Archiv para 7 septiembre, 2017

Regina, virgen y mártir (s. III)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Albino, Almundo, Tilberto, confesores; Gondulfo, Gratulo, Pánfilo, Teodorico, Vivencio, Euberto o Evorcio, obispos; Bono, Fausto, Mauro, Gerón, Calcedonio, Sozón, Severino, Juan, Eupsiquio, Atanasio, mártires; Carísima, Clodoaldo, Faciolo, Hildurdo, Lucas, Madelberta, Augustal, confesores; Eustaquio, Juan de Lodi, abades; Nemorio, diácono; Regina, virgen y mártir

La seguridad de la orilla

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Aquellos rudos pescadores, que habían pasado toda la noche intentando pescar algo, llegaron a la orilla cansados, malhumorados, agotados de no dormir y de malcomer algo. Era un oficio duro e ingrato, que aseguraba el sustento diario no sin mucho trabajo e inseguridad. Mientras remendaban las redes, se acercó el Señor a Pedro, el cabecilla del grupo, y le dio un mandato desconcentante: “Rema mar adentro y echad vuestras redes para la pesca”. Podemos imaginarnos la cara de Pedro, a punto quizá de soltar alguna de sus bruscas contestaciones, tan cansado y desanimado como estaba. ¿Cómo se atrevía el Señor a pedirle que volvieran a salir a pescar, cuando todavía no se habían recuperado del trabajo inútil de toda la noche? ¿Tenía que ser en ese momento? ¿Por qué no mejor por la noche, que ya estarían más descansados, habrían desayunado en condiciones y se habrían dado una ducha relajante? Humanamente hablando, Pedro tenía todas las papeletas a su favor para discutir con el Señor, y con razón, sobre lo absurdo que era lo que les estaba pidiendo. El Señor, en cambio, conocía su situación y lo absurdo de esa orden, pero Pedro tenía que aprender el estilo del Señor, que se escapa a toda medida y plan humano. Es muy típico de Dios hacer cosas grandes a partir de cosas absurdas.

Pues, por si fuera poco, el Señor se lo pone aún más difícil: no os quedéis por la orilla, remad mar adentro. Pescar cerca de la orilla es lo más sensato, lo más fácil, lo más seguro; si se levanta la tempestad, tienes la seguridad de que puedes llegar a tierra rápidamente. Quizá pescas menos, pero lo haces con la seguridad de que tocas tierra rápidamente. Pescar mar adentro tiene más riesgos; quizá coges más peces, pero te falta la seguridad de la orilla, de tocar tierra en cuanto surja un poco de oleaje. Pescar sí, claro, pero con la seguridad de la orilla.

Pedro se fía. En medio del absurdo, se fía de Dios. Renuncia a sus seguridades humanas y se fía de Dios. La seguridad de la orilla frente a la confianza solo en Dios. Y pone todos los medios humanos a su alcance, es decir, echa las redes, pero, lo hace donde no hay orilla, con la seguridad puesta solo en Dios.

Nuestras orillas, nuestras seguridades humanas y espirituales son, quizá, las que impiden el milagro de ver repletas nuestras redes. Pues claro que decimos que confiamos en Dios, en su providencia, en su poder de obrar milagros, pero, por si acaso, ¡no nos alejemos mucho de la orilla! Y, mientras con una mano ponemos una vela a Dios, con la otra seguimos agarrados a nuestras seguridades humanas y espirituales. Y cuando fallan, viene el desencanto, la desilusión, y entonces echamos la culpa a Dios, que nos deja tirados, a pesar de que, con la otra mano, no hemos dejado de ponerle la vela. Renunciar a nuestra orilla: he ahí el gran reto de nuestra vida espiritual.

07/09/2017 – Jueves de la 22ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 9-14

Hermanos:

No dejamos de orar por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad con toda sabiduría e inteligencia espiritual.

De esta manera vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificando en toda obra buena, y crecimiento en el conocimiento de Dios, fortalecidos plenamente según el poder de su gloria para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias a Dios Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Palabra de Dios.

Sal 97, 2-3ab. 3cd-4. 5-6
R. El Señor da a conocer su salvación.

El Señor da a conocer su salvación,

revela a las naciones su justicia.

Se acordó de su misericordia y su fidelidad

en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado

la salvación de nuestro Dios.

Aclama al Señor, tierra entera;

gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor,

suenen los instrumentos:

con clarines y al son de trompetas,

aclamad al Rey y Señor. R.

EVANGELIO
Dejándolo todo, lo siguieron
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.

Subió a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».

Respondió Simón y dijo:

«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo:

«Señor, apártate de mi, que soy un hombre pecador».

Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Y Jesús dijo a Simón:

«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor.

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