El mensaje de la liturgia de la Palabra de hoy es claro y directo, además de provocativo y exigente: el perdón de Dios y el perdón de los hombres:

  • Que Dios nos pide que nos perdonemos en la misma medida: Pedro pregunta: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.
  • Que el Dios que perdona a los hombres exige el perdón entre los hombres: ¿Cómo es que quien no tiene compasión de su semejante, pide a Dios perdón de sus pecados? Jesús responde con la parábola del deudor de los talentos: “Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”

El Evangelio es siempre actual. ¿En cuantos lugares, ahora mismo, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, están pensando en la venganza o están pensando en el perdón? ¿Cuántas experiencias ahora mismo están dando vida al escandaloso mensaje evangélico de la reconciliación?

El año pasado el Papa Francisco estuvo en Colombia, precisamente, para confirmar en la fe, en el amor y en la esperanza a todos los “perdonadores” por amor:

  • A Pastora la violencia vivida en Colombia por las guerrillas se llevo a sus dos hijos, Sandra y Jorge. Tras transmitir al Papa su testimonio, Francisco la dijo: Pastora tienes razón: la violencia engendra más violencia, el odio más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso sólo es posible con el perdón y la reconciliación.
  • Luz Dary también quedo física y psicológicamente herida en medio del drama vivido en Colombia, y también tras transmitir al Papa su testimonio, Francisco la dijo: Te has dado cuenta de que no se puede vivir del rencor, de que sólo el amor libera y construye. Y de esta manera comenzaste a sanar también las heridas de otras víctimas, a reconstruir su dignidad. Este salir de ti misma te ha enriquecido, te ha ayudado a mirar hacia delante. Esta muleta tuya es un símbolo de esa otra muleta más importante, y que todos necesitamos, que es el amor y el perdón.
  • Para muchos este mensaje del Papa es desproporcionado, y no terminan de ver como casa con la verdad y la justicia. El mismo Papa, en ese mismo diálogo con las víctimas de la guerrilla, les decía: La verdad no debe conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos.

Que este sea el legado para todos los cristianos del Evangelio que hoy hemos escuchado, y del testimonio que el Papa Francisco nos propone: “No nos resistamos a la reconciliación”.

Y en el día en que celebramos a San Tarsicio, niño mártir de los primeros tiempos que dio su vida para no profanar la eucaristía, recordemos que la misericordia de Dios nos urge a ser sus custodios, y que el viático del perdón que se nos da en los sacramentos del bautismo, la reconciliación y de la eucaristía, nos invitan a ser también nosotros dadores de perdón y de vida para los demás.