CUANDO RECÉIS.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Ya tenemos electricidad (e incluso nos llegará la factura), así que en la Misa de ayer por la tarde dimos toda la luz y estrenamos la megafonía que nos han regalado. Después de un tiempo a media luz o sólo con el brillo de las velas se agradece. Incluso hemos tenido un poco de calefacción lo que se agradece pues al irse el sol hace fresco. Es bueno rezar a gusto aunque más que por las condiciones externas tendría que decir que es bueno que nos guste rezar. No soy de ningún equipo de fútbol ni tengo tiempo para verlo (aunque a los del Real Madrid de la parroquia les hago creer que soy del Atlético y a los del Atlético del Madrid, a los del Barca les digo que no me gusta el fútbol). A pesar de mi falta de afición es imposible no ver algún partido o programa deportivo y ver a tantos cientos de personas que a pesar del frío, la incomodidad, los apretones, atascos, multas a la salida y ver siempre el mismo espectáculo lo viven con tanta pasión, incluso presumen de haber estado allí. Sin embargo (excepto en mi parroquia que son santos perdidos), a pocos veo presumir de haber ido a Misa el domingo anterior o no intentar buscar la celebración más corta, más cómoda y a mejor hora. Si eso pasa con la Misa que se toma como algo “obligatorio”, que no pasará con la oración, que nadie nos controla.
«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seas como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: “Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.” Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.» Cada día conozco a más gente joven que ha olvidado el Padrenuestro por haber dejado años de rezarlo. Conozco a gente buena que deja de rezar un día y otro, y otro más. Procura ir a Misa pero no lo toma como una oración, simplemente cumple. Dejar de rezar es fácil para el que cumple.
Pero nosotros rezamos, estáis ahí leyendo este pobre comentario, y estoy convencido que queréis rezar cada día mejor. Por eso es necesario rezar a gusto y encontrarle gusto a la oración. El sitio ayuda, estar delante del Sagrario (incluso mejor que delante de la pantalla), ayuda; saber con quién estamos es fundamental. Cuando nos ponemos a hacer oración deberíamos olvidarnos de lo que nosotros vamos a hacer y ponernos disponibles para que Dios haga en nosotros. La Palabra de Dios “no volverá a mi vacía, sino que hará mí voluntad y cumplirá mi encargo”. Tenemos que dejar que Dios vaya haciendo, no meterle prisa mirando el reloj (aunque hay que fijar un tiempo), ni prefijarle a Dios el final de nuestra oración ni nuestras conclusiones. Es ponernos en su presencia y dejar que nos sorprenda. Seguramente durante una época (un día, una semana, un mes, quince años) será muy árido y tendremos que poner esfuerzo y fidelidad. Pero un día Dios nos sorprenderá y encontraremos el gusto de todo el esfuerzo invertido.
Hay que gustar de Dios, no cumplir con Él. La Virgen gustó de Dios en sus brazos, y así hacemos nosotros. Y si no nos sale nada simplemente empezar a decir: “Padrenuestro ….”y a gustar de tan buen Padre, seguro que en su equipo ganamos.

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