Dios quiere contar con nuestra oración.

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Tenemos “que orar siempre, sin desanimarse”. Dios no precisa que le presentemos nuestras oraciones para conocer nuestra necesidades. Dios quiere contar con nuestra oración, en sus planes está, porque quiere, contar con esa pequeña aportación de nuestra oración. Esto constituye un gran privilegio para nosotros. En nuestra pequeñez, con nuestra oración estamos colaborando con Dios en su gobierno del mundo. Es como si un gran pintor no quisiera dar por terminado un cuadro hasta que yo lo firme con él, así me hace coautor, cuando yo no he hecho prácticamente nada. En el cielo descubriremos la importancia de las oraciones de los hombres. Cuánto han influido en nuestra vida la oración de nuestros familiares, amigos, de tantos hombre y mujeres que desde su clausura no dejan de pedir por todos los hombres. Por ello es muy importante que los esposos recen unos por ellos – y rezar juntos en algún momento -, los padres por los hijos, los hijos por los padres, los nietos por los abuelos y estos por los nietos.

Orar con insistencia, perseverantemente es orar ante toda cuanto hacemos para pedir ayuda, para dar gracias. “El Evangelio nos presenta a Jesús haciendo oración en todos los momentos importantes de su misión. Su vida pública, que se inaugura con el Bautismo, comienza con la oración (Lc 3,21). Incluso los periodos de más intensa predicación a las muchedumbres, Cristo se concede largos ratos de oración (Mc 1,35; Lc 5,16). Antes de elegir a los Doce, pasa la noche en oración (Lc 6,12). Ora antes de exigir a sus Apóstoles una profesión de fe (Lc 9,18); ora después del milagro de los panes, él solo, en el monte (Mt 14,23; Mc 6,46); ora antes de enseñar a sus discípulos a orar (Lc 11,1); ora antes de la excepcional revelación de la Transfiguración, después de haber subido a la montaña, precisamente para orar (Lc 9,28); ora antes de realizar cualquier milagro (Jn 11, 41-42); ora en la última cena para confiar al Padre su futuro y el de su Iglesia (Jn 17). En Getsemaní eleva al Padre la oración doliente de su alma afligida y casi horrorizada (Mc 14,35-39 y paralelos), y en la Cruz le dirige las últimas invocaciones, llenas de angustia (Mt 27,46), pero también de abandono confiado (Lc 23,46). Se puede decir que toda la misión de Cristo está animada por la oración” (San Juan Pablo II, Catequesis sobre el presbiterado. Audiencia general 2 – VI – 1993; nº 1)

Estamos en un mes en que la Iglesia ora especialmente por los difuntos. Es un momento estupendo para renovar esa obra de misericordia que es rezar por los difuntos. Para Dios no hay tiempo, todo es presente, por tanto siempre es tiempo oportuno para pedir por ellos. Dios cuenta con nuestra oración para introducir en la intimidad de su vida.

La cuestión es, como se pregunta en Señor si “¿encontrará esta fe en la tierra?” Pedir a la Santísima Madre, que nos aumente esa fe, para responder a esa invitación a orar perseverantemente y pedir por las necesidades de todos los hombres.

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