Archiv para Agosto, 2017

Elena, madre del emperador Constantino (c. a. 248-c.a. 329)

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Santos: Agapito, Serapión, Hermas, Polieno, Filancia, Taciana, Eliana, Marciana, Flora, Laura, Máximo, Marón, Franco, León, Juliana, mártires; Juan y Crispo, presbíteros y mártires; Alipio, Inán, confesores; Eonio, Fermín, Rústico, obispos; Jorge, patriarca; Elena, madre del emperador Constantino; Ezequiel Moreno, agustino recoleto; Nicolás Factor, Manés de Guzmán, presbíteros, beatos.

Seguir creyendo en el amor.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Según el prestigioso arqueólogo británico John Garstang, la caída de Jericó en manos del pueblo de Israel acaeció a principios del siglo XV antes de Cristo. Eso significa que este momento del discurso de Josué al pueblo  -que hoy escuchamos en la primera lectura-, sucede cinco siglos después de la alianza de Dios con Abraham y la promesa del don de la tierra prometida.

Alcanzar esta dicha ha supuesto para el pueblo de Israel cinco siglos de luchas y victorias, de caídas para volver a levantarse y de apostar con fe en la promesa que un día Yahvé hizo a los primeros patriarcas. ¡Qué bonita memoria hace Josué a sus hermanos!

El matrimonio también es una alianza, es una promesa de amor. Como la fe de Israel en el camino a la tierra prometida, esa promesa del matrimonio también va a ser continuamente puesta a prueba.  El “becerro de oro” puede ser en el matrimonio el celo por el espacio personal frente al familiar, el tiempo gastado delante de los videojuegos o del ordenador frente a la atención de los gustos del otro, la falta de comunicación porque el afán del trabajo polariza la atención, etc. Como en el camino a la tierra prometida, las continuas quejas de la pareja van minando la relación. Las sospechas, la mirada nostálgica al pasado -como el pueblo añoraba Egipto-  hacen que se vaya produciendo entre los esposos un sentimiento de malestar y un distanciamiento entre ellos.

Jesús ve en el matrimonio una alianza de amor, como la que hizo Dios con su pueblo. Y sabe bien las dificultades que eso conlleva. Si Dios se hubiera divorciado de su pueblo, Israel habría dejado de existir y se habría perdido para siempre. Un “matrimonio en divorcio” siempre será la mayor de las pérdidas, porque no sólo se rompe una relación que busca la unidad sino que los cónyuges siempre se sentirán, de algún modo, como “mutilados”.

Cinco siglos costó al pueblo llegar a gozar del don de la Tierra prometida. Jesús invita a seguir apostando por el matrimonio a pesar de los muchos fracasos que se conozcan. Jesús  invita a los matrimonios a buscar la felicidad en la fidelidad a la alianza que un día hicieron, con la conciencia de que, en muchos momentos, las fuerzas psíquicas y emocionales se pondrán al límite. Pero la Tierra prometida existe y la paz de una perfecta unión en el matrimonio existe. Al pueblo de Israel le costó un largo camino y muchas conquistas contra los adversarios cananeos. A la pareja le espera otro largo camino con adversarios que expulsar, tentaciones que rechazar y parcelas que conquistar juntos. Hoy Jesús en el evangelio nos vuelve a gritar: ¡¡Amigos, seguid creyendo en el amor!!

18/08/2017 – Viernes de la 19ª semana de Tiempo Ordinario.

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PRIMERA LECTURA
Yo tomé a vuestro padre del otro lado del Río; os saqué de Egipto; os llevé a la tierra
Lectura del libro de Josué 24, 1-13

En aquellos días, Josué reunió todas las tribus de Israel en Siquén y llamó a los ancianos de Israel, a los jefes, ja los jueces y a los magistrados. Y se presentaron ante Dios.

Josué dijo a todo el pueblo:

«Así dice el Señor, Dios de Israel: “Al otro lado del rio Eufrates vivieron antaño vuestros padres, Teraj, padre de Abrahán y de Najor, y servían a otros dioses. Yo tomé a Abrahán vuestro padre del otro lado del Río, lo conduje por todo la tierra de Canaán y multipliqué su descendencia dándole un hijo, Isaac.

A Isaac le di dos hijos: Jacob y Esaú. A Esaú le di en propiedad la montaña de Seír, mientras que Jacob y sus hijos bajaron a Egipto.

Envié a Moisés y Aarón y castigue a Egipto con los portentos que hice en su tierra. Luego os saqué de allí. Saqué de Egipto a vuestros padres y llegasteis al mar. Los egipcios persiguieron a vuestros padres con sus carros y caballos hasta el mar Rojo, pero ellos gritaron al Señor y el tendió una nube oscura entre vosotros y los egipcios; después hizo que se desplomara sobre ellos el mar, que los anaegó.

Con vuestros propios ojos visteis lo que hice con Egipto.

Después vivisteis en el desierto muchos años. Os llevé luego a la tierra de los amorreos que vivían al otro lado del Jordán: ellos os atacaron, pero yo os los di. Así tomasteis posesión de sus tierras, y yo los exterminé a vuestra llegada.

Entonces se alzó Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, para atacar a Israel; y mandó llamar a Balaán, hijo de Beor, para que os maldijera; pero yo no quise escuchar a Balaán, que no tuvo más remedio que bendeciros, y así os libré de sus manos.

Pasasteis después el Jordán y llegasteis a Jericó. Los jefes de Jericó ( y los amorreos, perizitas, cananeos, hititas, guirgascos, heveos y jebuseos) os atacarán, pero yo os los di; mandé delante de vosotros avispas, que expulsaron, al llegar vosotros, a los dos reyes amorreos: no fue con tu espada ni con tu arco.

Y os di una tierra por la que no habíais sudado, ciudades que no habíais construido y en las que ahora vivís, viñedos y olivares que no habíais plantado y de cuyos frutos ahora coméis”».
Palabra de Dios.

Sal 135, 1-3. 16-18. 21-22 y 24
R. Porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor porque es bueno. R.

Dad gracias al Dios de los dioses. R.

Dad gracias al Señor de los señores. R.

Guió por el desierto a su pueblo. R.

Él hirió a reyes famosos. R.

Dio muerte a reyes poderosos. R.

Les dio su tierra en heredad. R.

En heredad a Israel, su siervo. R.

Y nos libró de nuestros opresores. R.

EVANGELIO
Por los tercos que sois os permitoó Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al pincipio no era así.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:

«¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?».

Él les respondió:

« ¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne.

Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»

Ellos insistieron:

« ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla? ».

Él les contestó:

«Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer – no hablo de unión ilegítima – y se casa con otra, comete adulterio».

Los discípulos le replicaron:

«Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse».

Pero él les dijo:

«No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».

Palabra del Señor.

Beatriz de Silva y Meneses (c. a. 1424-c.a. 1492)

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Santos: Beatriz de Silva, fundadora; Anastasio, obispo; Jacinto, confesor; Acacio, Cuadrado, Bonifacio, Siervo, Rústico, Rogato, Séptimo, Máximo, Mamés, Paulino, Juliana, Mirón, Eutiquiano, Cipriano, Liberato, mártires; Alipio, Cecilia, Benedicta, Reinilda, Donato, Ernán, confesores; Carlomagno, monje; Clara, virgen.

Jacinto de Polonia, religioso (1185-1257)

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Santos: Beatriz de Silva, fundadora; Anastasio, obispo; Jacinto, confesor; Acacio, Cuadrado, Bonifacio, Siervo, Rústico, Rogato, Séptimo, Máximo, Mamés, Paulino, Juliana, Mirón, Eutiquiano, Cipriano, Liberato, mártires; Alipio, Cecilia, Benedicta, Reinilda, Donato, Ernán, confesores; Carlomagno, monje; Clara, virgen.

¿Qué sucede cuando perdonas?

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Los que escribimos estos comentarios sabemos que hay muchas personas que los seguís diariamente. Algunos les sirve de punto de meditación, a otros les es alimento para su oración y medio de formación permanente. Incluso muchos sacerdotes los leen con interés para la preparación de la homilía. ¡Que así sea! En medio de estos días veraniegos, os deseamos que estas letras os sirvan  para avivar nuestra comunión y crecer en la fe. Hoy la fuerza la tiene esta palabra: “perdonar”.

“¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano, hasta siete veces?”  Pedro pregunta así, porque en arameo (su idioma natal) no existe el mayestático y la manera de expresar “muchísimas veces”, se hace utilizando los números, en concreto el número siete, que tiene este significado en la mentalidad oriental. Fijémonos entonces como en la misa decimos “santo, santo, santo es el Señor”, esto es, llamamos a Dios tres veces santo porque seguimos manera hebrea de decir “santísimo”.

Jesús  responde a Pedro:“No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Jesús contesta con una hipérbole numérica para enseñar al apóstol y a todos nosotros: “perdonad todas las veces que sean necesarias, esto es, infinitas veces”.

El tema no acaba aquí sino que Jesús utiliza una parábola para dar respuesta a una cuestión nueva: “¿Qué sucede cuando perdonas?”. Si uno escucha la parábola con atención, la respuesta es clara. Si tu perdonas, Dios te perdonará. Sigue la estela de la oración del Padre Nuestro: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…”. O aquella otra palabra del Señor: “la medida que uséis con los demás, la utilizarán (Dios Padre) con vosotros”. Es una buena noticia que abre un horizonte de esperanza. Puedes haber sido un gran pecador en esta tierra (como aquel de la parábola que tenía mucha deuda) pero si has sido misericordioso con los demás, si has mostrado compasión cuando te han ofendido o traicionado, salvando al otro con una nueva amnistía del corazón, Dios será infinitamente compasivo con tus pecados. De igual modo, cuando uno se siente perdonado por Dios profundamente, es más capaz de perdonar a los demás, porque sabe que primero lo han hecho con él. El perdón suscita motivos para empezar de nuevo, es un cheque en blanco que reconstruye la concordia en la relación, y restaura la ilusión y las fuerzas que se habían consumido en la división.

Haciendo una analogía con el relato de la primera lectura, el perdón es como el arca sagrada que frena la corriente de agua (Jordán) que lo arrastra todo y lo lleva a morir (Mar Muerto). Perdonar es fundamental si queremos llegar a la tierra prometida. Como arca de salvación nos debe acompañar en cada paso del camino y atrae la presencia de Dios a nuestro lado. Nos hace vivir unidos, como pueblo, porque perdonar es siempre la fuerza capaz de reunir a los que se sienten lejos o avergonzados por su error. Si el paso del arca de la alianza frenando el cauce del Jordán fue un milagro recordado por generaciones, el perdón es un milagro para el mundo de hoy. Un milagro capaz de dar testimonio a los demás de que algo distinto habita en nuestra humanidad. Perdonar hoy es, sin duda,  la mejor manera de expresar nuestra fe.

17/08/2017 – Jueves de la 19ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
El Arca de la Alianza del Dueño va a pasar el Jordán delante de vosotros
Lectura del libro de Josué 3, 7-10a. 11. 13-17

En aquellos días, el Señor dijo a Josué:

«Hoy mismo voy a empezar a engrandecerte ante todo Israel, para que vean que estoy contigo como estuve con Moisés. Tú dales esta orden a los sacerdotes portadores del Arca de la Alianza: “En cuando lleguéis a tocar el agua de la orilla de Jordán, deteneos en el Jordán”».

Josué dijo a los hijos de Israel:

«Acercaos aquí a escuchar las palabras del Señor, vuestro Dios».

Y añadió:

Así conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros y que va a expulsar ante vosotros a los cananeos. Mirad, el Arca de la Alianza del Dueño de toda la tierra va a pasar el Jordán delante de vosotros.

Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el Arca del Señor, Dueño de toda la tierra, pisen el agua del Jordán, la corriente de agua del Jordán que viene de arriba quedará cortada y se detendrá formando como un embalse».

Cuando la gente levantó el campamento para pasar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza caminaron delante de la gente.

En cuanto los portadores del Arca de la Alianza llegaron al Jordán y los sacerdotes que la portaban mojaron los pies en el agua de la orilla (el Jordán baja crecido hasta los bordes todo el tiempo de la siega), el agua que venía de arriba se detuvo y formó como un embalse que llegaba muy lejos, hasta Adán, un pueblo cerca de Sartán, y el agua que bajaba hacia el mar de la Arabá, el mar de la Sal, quedó cortado del todo.

La gente pasó el río frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza del Señor estaban quietos en el cauce seco, firmes en medio del Jordán, mientras todo Israel iba pasando por el cauce seco, hasta que acabaron de pasar todos.

Palabra de Dios.

Sal l13A, 1-2. 3-4. 5-6
R. Aleluya.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio. R.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos. R.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos? R.

EVANGELIO
No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-19, 1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:

“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:

“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Palabra del Señor.

Roque, taumaturgo († c. a. 1327)

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Santos: Esteban, rey de Hungría; Ambrosio, Aredio, Armagilo, Arsacio, Balsemio, Basilia, Cisio, Demetriano, Diomedes, mártires; Cosme, Teodoro, Radulfo (Raúl, Rodolfo), Eleuterio, Simpliciano, obispos; Tito, diácono y mártir; Arsacio, confesor; Queremón, eremita; Roque, protector contra la peste; Serena, matrona.

Esteban II, rey de Hungría (c. a. 970-1038)

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Santos: Esteban, rey de Hungría; Ambrosio, Aredio, Armagilo, Arsacio, Balsemio, Basilia, Cisio, Demetriano, Diomedes, mártires; Cosme, Teodoro, Radulfo (Raúl, Rodolfo), Eleuterio, Simpliciano, obispos; Tito, diácono y mártir; Arsacio, confesor; Queremón, eremita; Roque, protector contra la peste; Serena, matrona.

Atar y desatar: he ahí la cuestión.

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Corría el año 312 cuando Constantino el Grande tuvo que afrontar la decisiva batalla del puente Milvio contra su oponente el emperador Majencio. La historia cuenta que Constantino, por un sueño revelador, hizo poner el crismón en su estandarte y mandó grabar una cruz en los escudos de sus soldados. Fue una gran batalla y Constantino creyó realmente que el signo de la cruz de Cristo le había dado la victoria.

Un año más tarde, el emperador , influenciado por la fe de su madre (santa Elena) y llevado al agradecimiento por aquella conquista, daría carta de ciudadanía a la fe cristiana y pondría fin a las persecuciones contra los cristianos. ¿Se había convertido Constantino el Magno al cristianismo? No parece tanto que fuera así. De hecho, pidió su bautismo pero siempre y cuando estuviera cerca de su muerte. El cálculo era sencillo: quería disfrutar de los bienes de la tierra y llegar con un expediente intachable en el Cielo.

Parece que Constantino había olvidado el pasaje del evangelio de hoy. En este impresionante capítulo 18 de san Mateo, Jesús profetiza algo más radical y exigente: “lo que atéis en la tierra quedará atado en el Cielo y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo”. Uno no llega al Cielo con el simple derecho de llevar el “carnet de la gracia en regla”. Uno llega al Cielo cargado de amor o no llega. Uno llega al Cielo con la impronta de la libertad o no llega. Cada paso en esta tierra importa para el cielo. En el Cielo se vive con plenitud la Ley del amor recíproco, por eso importa desatar en la tierra cualquier lazo de odio o de resentimiento, de envidia o mal deseo, de apego a uno mismo o a lo material. Para vivir allí, importa atar con fuertes lazos de amor entregado las relaciones cotidianas, tanto las cercanas como las ocasionales. Atando para vivir la unidad del cielo, perdonando y siendo perdonados, corrigiéndonos unos a otros con respeto y cariño.

Para Constantino la cruz le hizo ganar la batalla del Milvio para ser un glorioso emperador. Para nosotros la cruz del Señor siempre será nuestra victoria para alcanzar la gloria del Cielo. Pues Jesús crucificado nos impulsa a vivir el momento presente con mayor radicalidad y aprendemos a amarle en cada dolor y en cada crucificado que pasa a nuestro lado. Dándonos además los motivos para apostar de nuevo por el futuro de este mundo y empezar de nuevo cada día.

Es la hora de atar y desatar. Y lo haremos juntos (lo que “atéis y desatéis”) en este santo viaje.

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