22/10/2020 – Jueves de la 29ª semana de Tiempo Ordinario.

| jueves, 22 octubre 2020 | Lecturas de Misa
PRIMERA LECTURA Que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 14-21 Hermanos: Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, pidiéndole […]
leer más

PAZ O DIVISIÓN

En ocasiones se oye aquello de que "hay que buscar La Paz a cualquier precio". Sentémonos, negociamos, pactemos, lleguemos a un acuerdo y así encontraremos la paz entre todos. Sin duda alguna la paz es un bien, algo deseable, pero es una consecuencia que se alcanza,...

leer más

Abercio, obispo (s. II-III)

webmaster | jueves, 22 octubre 2020 | Santoral
Santos: María Salomé, discípula del Señor; Juan Pablo II, papa; Marcos, Alejandro, Felipe, Abercio, Melanio, Donato, Valerio, Símaco, Verecundo, obispos; Eusebio, Hermetes, Heraclio, Nunilo (Novila = Nunilona), Alodia, Córdula, Ana, Teodota, Gliceria, Isabel, mártires; Severo, presbítero.
leer más

San Juan Pablo II

webmaster | jueves, 22 octubre 2020 | Santoral
El 18 de mayo de 1920 veía la luz en Wadowice, un pequeño pueblo al sur de Polonia, un niño sin el cual no podría entenderse la historia del siglo XX. Karol Jozef Wojtyla, futuro Juan Pablo II, conoció desgracias similares a las de sus contemporáneos en todo el mundo, pero el dedo de Dios […]
leer más

La cultura actual está marcada por un subjetivismo grave. Esta marca se manifiesta en ese individualismo feroz de sálvese el que pueda y también en un fuerte relativismo. Con frecuencia nos convertimos en medida de nosotros mismos, colocando nuestros intereses como lo primero y olvidando a los demás. Es triste que el yo sea el único criterio para valorar la realidad. Y es triste ver cómo nos encerramos en ese pequeño mundo que nos creamos, en el que no tienen cabida los grandes ideales. Todos padecemos, ya que unos dejan de mirar a los demás y otros se sienten abandonados a su propia suerte. Es urgente dejarnos tocar por Dios y abrirnos, con todos los medios, a la transcendencia. Nos permitirá descubrir que somos hermanos y nos llevará a hacer lo que esté en nuestras manos para que todos vivamos con la dignidad de hijos de Dios. La Iglesia, el Pueblo de Dios, tiene mucho que decir, pero especialmente tiene que mantener aquella pregunta que le hicieron a Jesús, «¿quién es mi prójimo?», y vivir la respuesta que Jesús quiere que demos. Desde el modo de entender al ser humano que se nos revela en Él, eduquemos para caminar juntos por esta tierra. Seamos capaces de hacer una propuesta educativa con el respeto y la consideración del otro que Dios tiene de nosotros. Aquí se cumple eso que dice el Señor: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». De Dios es el ser humano: hemos sido creados a su imagen y semejanza, somos y nos construimos en Él, por Él y desde Él. Esta oferta educativa la hizo desde el inicio la Iglesia y está presente en todas las latitudes de la tierra. El Señor nos propone un camino de vida: acercarnos al prójimo, muy especialmente a quien vemos tirado, apaleado y maltratado; arrodillarnos ante él y mirarlo; poner todos los medios necesarios para curar las heridas que tenga; prestarle nuestro apoyo, y buscar lo necesario para que recupere su dignidad… No se trata de hacer actos o gestos puntuales de ayuda, sino de devolver siempre la dignidad de hijos de Dios. Hemos de asumir el compromiso de caminar así por esta tierra, como hizo Jesucristo. A pesar de ese intento de cerrarnos en nosotros –que nos lleva a asumir roles de consumidores y espectadores– y aunque prevalezcan los intereses individuales y decrezca la dimensión comunitaria, constatamos que se están dando movimientos y deseos de abrir nuestra vida a otros. Van surgiendo grupos que no quieren quedarse encerrados en sus propios límites. Ello provoca que se comience a mirar a los demás y a todo lo creado con una novedad muy grande. Es un anhelo de fraternidad que nace cuando cultivamos la interioridad y que nos hace caer en la cuenta de que, en nuestro ser más profundo, está marcado el proyecto del Creador. Qué bien expresa el Papa Francisco: «Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad» (Fratelli tutti, 8). Muchas veces me he preguntado cómo hacer nacer el deseo mundial de fraternidad. Desde hace XXI siglos, en todas las épocas, la Iglesia ha sabido estar en medio del mundo reconociendo los valores de la cultura de su tiempo. Hoy, cuando estamos asistiendo a un cambio de época, hemos de acoger todos los valores que se han hecho presentes: conocimientos científicos, desarrollo tecnológico, derechos humanos, libertad religiosa, democracia… y, al mismo tiempo, incorporar la novedad que trae el Evangelio y que no… [...]