23/10/2021 – Sábado de la 29ª semana de Tiempo Ordinario.

| sábado, 23 octubre 2021 | Lecturas de Misa
PRIMERA LECTURA El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros.Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 1-11 Hermanos: No hay condena alguna para los que están en Cristo Jesús, pues la ley del espíritu de vida en Cristo Jesús te ha librado de la […]
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Juan de Capistrano, presbítero (1386-1456)

webmaster | sábado, 23 octubre 2021 | Santoral
Santos: Juan de Capistrano, Teodoreto, presbíteros; Servando, Germán, Giraldo, Graciano, Teodoro, Sócrates, Teodoto, mártires; Ignacio, patriarca; Juan, Román, Vero, obispos; Benito, Severino, confesores; Bertario, abad; Sira, abadesa; Oda (Odette), viuda; Domicio, Juan el Bueno, eremitas.
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En la fase diocesana del Sínodo

El domingo pasado, en todas las Iglesias particulares diseminadas por el mundo, abríamos la fase diocesana del Sínodo, que lleva por tema Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. En el corazón de todos los que nos reunimos en la catedral de la Almudena estaba el deseo de que el gran protagonista de este encuentro en nuestra Iglesia diocesana sea el Espíritu Santo. Estamos convencidos de que, si falta Él, no hay Sínodo. Que nunca tengamos la tentación de convertir esta consulta en un parlamento o en un tiempo para sondear opiniones. Nada de eso es el Sínodo. A lo que se nos invita es a que nos reunamos en nombre de Jesucristo y pidamos al Espíritu Santo su ayuda, su ardor, su fuerza y su inspiración; que venga y nos acompañe en este momento, como lo hizo en los mismos comienzos de la Iglesia, para que, como entonces, nos pongamos en camino sin miedos, fiándonos de Aquel que nos dijo que nunca nos dejaría solos. Vamos a vivir un tiempo de escucha. No tengamos miedo a disponernos a escuchar a todos los que viven en nuestra Iglesia diocesana. Más que de buscar mayorías, se trata de compartir entre todos, con todos y para todos la pasión por la misión que tenemos los bautizados: la evangelización. Ya lo dijo el Señor antes de ascender a los cielos: «Id y anunciad el Evangelio». En esta nueva época, los discípulos de Jesucristo, la Iglesia, queremos que todos piensen y manifiesten lo que el Espíritu suscita en sus vidas como bautizados que son, en el seno de una comunidad jerárquicamente estructurada. Como recordaba el Concilio Vaticano II, los obispos estamos llamados a discernir lo que el Espíritu dice a la Iglesia no solos, sino escuchando al Pueblo de Dios, que «participa también en la función profética de Cristo» (LG 12). En este sentido, hay una página del Concilio Vaticano II que siempre me ha resonado de forma especial y que ha vuelto a mí estos días: la constitución Dei Verbum incide en que el Pueblo de Dios, reunido por su pastores, se adhiere al «depósito sagrado de la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia» y persevera en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en la oración… Así, «prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida» (cfr. DV 10). ¡Qué bueno es descubrir el camino sinodal! No es un camino para ver quién puede más o quién piensa mejor y vence. No. Al hacer este camino, la Iglesia se presenta como una profecía para este mundo. Ninguna comunidad de naciones es capaz de proponer un proyecto compartido, pero la Iglesia entiende que cada uno tiene algo que aprender del otro, que cada uno ha de escuchar a los otros y que todos escuchamos al Espíritu Santo. Haciendo este camino juntos nos unimos a todos los miembros de la Iglesia, a todos los bautizados, pues estamos unidos por el Bautismo. Pero además, como nos dice el Concilio Vaticano II, nos unimos a toda la humanidad, dado que compartimos con ella «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias» (GS 1). ¡Qué fuerza tiene descubrir quiénes somos y a qué estamos llamados como bautizados! En el Evangelio, ¿cuántas veces hemos escuchado y meditado la presentación que Jesús hace de sí mismo? Él nos dice que es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6) y, a los cristianos, nos llamaban en el origen los «discípulos del camino» (Hch 9, 2). Por… [...]