Archiv para 9 octubre, 2017

Domingo la 28ª semana de Tiempo Ordinario. – 15/10/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

INVITAR A COMER ES GESTO SIGNIFICATIVO E IMPORTANTE

Todas las culturas religiosas han dado a la comida un sentido comunitario entre los hombres, o de los hombres con la divinidad. En la Biblia el banquete es un gesto de capital importancia. La comida humana significa fiesta, hospitalidad, amistad, paz sagrada. Es signo de reconocimiento, de alegría por el retorno (parábola del hijo pródigo). Los sabios dan reglas de conducta para las comidas. En el banquete cobra especial relieve el rito previo purifícativo, la palabra, la música, la acción de gracias.

El banquete alcanza su mayor expresividad cuando viene Cristo. Se le invita a la mesa de Lázaro,a las bodas de Caná, a casa de Sim6n, come con publicanos, aprueba la hospitalidad, recomienda el último puesto en el banquete y da de comer a la multitud. Al resucitar se hace reconocer con un banquete, la comunidad cristiana revive al resucitado en la fracción del pan, en la alegría y comunión fraterna.

Interesa por tanto comprender y profundizar el significado de la parábola de los convidados a la boda del hijo del rey, que se lee en la Misa de este domingo vigésimo octavo del tiempo ordinario. Destacan dos temas: el rechazo de la invitación y el traje de fiesta.

El rechazo de la invitación que Dios hace, bajo la imagen de rey generoso, es muestra de desprecio, de autosuficiencia y de violencia; es uno de los grandes misterios de la libertad humana. Irse a las tierras propias es preferir las posesiones de aquí abajo. Refugiarse en los negocios indica la absorción total por el trabajo como bien absoluto que proporciona comodidad. Los que no agregan un barrunto de excusa y maltratan injustificadamente a los mensajeros, son quienes radicalmente rechazan cualquier oferta de gracia y de salvación.

Los primeros indignos invitados son sustituidos por los comensales encontrados en los cruces de los caminos de la vida. Uno no estaba vestido con el traje de fiesta. (Según una costumbre antigua los criados cubrían al convidado con una túnica blanca). Si el invitado del último minuto ignora quién es el que convida; si no sabe que para sentarse a la mesa del rey ha de lavarse y cubrirse con el vestido limpio de los festines nupciales, que le es ofrecido gratuitamente, entonces es arrojado a las tinieblas, porque está sucio. Las tinieblas exteriores son lo opuesto a la luz interior, que permite ver la salvación, la alegría y la paz.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 25, 6-10a Sal 22, 1-6
san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19 20 san Mateo 22, 1-14

de la Palabra a la Vida

Un verbo marca sin duda la liturgia de la Palabra de este domingo: “preparar”. Lo encontramos en la primera lectura, en el salmo y en el evangelio. Lo que se prepara es algo que se está haciendo, que no ha llegado a su punto final aún, y en estos tres relatos su aparición no es casual. Tampoco lo es que, en todos los casos, el sujeto sea el mismo: Dios es el que prepara.

En los tres casos, lo que prepara es un gran festín, un gran banquete en el que somos invitados a participar todos. Conocidos y desconocidos, de una forma o de otra, antes o después, todos son llamados a participar en ese gran festín. ¿Cuándo sucede? ¿En qué fecha es? “Aquel día” es una referencia al final de los tiempos: en el último día, hasta los trabajadores del último momento serán convocados a participar en ese banquete. Esa misma referencia al final la encontramos en el evangelio: sin duda, sucederá al final de todo y con todos invitados a participar. Por aquella puerta de palacio, de las puertas del cielo, los invitados irán desfilando y, aquellos que deban hacerlo, entrarán al banquete.

Pero el salmo, esa respuesta de la Iglesia a lo que escucha en la primera lectura, hace a la Iglesia cantar: “preparas una mesa ante mí”. Estamos hablando, entonces, de un suceso presente; la Iglesia se reconoce invitada a una fiesta que ya ha empezado. El creyente ya puede ver cómo su copa rebosa, y lo hace sobre el altar, donde el festín es festín eterno, de alimentos que duran desde que son confeccionados aquí y para siempre allí. Es la forma de Dios de hacernos ver que lo que se promete ya se entrega.

Pero para recibir lo que ya se entrega no basta con venir: la segunda parábola del evangelio, la del vestido de bodas, pone en evidencia que la invitación al banquete ha de ser bien acogida, que queda en manos del invitado aceptar la propuesta. El vestido es la conversión necesaria para poder entrar dignamente a quien lo ha dispuesto todo para nosotros. El agradecimiento a la invitación inmerecida se hace visible en cómo nos preparamos para el evento. Esto, como la invitación del salmo, es parte del presente. La participación en el banquete al que aquí somos invitados en la celebración sacramental tiene una preparación, un vestido, también sacramental, en el bautismo y la penitencia.

Así, la entrada en el banquete al final de los tiempos es ya visible: ha empezado a suceder ahora, en nuestros días, en los que elegimos una vida confiada al Señor, en los que somos llamados a la conversión y nos preparamos para entrar en la celebración sacramental. ¿Soy consciente de que he sido invitado a entrar en el banquete del cielo no por ninguna importancia mía, sino por la gracia de Dios? ¿Vivo la santa misa como entrada en ese banquete, que Dios ha preparado para mí? ¿Cómo es mi conversión, en concreto, para entrar en él, en qué se manifiesta?

Las parábolas de Jesús nos van a acompañar en estos últimos domingos del Tiempo Ordinario, y muchas de ellas hacen referencia a lo que sucederá en el final de los tiempos; sin embargo, no nos despistemos: no todo queda para entonces en una misteriosa nebulosa, más bien al contrario, en ellas se nos permite ver ya el futuro que nos espera. Sólo es necesario tomarlas en serio, no como un cuentecillo con mensaje moral, sino como una definición seria del Reino de Dios, y por lo tanto, como un mensaje que afecta directamente a nuestra vida presente.

De momento, hoy queda claro que ya se nos muestra lo que Dios ha preparado para nosotros:¿cómo lo queremos vivir?

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio I de los apóstoles


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque Tú, Pastor eterno, no abandonas nunca a tu rebaño,
sino que por medio de los santos apóstoles
lo proteges y conservas,
y quieres que tenga siempre por guías
a los mismos pastores
a quienes tu Hijo estableció como enviados suyos.
Por eso
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo.



 


Para la Semana

Lunes 16:

Romanos 1,1 7. Por Cristo hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre los gentiles.

Sal 97. El Señor da a conocer su salvación.

Lucas 11,29 32. A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás.

Martes 17:
San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir. Memoria.

Romanos 1,16 25. Habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como Dios.

Sal 18. El cielo proclama la gloria de Dios.

Lucas 11,37 41. Dad limosna y lo tendréis limpio todo.

Miércoles 18:
San Lucas, evangelista. Fiesta.

2Tim 4,10-17b. Lucas es el único que está conmigo.

Sal 144. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

Lucas 10,1-9. La mies es abundante y los obreros pocos.

Jueves 19:

Romanos 3,21 30a. El hombre es justificado por la fe, sin obras de la Ley.

Sal 129. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Lucas 11,47 -54. Se pedirá cuenta de la sangre de los profetas, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarias.
Viernes 20:

Romanos 4,1-8. Abrahán creyó a Dios y le fue contado como justicia.

Sal 31. Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Lucas 12,1-7. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.

Sábado 21:

Romanos 4,13.16-18. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza.

Sal 104. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Lucas 12,8-12. El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que teneís que decir.


¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¿Es solamente un hacer el seguimiento de Jesús?, o ¿es ese hacer la parte más importante del seguimiento? ¿Marta gana la partida a María?

Jesús responde con dos palabras: amor y amor. Haz esto y tendrás la vida. Ama a Dios y al prójimo y la obtendrás. Mas ¿cómo se hace eso de amar? El maestro de la Ley, es verdad que queriendo justificarse, pregunta: ¿y quién es mi prójimo? Jesús, como tantas veces, no responde de manera directa. No busca definiciones, aunque fueren hechas como preciosos mandamientos.

No quiere reglas que dejen las cosas muy claritas en la mera apariencia, como si se tratara de píldoritas de moralina. Quiere, por el contrario, que seas tú, tú que quisiste seguir al Señor cuando te llamó, quien tome la determinación ante los hechos de la vida con objeto de saber, en la profundo de ella, en sus vericuetos infinitos, qué es amar, cuándo se da por nuestra parte esa acción de vida que deriva del amor, que se traduce en amor.

Anda, haz tú lo mismo. ¿No habías comprendido la parábola del buen samaritano?, pues en ella Jesús te había mostrado un comportamiento tal como el que hubiera sido el suyo. Ahí está, sabes lo que él hubiera hecho en esa ocasión, luego sabes lo que en ella es amar. Sigue al Señor en ese su camino, en su comportamiento. Haz del amor el centro mismo de tu acción de vida. No corras por ella como gallina sin cabeza. Porque amar es un acto de conocimiento, mejor, de reconocimiento de quien tiene necesidad de tu ayuda, y cuándo tú puedes realizar ese acto de amor. No un lloriqueo ante esa situación, sino un ponerse por entero al servicio de quien necesita de ti. Y hacerlo con inteligencia y constancia. No basta, lo que es muy importante y debes hacerlo, sin duda, con que acaricies la mano del que te necesita, pues luego debes ponerte en situación de buscarle hospedero para que cure sus heridas y le dé de comer hasta que vuelvas de nuevo para ver cómo va proyección de tu acto de amor.

Aquel chaval que junto a un grupo de amigos y amigas fue a Calcuta para pasar un mes con las Hermanitas de la Madre Teresa, casi en el instante mismo de llegar recibió un encargo: entra ahí, en donde había docenas de niños en sus camastritos, y cuida a aquel de la esquina que está a punto de morir. ¿Cómo? Tómalo en tus brazos y quiérelo. ¿Cómo puedo quererle? Tú sabrás. Tomó al niño en sus brazos, lo besó en el fondo de su ser, lo meció y lloró desconsoladamente. A los pocos minutos el niñito murió en sus brazos. ¿Es esto bastante? No cabe duda, es maravilloso y le deja a uno llorando, pero todavía falta algo para ser un acto de amor como el de Jesús. Déjalo todo y ven y sígueme. Para siempre. Aún en medio de tus fragilidades e, incluso, tus infidelidades.

Todavía nos falta algo por comprender. No podemos quedarnos en el primer momento de compasión irresistible, por emocionante que sea. El acto de amor conlleva un seguimiento, la dedicación de una vida. Si no, ¿qué será?, apenas si una irisada pompa de jabón.

La historia del profeta Jonás nos acompañará estos días como lectura maravillada. Buscaba el abroncamiento y la condena de los malvados, no que aquellos a quienes predicaba se convirtieran.

Tú, sígueme en una vida como la mía, centrada en el amor.

Luis Beltrán, religioso (1526-1581)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Juan Leonardi, presbítero; Dionisio, Rústico, Eleuterio y Domnino, Inocencio de la Inmaculada, Cirilo Beltrán y mártires de Turón, mártires; Dionisio Areopagita, Arnoaldo, Gisleno, Lamberto, Valerio, Demetrio, Nidgar, obispos; Diosdado, Andrónico, abades; Luis Beltrán, Pedro el Gálata, confesores; Atanasia, Publia, abadesas; Abrahán y Lot, patriarcas; Teodofrido, Sabino, monjes.

Mártires de Turón († 1934)

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Santos: Juan Leonardi, presbítero; Dionisio, Rústico, Eleuterio y Domnino, Inocencio de la Inmaculada, Cirilo Beltrán y mártires de Turón, mártires; Dionisio Areopagita, Arnoaldo, Gisleno, Lamberto, Valerio, Demetrio, Nidgar, obispos; Diosdado, Andrónico, abades; Luis Beltrán, Pedro el Gálata, confesores; Atanasia, Publia, abadesas; Abrahán y Lot, patriarcas; Teodofrido, Sabino, monjes.

Juan Leonardi, fundador (1541-1609)

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Santos: Juan Leonardi, presbítero; Dionisio, Rústico, Eleuterio y Domnino, Inocencio de la Inmaculada, Cirilo Beltrán y mártires de Turón, mártires; Dionisio Areopagita, Arnoaldo, Gisleno, Lamberto, Valerio, Demetrio, Nidgar, obispos; Diosdado, Andrónico, abades; Luis Beltrán, Pedro el Gálata, confesores; Atanasia, Publia, abadesas; Abrahán y Lot, patriarcas; Teodofrido, Sabino, monjes.

Dionisio, obispo, y compañeros mártires (s. II)

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Santos: Juan Leonardi, presbítero; Dionisio, Rústico, Eleuterio y Domnino, Inocencio de la Inmaculada, Cirilo Beltrán y mártires de Turón, mártires; Dionisio Areopagita, Arnoaldo, Gisleno, Lamberto, Valerio, Demetrio, Nidgar, obispos; Diosdado, Andrónico, abades; Luis Beltrán, Pedro el Gálata, confesores; Atanasia, Publia, abadesas; Abrahán y Lot, patriarcas; Teodofrido, Sabino, monjes.

Inocencio de la Inmaculada, mártir pasionista (1887-1934)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Juan Leonardi, presbítero; Dionisio, Rústico, Eleuterio y Domnino, Inocencio de la Inmaculada, Cirilo Beltrán y mártires de Turón, mártires; Dionisio Areopagita, Arnoaldo, Gisleno, Lamberto, Valerio, Demetrio, Nidgar, obispos; Diosdado, Andrónico, abades; Luis Beltrán, Pedro el Gálata, confesores; Atanasia, Publia, abadesas; Abrahán y Lot, patriarcas; Teodofrido, Sabino, monjes.

09/10/2017 – Lunes de la 27ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Jonás se puso en marcha para huir lejos del Señor
Comienzo de la profecía de Jonás 1, 1-2, 1. 11

El Señor dirigió su palabra a Jonás, hijo de Amitai, en estos terminos:

«Ponte en marcha, ve a Nínive, la gran ciudad, y llévale este mensaje contra ella, pues me he enterado de sus crímenes».

Jonás se puso en marcha para huir a Tarsis, lejos del Señor. Bajó a Jafa y encontró un barco que iba a Tarsis; pagó el pasaje y embarcó para ir con ellos a Tarsis, lejos del Señor.

Pero el Señor envió un viento recio y una fuerte tormenta en el mar, y el barco amenazaba con romperse.

Los marineros se atemorizaron y se pusieron a rezar, cada uno a su dios. Después echaron al mar los objetos que había en el barco, para aliviar la carga. Jonás bajó al fondo de la nave y se quedo allí dormido.

El capitán se le acercó y le dijo:

«¿Qué haces durmiendo? Levántate y reza a tu Dios; quizá se ocupe ese Dios de nosotros y no muramos».

Se dijeron unos a otros:

«Echemos suertes para saber quién es el culpable de que nos haya caído esta desgracia».

Echaron suertes y le tocó a Jonás.

Entonces le dijeron:

«Dinos quién tiene la culpa de esta desgracia que nos ha sobrevenido, de qué se trata, de dónde vienes, cuál es tu país y de qué pueblo eres».

Jonás les respondió:

«Soy hebreo; adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme».

Muchos de aquellos hombres se asustaron y le preguntaron:

«¿Por qué has hecho eso?».

Pues se enteraron por el propio Jonás de que iba huyendo del Señor.

Después le dijeron:

«¿Qué vamos hacer contigo para que se calme el mar?» Pues la tormenta arreciaba por momentos.

Jonás les respondió:

-«Agarradme, echadme al mar y se calmará. Bien sé que soy el culpable de que os haya sobrevenido esta tormenta».

Aquellos hombres intentaron remar hasta tierra firme, pero no lo consiguieron, pues la tormenta arreciaba. Entonces rezaron así al Señor:

«¡Señor!, no nos hagas desaparecer por culpa de este hombre; no nos imputes sangre inocente, pues tú, Señor , actúas como te gusta».

Después agarraron a Jonás y lo echaron al mar. Y el mar se calmó.

Tras ver lo ocurrido, aquellos hombres temieron profundamente al Señor, le ofrecieron un sacrificio y le hicieron votos.

El Señor envió un gran pez para que se tragase a Jonás, y allí estuvo Jonás, en el vientre del pez, durante tres días con sus tres noches.

El Señor dio orden al pez, y vomitó a Jonás en tierra firme.

Palabra de Dios.

Jon 2, 3. 4. 5. 8
R. Tú. Señor, me sacaste vivo de la fosa.

Invoque al Señor en mi desgracia y me escucho;
desde lo hondo del Abismo pedí auxilio,
y escuchaste mi llamada. R.

Me arrojaste a las profundidades en alta mar,
las corrientes me rodeaban,
todas tus olas y oleajes se echaron sobre mí. R.

Me dije: «Expulsado de tu presencia,
¿cuándo volveré a contemplar tu santa morada?». R.

Cuando ya desfallecía mi ánimo,
me acordé del Señor;
y mi oración llegó hasta ti,
hasta tu santo morada. R.

Aleluya Jn 13, 34
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Os doy un mandamiento nuevo – dice el Señor -,
que os améis unos a otros, como yo os he amado. R

EVANGELIO
¿Quién es mi prójimo?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:

«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»

Él le dijo:

«¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».

Él respondió:

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo».

Él le dijo:

«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:

«¿Y quién es mi prójimo?».

Respondió Jesús diciendo:

«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje, llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo:

“Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”.

¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».

Él contestó:

«El que practicó la misericordia con él».

Jesús le dijo:

«Anda, haz tú lo mismo».

Palabra del Señor.

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