Archiv para 10 Julio, 2017

Domingo de la 15ª semana de Tiempo Ordinario. – 16/07/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

LO IMPORTANTE ES SEMBRAR

Jesús fue un predicador fascinante por la elementalidad de los símbolos y la espontaneidad de las referencias a la naturaleza y al trabajo palestino. En la parábola del sembrador, que se lee en este decimoquinto domingo del tiempo ordinario, encontramos una semejanza incompresible a primera vista para la mentalidad actual, que consideraría insensato a un agricultor que siembre a lo largo del camino, entre piedras y entre espinas. En realidad, en la antigua Palestina este procedimiento era habitual: se sembraba no después, sino antes de la “arada”, que tenía como finalidad quitar los obstáculos y enterrar la semilla. A pesar de todas las adversidades, la cosecha será abundante allí donde la semilla ha crecido. Lo mismo sucederá al final con el Reino de Dios.

La explicación de la parábola del sembrador es como una homilía, que pasa el acento desde Dios al hombre, de la semilla al terreno, de la contemplación de fe al empeño moral y existencial. El tema central de esta interpretación está ligado al binomio “escuchar comprender”, es decir, a la adhesión y aceptación de la Palabra de Dios y del Reino.

Los pájaros que devoran la simiente manifiestan un corazón poseído por el maligno, que arranca todo lo que ha sido sembrado. El terreno pedregoso que sólo permite que brote un tallo débil hace referencia a los inconstantes y débiles, que se abaten en la primera prueba. Las espinas son el símbolo de los superficiales y de los inestables, atados al bienestar y al orgullo. Los que se convierten a la Palabra de Dios son terreno fértil y fructífero.

En la parábola se sugiere un contraste duro entre la acción de Dios (semilla y sembrador) y el fallo humano (terrenos improductivos). La Palabra tiene como suerte más común el rechazo. La historia de la siembra es una alegoría de la libertad humana y de la eficacia del Reino, que es acogido en el corazón de unos “pocos”. El pequeño grupo de los creyentes es el fermento que ayuda al mundo y a la entera humanidad a liberarse de los desequilibrios y a orientarse según los planes que Dios ha trazado. El cristiano debe acogerse y dejarse invadir por la semilla fecunda de la Palabra de Dios.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 55, 10-11 Sal 64, 10abcd. 10e-11. 12-13. 14
san Pablo a los Romanos 8, 18-23 san Mateo 13, 1-23

de la Palabra a la Vida

Con el evangelio de este domingo comienza un bloque que nos lleva a profundizar en los próximos domingos en una de las partes más conocidas y particulares de la enseñanza de Jesús: la que realiza por medio de las parábolas. Con las parábolas trata de explicar acerca del Reino de Dios pero, además, trata de hacerlo de una forma cercana por los ejemplos empleados y a la vez misteriosa porque no es accesible a todos.

Por eso, para poder escuchar con gusto y comprender la enseñanza de las parábolas, conviene en primer lugar que sepamos situarnos: el Señor nos reúne a sus amigos, a sus discípulos, para ofrecernos una enseñanza privilegiada, una lección desde lo más habitual de nuestra vida de lo más misterioso y extraño a nosotros.

Hoy se nos introduce en este arcano saber por medio de la parábola del sembrador.
Este sembrador es un personaje confiado en su tarea, que realiza con decisión y gran esperanza. Jesús habla de él casi con alegría, como si compartiera su esperanza. La tarea de la siembra es ardua, no resulta fácil, los terrenos en los que sembraban los que escuchaban a Jesús no eran lugares fáciles ni muy fértiles, pero él sigue adelante con su acción. Incluso siembra en lugares aparentemente difíciles, en un esfuerzo que casi podría ahorrarse… el caso es que al final obtiene fruto. La parábola resulta ser una advertencia escatológica (sobre los tiempos finales).

No es difícil imaginar las situaciones que llevaron a Jesús a expresarse con esta historia: la misión con Jesús comienza como algo apasionante, su irrupción en las aldeas de Galilea es de gran éxito, pero poco a poco el rechazo crece y los fracasos, propios y de los discípulos, también, ¿esta predicación, como esa semilla, tiene éxito? Y he aquí el motivo de la alegría de Jesús: Él sabe bien que sí, que “como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, así será mi palabra”. Ha llegado la hora del Reino, y los frutos serán inmensos, aunque ahora pueda parecer lo contrario en la hora de la siembra. El discípulo, aquel que sigue a Cristo, no puede desanimarse, sino perseverar, seguir sembrando, y sonreír confiado en la acción del Padre.

Por eso la Iglesia repite, aprendiendo de la seguridad del Maestro, en el Salmo: “La semilla cayó en tierra buena y dio fruto”. De unos tiempos de poca esperanza para los que siembran, se dará origen a unos tiempos de inmensos frutos. El discípulo tiene que levantar la mirada hacia el Señor, y fundamentar su propia espera en el éxito final en el sembrador que no se ha desanimado. No viene mal a los cristianos recordarnos el poder de Dios y la seguridad del Hijo en la acción del Padre: la tentación del desánimo en la misión, de no confiar en el éxito, puede incitarnos al pesimismo o a la rendición. Hay que volver a mirar al Señor, no a los frutos porque de algo que parezca inútil el Padre hará brotar un fruto insospechado. ¿Dudamos del éxito de Dios? ¿Pensamos nosotros a veces que se ha podido equivocar?

Quizás pueda ayudarnos verlo como ese sembrador que confía en su manera de trabajar, en su buen hacer, en el clima traicionero tantas veces… Es un domingo este para ver en qué nos desanimamos, en qué no pensamos que la Iglesia pueda obtener el fruto deseado, y entonces, mirar al sembrador. Ejemplo de serenidad y confianza, de alegría e ilusión. Dios lleva su misión de forma sabia: su palabra hará su voluntad y cumplirá su encargo

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal:
Prefacio de Santa María Magdalena


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
aclamarte siempre. Padre todopoderoso,
de quien la misericordia no es menor que el poder,
por Cristo, Señor nuestro.
El cual se apareció visiblemente en el huerto a María Magdalena,
pues ella lo había amado en vida,
lo había visto morir en la cruz,
lo buscaba yacente en el sepulcro,
y fue la primera en adorarlo
resucitado de entre los muertos;
y él la honró ante los apóstoles
con el oficio del apostolado
para que la buena noticia de la vida nueva
llegase hasta los confines del mundo.
Por eso, Señor,
nosotros, llenos de alegría,
te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo:
Santo, Santo, Santo…


 


Para la Semana

Lunes 17:

Ex 1,8-14.22. Obremos astutamente contra Israel para que no se multiplique más.

Sal 123. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Mt 10,34-11,1. No he venido a sembrar paz sino espada.
Martes 18:

Ex 2,1-15a. Lo llamó Moisés, pues lo había sacado del agua.

Sal 68. Los humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Mt 11,20-24. El día del juicio les será más llevadero a Tiro, a Sidón y a Sodoma que a vosotras.
Miércoles 19:

Exodo 3,1 6.9 12. El ángel del Señor se apareció en una llamarada entre las zarzas.

Sal 102. El Señor es compasivo y misericordioso.

Mateo 11,25 27. Has escondido estas cosas a los sabios, y se las has revelado a la gente sencilla.
Jueves 20:

Ex 3,13-20. Yo soy el que soy.

Sal 104. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Mt 11,28-30. Soy manso y humilde de corazón.
Viernes 21:
Ex 11,10-12.14. Mataréis al cordero al atardecer, cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante
vosotros.

Sal 115. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

Mt 12,1-8. El Hijo del hombre es señor del sábado
Sábado 22:
Santa María Magdalena. Fiesta

Cant 3,1-4b. Encontré al amor de mi alma.

o bien:

2Cor 5,14-17. Ahora ya no conocemos a Cristo según la carne.

Sal 62. Mi alma está sedienta de ti, Dios mío.

Jn 20,1-2.11-18. Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas?


Confiar en la omnipotencia de Dios

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Los dos personajes del evangelio de hoy, el padre a quien se le acaba de morir una hija y la mujer con flujos de sangre, nos muestran cómo acercarnos a Jesús. En primer lugar con fe. Aún cuando pueda parecernos imposible lo que le pedimos. El padre no pide una curación. Va mucho más allá y pide la resurrección de su hija: “mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá”. Esta es la confianza en el poder de Cristo. Podemos meditar sobre cómo es nuestra fe en este sentido. Es posible terminar descubriendo cómo nos puede faltar a cada uno, cómo hay cosas que no pedimos porque nos parecen imposibles. Unas veces serán cosas materiales, otras una nueva conversión o desterrar de nuestra vida determinados actos o disposiciones. El padre del evangelio de hoy nos diría con fuerza: ¡ponte de rodillas ante Jesús y pídeselo! ¡a mí, me resucitó a una hija con sólo cogerla de la mano! El Señor está dispuesto a concedernos las cosas buenas que le pedimos, pero espera nuestra respuesta de fe al pedírselo. Y si tarda, no dudes, es para hacer crecer el deseo en nuestro corazón, para aumentar nuestra fe, nuestro abandono en sus manos.

También la mujer nos da ejemplo de confianza en el poder de Cristo. “Se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría” ¡Con sólo tocar el manto de Cristo! No se trata de hacer cosas raras o difíciles. Se trata de acercarnos a Jesús y él nos lo pone muy fácil, siempre está disponible para escucharnos, para que dejar “sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él cuida de vosotros” (1 Pe 5, 7). Le tenemos en la Eucaristía al alcance en la oración en cualquier momento. “Ya en el Antiguo Testamento se lee que Dios habitaba en una tienda (o tabernáculo), que se llamaba ‘tienda del encuentro’ (Ex 33,7). El encuentro era anhelado por Dios. Se puede decir que también en el tabernáculo de la Eucaristía Cristo está presente con vistas a un coloquio con su nuevo pueblo y con cada uno de los fieles.” (Juan Pablo II, Audiencia general 9 – VI – 1993)

Acercarnos con una fe teñida de humildad. La mujer que sufría flujos de sangre se acerca al Señor sin ruido de palabras, tratando de pasar desapercibida, pero sabiendo en su corazón “que con sólo tocar el manto” de Jesús quedaría curada. Para permitir que el Señor nos cure hemos de acercarnos con humildad, abandonados en la voluntad de Dios.

Pidamos a nuestra Madre, que nos haga hombres y mujeres persuadidos del poder de Dios y nos acerquemos llenos de confianza a presentarle nuestras necesidades.

Beatos Nicanor Ascanio (1814) y Nicolás María Alberca (1830), mártires († 1860)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

San Cristóbal, Patrón de los caminantes.Santos: Amalberga (Amelia, Amalia), viuda y monja; Apolonio, Apatil, Jenaro, Marino, Maximina, Nabor, Félix, Rufina, Segunda, Leoncio, Mauricio, Daniel, Bianor, Silvano, mártires; Etón, Paterniano, Pascasio, obispos; Silvano, Ulrico, confesores; Canuto, rey; Pedro, abad; Manuel López Ruiz, Nicanor Ascanio y Nicolás María Alberca, mártires (beatos).

Cristóbal, mártir (s. III?)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

San Cristóbal, Patrón de los caminantes.Santos: Amalberga (Amelia, Amalia), viuda y monja; Apolonio, Apatil, Jenaro, Marino, Maximina, Nabor, Félix, Rufina, Segunda, Leoncio, Mauricio, Daniel, Bianor, Silvano, mártires; Etón, Paterniano, Pascasio, obispos; Silvano, Ulrico, confesores; Canuto, rey; Pedro, abad; Manuel López Ruiz, Nicanor Ascanio y Nicolás María Alberca, mártires (beatos).

10/07/2017 – Lunes de la 14ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Vio una escalinata y ángeles de Dios subían y bajaban, y Dios hablaba
Lectura del libro del Génesis 28, 10-22a

En aquellos días, Jacob salió de Berseba en dirección a Jarán.

Llegó a un determinado lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol.

Tomando una piedra de allí mismo, se la colocó por cabezal y se echó a dormir en aquel lugar.

Y tuvo un sueño: una escalinata, apoyada en la tierra, con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. El Señor, que estaba en pie junto a ella, le dijo:

«Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado la daré a ti y a tu descendencia.

Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás a occidente y oriente, a norte y sur; y todas las naciones de la tierra serán benditas por causa tuya y de tu descendencia. Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas, te haré volver a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido».

Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo:

«Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía».

Y, sobrecogido, añadió:

«Qué terrible es este lugar; no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo».

Jacob se levantó de madrugada, tomó la piedra que había colocado como cabezal, la ergidió como estela y derramó aceite por encima.

Y llamó a aquel lugar Betel, aunque antes la ciudad se llamaba Luz.

Jacob hizo un voto en estos términos:

«Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme, si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo».

Palabra de Dios.

Sal 90, 1-2. 3-4. 14-15ab
R. Dios mío, confío en ti.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti». R.

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás.:
su verdad es escudo y armadura. R.

«Se puso junto a mi: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación». R.

EVANGELIO
Mi hija acaba de morir. Pero ven tú y vivirá
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo:

«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».

Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.

Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría.

Jesús se volvió y, al verla le dijo:

«¡Animo, hija! Tu fe te ha curado».

Y en aquel momento quedó curada la mujer.

Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:

«¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida».

Se reían de él.

Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se levantó.

La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

Palabra del Señor.

Julio 2017
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