La vida cristiana es milicia

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El camino que lleva a la Vida no es un camino cómodo y facilón. El Señor nos advierte de muchas formas animándonos a lucha por alcanzarla. “Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la perdición, y muchos entran por ella. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida!”.

Cualquiera que se plantee seguir a Cristo descubre la necesidad de combatir todos los días contra un sin fin de enemigos interiores. San Agustín en el Comentario al Salmo 99 especifica alguno de estos enemigos: “todos los días hay combates en nuestro corazón. Cada hombre en su alma lucha contra un ejército. Los enemigos son la soberbia, la avaricia, la gula, la sensualidad, la pereza… Y es difícil que estos ataques no nos produzcan alguna herida”. Hemos de luchar, pero abandonados en las fuerzas del Señor, apoyándonos en Él, fiados en Él. “Fiado en ti, me meto en la refriega, fiado en mi Dios asalto la muralla” – Sal 170, 30 -, la muralla de mi pequeñez, la muralla de mis defectos,… Si luchamos confiados en la misericordia de Dios, aunque seamos derrotados muchas veces, podemos estar confiados en la victoria final. “Si Aquel que ha entregado su vida por nosotros es el juez de esta lucha, ¿qué orgullo y qué confianza no tendremos? En los juegos olímpicos, el árbitro permanece en medio de los dos adversarios, sin favorecer ni al uno ni al otro, esperando el desenlace. Si el árbitro se coloca entre los dos contendientes, es porque su actitud es neutral. En el combate que nos enfrenta al diablo, Cristo no permanece indiferente: está por entero de nuestra parte. ¿Cómo puede ser esto? Veis que nada más entrar en la liza nos ha ungido, mientras que encadenaba al otro. Nos ha ungido con el óleo de la alegría y a él le ha atado con lazos irrompibles para paralizar sus asaltos” –San Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, 3, 9-10 –.

Combatir el combate de la fe sin mirar nuestros defectos. “No es que ya lo haya conseguido, o que ya sea perfecto, sino que continúo esforzándome por ver si la alcanzo, puesto que yo mismo he sido alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo no pienso haberlo conseguido aún; pero, olvidando lo que queda atrás, una cosa intento: lanzarme hacia lo que tengo por delante, correr hacia la meta, para alcanzar el premio al que Dios nos llama desde lo alto por Cristo Jesús” – Fil 3, 12 – 14 – Como nos recordaba San Juan Pablo II, “la santidad cristiana no consiste en ser impecables, sino en la lucha por no ceder y volver a levantarnos siempre, después de cada caída. Y no deriva tanto de la fuerza de voluntad del hombre, como del esfuerzo por no obstaculizar la acción de la gracia en la propia alma, y ser, más bien, sus humildes colaboradores.” – Juan Pablo II, Alocución, 23 – III – 1983 – Sin desanimarnos ni darnos por vencidos. Cuando decimos no puedo, esto es superior a mis fuerzas,…; se pregunta el Papa Juan Pablo II: “¿pero cuáles son esas concretas posibilidades del hombre? ¿De qué hombre se habla? ¿Del hombre dominado por la concupiscencia o del hombre redimido?” – Juan Pablo II, Alocución, 1 – III – 1984 -.

No podemos olvidar que no estamos solos en la lucha. Nuestra Madre nos acompaña e intercede por nosotros para que podamos recorrer con alegría y esperanza el camino que lleva a la Vida.

 

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Comentarios (1)

  • Gustavo José

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    La lucha es hasta el final de nuestra vida terrenal y la idea es caer menos,bendito sea El Señor por siempre

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