Ef  2, 12-22
Sal 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14
Lc 12, 35-38

La carta a los Efesios nos recuerda que Cristo ha derribado el muro que separaba a los pueblos y ha hecho posible la verdadera paz. La paz que Cristo ofrece no es superficial, sino fruto de su entrega y sacrificio en la cruz. El odio y la división solo pueden superarse cuando miramos juntos hacia Cristo, mientras que la paz exige renunciar al egoísmo, al desprecio y a todo aquello que nos separa de los demás.

El Evangelio nos invita también a vivir vigilantes, esperando siempre la venida del Señor. Jesús llama dichosos a quienes permanezcan despiertos y fieles mientras esperan su regreso. Esta vigilancia significa vivir cada día con responsabilidad, esperanza y fidelidad al Evangelio.

La gran promesa es sorprendente: el Señor mismo se pondrá a servir a quienes hayan permanecido fieles. Esperamos así pasar de ser siervos a ser amigos de Cristo y participar de su vida para siempre. La paz, la vigilancia y la esperanza nos orientan hacia el encuentro definitivo con Dios.