Yo, que he oído hablar de vuestra fe

Pues sí, ahora que ya no tenemos miedo y la expresamos con todas nuestras ansias, vivimos de nuestra fe, vivimos con nuestra fe a cuestas, apoyados en la gracia de Dios que cae sobre nosotros como suave lluvia mullida y continuada. ¿Qué?, ¿seremos ya belicosos...