Archiv para 10 septiembre, 2017

Nuestra lista de la compra

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Evangelio de hoy, con ser bellísimo, nos pita un poco en los oídos y puede que hasta nos incomode. ¿Quién de nosotros se atreve a reprender a un hermano cuando le ve pecar? No es fácil hacerlo. Primero, porque para reprender a alguien por un pecado hace falta tener primero una coherencia de vida y una humildad para vivir la continua conversión de nuestros pecados, que no siempre tenemos. Segundo, porque para poder ver la mota de polvo en ojo ajeno, antes tenemos que ser muy conscientes de las vigas que llevamos en los nuestros, porque de lo contrario la corrección se convierte en crítica, murmuración y hasta cotilleo. Tercero, porque como, en el fondo, vamos a lo nuestro, pues, en el fondo, tampoco nos importa tanto el pecado ajeno, dada la cantidad ingente de problemas, agobios y cataclismos que llenan nuestro día a día; así que, allá cada cual, porque hoy la moral se la inventa cada uno a su medida. Y cuarto, porque es mejor que no te metas donde no te llaman, porque el otro, el corregido, no estará por la labor de aceptar tu corrección y te puedes llevar una torta, por lo menos, por eso, por meterte donde no te llaman.

Esto es así, cuando la corrección del pecado de mi hermano no se hace como se debe. El clima idóneo para ello es el de la confesión: con tu hermano, a solas, y pensando en su salvación. Es decir, en el clima de misericordia y de confianza que crea la acción de la gracia en ese sacramento. El problema es que como hoy ya no hablamos del pecado, porque no es lo correcto, porque asusta a la gente, porque eso era de otra época, porque ya no se lleva y porque, en realidad, no existe, se lo inventó la Iglesia en la Edad Media, pues, claro, tampoco hablamos de la confesión, porque no la necesitamos, porque tampoco se lleva, porque también era de otra época y porque eso de contarle a un cura mis pecados, cuando el cura los tiene más gordos que los míos, pues no tiene sentido. Y, sin embargo, ¡qué grande es poder salvar a un hermano del pecado!

El pecado solo se entiende desde el amor de Dios, no desde el legalismo o el moralismo. Y ese amor se descubre en la oración. Por eso, junto con la corrección de la propia vida, el Evangelio también nos invita a la oración. Pero, no hagamos de nuestra oración a Dios una lista de peticiones, como si fuera la lista de la compra. Porque, encima, queremos que nos lo dé todo gratis: Señor, concédeme lo que te pido, pero no me vengas con eso de convertirme, cambiar de vida y evitar el pecado, que bastantes problemas me da la vida como para que Tú también me la compliques más. ¿Os imagináis a Dios haciendo lo mismo con nosotros? Más o menos así: Mira, hijo, hasta que no cambies en esto, esto, esto y esto, y hasta que no te confieses de eso, eso, eso y eso, yo no te daré todas las cosas que me pides.

Cuántos días y días se nos pasan sin haber hecho el mínimo esfuerzo para cambiar de vida, de costumbres, para salir de la mediocridad, para mejorar el carácter, para no murmurar ni criticar, para no poner la zancadilla al vecino, para no sonreír de manera hipócrita, etc. Y al final puede que se nos pasen los años, y hasta la vida, contentos con nuestra tibieza y nuestra fe ramplona. Y sin haber resuelto la lista de la compra.

 

San Nicolás de Tolentino, confesor (1245-1305)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora de las Maravillas. Santos: Hilario, papa; Nicolás de Tolentino, confesor; Salvio, Salvino, Agapio, Auberto, Teodardo, Pedro, obispos; Menodora, Metradora, Ninfodora, Nemesiano, Félix, Lucio, Félix, Liteo, Poliano, Víctor, Jaderes, Dativo, Sóstenes, Apeles, Lucas, Clemente, mártires; Teodardo, confesor; beatos Francisco Gárate, Francisco Morales Sedeño y José Salvanés de San Francisco, mártires; Pulqueria, emperatriz.

10/09/2017 – Domingo de la 23ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Sí no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre
Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

Esto dice el Señor:

«A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.

Si yo digo al malvado: “¡Malvado, eres reo de muerte!”, pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.

Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».

Palabra de Dios.

Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos. R.

Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masa en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.

SEGUNDA LECTURA
La plenitud de la ley es el amor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10

Hermanos:

A nadie le debáis nada, más que amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Si te hace caso, has salvado a tu hermano
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor.

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