Domingo de la 2ª semana de Pascua – 07/04/2013

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Comentario Pastoral
LA FE EN EL RESUCITADO

Este domingo, que cierra la octava de Pascua, suele llamarse in albis, es decir, de las vestiduras blancas que habían llevado los nuevos bautizados durante toda la semana. En muchas iglesias, la presencia de los nuevos cristianos que han sido bautizados en la Pascua, y que participan en este asamblea dominical congregada para la fracción del pan, es ocasión propicia para tomar conciencia de las exigencias de la fe en el Resucitado.

Todos, cristianos de ayer o desde hace mucho tiempo, somos de alguna manera «recién nacidos», tenemos la necesidad de comprender mejor «que el bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido», como reza la Oración colecta de la Misa.

El relato de la aparición de Cristo a los diez apóstoles y luego a Santo Tomás muestra aquí su luz y su certeza, a la vez que expresa por boca del mismo Tomás la fe de todas las generaciones cristianas: «Señor mío y Dios mío».

Debemos pensar que los cristianos muchas veces, como los apóstoles, estamos encerrados por el miedo a los hombres y unidos por la muerte. Es necesario que venga y se aparezca Cristo, que abra puertas y ventanas, para que salgamos a testimoniar la fe pascual, a proclamar que con la Resurrección el futuro se ha hecho presente. Este futuro nuestro es cuestión de fe, no de evidencia. Por eso es necesario superar un concepto táctil y comprobador de tener que meter las manos para estar seguros de lo que creemos. Es también necesario atender y aceptar el testimonio de los hermanos que afirman: «hemos visto al Señor». No es la visión física, sino la visión interior, fruto de haber recibido el Espíritu Santo, lo que nos hace creyentes.

Hoy todos somos enviados a los hermanos para encontrar y ver en la fe a Cristo resucitado. ¡Él está en los demás! Lo encontraremos en donde haya dos o más reunidos en su nombre. En la asamblea litúrgica de este Domingo de Pascua podremos vivir la alegría en la certeza final y el gozo de ver al Señor presente en el sacramento de la eucaristía. Ser cristiano es creer en la Resurrección de Cristo, es creer que la muerte se torna en vida, la tristeza en gozo, la prueba en gracia. El cristianismo es luz y alegría.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 5, 12-16 Sal 117, 2-4. 22-24. 25-27a
Apocalipsis 1, 9-1 la. 12-13. 17-19 San Juan 20, 19-31

Comprender la Palabra

La primera lectura de los Domingos del Tiempo pascual se toma del Libro de los Hechos de los Apóstoles, mostrando cómo los apóstoles realizan en la Iglesia el plan de Cristo. En la sucesión de los hechos concretos se intercalan sumarios o visiones de conjunto. En el texto de hoy se funden dos: el primero (v. 12a y 15a.) presenta a los apóstoles, principalmente a Pedro, curando milagrosamente enfermos, como Jesús. El segundo (w. 12b-14) describe algunos rasgos de la Iglesia judeo-cristiana de Jerusalén: asiduidad en el Templo; espíritu de concordia; conciencia de formar una comunidad definida, que infunde al pueblo respeto y admiración, y crecimiento constante.

La segunda lectura es del Apocalipsis de san Juan. Mensaje profético de un testigo o mártir de la Iglesia perseguida, a últimos del siglo I. El libro del Apocalipsis está delimitado por dos grandes «visiones» significativas: una de Cristo al principio y otra de la Iglesia, al final. La dinámica, muy compleja, del drama se puede resumir en la afirmación de que la Iglesia es perseguida, pero Cristo vence. Por tanto, la Iglesia es ya teológicamente triunfante, y lo será escatológicamente. El libro es una exhortación a la fidelidad a Cristo en la Iglesia, hasta el martirio. El fragmento de hoy recoge la primera visión-vocación del profeta. La Iglesia en medio de la persecución, es invitada a contemplar que el Cordero degollado está vivo ante el trono del Todopoderoso; por tanto, es posible mantener la fidelidad al Evangelio movidos por una gran esperanza. Cristo resucitado ofrece a los hombres la garantía de futuro. Vive para siempre y dispone de la vida definitiva para todos los hombres. Tiene poder para dar la vida a los que quiere. Un mensaje muy significativo para el hombre moderno que sigue teniendo terror y espanto ante el indescifrable enigma de la muerte, si permanece en su círculo histórico. Pero el Resucitado ha roto este círculo enigmático y ha abierto las puertas a una vida futura y definitiva no sólo posible, sino real y verdadera.

En la última página de su Evangelio, san Juan contempla el encuentro de Jesús glorificado con sus discípulos como punto de partida de la misión apostólica. En la primera aparición no estaba Tomás con ellos. Jesús se aparece de nuevo cuando están todos, incluso Tomás. El Señor se dirige a él y le afea la falta de fe en el testimonio de sus hermanos. Tomás experimenta y cree. Tomás nos indica el camino para el encuentro de fe: a partir de la experiencia humana de Jesús, es posible encontrarse con su verdadera identidad. El evangelista recuerda dónde se ha de apoyar la fe: en el Jesús real y humano. La fe entra así en el campo de las bienaventuranzas. Dichosos los que se fian del testimonio a favor de Jesús. Los motivos de credibilidad quedan muy cortos ante la realidad a la que quieren conducir. Se declaran felices a los que son capaces de superar la precariedad de los motivos de credibilidad y se abren a la acción y presencia del Espíritu, para encontrarse realmente con Jesús resucitado.

Ángel Fontcuberta

 

al ritmo de las celebraciones


La Cincuentena Pascual

La última reforma del Año litúrgico ha intentado restituir al tiempo pascual su unidad y duración primitivas, haciendo descansar este periodo litúrgico sobre los domingos que comprende: los siete de Pascua y el de Pentecostés. Así mismo, los ha revalorizado en categoría litúrgica al denominarlos Domingos de Pascua (cf. NUALC, 23) y no Domingos después de Pascua como se los llamaba en el Misal anterior.

Las siete semanas pascuales son, en el corazón del Año litúrgico y como el motor de todo él, un sólo y largo día de fiesta y gracia. La Cincuentena pascual es el «tiempo fuerte» por excelencia de todo el año cristiano.

La solemnidad de la Ascensión puede ser trasladada al Domingo VII de Pascua, como ha ocurrido en España desde 1977. El Domingo de Pentecostés cuenta con un formulario para la Misa vespertina de la vigilia.

Así mismo, se proponen formularios propios para las Misas y el Oficio de cada día, para las ferias del tiempo pascual. Los días feriales que transcurren entre las solemnidades de la Ascensión y Pentecostés tienen el carácter de preparación para esta última solemnidad, ya que se han situado aquí los formularios de la desaparecida octava de Pentecostés.

Ya desde el primer día el Señor resucitado promete y da su Espíritu, por lo que se puede afirmar que la Cincuentena pascual forma una gran unidad con sus dos polos: Cristo Resucitado y su Espíritu. Esta unidad se hace visiblemente más patente por la presencia del Cirio pascual encendido, no solamente hasta la solemnidad de la Ascensión, como antes, sino hasta el final del domingo de Pentecostés.

 
Ángel Fontcuberta

Para la Semana

Lunes 8:
La Anunciación del Señor. Solemnidad.

Is 7,10-14;8,10. Mirad: la Virgen está encinta.

Sal 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Hb 10,4-10. Está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh, Dios, para hacer tu voluntad.

Lc 1,26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.
Martes 9:
Hechos 4,32-37. Todos pensaban y sentían lo mismo.

Sal 92. El Señor reina, vestido de majestad.

Juan 3,5a.7b-15. Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Miércoles 10:
Hechos 5,17 -26. Los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo.

Sal 33. Si el afligido invoca al Señor, él lo escuchó.

Juan 3,16.21. Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él.
Jueves 11:
San Estanislao, ob y mr. Memoria.

Hechos 5,27-33. Testigo de esto somos nosotras y el Espíritu Santo.

Sal 33. Si el afligido invoca al Señor, él lo escuchó

Juan 3,31-36. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.

O bien:
Jn 8,12-20. Yo soy la luz del mundo.
Viernes 12:
Hechos 5,34-42. Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

Sal 26. Una cosa pido: habitar en la casa del Señor

Juan 6,1-15. Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.
Sábado 13:
Hechos 6,1-7. Eligieron a siete hombres llenos de espíritu.

Sal 32. Aclamad, justos, al Señor.

Juan 6,16-21. Vieron a Jesús caminando sobre el mar.

 

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