Cristo fundamento de la vida cristiana

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca”. Es preciso poner en práctica las enseñanzas de Jesús. No basta con reconocer cuanta sabiduría hay en sus palabras o admirarnos de la belleza de sus propuestas. No bastan, pues, las buenas disposiciones e intenciones. Para entrar en comunión con Cristo, para participar de su victoria sobre el pecado y alcanzar el Reino de los Cielos. El Señor es tajante en este punto: “no todo el que diga Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre”. Es necesario luchar por hacer criterio de nuestras decisiones, de nuestros actos, la enseñanza del Evangelio.

Esta lucha por vivir teniendo como modelo a Cristo no es posible realizarlo por nuestras propias fuerzas. Por ello no es posible edificar “la vida” sobre roca, sobre Cristo, si no es con la ayuda de la gracia, que previene a nuestra acción, la hace posible y la sostiene. Sin esta experiencia de la intervención y el poder de la gracia en cada uno, ninguno seríamos capaces ni siquiera de intentar hacer de la voluntad de Dios la fuente de nuestras decisiones. Como nos recordaba Benedicto XVI en la encíclica “Deus caritas est,” n. 1, “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (n. 1). Sólo después de este encuentro surge en cada hombre la necesidad de dar una respuesta. Por esta razón, se comienza a edificar sobre roca cuando se pone como cimiento de nuestra vida la vida de Dios en cada uno. Es decir, cuando se comienza a construir sobre la gracia sacramental: la confesión, la Eucaristía, la oración. Por tanto, los sacramentos no son meros ritos, ni costumbres. Son fundamento de la vida cristiana. Ser cristiano es ante todo poder clamar con San Pablo: “vivo yo; pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” – Gal 2, 20 -. No se trata de una simple comparación, sino la expresión de un misterio que nos desborda. Y precisamente por ello, nos permite lanzarnos a vivir del cumplimiento del querer divino.

La gracia sacramental nos renueva por dentro y nos capacita para esa respuesta, para esa lucha por vivir de la voluntad de Dios. “Conducir una vida basada en los sacramentos, (…), significa ante todo por parte del cristiano, desear que Dios actúe en él para hacerle llegar en el Espíritu a la plena madurez de Cristo (Ef 4,13). Dios, por su parte, no lo toca solamente a través de los acontecimientos y con su gracia interna, sino que actúa en él, con mayor certeza y fuerza, a través de los sacramentos. Ellos dan a su vida un estilo sacramental” (Juan Pablo II, Domenicae cenae, 24-II-1980, 7). Esta gracia de Dios no es fruto de una conquista, sino de la gozosa aceptación del don de Dios, que nos regala gratuitamente su vida misma en los sacramentos.

Pidamos a María, la esclava del Señor, que consintamos en dejarnos convertir en “esclavos” que sólo quieren vivir cumpliendo la voluntad de su Amo ¡Un Amo que es Padre! ¡Un Amo que da la vida por cada uno!

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Comentarios (1)

  • Gustavo José

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    La única esclavitud que llena de gozo “ser esclavo de JESUCRISTO”.Alabado sea Jesús por siempre.

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