles en la última Cena: “Haced esto en memoria mía”. Desde entonces la Iglesia, fiel al encargo recibido, celebra la Eucaristía haciendo actual para los cristianos de todos los tiempos y para la humanidad entera la muerte y resurrección M Señor. La Eucaristía garantiza además la presencia viva del Señor resucitado en la Iglesia hasta el fin de los tiempos.

Por otra parte, cada vez que se celebra la Eucaristía, la Iglesia es convocada, reunida, convertida en verdadero Cuerpo de Cristo. De la Eucaristía nace la comunión: el Espíritu Santo nos une a Jesucristo y nos hermana entre nosotros. De la Eucaristía nace la misión unidos u Jesucristo, el Espíritu Santo nos hace echar de menos a los hermanos que aún no participan de la vida de familia, y nos envía a buscarlos.

Verdaderamente la Eucaristía es el centro de la vida cristiana. De la Eucaristía nace y en la Eucaristía culmina toda la vida y la actividad de la Iglesia.


Cuadernillo, nº 3, pág. 52

al ritmo de la semana


Anunciación del Señor – 25 de marzo

Todo lo que María tiene y ha llegado a ser con su libre consentimiento y colaboración se lo debe a su Hijo Jesús y a la acción del Espíritu Santo consintió libremente en ser Madre del Verbo, ella “ha respondido, por tanto, con todo su ‘yo’ humano y femenino y, en esta respuesta de fe, estaban contenidos una cooperación perfecta con la ‘gracia de Dios que previene y socorre’ y una disponibilidad perfecta a la acción del Espíritu Santo, quien perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones” (Juan Pablo 11. Redemptoris Mater, n. 13). El Espíritu Santo desciende sobre María de manera eficaz para obrar la humanización del Hijo de Dios. A la pregunta de María: “¿Cómo puede ser esto?”, o mejor, ¿cómo podré concebir virginalmente un niño?, el ángel le responde: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Le 11,34-35). Y el Credo profesa que Jesús “nace de María Virgen por obra del Espíritu Santo”. ¿Por qué este “hacerse carne” del Verbo, o sea, este hacerse hombre, ha acontecido precisamente en el seno de María, la Virgen de Nazaret? Porque jamás, en ningún otro momento de la historia humana, sucedió una tal implicación entre una criatura humana y el Espíritu Santo, y, en María, todo ha acontecido sin poner la mínima resistencia. “Por lo que nada tiene de extraño que entre los Santos Padres prevaleciera la costumbre de llamar a la Madre de Dios totalmente santa e inmune de toda mancha de pecado, como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo” (LG 56). Así, el Espíritu, a través de ella y en ella, sin encontrar ninguna resistencia, ha podido hacer plenamente presente al Verbo, lo ha “introducido en la historia”, ha unido lo visible al invisible, y así se ha cumplido el eterno designio de Dios de `recapitular todas las cosas en Cristo”. (Cf. El Espíritu del Señor. Comité para el Jubileo del año 2000. BAC. Madrid, 1997, pp. 93104. El Espíritu y María).



Para la Semana

Lunes 3:

Isaías 65,17-21, Ya no se oirán gemidos ni llantos.
Juan 4,43-54. Anda, tu hijo está curado.

Martes 3:

Ezequiel 47,1-9.12. El agua recorre el templo y desemboca en el mar saneándolo.
Juan 5,1-15-16. El agua que sana de la piscina de Betesda. Cristo cura al enfermo en sábado.

Miércoles 3:

Isaías 49,8-15. He constituido alianza con el pue-blo para restaurar el país.
Juan 5,17-30. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.


Jueves 3:
La Anunciación del Señor. Se celebra el “sí” salvador del Verbo encamado, y el “sí” generoso de la nueva Eva, virgen fiel y obediente.

Isaías 7,10-14; 8,10. Mirad, la Virgen está en- cinta.
Hebreos 10,4-10. Está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”.
Lucas 1,26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.

Viernes 3:

Sabiduría 2, 1 a. 12.22. Lo condenaremos a muerte ignominiosa.
Juan 7,1-2.10.25-30. Intentaban agarrarlo, pero to-davía no había llegado la hora.

Sábado 3:

Jeremías 11,18-20. Yo era como un cordero manso llevado al matadero.
Juan 7,40-53. ¿Es quede Galilea va a venir el Mesías?



Lunes de la 3ª semana de Cuaresma – 15/03/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
EL HIJO QUE NO ERA PRÓDIGO

Se abre la liturgia de este domingo “Lectare” con una invitación a la alegría pascual, aunque aún estemos a la mitad de la Cuaresma. Hoy se proclama una de las parábolas más entrañables y conocidas, la del hijo pródigo. La gran enseñanza del hijo pródigo es su retorno, verdadera catequesis de la conversión auténtica, que tiene los pasos siguientes: 1) darse cuenta de que hemos derrochado nuestra fortuna y vivimos perdidamente; 2) recapacitar y soñar la abundancia de la casa paterna; 3) examinarse para saber lo que hay que manifestar acusándose pecador; 4) ponerse en camino, cumplir la penitencia previa de desandar nuestros malos pasos; 5) confesarse diciendo: “Padre, he pecado ……

¿Y qué decir del hijo mayor? ¿Por qué los cristianos no somos capaces de aceptar y comprender que Dios Padre tiene siempre sus brazos abiertos en un gesto inmenso de perdón? ¿Por qué no entendemos que en la casa del Padre hay sitio para todos, un puesto privilegiado para el hijo que vuelve arrepentido? Corremos el peligro de ser “hijos mayores” que se queman en casa cuando vivimos en una fría honradez legalista, cuando nuestra conducta virtuosa se hace estrecha y nos separa de los otros, cuando reducimos la vida en la casa paterna a una cuestión de reglamento y de prohibiciones, cuando no salimos en busca de quien se ha ido. ¿Quién está más lejos de casa? ¿El insensato que la ha abandonado, pero que la recuerda, o el que se ha quedado en ella sin amor?

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Tú. Dios de bondad y misericordia, ofreces siempre tu perdón
e invitas a los pecadores a recurrir confiadamente a tu clemencia.
Muchas veces los hombres hemos quebrantado tu alianza;
pero tú, en vez de abandonarnos has sellado de nuevo con la familia humana,
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
un pacto tan sólido, que ya nada lo podrá romper.
Y ahora, mientras ofreces a tu pueblo un tiempo de gracia y reconciliación,
lo alientas en Cristo para que vuelva a ti,
obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo,
y se entregue al servicio de todos los hombres.


Prefacio Reconciliación


Palabra de Dios:

libro de los Reyes 5, 1-15a

Sal 41, 2. 3; 42, 3. 4

san Lucas 4, 24-30

Comprender la Palabra

El Aspecto Penitencial de la Cuaresma, característico del cielo C, en que estamos este año, aparece con todo su relieve en las Lecturas Bíblicas de este Domingo 4º de Cuaresma.

El cambio (penitencia) del “hijo menor” de la Parábola (Lectura del Evangelio), los pasos sucesivos, que va dando: desengaño, dolor, pesar, propósito de enmienda, están cuidadosamente descritos: ” … recapacitando entonces se dijo … yo aquí me muero de hambre … me pondré en camino a donde está mi padre… :”La transformación, que en él se opera, podemos verla simbolizada en el revestimiento ordenado por el padre: “Traed enseguida el mejor traje y vestidlo, ponedle anillo en la mano y sandalias en los pies”. Es la conversión pascual.

El mejor comentario de la Parábola Evangélica lo tenemos en la exhortación, que nos hace el Apóstol (2ª Lectura).

El que es de Cristo -dice el Apóstol- es criatura nueva, lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado” (¡vestidle el mejor traje!).

Por medio de Cristo -sigue diciendo el Apóstol- Dios nos reconcilió consigo”. (¡El padre de la Parábola, imagen de Dios, imagen de Cristo!) “sin pedirnos cuentas de los pecados” (” …cuando el hijo todavía estaba lejos, el padre lo vio y se conmovió y echando a correr se le echó al cuello y se puso a besarlo”). En la insistente exhortación del Apóstol: “Dejaos reconciliar con Dios en Cristo” podemos entender una velada invitación al Sacra-mento del perdón y la reconciliación.

La Penitencia -cambio, conversión, pascual- termina en el Banquete de la Eucaristía. La reconciliación de los penitentes el Jueves Santo se sellaba con la Comunión Eucarística en la Solemne Vigilia Pascual.

El hijo menor de la Parábola, que “estaba perdido y ha sido encontrado” más aún, que “estaba muerto y ha revivido” (conversión pascual es introducido en la sala del banquete. “Y empezaron el Banquete”. El Banquete Eucarístico es el Sacramento-Fuente del perdón y de la Reconciliación; perdón y reconciliación, que se hacen expresivos en el Sacramento especifico del perdón y la reconciliación: el Sacramento de la Penitencia,

Como el hijo menor de la Parábola reconciliado con el padre e introducido en la sala del Banquete, así también “los israelitas” (1ª Lectura), “despojados del oprobio de Egipto” e introducidos por Josué en la Tierra Prometida, “acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer”. Anuncio profético de los que, despojados del pecado, celebramos el Banquete Pascual.


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

¿Cómo celebramos nuestra fe? (II)


Los sacramentos son signos del amor de Dios, que nos transforma haciéndonos vivir su misma vida y colaborar en su trabajo. Dios es quien da el primer paso, pero nosotros tenemos que estar dispuestos a dejarnos a transformar por Dios. Por eso, quien va a recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, que empieza en el bautismo, se fortalece en la confirmación y llega a su plenitud en la eucaristía, tiene que prepararse: darse cuenta de lo que va a hacer y ejercitarse en la vida nueva en la que introducen los sacramentos.

Esta preparación normalmente no se consigue en un momento. Es un proceso prolongado, en el que se deben superar no pocas dificultades. Lo que cuenta el evangelio de san Juan que pasó al ciego de nacimiento, curado por Jesús, nos ayuda a comprender lo que pasa a quienes se preparan para los sacramentos, y a quienes los reviven y actualizan.


Cuadernillo, nº 3, pág. 36

al ritmo de la semana


Anunciación del Señor – 25 de marzo

Todo lo que María tiene y ha llegado a ser con su libre consentimiento y colaboración se lo debe a su Hijo Jesús y a la acción del Espíritu Santo consintió libremente en ser Madre del Verbo, ella “ha respondido, por tanto, con todo su ‘yo’ humano y femenino y, en esta respuesta de fe, estaban contenidos una cooperación perfecta con la ‘gracia de Dios que previene y socorre’ y una disponibilidad perfecta a la acción del Espíritu Santo, quien perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones” (Juan Pablo 11. Redemptoris Mater, n. 13). El Espíritu Santo desciende sobre María de manera eficaz para obrar la humanización del Hijo de Dios. A la pregunta de María: “¿Cómo puede ser esto?”, o mejor, ¿cómo podré concebir virginalmente un niño?, el ángel le responde: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Le 11,34-35). Y el Credo profesa que Jesús “nace de María Virgen por obra del Espíritu Santo”. ¿Por qué este “hacerse carne” del Verbo, o sea, este hacerse hombre, ha acontecido precisamente en el seno de María, la Virgen de Nazaret? Porque jamás, en ningún otro momento de la historia humana, sucedió una tal implicación entre una criatura humana y el Espíritu Santo, y, en María, todo ha acontecido sin poner la mínima resistencia. “Por lo que nada tiene de extraño que entre los Santos Padres prevaleciera la costumbre de llamar a la Madre de Dios totalmente santa e inmune de toda mancha de pecado, como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo” (LG 56). Así, el Espíritu, a través de ella y en ella, sin encontrar ninguna resistencia, ha podido hacer plenamente presente al Verbo, lo ha “introducido en la historia, ha unido lo visible al invisible, y así se ha cumplido el eterno designio de Dios de “recapitular todas las cosas en Cristo”. (Cf. El Espíritu del Señor. Comité para el Jubileo del año 2000. BAC. Madrid, 1997, pp. 93104. El Espíritu y María).

Para la Semana

Lunes 3:

Isaías 65,17-21, Ya no se oirán gemidos ni llantos.
Juan 4,43-54. Anda, tu hijo está curado.

Martes 3:

Ezequiel 47,1-9.12. El agua recorre el templo y desemboca en el mar saneándolo.

Juan 5,1-15-16. El agua que sana de la piscina de Betesda. Cristo cura al enfermo en sábado

Miércoles 3:

Isaías 49,8-15. He constituido alianza con el pue-blo para restaurar el país.

Juan 5,17-30. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.

Jueves 3:
La Anunciación del Señor. Se celebra el “sí” salvador del Verbo encamado, y
el “sí” generoso de la nueva Eva, virgen fiel y obediente.


Isaías 7,10-14; 8,10. Mirad, la Virgen está en- cinta.

Hebreos 10,4-10. Está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”.

Viernes 3:

Sabiduría 2, 1 a. 12.22. Lo condenaremos a muerte ignominiosa.

Juan 7,1-2.10.25-30. Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado la hora

Sábado 3:

Jeremías 11,18-20. Yo era como un cordero manso llevado al matadero.

Juan7,40-53. ¿Es quede Galilea va a venir el Mesías?



Domingo de la 3ª semana de Cuaresma – 14/03/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
CONVERSIÓN INAPLAZABLE

Jesús nos enfrenta con el realismo de la vida y de la historia. Nos enfrenta a cada uno con sus propias responsabilidades. Nos lleva a reflexionar sobre los acontecimientos, a descubrir el significado de la historia que a cada uno nos toca vivir y el sentido hondo de los hechos colectivos, políticos, en los que todos estamos implicados.

Estos sucesos, nos señala Jesús, son signo de la precariedad del hombre sobre el mundo y de la maldad que nos rodea y amenaza por la culpa que vamos segregando todos. Nos conducen desde la fe, a sentir la solidaridad en la culpa y a comprender la gravedad del momento, por insignificantes que nos puedan parecer nuestras faltas personales. Nos descubren nuestra condición de pecadores y nos reclaman estar prontos para la conversión. Son como invitación de Dios a abrirnos más allá de sí mismos. Son como índices de lo que Dios quiere: que yo pecador me convierta y viva, descubriendo por mí mismo lo que es justo.

Conversión significa estar abiertos al misterio del reino como don de amor y urgencia de un cambio que es posible. Sin este cambio, llegará la muerte como pérdida y fracaso. Si nos convertimos, el mal, el dolor, la muerte serán camino hacia el misterio, hacia la vida de Dios que ya tenemos.

No cabe el pesimismo sombrío; sino la conversión y la esperanza en un cambio fundamental que permita a la persona y a la comunidad humana y eclesial realizar su destino. Si las cosas van mal no cabe resignarse, desmoralizarse o inhibirse, sino ponerse manos a la obra para enderezar el rumbo torcido y colocar la vida, la historia, en su ruta verdadera.

Esta es la llamada a la conversión, propia del tiempo de Cuaresma y de todo tiempo; si no os convertís, todos pereceréis.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Por Cristo concedes a tus hijos anhelar, año tras año,
con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua,
para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno,
por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida,
lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios.


Prefacio I Cuaresma


Palabra de Dios:

Éxodo 3, 1-8a. 13-15

Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 11

Corintios 10, 1-6. 10-12

san Lucas 13, 1-9

Comprender la Palabra

Las lecturas Bíblicas de los Domingos 3º, 4º y 5º de Cuaresma ponen de relieve sucesivamente en los tres ciclos A, B y C, los tres Aspectos principales, que caracterizan la Cuaresma, a saber, el Aspecto Pascual, el más relevante, en el ciclo B, el Aspecto Catecumenal, en el ciclo A; y el Aspecto Penitencial, en el ciclo C., en que estamos.

La Cuaresma nace ante todo como tiempo de preparación para celebrar la Solemnidad de la
Pascua (Aspecto Pascual). Posteriormente, enseguida, será también el tiempo de preparación intensi-va a¿, los catecúmenos, que recibirán los Sacramentos Pascuales. Bautismo, Confirmación y Eucaristía, en la Noche de la Pascua. Y será también el tiempo de preparación intensiva de los penitentes (según la antigua forma del Sacramento de la Penitencia), que serán reconciliados con la Iglesia en la mañana del Jueves Santo,

Sin embargo, en Cuaresma todos somos catecúmenos, que en la Solemne Vigilia Pascual recibiremos la Aspersión del agua bautismal, y todos somos penitentes, invitados a recibir el Sacramento de la Penitencia.

Penitencia quiere decir cambio de manera de pensar, conversión de nuestros desvíos al camino de Dios. En este sentido la reiterada advertencia del Señor en la Lectura del Evangelio. “Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Sólo el Camino de Dios lleva a la vida, es decir, a laperficción, a la plenitud, de la vida eterna.

Moisés (2ª Lectura), en la Teofanía de la Zarza, que arde sin consumirse, es llamado por Dios, para que abandone el camino elegido de su huída, de su seguridad personal, y se convierta al camino, que Dios le señala: volver a Egipto para sacar de allí al Pueblo de Dios y conducirlo (Éxodo, Pascua) por el camino del Desierto a la Tierra Prometida.

El Apóstol San Pablo (2ª Lectura) evoca aquél Camino (Éxodo, Pascua) -conversión al Camino de Dios- y al evocarlo no puede menos que pensar en los dos grandes Sacramentos Pascuales, que celebraremos en la Solemne Vigilia Pascual :”Nuestros padres atravesaron el mar (Rojo) y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar y todos comieron el mismo Alimento Espiritual (el maná) y todos bebieron la misma bebida Espiritual (el agua de la roca)… ” Pero no perseveraron en el camino, se extraviaron y “perecieron “.

El Apóstol nos advierte que “esto sucedió en figura (anuncio profético) para nosotros… y que fue ese rico para escarmiento nuestro “. Pura que cuanto hemos sido bautizados en Cristo y recibimos el mismo Alimento Espiritual y la misma Bebida Espiritual (el Sacramento de la Eucaristía del Cuerpo y de la Sangre de Cristo) no caigamos en la tentación de desviarnos del camino de Dios y perezcamos.


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

¿Cómo celebramos nuestra fe? (II)


Los sacramentos son signos del amor de Dios, que nos transforma haciéndonos vivir su misma vida y colaborar en su trabajo. Dios es quien da el primer paso, pero nosotros tenemos que estar dispuestos a dejarnos a transformar por Dios. Por eso, quien va a recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, que empieza en el bautismo, se fortalece en la confirmación y llega a su plenitud en la eucaristía, tiene que prepararse: darse cuenta de lo que va a hacer y ejercitarse en la vida nueva en la que introducen los sacramentos.

Esta preparación normalmente no se consigue en un momento. Es un proceso prolongado, en el que se deben superar no pocas dificultades. Lo que cuenta el evangelio de san Juan que pasó al ciego de nacimiento, curado por Jesús, nos ayuda a comprender lo que pasa a quienes se preparan para los sacramentos, y a quienes los reviven y actualizan.


Cuadernillo, nº 3, pág. 36

al ritmo de la semana


San José, esposo de la Virgen María – 19 marzo

San José es “el hombre justo” que Dios dio por esposo a la Virgen Madre, “el servidor fiel y prudente que puso al frente de su familia, para que, haciendo las veces de padre cuidara a su único Hijo, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo nuestro Señor” (Prefacio). El esposo de María es guía seguro y amoroso, defensa y sostén en la pobreza del trabajo cotidiano (carpintero) y en la tormenta de la persecución (huída a Egipto). No se conserva ninguna palabra de San José, pero se dice de él que fue dócil a la voz de Dios: su silencio que acata la voluntad de Dios es más elocuente que muchas palabras. Su obediencia es extraordinaria, inspirada en una gran fe para admitir el prodigio de la virginidad de su esposa y madre a la vez, extraño y contrario a cualquier expectativa mesiánica de su tiempo. El Mesías será hijo de David porque José, desciende de David, del linaje. José, el hombre justo y bueno, descubre el misterio de la presencia y de la acción de Dios en su esposa, y sabe situarse ante él, primero con el gesto de retirarse y luego obedeciéndole en la misión que se le confía. José fue guardián de Cristo y de su madre virgen, los dones más grandes que Dios podía confiar a un hombre. “Señor, protege sin cesar a esta familia tuya … y conserva en ella los dones que con tanta bondad le concedes”.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

2 Reyes 5,1-15a. Muchos leprosos había en Israel, sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán el sirio.
Lucas 4,24-30. Jesús igual que Elías y Elíseo, no ha sido enviado únicamente a los judíos

Martes 3:

Daniel 3,25.34-43. Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde.

Mateo 18,21-35. El padre no os perdonará si cada cual no perdona de corazón a su hermano

Miércoles 3:

Deuteronomio 4,1.15-9. Escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir.

Mateo5,17-19. Quien cumpla y enseñe los preceptos del Señor será grande en el reino de los cielos.

Jueves 3:

Jeremías 7,23-28. Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios.

Lucas 11,14-23. El que no está conmigo está contra mí.

Viernes 3:
San José, esposo de la Virgen María.

2 Samuel 7,4-5a. 12-14a. 16. El Señor Dios le dará el trono a David su padre.

Romanos 4,13-16-18.22. José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Mateo 1, 1 6.18-21,24a. José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

o Lucas 2,41-5 1 a. Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Sábado 3:

Oseas 6,Ib-6. El Señor no quiere sacrificios ni holocaustos, sino misericordia y conocimiento de él.

Lucas 18,9-14. La oración auto-justificante del fariseo en el templo. Oración justificada del publicano humillado ante el Señor.



Domingo de la 2ª semana de Cuaresma – 07/03/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
SUBIR ES TRANSFIGURARSE

Tan importante corno vivir en la llanura de¡ trabajo cotidiano y de la lucha por la justicia y el desarrollo, es saber subir a lo alto de la oración y adquirir así visión y sentido de transcendencia. Quien se queda siempre en el valle de lágrimas del mundo y no asciende a la cercanía de Dios, pierde la perspectiva del cielo y no ve la gloria blanca de la transfiguración.

Dice el Evangelio de este segundo domingo de Cuaresma que Cristo subió a lo alto de una montaña para orar y que allí el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de blancos. El blanco es el color de las manifestaciones divinas, el color de Dios. El blanco demuestra alegría y gloria, es signo de fiesta y de comienzo. Los cristianos deberíamos cambiar un poco el color de nuestra vida, de nuestra fe, esperanza y caridad. Es demasiado indefinido, poco brillante. Nos vestimos de tiniebla, nos cubrimos con apariencias, nos autodefendemos con nuestros tonos oscuros para no tener que mostrar a la luz nuestras manchas. Es urgente recobrar el blanco resplandeciente de la oración y de la cercanía de Dios.

Pero no hay que engañarse, no siempre se vive en éxtasis, en transfiguración, en luz. Hay que superar la tentación de quedarse en lo alto estáticos diciendo. ¡qué hermoso es estar aquí! y refugiándonos en falsas tiendas de campaña. Hay que bajar al valle de lo concreto y del trabajo en el mundo. El ritmo de subidas y bajadas, de transfiguraciones breves en espera de la definitiva, de alegrías y tristezas, de cansancios y descansos es la verdad de la vida.

La verdadera transfiguración es una subida hacia la escucha de la Palabra del Hijo de Dios, palabra que viene de lo alto y no es fruto del pensamiento terreno, palabra que es luz y visión de eternidad.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Cristo,
después de anunciar su muerte a los discípulos,
les mostró en el monte santo
el esplendor de su gloria,
para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas,
que la pasión es el camino de la resurrección.


Prefacio II domingo de Cuaresma


Palabra de Dios:

Génesis 15, 5-12. 17-18

Sal 26, 1. 7-8a. 8b-9abc. 13-14

Filipenses 3, 17-4, 1

san Lucas 9, 28b-36

Comprender la Palabra

El Domingo 2º de Cuaresma, en los tres cielos A, B y C, en la Lectura del Evangelio, escuchamos el Relato de la Transfiguración del Señor,

Hay correspondencia entre el Relato de la Estancia de Jesús en el Desierto (Evangelio del Domingo 1º de Cuaresma) y el Relato de la Transfiguración. ¿A dónde conduce la travesía del Señor por “el Desierto” de este mundo, durante su ministerio mesiánico, en su incesante combate (Tentaciones) contra las fuerzas del Mal, que aparentemente vencer. (Pasión y Muerte de Cruz)? Y la respuesta no es otra sino ‘7a Resurrección Gloriosa del Señor, anticipada momentáneamente en la Teofanía de la Transfiguración, Jesucristo transfigurado (los tres Apóstoles “ven su gloria”) es declarado por el Padre “Hijo suyo “, su Palabra, a quien “hemos de escuchar”, con la fuerza del Espíritu Santo, simbolizado por “la nube”.

“Moisés y Elías” (que simbolizan la Ley y los Profetas, es decir, toda la Sagrada Escritura – El Antiguo Testamento-), observa San Locas, “hablaban con Jesús de su Éxodo (salida, Pascua, Paso), es decir, de “su muerte, que iba a consumar en Jerusalén ” (entiéndase su Resurrección de la muerte).

Hay semejanza entre la Teofanía de la Transfiguración del Señor y la que escuchamos en la l’ Lectura, El Señor, Dios, simbolizado en “la Humareda de horno” (¡la Nube de la Transfiguración!) y “la Antorcha ardiendo ” (¡la Luz de la Transfiguración!), le promete a Abraham darle la Tierra a el y a sus descendientes, con el rito de un juramento, que, según la costumbre, consistía en pasar entre los miembros descuartizados de animales, como diciendo “así me vea yo, si no cumplo lo prometido”.

En la Transfiguración del Señor Dios nos anuncia su promesa -¡Alianza Nueva Eterna de Dios con nosotros de nuestra resurrección en Cristo, como el Apóstol nos dice. “Nosotros somos ciudadanos del cielo (de la Tierra prometida a Abraham, es decir, de “los ciclos nuevos y la tierra nueva”), de donde aguardamos un Salvador, el Señor Jesucristo, El transformará nuestra condición humilde (Transfiguración = Resurrección de la muerte), según el modelo de su condición gloriosa (Cristo Transfigurado = Resucitado Glorificado) con esa energía que posee para sometérselo todo”. (2ª Lectura).

En la Solemne Vigilia Pascual, en los dos grandes Sacramentos Pascuales, el Bautismo y la Eucaristía, se nos anticipa ya nuestra transfiguración, transformación, resurrección, en Cristo.



Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

¿Cómo celebramos nuestra fe? (I)


Bautismo, confirmación y eucaristía son los sacramentos de la iniciación cristiana. A través de ellos la Santa Madre Iglesia nos hace nacer para una vida nueva: nacemos, crecemos y nos alimentamos como discípulos de Cristo,

De la celebración de estos sacramentos depende nuestra unión con Cristo, nuestra pertenencia a la Iglesia y nuestra participación en su misión evangelizadora en medio del mundo, Por eso es fundamental que estos sacramentos se celebren de un modo consciente y provechoso.

Todos pasamos por un intenso proceso educativo para poder participar en la vida de nuestra familia, de la sociedad y del ambiente que nos rodea. Es un aprendizaje para la vida.

También la Iglesia ofrece un “itinerario de iniciación” para hacerse cristiano. Sus etapas están marcadas por los sacramentos del bautismo, de la confirmación y de la eucaristía. La catequesis, estrechamente vincularla a los sacramentos, es elemento fundamental de la iniciación cristiana, porque nos ayuda a recoger con fe, consciente y gozosamente, la acción que Dios realiza en nosotros, incorporándonos plenamente a la Iglesia.


Cuadernillo, nº 3, pág. 30-32

celebrar mejor


Los tres sentidos de la Cuaresma

La Cuaresma es como un trenzado de tres hilos conductores. Los tres hilos son tres sentidos principales. Estos tres sentidos – que se manifiestan sobre todo en los domingos 3º, 4º y 5º de Cuaresma- son estos- el sentido pascual, el sentido penitencial y el sentido bautismal. Estos tres sentidos, propios de toda cuaresma, se acentúan uno u otros sucesivamente año tras año. Así, en la Cuaresma del año pasado se acentuó el sentido bautismal y en la Cuaresma del año que viene se acentuará el sentido penitencial, como en la Cuaresma de este año se acentúa el sentido pascual.

Veamos uno por uno este triple sentido o finalidad de la Cuaresma: Primero, el sentido pascual. La Cuaresma es el tiempo requerido, necesario, para prepararnos, sensibilizarnos, para celebrar provechosamente el Misterio de la Pascua, el Misterio de Cristo muerto, sepultado y resucitado, el Misterio nuclear de nuestra fe, el Misterio de nuestra muerte-resurrección en Cristo, que celebramos en la gran solemnidad del Tríduo Pascual.

Segundo, el sentido penitencial. La Cuaresma es el tiempo en que los penitentes, separados de la comunión eclesial, intensifican su esfuerzo penitencial, ayudados por la plegaria de la Iglesia, para ser reconciliados con la absolución sacramental y ser admitidos en el Banquete de la Pascua. Pero en Cuaresma todos somos penitentes, necesitados de la reconciliación y del perdón, que brotan del Misterio de la Pascua.

Y por último, el sentido bautismal. La Cuaresma es también el tiempo oportuno, en que intensifican su preparación los que van a ser bautizados y confirmados en la Noche de la Pascua, para participar también por vez primera en la Eucaristía. Pero no son ellos solos, todos somos catecúmenos en Cuaresma. Todos debemos prepararnos en Cuaresma como si empezáramos de nuevo a ser cristianos. Todos seremos rebautizados en la Vigilia Pascual por la aspersión del agua bautismal. Esa Noche la Iglesia entera nace de nuevo; todos somos neófitos, nuevas plantas.


Avelino Cayón

Para la Semana

Lunes 3:

Deuteronomio 9,4b-10. Nosotros hemos pecado, hemos cometido iniquidad.

Lucas 6,36-38. Perdonad, y seréis perdonados.

Martes 3:

Isaías 1,10.16-20. Aprended a obrar bien, buscad la justicia.

Mateo 23,1-12. Ellos no hacen lo que dicen.

Miércoles 3:

Jeremías 18,18-20. ¡Venid y le heriremos !

Mateo 20 17-28 Lo condenaron a muerte

Jueves 3:

Jeremías 17,5-10. Maldito quien confía en el hombre: bendito quien confía en el Señor.

Lucas 16,19-3 1. Tú recibiste bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentro aquí consuelo mientras que tú padeces.

Viernes 3:

Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28. ¡Ahí viene el soñador! ¡Venid, matémosle!

Mateo 21,33-43.45-46. Este es el herede-ro, ¡venid, matémosle!

Sábado 3:

Miqueas 7,14-15.18-20. Arrojará a lo hondo del mar todos nuestros deli-tos.

Lucas 15,1-3.11-32. Este hermano tuyo es-taba muerto y ha resucitado.



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