La fiesta de hoy, el Inmaculado Corazón de María, Madre de Jesús y Madre nuestra, está estrecha relación con la fiesta que celebrábamos ayer: Sagrado Corazón de Jesús, porque lo que hay en el Corazón de María es el amor de su Hijo porque Ella únicamente quiere lo que quiere su Hijo. En la antífona del Salmo Responsorial de la Misa de hoy, rezamos con Ella: “Mi corazón se regocija en el Señor, mi Salvador”. Es decir, que lo que hay en el Corazón Inmaculado de María es regocijo y alegría en el Señor. Por ello la Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de su Madre.

En el Evangelio se nos dice cómo “su madre conservaba todo esto en su corazón”. Pero ¿qué son esas cosas que conserva en su corazón? Son todas aquellas palabras y actos de su Hijo, particularmente cuando no entiende. Así, María es el camino ideal para adentrarnos en el misterio de Cristo y participar en él, particularmente cuando las cosas no nos gustan o no las entendemos. “Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la Estrella, llama a María (…). No te descaminarás, si la sigues; no desesperarás, si le ruegas; no te perderás, si en Ella piensas» (“San Bernardo, Homilías sobre la Anunciación II, 17.”

Hemos de aprender a “meter” en nuestra vida a María. Ella no abre siempre a la esperanza. “Cuando el desconcierto provocado por la Cruz aparece con toda su crudeza; cuando llegan crisis y desfallecimientos; cuando decae el amor conyugal y comienza a resquebrajarse la paz del hogar; cuando la penuria económica flagela un hogar y los que se llamaban amigos se comprueba que no lo eran tanto, siempre cabe el recurso de acudir a la intercesión de María. Cuando irrumpen la injusticia profesional, la calumnia, el desprestigio social; cuando crecen los obstáculos que el enemigo pone en el camino del hijo de Dios y amenazan con hacerlo fracasar, entonces, María no deja de intervenir ante su Hijo y consigue que Él arregle lo que estaba perdido.” (Echevarría, Javier. “Vida cristiana y Eucaristía”). Jesús no niega nada a quien le ha respondido siempre que sí y se halla completamente identificada con Él.

Si aprendemos a tratar a María y descubrir en su Corazón el amor de Cristo, tenemos la esperanza de que, llegar al cielo Jesús nos diga: “mi madre me ha hablado mucho de ti”.

Ninguna otra criatura vivió tan cerca de nuestra Madre, como San José, ninguna criatura supo quererla y tratarla mejor. Pidamos hoy a S. José, imítarle en el trato a María y que nos descubras las maravillas que contiene su Corazón Inmaculado.