“Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos”. Se trata de un consejo el Señor, que conoce que no siempre nuestra intención es recta. Muchas veces no tenemos una única intención noble en lo que hacemos. Realizamos el bien, porque nos parece que eso es bueno, pero inevitablemente se añaden (o se pueden añadir) otras intenciones. Hay que hacer bien el bien”. “Cuando damos una limosna, por ejemplo, se nos pueden juntar varias intenciones: realizar una obra de caridad, que tengan un buen juicio de mí quienes lo vean, que deje de importunarme quien me está pidiendo la limosna, etc. Esto pone en evidencia la necesidad de estar atentos a nuestras intenciones. La intención es el motivo por el que hago algo, de tal manera que cuando el fin que busco desaparece, entonces no lo haría. Esto nos ayuda a determinar la verdadera intención de mis actos. Así, en el ejemplo de la limosna ¿realmente lo hago para que me vean o para ayudar?, si cuando no me ve nadie la doy de todos modos el fin verdadero es ayudar; pero si al no verme nadie no la doy, me ayuda a poner en evidencia la verdadera intención. No hemos de asustarnos de que puedan darse simultáneamente varias intenciones. Lo que deberemos hacer es rectificar con frecuencia, sin darnos muchas vueltas.

Cuando nos buscamos a nosotros mismos con nuestras decisiones y nuestros actos, nos encontramos con la respuesta de Cristo: “En verdad os digo que ya han recibido su recompensa”. Sería una pena que, poniendo empeño en realizar el bien, con sacrificio y dedicación, sin regatear esfuerzos, al final el trabajo resultara estéril porque hubiéramos buscado la alabanza de los hombres en lugar del servicio de Dios. Sin esa rectitud de intención equivocaríamos el camino de la perfección, de la santidad.

En el ejemplo que comentamos, lo que he de hacer es dar la limosna e interiormente (la intención siempre es interior) decirle al Señor: quiero hacerlo por amor a ti y al prójimo. Hacer las cosas como las haría el Señor. San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales, en la Meditación de los tres binarios, nos deja un consejo que ayudará a discernir. Elegir y hacer las cosas como las querríamos hacer si estuviéramos a la hora de la muerte en la presencia del Señor. De este modo acertaremos siempre. Si después de hacer todo lo que debemos, de haber rectificado la intención, las cosas no salen bien, nos quedamos tranquilos, seguros de que hemos obrado bien, y de que de aquel mal el Señor sacará un gran bien”. Como la razón por la cual queremos hacer “bien el bien” es por amor a Dios y al prójimo, una vez puesto todo nuestro empeño, nos quedaremos tranquilos. “Y tu padre que ve en lo escondido, te recompensará”.

Aquella que se hizo, con su vida, la “Esclava” del Señor, nos salga al encuentro, cada día, para ayudarnos a hacer todo para mayor gloria de Dios.