Audacia para anunciar a Jesucristo

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante”. Ya sabemos del éxito de estos mensajeros: “no lo recibieron”. Y de su reacción: “Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?”. Esto nos puede ayudar a prepararnos para participar del mismo rechazo hacia Cristo. Ciertamente hoy hace falta una especial audacia para ser enviado por el Señor para prepararle un sitio en el corazón de los hombres. Unos hombres que están empeñados en apartar a Dios de todos los lugares. Dios fuera de la cultura ¡como si la cultura europea pudiera entenderse sin el cristianismo! Dios fuera de “todo espacio público” ¡como si el Creador del mundo fuera ajeno al mundo! ¡como si solo tuvieran derecho a la libertad de expresión quienes se oponen a que Cristo sea anunciado!

Es necesario que los cristianos recuperemos el valor de anunciar al hombre de hoy la buena noticia de su salvación en Cristo. Y hacerlo con serenidad, con paciencia, con “don de lenguas”, pero sin miedos. “En el mundo tendréis tribulación, pero confiad: yo he vencido al mundo (Jn 16, 33). La resurrección de Jesucristo transformó a unos hombres de temerosos – encerrados por miedo a los judíos -, en hombres audaces, “encantados” de padecer por Cristo: “Entonces llamaron a los Apóstoles, los azotaron, les ordenaron no hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. Ellos salían gozosos de la presencia del Sanedrín, porque habían sido dignos de ser ultrajados a causa del Nombre” (Hch 5, 40-41). Nos decía San Juan Pablo II en Uruguay: “el renovado ardor apostólico que se requiere en nuestros días para la evangelización, arranca de un reiterado acto de confianza en Jesucristo: porque El es quien mueve los corazones; El es el único que tiene palabras de vida para alimentar a las almas hambrientas de eternidad; El es quien nos transmite su fuego apostólico en la oración, en los sacramentos y especialmente en la Eucaristía. ‘He venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda?’ (Lc 12, 49). Estas ansias de Cristo siguen vivas en su corazón.” (Juan Pablo II, 22 – V – 1988)

Superando respetos humanos y el que dirán. Es una trampa mortal el querer “quedar bien”, “que no haya problemas”. Querer ganar “la simpatía del mundo” nos paralizará. “Me habéis preguntado cual es el problema de la humanidad que más me preocupa. Precisamente éste; pensar en los hombres que aún no conocen a Cristo, que no han descubierto la gran verdad del amor de Dios. Ver una humanidad que se aleja del Señor, que quiere crecer al margen de Dios y hasta niega su existencia. Una humanidad sin Padre, y, por consiguiente, sin amor, huérfana y desorientada, capaz de seguir matando a los hombres que ya no considera como hermanos, preparando así su propia destrucción y aniquilamiento. Por eso, quiero de nuevo comprometeros hoy a ser apóstoles de una nueva evangelización para construir la civilización del amor” (Juan Pablo II Buenos Aires, 11 – VI – 1987).

Que nuestra Madre, Reina de los Apóstoles, nos meta en el alma un fuego, un deseo grande, de anunciar a todos los hombres la salvación de Dios.

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Comentarios (2)

  • Fernando

    |

    Hablar del amor de dios provocando este tema entre amigos y familiarres, sin respetos humanos.

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  • Paco

    |

    Hermano Fernando: Comparto totalmente la opinión que has expresado.

    Hermano comentarista 5: Tus palabras me hacen mucho bien. Gracias

    Dios nos ama.

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