El encuentro de Jesús resucitado con San Pedro, junto al lago, que nos relata el evangelio de hoy, seguramente le dejara una profunda huella en su corazón. “Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: ¿Me quieres?” El Señor le pregunta por su amor tantas como había negado conocer al Maestro. Pero es significativo que la pregunta no contiene ningún reproche. “El Señor Resucitado no se dirige a Pedro para amonestarlo o castigarlo por su debilidad o por el pecado que ha cometido al renegar de él. Viene para preguntarle por su amor. Y esto es de una enorme, elocuente importancia para cada uno de vosotros: “¿Me amas?” ¿Me amas todavía? ¿Me amas cada vez más? Sí. Porque el amor es siempre más grande que la debilidad y que el pecado. Y sólo él, el amor, descubre siempre nuevas perspectivas de renovación interior y de unión con Dios, incluso mediante la experiencia de la debilidad del pecado. Cristo, pues, pregunta, examina acerca del amor. Y Pedro responde: “Sí, Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. No responde: Sí, te quiero; más bien se confía al corazón del Maestro y a su conocimiento y le dice: “Tú sabes que te amo”(San Juan Pablo II, homilía, Valencia 8-XI-1982).

Cristo nos hace también a cada uno esta pregunta. No pregunta si vamos a equivocarnos o cederemos a nuestra fragilidad. Únicamente nos pregunta por la disposición de nuestro corazón. Y si le respondemos como San Pedro, Cristo nos dirá como a él: “pastorea mis ovejas”. Esto tiene un significado distinto para cada uno, porque Dios nos ha hecho a todos pastores unos de otros. Para los esposos es una llamada a pastorear su amor conyugal, a cuidar su matrimonio, que es el negocio más importante de sus vidas. Es como la perla de gran valor por la que vale la pena vender todo para comprarla (Cf. Mt 13, 46). El camino para amar a Cristo es “pastorear” el amor conyugal. Es decir, si me amáis cuidar los detalles de cariño, de servicio, de perdón, … El fundamento de la familia no son los hijos, sino el amor de los esposos. Es preciso estar muy persuadidos que el mayor bien para vuestros hijos es el amor de los padres (no el mejor colegio, universidad, …) lo que les ayudar a crecer como personas, a encontrar seguridad y confianza es que los padres cuiden el amor mutuo propio de los esposos, que tiene su modelo en el amor de Cristo por la Iglesia. La caridad de Cristo tiene en los esposos la forma de la caridad esponsal: no podéis amar a Cristo sin amar a vuestro esposo: Cristo viene a preguntar muchas veces: ¿me amas? Apacienta mis corderos ¡Ama a tu esposa! Pastorear vuestro matrimonio para llevaros al cielo el uno al otro. Esto es lo que implica decirle a Cristo, sí, tú sabes que te amo.

Para los sacerdotes tiene el mismo significado, aunque las concreciones son distintas. Pero para todos implica dar la vida, querer con el corazón de Cristo pastor, organizar nuestra vida en función de las necesidades de los demás, para ayudarles a encontrar el consuelo y la esperanza a la que somos llamados ¡Creados para la vida eterna, para la gloria del cielo!

Pidamos a nuestra Madre esa generosidad en su respuesta a los requerimientos de Dios para hacer llegar la salvación que es su Hijo a todos los hombres.