NO SOLO UN BUEN MAESTRO

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Ya perdonaréis el retraso en publicar este comentario, pero el fin de semana hemos tenido la visita pastoral del Obispo y eso descentra mucho. Está bien que el Obispo esté con la gente, saludando, conociendo de primera mano la realidad de la parroquia y las inquietudes de cada uno. Los curas no solemos darnos cuenta (bueno, ¡yo qué sé de los curas en general!, Yo no me doy cuenta tendría que decir), de que para muchas personas es un acontecimiento saludar al Obispo. Nosotros estamos más acostumbrados a verles, nos conocen por nuestro nombre y les saludamos con relativa frecuencia. Pero otros les tratan, si puede hablarse así, con más consideración y luego lo comentan con orgullo.

«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Comenzamos le tiempo ordinario con el Evangelio del joven rico. Sabemos bien cómo acontece y cual es el final: “A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico”. Este joven se acercó a Jesús como los curas a los Obispos. Se acercó queriendo ver a un maestro, aprender algo, captar su sabiduría. Pero seguramente había pasado por muchos maestros y Jesús era uno más. A un maestro se le escucha y se procura aprender de él e incluso se tiene el afán de un día superarle en sabiduría. El estaba dispuesto a escuchar, pero no a seguirle. Una lástima. Jesús no es un pozo de sabiduría, una enciclopedia de conocimientos, sino Dios encarnada, que no nos pide saber mucho sino amar mucho.

“No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación”. El amor no se puede comprar con dinero, por eso la riqueza puede ser un lastre en nuestra vida. La alegría no se vende por kilos y por eso frustra los proyectos de los que ponen su corazón y su confianza en los bienes materiales. Nosotros tenemos que acercarnos a Jesucristo -más bien dejar que Él se acerque-, y acogerle como quién es: Dios hecho hombre, vivo y actuante, que nos mira con cariño y nos llama a seguirle. Tenemos una vida nueva y una esperanza nueva que no está centrada en nosotros, sino en Él y el don de su Espíritu Santo.

Si estamos ante Cristo en la Eucaristía como está María ante su Hijo no sólo aprenderemos sino que estaremos dispuestos a seguirle con toda nuestra vida. Creo que hemos aprobado la visita pastoral. Que María Auxiliadora nos guarde.

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