Archiv para octubre, 2017

Tener paciencia en la espera

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Muchas veces me he fijado en cómo están los alumnos cuando falta el profesor en clase. Instintivamente, ante la ausencia de un adulto que les sirva de referente, empiezan a jugar. Lo hacen confiados en que cuando llegue el profesor tendrán tiempo de volver a sus sitios y portarse como si nada hubiera pasado. La experiencia indica que pocas veces sucede así y que el profesor acaba riñéndolos.

A menudo nos olvidamos de que siempre hay que estar disponibles para Dios. El evangelio de hoy nos lo recuerda desde una perspectiva escatológica. En cualquier momento puedo ser llamado por Dios y debo estar preparado para comparecer ante Él. Pero, alargando la enseñanza, descubrimos que hay que estar presto cada día, porque la voluntad de Dios se manifiesta en cualquier momento. ¿Por qué determinados santos ante hechos que estaban a la vista de todos reaccionaron de una manera distinta? La razón es simple: tenían ceñida la cintura y encendidas las lámparas. La imagen de los sirvientes, utilizada por Jesús para ilustrar su enseñanza, nos ayuda en esta interpretación. Hay un dicho popular que dice: “El ojo del amo engorda al caballo”. Se significa con él que si el dueño o el jefe está presente, todos los empleados rinden más.

Ocupados en las cosas terrenas puede sernos fácil olvidar que Dios siempre está atento a todo. No lo hace como un jefe que quiere sorprendernos en un error, sino como Padre Providente que piensa en cada uno de nosotros y nos cuida. La fe nos ayuda a mantener nuestra vista puesta en Dios en todas las circunstancias.

Recuerdo a un cartujo que una vez me dijo: “En su celda, el cartujo vive de la sola fe”. Lo decía porque los monjes tienen una serie de prácticas y devociones que deben cumplir cada día, pero que no son vigiladas por nadie. Quedan entre el monje y Dios. Pensando en ello caí en la cuenta de lo importante que es hacerlo todo con el máximo amor posible, rezar con verdadera devoción también cuando estamos totalmente solos y determinadas prácticas que pueden ser rutinarias como el ofrecimiento de obras por la mañana o el examen de conciencia antes de retirarnos a descansar. Es decir, hay que hacerlo todo siendo delicados con Dios que, lo sabemos por la fe, está ahí con nosotros.

La conciencia de mirarnos mutuamente es fuente de un gran gozo espiritual. Sabemos que Él no deja de estar atento a nuestras necesidades y, al mismo tiempo, gracias al don de la fe, tenemos conciencia de su presencia. Por experiencia conocemos lo duro que es esperar, sobre todo cuando desconocemos el momento oportuno. En esa situación es fácil bajar la guardia y desanimarse. También en la vida cristiana nosotros hacemos un camino cuyos plazos no dependen de nosotros. No sólo respecto de la vida eterna sino también de los progresos que nos gustaría alcanzar y que no siempre se rigen por nuestro calendario. Hay que saber esperar. También así le mostramos nuestro amor a Dios.

25/10/2017 – Miércoles de la 29ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 12-18

Hermanos:

Que el pecado no siga reinando en vuestro cuerpo mortal, sometiéndoos a sus deseos; no pongáis vuestros miembros al servicio del pecado, como instrumentos de injusticia; antes bien, ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte, y poned vuestros miembros, al servicio de Dios, como instrumentos para la justicia.

Porque el pecado no os ejercerá su dominio sobre vosotros: pues no estáis bajo la ley, sino bajo gracia.

Entonces, ¿qué? ¿Pecaremos, puesto que no estamos bajo la ley, sino bajo gracia? ¡En absoluto!

¿No sabéis que, al ofrecéis a alguien como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia?

Pero gracias sean dadas a Dios, porque erais esclavos del pecado, mas habéis obedecido de corazón al modelo de doctrina al que fuisteis entregados; liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia.

Palabra de Dios.

Sal 123, 1-3. 4-6. 7-8
R. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
– que lo diga Israel -,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros. R.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor,
que no nos entregó
en presa a sus dientes. R.

Hemos salvado la vida, como un pájaro
de la trampa del cazador;
la trampa se rompió,
y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R.

Aleluya Mt 24, 42a. 44
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Estad en vela y preparados,
porque a a hora que menos penséis
viene el Hijo del hombre. R

EVANGELIO
Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Pedro le dijo:

«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».

El Señor dijo:

«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?

Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.

El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.

Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más se le pedirá».

Palabra del Señor.

Permanecer atentos

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Una de las mayores insistencias del Evangelio es la de la vigilia. Son muchas las veces que el Señor nos dice: “Velad”. A mí me recuerda a las madres que advierten, incontables veces, a sus hijos. Lo hacen porque es la manera que tienen de ponerlos en guardia frente a algún peligro o para mantenerlos despiertos no vaya a ser que algo importante les pase desapercibido. Es frecuente la invitación a vigilar cuando se va a hacer un viaje. ¡Cuantas veces no nos han dicho: “¡ve con cuidado!” Jesús también nos dice muchas veces: “Velad”.

Hay épocas, sobre todo cuando finaliza el año litúrgico y también en Adviento, en que esa llamada evangélica se hace más frecuente. Pero la encontramos en muchos otros momentos. Es como un leit motiv del Evangelio. Hay que estar alerta. Jesús nos sitúa en la perspectiva de su retorno. La llamada se mueve en una perspectiva escatológica. El Señor volverá y quiere encontrarnos preparados. Aquí, en el fragmento que hoy consideramos la perspectiva es positiva. Por eso se señala “dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela”. Y se advierte de que habrá un premio que, además, es sorprendente, porque será el señor quién hará sentar a la mesa a los criados para, él mismo, servirles. Se trata, evidentemente, de una desproporción en la que atisbamos, de alguna manera, el premio del Reino.

La vigilancia a la que invita el Evangelio no conduce a la neurosis. El cristiano no se mueve en la angustia de hacer las cosas porque, en cualquier momento, puede ser sorprendido para rendir cuentas. Más bien, esa invitación a la vela nos llama a considerar de qué manera organizamos nuestra vida. Hace unos días visité a unas monjas clarisas. Pensando en la vida que allí se lleva me di cuenta de que las monjas velan con pequeños detalles: cuidando el hábito, siendo fieles a un horario, cumpliendo una regla… esa fidelidad no las mantiene en tensión. Al contrario, cualquiera percibe allí una alegría que hace tiempo que ha desaparecido de nuestras ciudades. Muchos conventos son reductos de verdadera alegría.

Velan, pues, siendo fieles a cosas pequeñas y, a partir de ahí mantienen su gran fidelidad a Jesucristo. Seguramente, sea la hora que sea, incluso a la más intempestiva, el Señor las sorprenderá en vela, porque su vida está toda organizada para no perder la presencia de Dios y ello realizando las más variadas actividades. Cuidan lo pequeño para custodiar lo grande

Me parece que nuestra vigilancia va por ese camino. Cada cual sabe descubrir y conoce por experiencias dónde, de qué manera y con qué recursos, mantiene la presencia de Dios y conserva esa alegría que siempre reconocemos como un don, porque es mucho mayor de lo que correspondería a lo que nosotros hemos hecho.

Antonio María Claret, arzobispo y fundador (1807-1870)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

San Antonio María Claret, arzobispo, fundador; Audacto, Jenaro, presbíteros; Séptimo, Fortunato, Aretas, Marcos, Poncia, Petronila, Soterico, Valentín, mártires; Proclo, Maglorio, Bernardo, Calvo, Evergislo, obispos; Felix, obispo y mártir; Martín, abad; Nicéforo, monje.

24/10/2017 – Martes de la 29ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado, con cuánta más razón reinarán en la vida
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12. 15b. 17-19. 20b-21

Hermanos:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron.

Si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia e Dios y el don otorgada en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.

En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.

Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, para que, lo mismo que reinó el pecado a través de la muerte, así también reinara la gracia por la justicia para la vida eterna, por Jesucristo, nuestro Señor.

Palabra de Dios.

Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10. 17
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tú voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo: «Aquí estoy». R.

«- Como está escrito en mi libro –
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R.

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean tu salvación. R.

Aleluya Rom 8, 15bc
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Estad despiertos en todo tiempo,
pidiendo manteneros en pie ante el Hijo del hombre. R

EVANGELIO
Bienaventurados los criados a quienes el señor, al llegar los encuentre en vela
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y , acercándose, les irá sirviendo.

Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».

Palabra del Señor.

Domingo de la 30ª semana de Tiempo Ordinario. – 29/10/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

EL AMOR ES LA PRINCIPAL PRIORIDAD


Existe hoy mucha dispersión y confusión provocada por la oferta de novedades competitivas,
que hacen viejo lo que ayer valía. Se fabrican mil “slogans” publicitarios para resumir y anunciar lo bueno e importante. Está de moda acuñar frases lapidarias que sintetizan lo principal, en el plano comercial, político e incluso religioso. En tiempos de Jesús les interesaba conocer lo principal de la ley, y hoy sigue siendo también actual esta pregunta para discernir entre las prioridades de la fe cristiana.

En la misa de este domingo treinta ordinario se leen dos textos importantes de la Biblia sobre el discernimiento de las prioridades cristianas, uno tomado del Éxodo y otro de San Mateo. En el primero se recuerdan una serie de preceptos ético sociales que para el hebreo constituían una especie de bloque legislativo o códice de la alianza adaptado a la vida religiosa y social. El forastero, el huérfano y la viuda, y el pobre eran los ciudadanos privados del defensor. Por eso Dios los había asumido bajo su especial protección y la comunidad debía rodearlos de amor, porque el que oprime al débil ultraja al que lo ha creado.

El diálogo de Jesús con los fariseos, que nos presenta el evangelio de hoy, es un diálogo polémico y revelador de la originalidad absoluta del mensaje cristiano. El innato deseo de clasificación jurista de los rabinos había entresacado y catalogado en la Biblia seiscientos trece preceptos de diferente valor, sobre los que discutían constantemente los profesionales de la ley. Jesús más que presentar dos mandamientos principales, lo que hace es ofrecer la perspectiva de fondo, el ámbito formal, la atmósfera religiosa en que debe ser interpretada la ley. Para Cristo la dimensión vertical (Dios) y la dimensión horizontal (prójimo) son inextricables, se interfieren y vivifican mutuamente, de tal modo que constituyen el “ser” cristiano genuino y total. El amor no es sencilla simplificación de la multiplicidad de prescripciones, sino la llave maestra de la Ley y de los Profetas.

Sabemos que amamos a Dios cuando somos conscientes de que amamos al prójimo, sobre todo al más débil. Desde los tiempos del Éxodo los que más sufren son los emigrantes forzosos, las viudas sin trabajo, los huérfanos desamparados; los pobres que carecen de todo. Ellos son primordialmente “los prójimos” los privilegiados de Dios. Muchos de ellos sufren sin esperanza, por eso solo tienen abierta la puerta de la desesperación. Sin embargo, cuando se encuentran con el amor cristiano auténtico entonces brilla para ellos la luz de un amanecer que da sentido a su vida. Todo amor que no es constante, genera ilusiones transitorias, no es cristiano.

Andrés Pardo

 

 

 

Palabra de Dios:

Éxodo 22, 20-26 Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 5lab
san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10 san Mateo 22, 34-40

 

de la Palabra a la Vida

La liturgia de la Palabra de este domingo nos ofrece la oportunidad de reflexionar acerca de uno de los pasajes centrales de la Ley no sólo tal y como Dios se la da a su pueblo, en el libro del Éxodo, sino sobre todo tal y como Jesucristo, el Maestro, la enseña.

Así, Cristo no sólo ofrece una forma de hacer, sino una forma de ser. El cristiano no es aquel que hace como a alguien, a un fundador, a Dios en este caso, se le ha ocurrido: hacemos tal y como Dios es. No podemos hacer de otra forma si queremos que se haga visible el amor invisible de Dios por nosotros y de nosotros por Él. La concreción del libro del Éxodo, así como la del segundo mandamiento que completa y hace visible el primero, nos permiten descubrir el misterio del amor de Dios. Dios es compasivo, ofrece su amor a los hombres, que experimentan cada día la injusticia y la debilidad, la intemperie y lo pasajero… y en medio de todo ello les ofrece su cuidado y su orden. Aquel que se reconoce en la necesidad verdadera, vuelve su mirada a Dios, y Dios para socorrerle se sirve… de los hermanos. Pide a los hermanos que obren con justicia para que, aquellos que lo sienten lejano por las circunstancias adversas de la vida, puedan reconocer en la compasión finita de los hombres la compasión infinita de Dios.

Y aquí se desvela un segundo misterio unido al primero, de forma análoga al segundo mandamiento unido al primero: el amor no sólo produce efecto en el que lo recibe, sino también en el que lo da. Al amar, experimentamos también la acción del amor de Dios, una acción que nos hace más fuertes, que nos permite experimentar no sólo la compasión del amor de Dios, sino también la inmensa firmeza de ese amor. Es por eso que la Iglesia repite en el salmo: “Yo te amo, Señor, Tú eres mi fortaleza”. Cuando el creyente en Dios ama, cuando obra con el prójimo según Dios le pide, no sólo fortalece al hermano débil o necesitado, sino que se reconoce fortalecido por Dios. Es este un camino maravilloso y misterioso que tenemos que cuidar, que tenemos que descubrir: en el amor al prójimo, soy amado, soy unido a Dios, porque me hago parte del orden con el que Él mismo quiere gobernar y ordenar el mundo. Ciertamente, es difícil ver esto con tanta injusticia que nos rodea, que parecen contradecir el poder de Dios, y sin embargo, es indudable la fuerza con la que el Señor desea llamarnos a obrar como Él para que se ve que Él es amor.

Un lugar donde la Iglesia aprende esta misma experiencia es la celebración de la Iglesia, donde el cristiano va a participar por amor a Dios, y por el amor de Dios se ve fortalecido. La liturgia no es ámbito de ritos vacíos, sino experiencia de amor, del amor de Dios, que no es tan visible como eficaz, que sabemos más que sentimos, que acogemos más que creamos. Ahí, la Iglesia nos invita a aprender a vivir el primer mandamiento en la concreción del segundo: ¿Amas a Dios? Pues ama a los hermanos, celebra con ellos, no al margen de los demás. Si esto no lo ponemos en práctica en la celebración de la Iglesia, haciéndola verdaderamente eclesial, católica, es difícil aceptar esa concreción en los avatares de cada día. La fortaleza que el Señor quiere darnos se manifiesta no en ir por libre, sino en ir con los hermanos. No se manifiesta en hacer lo que quiero, sino lo que
la Iglesia, pueblo reunido, quiere.

Por eso el primer mandamiento se pone a prueba en la Iglesia y desde ella: allí Cristo nos fortalece en su amor, amor estable, amor ordenado, amor que se da.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de Todos los Santos


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy nos concedes celebrar a la ciudad santa,
la Jerusalén celeste, que es nuestra madre,
donde eternamente ya te alaba
la corona de nuestros hermanos.
Hacia ella, como peregrinos guiados por la fe,
nos apresuramos jubilosos,
compartiendo la alegría por la glorificación de los mejores miembros de la Iglesia,
en la que nos concedes también ayuda y ejemplo para nuestra debilidad.
Por eso, con la muchedumbre de los santos y de los ángeles
proclamamos tu grandeza y te alabamos clamando a una sola voz:
Santo, Santo, Santo…







Para la Semana

Lunes 30:

Romanos 8,12 17. Habéis recibido un Espíritu de adopción, en el que clamamos: “¡Abbá, Padre!”.

Sal 67. Nuestro Dios es un Dios que salva.

Lucas 3,10 17. A esta, que es hija de Abraham, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?

Martes 31:

Romanos 8,18 25. La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios.

Sal 125. El Señor ha estado grande con nosotros

Lucas 13,18 21, El grano creció y se hizo un árbol.
Miércoles 1:
Todos los Santos. Solemnidad

Apocalipsis 7,2-4.9-14. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas.

Sal 23. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

1Juan 3,1-3. Veremos a Dios tal cual es.

Mateo 5,1-12a. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
Jueves 2:
Conmemoración de todos los fieles difuntos.

Job 19,1.23-27a. Yo sé que está vivo mi redentor.

Sal 24. A ti Señor, levanto mi alma.

Filipenses 3,20-21. Transformará nuestro cuerpo humilde, según su modelo glorioso.

Marcos 15,33-39; 16,1-6. Jesús, dando un fuerte
grito, expiró.
Viernes 3:

Romanos9,1-5. Desearía ser un proscrito por el bien de mis hermanos.

Sal 147. Glorifica al Señor, Jerusalén.

Lucas 14,1-6. ¿A quién se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca en día de sábado?.
Sábado4:
San Carlos Borromeo. Memoria

Romanos 11,1 2a.11-12.25 -29. Si el rechazo de los judíos es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver desde la muerte a la vida?

Sal 93. El Señor no rechaza a su pueblo.

Lucas 14,1.7 -11 Todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.


Hacer bien las cuentas

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Vivimos en una sociedad muy calculadora. Casi podríamos decir que el economicismo lo ha invadido todo. Igualmente, tenemos que calcular cómo afrontar las hipotecas y, muchas veces, los equilibrios nos llevan a tener que organizar los gastos de todo el mes para poder subsistir sin sustos. Lo calculamos todos y esa mentalidad se traslada al campo de las relaciones personales, en el que las amistades se transforman en inversiones o la manera de saludar en oportunidades de futuro.

Pero no sabemos calcular el valor de nuestros días ni prevemos con la suficiente inteligencia el destino de nuestra vida. De ello trata la enseñanza que Jesús nos trae en el Evangelio de hoy. Pensar en la vida eterna parece trasnochado. Pero es a la vida eterna a lo que todos tendemos y hacia dónde nos movemos con nuestras acciones cotidianas. Normalmente la vemos tan lejana que pensamos que no importa nuestro comportamiento actual. Pero, de hecho, vivimos el día a día según la perspectiva de eternidad que tenemos. Elegimos en cada instante, de alguna manera, porque queremos anticipar esa eternidad y, por eso, en cada elección, definimos la felicidad que deseamos.

La riqueza se puede convertir en un enemigo de la verdadera felicidad. Por eso hoy el Señor nos previene sobre la codicia. El dinero se pega y, cuando uno se aficiona, cada día desea más. Fácilmente la riqueza anula otros deseos de nuestro corazón. Enamorarse del dinero equivale a desplazar muchos otros intereses de nuestro corazón. Incluso puede llegar a convertirse en una obsesión. Conozco personas que, cuando ven que se apegan demasiado a las riquezas hacen actos heroicos de desprendimiento y entregan gran parte de lo que tienen a la caridad o a obras de la Iglesia. Intentan, de esa manera, que el amor al dinero no se superponga a su amor a Dios.

Meditando sobre este Evangelio caigo en la cuenta de que, en el momento de mi muerte, no me importará mucho si he ganado más o menos. En ese momento querré saber si he amado cómo Jesús me ha enseñado y si, de esa manera, he ganado mi vida. La imagen de una inmensa fortuna (o no tan grande) que va a quedar abandonada mientras yo me pierdo por no haber sabido elegir lo más conveniente, me perturba. Esto se puede afirmar de la riqueza y de tantas otras cosas a las que nos aficionamos desordenadamente. Pero hoy Jesús habla de la codicia y, no cabe duda, de que ahí nos duele bastante. Por todas partes se respira esa mentalidad materialistaa en la que te valoran por tu sueldo o te felicitan en función de lo que ganas. Y esas ideas, tan difundidas y que equiparan dinero a felicidad, también se filtran en nuestra manera de pensar. Jesús nos advierte.

Por el contrario, podemos hacer muchas cosas para “ser ricos ante Dios”. Hay entran las obras de misericordia. La vida entregada por amor a Dios y a nuestros hermanos.

Que María nos ayude a cuidar nuestro corazón para que no dejemos de desear la felicidad que Dios quiere regalarnos. Que teniendo los ojos fijos en las riquezas celestiales aprendamos a usar las terrenas.

Juan de Capistrano, presbítero (1386-1456)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Juan de Capistrano, Teodoreto, presbíteros; Servando, Germán, Giraldo, Graciano, Teodoro, Sócrates, Teodoto, mártires; Ignacio, patriarca; Juan, Román, Vero, obispos; Benito, Severino, confesores; Bertario, abad; Sira, abadesa; Oda (Odette), viuda; Domicio, Juan el Bueno, eremitas.

23/10/2017 – Lunes de la 29ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Está escrito por nosotros, a quienes se nos contará: nosotros, los que creemos en él
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 20-25

Hermanos:

Abrahán, ante la promesa divina no cedió a la incredulidad, sino que se fortaleció en la fe, dando gloria a Dios, pues estaba persuadido de que Dios es capaz de hacer lo que promete; por lo cual le fue contado como justicia.

Pero que “le fue contado” no está escrito solo por él; también está escrito por nosotros, a quienes se nos contará: nosotros los que creemos en el que resucitó de entre los muertos a Jesucristo nuestro Señor Jesús, el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

Palabra de Dios.

Lc 1, 69-70. 71-72. 73-75
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.

Suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas. R.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza. R.

Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán
para concedernos
que, libres de temor, arrancados de la mano
de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días. R.

Aleluya Mt 5, 3
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. R

EVANGELIO
¿De quién será lo que has preparado?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 13-21

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:

«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».

Él le dijo:

«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».

Y les dijo:

«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».

Y les propuso una parábola:

«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha.

Y empezó a echar cálculos, diciéndose:

“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.

Y se dijo:

“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.

Pero Dios le dijo:

“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”

Así será el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

Palabra del Señor.

octubre 2017
L M X J V S D
« Sep   Nov »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031