Archiv para Febrero, 2017

23/02/2017 – Jueves de la 7ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
No tardes en convertirte al Señor
Lectura del libro del Eclesiástico 5, 1-10

No confíes en tus riquezas, ni digas: «Con esto me basta».

No sigas tu instinto y tu fuerza, secundando las pasiones de tu corazón.

Y no digas: «¿Quién puede dominarme?», o bien: «¿Quién logrará someterme por lo que he hecho?», porque el Señor ciertamente te castigará.

No digas: «He pecado, y ¿qué me ha pasado?», porque el Señor sabe esperar.

Del perdón no te sientas tan seguro, mientras acumulas pecado tras pecado.

Y no digas: «Es grande su compasión, me perdonará mis muchos pecados», porque él tiene compasión y cólera, y su ira recae sobre los malvados.

No tardes en convertirte al Señor, ni lo dejes de un día para otro, porque de repente la ira del Señor se enciende, y el día del castigo perecerás.

No confíes en riquezas injustas, porque de nada te servirán el día de la desgracia.

Palabra de Dios.

Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6
R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
de fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R.

EVANGELIO
Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la “gehenna”
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 41-50

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga.

Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna”.

Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros».

Palabra del Señor.

La Cátedra del Apóstol san Pedro

Escrito por Comentarista 7 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

La fiesta que hoy celebramos, la de la Cátedra del Apóstol san Pedro, nos traslada al tiempo del ministerio histórico de Jesús. Cerca de lo que hoy son los Altos del Golán, en la Cesarea de Filipo de entonces, Jesús se había retirado con sus discípulos. Como acostumbraba cuando estaban solos, el Señor comienza a instruir a sus acompañantes, pero en esta ocasión comienza con unas preguntas: “¿quién dice la gente que soy yo? ¿quién decís vosotros que soy yo?” Podemos imaginar el temor y la responsabilidad que suponía dar una respuesta, por lo que, no sabemos muy bien si el resto miró a Pedro o fue Pedro mismo el que se aventuró a darla; el caso es que el que iba a ser el Príncipe de los Apóstoles tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. A nosotros estas palabras nos suenan normales, pero entonces debieron aparecer como un trueno: ¡El Mesías!, pero Pedro, ¿tú sabes lo que eso significa? La esperanza del Pueblo de Israel, el Esperado de los Tiempos, el anunciado por los Profetas,… Pero si Jesús era un hombre, que comía, bebía, se cansaba, como nosotros, que hacía, sí, cosas extraordinarias, que hablaba como no se había oído hablar a nadie, pero al fin y al cabo, un hombre con el que convivían cotidianamente. De ahí la respuesta de Jesús: “eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo”.

Hay respuestas que cambian el curso de la historia: la respuesta de Abrahán, la de Moisés, las de los profetas. La respuesta más importante jamás oída fue la de la Virgen María en Nazaret: “Hágase en mi según tu palabra”. Y esta de Pedro también ha sido crucial; a partir de entonces Pedro se convirtió en la piedra sobre la que se edifica la Iglesia. No fue por sus grandes méritos, que los mismos Evangelios y demás escritos nos recuerdan que no fueron tantos, sino por la audacia en la respuesta, por dejarse guiar por la moción interior, la inspiración del Padre…

Desde entonces el Señor no ha dejado de preguntar y de fundamentar su Iglesia sobre hombres que, como Pedro, no son los mejores ni los más indicados, pero que en las circunstancias concretas de cada tiempo se aventuran a responder al Señor dejándose guiar por la inspiración del Padre. Nosotros, como entonces los discípulos, miramos a Pedro, esperamos a que hable, porque sobre su persona Jesús ha fundamentado nuestra Casa la Iglesia. Y pedimos por él, para que, a pesar de sus miserias tantas veces manifiestas, siga respondiendo con audacia al Señor y realice con amor la misión que se le ha encomendado.

La Cátedra de San Pedro

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

La Cátedra de San Pedro Apóstol. Santos: Papías, Abilio, Pascasio, obispos; Eugenio y Macario, mártires; Margarita de Cortona, Aristión, discípulo del Señor; Rainiero, Atanasio, confesores.

22/02/2017 – Miércoles de la 7ª semana de Tiempo Ordinario. La Cátedra del apóstol San Pedro

Escrito por Administrador el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Yo, presbítero con ellos, testigo de la pasión de Cristo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 5, 1-4

Queridos hermanos:

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y participe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto:

Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño.

Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloría que no se marchita.

Palabra de Dios.

Sal 22, 1-3. 4. 5. 6
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas y repara,
mis fuerzas; me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada terno, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R.

EVANGELIO
Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» le respondió:

«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Ahora te digo yo:

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

Palabra del Señor.

Vaciarnos de nosotros mismos

Escrito por Comentarista 7 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El camino del discipulado no es sencillo, y no precisamente, porque exija de nosotros cosas grandísimas, sino porque se nos pide una sola: vaciarnos de nosotros mismos, entregar la vida, abandonarnos a la voluntad misericordiosa del Padre: “Acepta cuanto te suceda, aguanta enfermedad y pobreza, porque el oro se acrisola en el fuego, y el hombre que Dios ama, en el horno de la pobreza”, afirma el autor del libro del Eclesiástico.

Entendemos, así, la enseñanza de Jesús en el Evangelio de hoy: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”; pero el hombre de hoy, quizá más que el de otros tiempos, se cree autosuficiente, todopoderoso, orgulloso de sí mismo y de sus logros, con derecho a todo e incapaz de ceder y de humillarse ante nada ni nadie. Nos resulta incluso más difícil que a los discípulos entender a Jesús, y nos escandaliza su entrega voluntaria. Por eso, aunque seamos cristianos desde hace tiempo debemos aprender de nuevo en la intimidad de Jesús el camino de la humildad, de la infancia espiritual, a hacernos niños abandonados a la voluntad del Padre: “los que teméis al Señor, amadlo, y él iluminará vuestros corazones”.

No se nos pide nada más, pero el no querer vaciarnos de nosotros mismos es lo que hace el camino complicado.

Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia (1007-1072)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Pedro Damián, obispo y doctor; Maximiano y Severiano, Félix, Gundeberto, Paterio, Antimo, obispos; Zacarías, patriarca; Randoaldo, monje; Vérulo, Félix, Secundino, Saturnino, Fortunato, Siricio, Sérvulo, Claudio, Sabino y Máximo, Pedro Mavimeno, mártires; Leonor, reina; Irene y Vitaliana, vírgenes.

21/02/2017 – Martes de la 7ª semana de Tiempo Ordinario

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Prepárate para las pruebas
Lectura del libro del Eclesiástico 2, 1-13

Hijo, si te acerques a servir al Señor, permanece firme en la justicia y en el temor y prepárate para la prueba.

Endereza tu corazón, mantente firme y no te angusties en tiempo de adversidad.

Pégate a él y no te separes para que al final seas enaltecido.

Todo lo que te sobrevenga, acéptalo y sé paciente en la adversidad y en la humillación.

Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación.

Confía en Dios y él te ayudará, endereza tus caminos y espera en él.

Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia y no os desviéis, no sea que caigáis.

Los que teméis al Señor, confiad en él, y no sé retrasará vuestra recompensa.

los que teméis al Señor, esperad bienes, gozo eterno y misericordia.

Los que teméis al Señor, amadlo, y vuestros corazones. se llenarán de luz.

Fijaos en las generaciones antiguas y ved:

¿Quien confió en el Señor y quedó defraudado?, o ¿quién perseveró en su temor y fue abandonado?, o ¿quién lo invocó y fue desatendido?

Porque el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en tiempo de desgracia, protege a aquellos que lo buscan sinceramente.

Palabra de Dios.

Sal 36, 3-4. 18-19. 27-28. 39-40
R. Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Confía en el Señor y haz el bien,
habitarás tu tierra y reposarás en ella en
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón. R.

El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se saciarán. R.

Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus fieles.
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se extinguirá. R.

El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva
porque se acogen a él. R.

EVANGELIO
El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.

Les decía:

«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y,después de muerto, a los tres días resucitará».

Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:

«¿De qué discutíais por el camino?».

Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.

Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:

«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

Palabra del Señor.

Domingo de la 8ª semana de Tiempo Ordinario. – 26/02/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

“NO ESTÉIS AGOBIADOS”

Cinco veces, en el texto evangélico de este octavo domingo del tiempo ordinario, sale la palabra “agobiarse”. Me parece que no es anecdótico esta insistencia-invitación a una reflexión monográfica sobre el tema que es de perenne actualidad.

El agobio aparece con mil rostros y vestidos diferentes como compañero inseparable en la vida del hombre. “Estoy agobiado y triste”, “estoy cansado de la vida”, “estoy cansado de la vida”, “estoy abrumado por tantas preocupaciones” “he perdido la tranquilidad”, son frases que se escuchan con demasiada frecuencia. Muchos arrastran un corazón vendado, que no conoce la alegría y la paz.

Y te llaman ingenuo e idealista por no pisar la arena de la verdad, si dices o gritas que vale la pena vivir, que siempre hay razones para no desesperar y convertirse a la alegría. ¿Es miope el que se atreve a predicar la alegría cristiana como remedio salvador para los que andan agobiados por las cosas de aquí abajo?.

El corazón de muchos, como un desván en desorden está atestado de cosas ingratas almacenadas desde años, que al irse deteriorando silenciosa e implacablemente, llenan de negra suciedad el interior. Lo que más agobia no es lo que se ve o recibe del exterior, sino lo malo que está dentro de uno y fermenta y se pudre. ¿Por qué no enfrentarse con los agobios que son fruto de la envidia que corroe, del miedo al fracaso, del egoísmo que se manifiesta en venganza, de la duda que nos esteriliza, de las lamentaciones del pasado, etc….?

No están reñidas con el evangelio las preocupaciones justas: las del pan que hay que comprar, el porvenir que hay que preparar, la educación que hay que dar, la justicia y la paz que hay que ganar, los hombres que hay que amar, el mundo que hay que salvar.

La búsqueda del Reino de Dios, es una búsqueda serena y confiada de lo esencial, sin agobios. Sin fe es difícil soportar nada. Con Dios es fácil encontrar sentido a todo. El creyente está convocado a una gran y múltiple actividad en todos los órdenes, pero sin intranquilidad y agobios paganos que desvíen de la opción por Dios para caer en la del dinero.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 49, 14-15 Sal 61, 2-3. 6-7. 8-9ab(R.: 6a)
san Pablo a los Corintios 4, 1-5 san Mateo 6, 24-34

de la Palabra a la Vida

Con este relato evangélico se interrumpe el sermón de la montaña ante la llegada inminente de la Cuaresma. Hoy también encontramos elementos ya empleados por Mateo en las semanas anteriores. Elementos opuestos: despreciar y dedicarse, odiar y amar…la escucha de las Bienaventuranzas conlleva una actitud necesaria y otra reprobable sobre cada circunstancia de la vida.

Es por eso que el Señor vuelve a mirar al corazón para advertirnos acerca de los peligros que nos acechan en su seguimiento: El apego a las riquezas es incompatible con el Reino de Dios. Por tanto, quien quiera vivir en el Reino de Dios, no sólo en el cielo, sino aquí ya en la tierra, tendrá que soltar amarras de cualquier riqueza que dé seguridad a su corazón. No es que Dios busque esa exclusividad por celos, sino porque sabe que todo lo demás no puede satisfacer un corazón que ha sido creado por y para Dios.

Hay que tener el valor de vender las perlas de la colección, aquellas que mostramos orgullosamente al mundo, para poder recibir la perla de más valor, la que más resplandece.

La prioridad de esa elección se fundamenta en la confianza en el que la propone, en la firmeza de Cristo y de nuestra decidida actitud con Él.

Por eso el Señor enseña a los discípulos sobre la importancia de no agobiarse con las preocupaciones mundanas, especialmente aquellas dos más significativas, el alimento y el vestido. La vida es más valiosa que el alimento y el cuerpo que el vestido. Dios, que sabe lo que necesitamos, provee para lo más importante.

Caeríamos en una comprensión simplista del evangelio si lo interpretáramos como una invitación a la pereza, a no hacer nada, a sentarnos sin más a esperar que todo nos venga llovido del cielo. La espera cristiana es activa y debe ser proactiva. Así es la del padre, que sabe lo que necesitan sus hijos y quiere prepararlos para dárselo. Esa laboriosidad, en relación con el Padre, sostenida por el Padre, es la que Cristo quiere enseñarnos. La verdadera laboriosidad supone primero una escucha. En la escucha descubrimos que no hacemos solos, que la vida, el trabajo, la familia o cualquier ocupación, no es una batalla a combatir en soledad, sino de la mano del Padre. Lo contrario es vivir en un agobio estéril. La imagen de los lirios, vestidos con la belleza de su sastre, el Dios creador, superior a la gloria de Salomón, nos recuerda quién ha de obrar y a quién hemos de buscar en el día a día.

¿Buscamos glorias fugaces? A menudo nuestra autocomplacencia se puede camuflar de paz en Dios y hacernos vanidosos en vez de humildes. Por eso necesitamos escuchar a Dios, para no caer en el engaño de la belleza que nos viste cuando en realidad no es así. El Señor nos advierte por eso de la necesidad de ir por la vida aprendiendo a confiar en Dios Padre, esa búsqueda creyente, lejana a la propia de los gentiles: el aplauso de los demás, la alabanza y el reconocimiento de los que me rodean…

“Vosotros buscad el Reino de Dios y su justicia”. Porque los que tienen hambre y sed de la justicia, quedarán saciados. Esa justicia no es algo ajeno a Dios: sería absurdo que Jesús planteara al hombre una forma de vida al margen de su Padre. Esa justicia contiene la relación honesta del hombre con Dios, en la que el hombre pone su confianza en la acción de Dios y Dios da al hombre el amor que transforma el mundo.

Nos viene bien escuchar estas cosas antes de entrar en la Cuaresma: en ella se nos va a explicar que hemos elegido -y elegimos- muchas riquezas que no son Dios, que nos confiamos en ellas…y que el Señor va a mostrarnos el brillo de su amor para que no confundamos lo auténtico con lo aparente.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal… el prefacio de la Virgen María, madre de la divina providencia

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque en tu providencial designio, la bienaventurada Virgen María,
por obra del Espíritu Santo, engendró al Salvador del mundo.
En Caná de Galilea intercedió ante su Hijo por los esposos,
para que realizara el primero de su signos:
el agua se enrojeció, los comensales se alegraron
y los discípulos creyeron en el Maestro.

Ahora, entronizada como reina a la derecha de su Hijo,
atiende las necesidades de toda la Iglesia
y es para cada uno de nosotros,
confiados a ella por Jesucristo en la cruz,
dispensadora de gracia y madre providente.

Por eso, con los ángeles y los santos
te cantamos, el himno de alabanza diciendo sin cesar:

 

Para la Semana

Lunes 27:

Eclo 17,24-29. Vuélvete al Altísimo y reconoce los juicios de Dios.

Sal 31. Alegraos, justos, y gozad con el Señor.

Mc 10,17-27. Vende lo que tienes y sígueme.
Martes 28:

Eclo 35,1-12. Quien guarda los mandamientos ofrece sacrificios de comunión.

Sal 49. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

Mc 10,28-31. Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones y en la edad futura, vida eterna.
Miércoles 1:

Jl 2,12-18. Rasgad los corazones y no las vestiduras.

Sal 50. Misericordia, Señor: hemos pecado.

2Cor 5,20-6,2. Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable.

Mt 6,1-6.16-18. Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Jueves 2:

Dt 30,15-20. Hoy te pongo delante bendición y maldición.

Sal 1. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Lc 9,22-25. El que pierda su vida por mi causa la salvará.
Viernes 3:

Is 58,1-9a. Este es el ayuno que yo quiero.

Sal 50. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.

Mt 9,14-15. Cuando se lleven al esposo, entonces ayunarán.
Sábado 4:

Is 58,9b-14. Cuando partas tu pan con el hambriento…brillará tu luz en las tinieblas.

Sal 85. Enséñame Señor, tu camino, para que siga tu verdad.

Lc 5,27-32. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.


¡Qué grande es el poder de la oración!

Escrito por Comentarista 7 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¡Qué grande es el poder de la oración! Seguro que hemos escuchado –y repetido- muchas veces esta frase y qué poco llegamos a creérnosla con toda la intensidad del corazón. Siempre aparece una duda en nuestro interior cuando tantas veces no se cumplen las peticiones presentamos al Señor por un enfermo, por un proyecto bueno, por un cambio en nuestra vida a mejor… Esta experiencia es la misma que tuvieron los discípulos de Jesús que le preguntan: ¿Maestro, por qué nosotros no hemos podido expulsar el espíritu que atormentaba al muchacho? Esta pregunta podía aumentar la perplejidad de los discípulos cuanto es el mismo evangelista Marcos el que afirma que el Señor eligió a los Doce y los envió con autoridad para expulsar demonios (cf. Mc 3,15).

No es, por tanto, accidental en el relato del evangelista que Jesús se tope con esta decepción de los discípulos, inmediatamente después de la narración del episodio de la Transfiguración. En esta epifanía reservada a los discípulos más íntimos, Jesús es testimoniado, de nuevo, como el Hijo amado del Padre, y esto nos indica en qué consiste la oración de Jesús. Podemos decir que en las largas noches de oración el Señor, aprendía a ser Hijo a través de la obediencia a la voluntad del Padre (cf. Heb 5,7-9). Y en efecto, Jesús, cuando sus discípulos le piden que les enseñe a orar, les enseña a decir “hágase tu voluntad”.

Jesús, en el Evangelio de Marcos, revela los secretos del Reino a los discípulos en la intimidad, cuando están en “casa”. Es aquí donde les dice que hay demonios que sólo pueden ser vencidos con la oración, pero no con una oración mágica, con la insistencia de la petición con la que pretendemos que se produzca una causa-efecto, sino con la oración de Jesús, con la que nos hace tomar conciencia de que somos hijos, la que nos introduce en la oración de Jesús, en la obediencia a la voluntad del Padre. Esta oración sí tiene poder para expulsar todo tipo de espíritus malignos, para mover montañas, oración que nos procura la Sabiduría que los fuertes de este mundo no saben reconocer y que nos permite entender cosas que ni el ojo vio, ni el oído oyó y que Dios tiene preparadas para los que le aman (cf. 1Cor 2,9).

Euquerio, obispo (c. a. 690-743)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Tiranión, Silvano, Peleo, Nilo, Eleuterio, Posidio, Falcón, Sadot, León, Euquerio, obispos; Dídimo, Potamio y Nemesio, mártires; Zenobio, presbítero; Besarión, Eulrico, anacoretas; Paulina, virgen.

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