“Entrégame el balance de tu gestión”. Estas palabras supusieron no sólo un verdadero compromiso para el administrador injusto sino la antesala de toda una sentencia: “quedas despedido”. El final de la parábola puede resultar un tanto desconcertante: el amo felicita al administrador injusto. Sin embargo, es felicitado por la astucia con que ha procedido, no por el modo injusto de administrar, por eso no se cambia la sentencia: “quedas despedido”. El Señor quiere enseñar a sus discípulos de entonces – y a nosotros – dos lecciones importantes: se nos pedirá entregar “balance de nuestra gestión”, que implicará una sentencia, y debemos ser astutos en esa gestión para ser felicitados por la justicia y la astucia. Tener esto en cuenta nos ayudará a “gestionar” mejor los dones y las gracias recibidos, a aplicarlo para sacar adelante el querer de Dios sobre cada uno de nosotros.

La muerte es esa llamada de Dios. El Catecismo nos recuerda en el número 1021: “la muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo (cf. 2 Tm 1, 9-10). El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro (cf. Lc 16, 22) y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón (cf. Lc 23, 43), así como otros textos del Nuevo Testamento (cf. 2 Co 5,8; Flp 1, 23; Hb 9, 27; 12, 23) hablan de un último destino del alma (cf. Mt 16, 26) que puede ser diferente para unos y para otros».

Son muchos los textos de la Sagrada Escritura que nos revelan la verdad del juicio, de la llamada a entregar “balance de nuestra gestión”. Por eso llama la atención tanto silencio en la predicación, en la catequesis,… “Y nos mandó que predicásemos al Pueblo, y que diésemos testimonio de que él está constituido por Dios juez de vivos y muertos” (Hch 10, 42) ¡Cristo les mandó que avisen! “Y del mismo modo que está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio.” (Hb 9, 27): ¡Lo ha decretado Dios! No depende del hombre, de lo que nos parezca más o menos oportuno ¡Ya ha sido establecido así por Dios! “Así pues, cada uno de vosotros dará cuenta de sí mismo a Dios” (Rm 14, 12). Nadie queda fuera de esta “entrega de cuentas”, “todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, bueno o malo” (2 Cor 5,10). Será el fin de las apariencias.

Todo se pondrá al descubierto, “porque nada hay oculto que no haya de manifestarse; ni secreto que no acabe por conocerse y hacerse público” (Lc 8, 17). Con una luz recibida de Dios, veremos en un instante y con toda profundidad los méritos y las culpas de nuestra vida en la tierra. Nuestras buenas obras y nuestros pecados. Se nos harán evidentes nuestras omisiones, vanidades, soberbias, mentiras, rencores,… Y también, los detalles de servicio, el perdón sincero, la generosidad, los trabajos hechos con y por amor,… Vale la pena hacer un examen de conciencia profundo y sincero para dar cuentas de nuestra gestión ahora, cuando todo puede ser subsanado con una buena confesión. “El hombre, mientras permanece en la carne, no puede evitar todo pecado, al menos los pecados leves. (…) ¿Cuál es entonces nuestra esperanza? Ante todo, la confesión…” (S. Agustín, Comentario de las Cartas de San Juan, 1,6)

María, Auxilio de los cristianos y Refugio de los pecadores, ayúdanos a gestionar bien los dones recibidos por me dio de tu Hijo, para poder presentar un balance de nuestra gestión que pueda terminar con esta sentencia: ven a mi bendito de mi Padre (cf. Mt 25, 34)