La esperanza, ayuda para el camino

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Timeo, tal y como nos relata el Evangelio, se sienta junto al camino por donde pasará Jesús, con el fin de poder verle y pedirle un milagro: recuperar la vista. Por ello, en cuanto se entera del paso de Jesús “se puso a gritar: ¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!”. Ante la oposición de “muchos” insiste gritando más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”. Timeo insiste porque desea fuertemente ser curado, pero no le mueve únicamente el deseo de la curación. Se suma la confianza en el poder de Cristo para curarle.

Bartimeo hace todo esto: ponerse en camino, gritar fuerte cuando muchos le increpaban para que se callara, porque en su corazón late la esperanza de encontrarse con Jesús y le cure. La esperanza no es un simple deseo, es un deseo con confianza, por tanto, la esperanza debe apoyarse en algo que dé esa confianza: las propias fuerzas, la ayuda de otra persona o personas,… En el caso de Timeo la confianza está en el poder de Cristo. De este modo la esperanza es “motor”, impulso. Ante tantas cosas buenas que deseamos y necesitamos y hemos de poner nuestra confianza en el poder de Dios. Él hace que todas las cosas cooperen para bien de aquellos que le aman (cf. Rm 8, 28)

En este sentido la fe y la esperanza están íntimamente relacionados, la esperanza necesita el apoyo de la fe: sin fe no hay esperanza. Sin saber que Dios es alcanzable no se puede confiar en alcanzarle. El cristianismo no es sólo “buena noticia, una comunicación de contenidos desconocidos hasta aquel momento. En nuestro lenguaje se diría: el mensaje cristiano no era sólo informativo, sino performativo. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva” (Benedicto XVI, Enc. Spes salvi, 2). Por eso la ausencia radical de esperanza acaba con enorme frecuencia en el suicidio: la vida ha perdido su sentido.

El catecismo de la Iglesia Católica define la virtud teologal de la esperanza como la “virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo” (n. 1817). Esa confianza en la acción de Dios no es pasividad, no hacer nada a la espera de que todo lo haga Él. Vivir de esperanza es hacer como Timeo: salir al borde del camino, clamar a Cristo y cuando le mandan callar insistir con más fuerza.

La esperanza no es egoísta. Modernamente se observa una cierta tendencia a despreciar la esperanza, precisamente al afirmar que se trata de algo egoísta: vivir por el premio. Desear la propia salvación, la propia santidad y felicidad, el premio, es algo bueno y sobrenatural, pues no es más que otra forma de desear a Dios: Él mismo desea todo eso para mí y, si le amo de verdad, yo también debo quererlo. El deseo de la propia felicidad, bienaventuranza, bienestar, etc., es, en sí mismo, bueno, y está presente en lo más íntimo del corazón humano, además de constituir el objeto de la esperanza cristiana; otra cosa es que, en la práctica, ese deseo pueda estar corrompido y deba ser purificado, sobre todo cuando se centra en una felicidad meramente humana, egoísta, ajena al amor y a la esperanza sobrenatural.

Pidamos a la que es “causa de nuestra alegría” remueva en nuestras almas el deseo de ver a Dios y la confianza en su Omnipotencia Misericordioso.

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Comentarios (2)

  • Gustavo

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    Excelente reflexión,me viene como anillo al dedo.No me cansaré de suplicar al Señor por mi salud y la de los demás, por conseguir un mundo lleno de paz para todos.Que aumentemos la fe.

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  • soledad

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    Pienso muchas veces, qué nuestra esoeranza es creer y saber que Dios nos espera.
    magnifica Spe Salvi, pag.1

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