La pregunta de algunos de los saduceos es sobre la situación de las viudas sin hijos ¿deben casarse con ella algún hermano del difunto tendría que casarse con la mujer de su hermano fallecido? Pero en realidad la cuestión de fondo es otra. Estos saduceos no creen en la resurrección y recurren a una casuística que pone difícil creer en la resurrección de los cuerpos. El Señor les responde: “los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección”. La respuesta de Cristo nos revela cómo en la vida eterna, tras la resurrección de los cuerpos: “serán como ángeles”. La resurrección de Cristo es nuestra garantía y nuestra seguridad. Esta es la clave de interpretación de nuestra vida, porque hemos sido creados para la gloria y la persona humana es una profundad unidad de alma y cuerpo.

En el Credo confesamos la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna. El Catecismo de la Iglesia Católica en los números 989-991 nos recuerda los aspectos fundamentales de lo que implica la fe en la resurrección de los cuerpos: “Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día (cf Jn 6, 39-40). El mismo Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, entonces, Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11). La “resurrección de la carne” significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros “cuerpos mortales” (Rm 8, 11) volverán a tener vida. Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. “La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella” (Tertuliano, res. 1.1).

Hoy, memoria de la Presentación de Nuestra Señora, le pedimos a Nuestra Madre, vivir con esta esperanza.