Ef 4, 1-6
Sal 23, 1b -2. 3-4ab. 5-6
Lc 12, 54-59
La unidad de los cristianos es un don de Dios, pero también una tarea que exige compromiso, diálogo y conversión. Aunque Cristo ha derribado los muros de división, siempre existe el riesgo de levantar otros nuevos. El ecumenismo invita a avanzar hacia la plena comunión mediante la oración, el diálogo teológico y la esperanza en el Espíritu. La unidad cristiana no es solo un deseo, sino un deber para que el mundo pueda creer en el Evangelio. Como recuerda Ut Unum Sint, debemos confiar en que para Dios nada es imposible y que el camino hacia la unidad puede avanzar.
El Evangelio nos exhorta además a descubrir e interpretar los signos de los tiempos con madurez y responsabilidad. Jesús invita a no vivir superficialmente, sino a leer la realidad antes de actuar sobre ella. La fe requiere una conciencia adulta capaz de discernir qué es lo conveniente en cada momento. Para ello necesitamos cultivar la atención, la inteligencia, la capacidad de razonar y la responsabilidad personal.
Así, leer los signos de los tiempos y trabajar por la unidad se convierten en caminos concretos para vivir con mayor autenticidad el Evangelio.