Domingo de la 2ª semana de Adviento – 09/12/2012

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Comentario Pastoral
MENSAJE DE ADVIENTO PARA HOY

Ponerse en pie, subir a la altura, mirar hacia oriente, como recuerda hoy el profeta Baruc en la primera lectura, significa demostrar disponibilidad y empeño para emprender la marcha hacia Dios por los caminos de la justicia y la misericordia. Ponerse en pie es vivir en el dinamismo de la fe, superando pasividades, pacifismos cómodos o sentadas inútiles. El cristiano tiene que ser un signo erguido y visible de la verdad de Dios y de la esperanza nueva. En el Adviento es preciso soñar y desear el esplendor de Dios, que se nos va a mostrar en la luz de su gloria. El Adviento es una experiencia interior, una toma de conciencia de que Dios es el que guía y conduce por la senda de la verdad, al amparo de su cercanía y con la seguridad de su presencia.

La segunda lectura es un mensaje de alegría y confianza. El creyente ha de librarse de tristezas inútiles para crecer en el amor. Porque ha aceptado el Evangelio ha de penetrar continuamente en sus valores fundamentales; y lo ha de hacer confiadamente, es decir, superando apoyos humanos y fiándose totalmente de Dios, para llegar limpio e irreprochable con frutos de justicia al día de Cristo, a la Navidad de siempre.

El Evangelio nos presenta a Juan Bautista predicando en el desierto. Mucho se ha escrito sobre la espiritualidad del desierto, lugar que cambia al hombre interna y externamente. En el desierto se contempla mejor el cielo y se ven mejor las estrellas, pero sobre todo se escucha mejor y se medita el mensaje de lo transcendente.

En el desierto le vino a Juan la palabra de Dios. Por eso es necesario dejar los ruidos mundanos y gritos que desorientan, para vivir una experiencia silenciosa y lograr una escucha atenta a la voz de Dios, que es susurro tenue y exigencia fuerte que trastoca la vida del hombre. El grito del Adviento es esperanzado e inteligible: hay que preparar el camino del Señor y hacer que nuestros caminos sean sus caminos. Para ver la salvación de Dios hay que enderezar lo torcido e igualar lo escabroso. Por eso es oportuno que cada uno analice qué aspectos de su vida debe cambiar, qué cosas debe elevar o rebajar y cuál es el sendero llano por el que debe avanzar. Así facilitaremos la venida de Dios y brillará su verdad y justicia.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Baruc 5, 1-9 Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6
Filipenses 1, 4-6. 8-11 Lucas 3, 1-6

Comprender la Palabra

En el Libro de Baruc, al que pertenece la primera lectura de hoy, resuena el eco de la plegaria y augurio con que alentaban en las sinagogas de la Diáspora judía, en los últimos tiempos antes de Cristo, la esperanza de un próximo día de gloria para su lejana Jerusalén. La llama del ideal futuro ardía en el hogar de su amor a la humilde realidad presente. Ciertamente la historia humana está jalonada por el sufrimiento, contrariedades y preguntas acuciantes. Pero no es menos cierto que Dios está ahí para cumplir su palabra, y más con nosotros que somos sus hijos adoptivos, pero hijos. La esperanza engendra siempre en el corazón del hombre la alegría y la seguridad firme. Dios nos hizo para la felicidad y nos quiere felices.

En la segunda lectura san Pablo, en su Carta a los Filipenses, muestra la amistad que existía entre él y sus discípulos colaboradores. Las líneas de la auténtica amistad, según el apóstol, no se limitan a sí mismas en el círculo del tiempo, sino que convergen en la eternidad en “el Día de Cristo” (traducción del “Día de Yahvé”, anunciado por los profetas). Por eso, el que ama en Cristo quiere y procura, por encima de todo, que su amigo sea “limpio e irreprochable” en orden al común encuentro de aquel Día eterno. Es necesario y urgente recuperar y fortalecer el sentido de comunidad. Nuestra fe se vive en comunidad, en medio de ella, y con un pueblo que camina por el mundo movido por la esperanza.

Viene el Señor. Es necesario prepararse. Los profetas son maestros en el arte de preparar el camino de Dios. Hoy, escuchamos la voz del mayor entre los profetas: Juan el Bautista. Su mensaje se resume en una consigna: conversión. Convertirse es retornar de la esclavitud de “Babilonia”, peregrinando entre cantos de alegría (Salmo responsorial), hacia la eterna “Jerusalén”, que tiene por nombre Paz y Gloria: “Paz en la justicia, Gloria en la piedad” (primera lectura). Juan Bautista enseñó al pueblo a caminar en esperanza. A no esperar en la pasividad. La liturgia adventual actualiza la misión del Precursor.

El ministerio de Juan Bautista es preparación para el ministerio de Jesús. Para comprender esta parte del relato lucano hay que recordar el esquema global de la historia de la salvación, porque nos encontramos precisamente en la línea divisoria de dos etapas histórico-salvíficas: el tiempo de Israel y el tiempo de Jesús. En el pensamiento de Lucas, Juan Bautista no es tanto el Precursor de Jesús, cuanto el último profeta del antiguo Testamento (cfr. Lc 16,16). Con Jesús comienza algo totalmente nuevo. La humanidad de Jesús es el lugar de encuentro con la palabra eterna de Dios y a la vez con todos los hombres. También hoy el mensaje de Jesús debe poner especial cuidado en invitar a las gentes al encuentro con Él, que refleja el rostro del Padre y el sentido auténtico de la existencia humana.

Ángel Fontcuberta

 

al ritmo de las celebraciones


EL ADVIENTO (2)

En el tiempo de Adviento, las lecturas de los cuatro domingos se centran en los grandes temas de este tiempo: la llamada a la vigilancia escatológica del final de los tiempos; las consignas del Bautista sobre la conversión; la preparación de los caminos del Señor y la preparación inmediata de la Navidad.

En las ferias, se complementa y profundiza este mensaje para los que celebran la Eucaristía con un ritmo diario. Y siempre, domingo y ferias, la Palabra de Dios nos va iluminando y guiando, consolando y juzgando, para que nos preparemos bien a la celebración del Nacimiento del Señor.

En la primera parte del Adviento (hasta el 16 de diciembre) las profecías mesiánicas orientan la mirada hacia la venida de Cristo (pero entendiéndola también como escatológica) y la venida definitiva al final de los tiempos. La venida a Belén no hace más que inaugurar el reino mesiánico. El proceso de maduración va hacia delante hasta el final de la historia.

La lectura de algunos fragmentos del Libro del profeta Isaías, la primera semana hasta el miércoles de la segunda, anuncian la salvación mesiánica. El evangelio de esos mismos días nos va mostrando como en Jesús de Nazaret se cumplen esas promesas.

Los textos evangélicos desde el jueves de la segunda semana hasta el 17 de diciembre, presentan la figura de Juan Bautista, mientras las imágenes de los profetas antiguos iluminan, de alguna manera, estos pasajes evangélicos.

En las ferias privilegiadas (17 al 24 de diciembre) la atención se centra en la preparación próxima a la Navidad: la celebración sacramental de la Venida de Cristo, actualizada “hoy”, en la Navidad de cada año concreto de nuestra historia. Las primeras lecturas establecen el paralelismo existente entre situaciones de salvación en el Antiguo Testamento y la cercanía del nacimiento del Mesías. Los evangelios van conduciéndonos hacia la Navidad con la anunciación del Bautista y de Jesús y sus respectivos nacimientos, adquiere un protagonismo especial la Virgen María, la Madre del Mesías.


Ángel Fontcuberta

Para la Semana

Lunes 10:
San Dámaso (350-384), papa, de origen español, en tiempos calamitosos, reunió frecuentes sínodo s contra herejes y cismáticos.

Isaías 35,1-10. Dios viene en persona y os salvará.

Sal 84. Nuestro Dios viene y nos salvará

Lucas 5,17-26. Hoy hemos visto cosas admirables.
Martes 11:
Santa Maravillas de Jesús, virgen.

Cant. 8,6-7. Es fuerte el amor como la muerte.

Sal 44. Llega el Esposo: salid a recibir a Cristo, el Señor.

Lucas 10,38-42. María ha escogido la parte mejor.
Miércoles 12:
Isaías 40,25-31. El Señor da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido. Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas.

Sal 102. Bendice, alma mía, al Señor.

Mateo 11,28~30. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. y yo os aliviaré.
Jueves 13:
Santa Lucía. virgen y mártir en la persecución de Diocleciano.

Isaías 41,13-20. Yo soy tu redentor, el santo de Israel.

Sal 144. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad

Mateo 11,11-15. No ha nacido uno más grande que Juan, el Bautista.
Viernes 14:
San Juan de la Cruz (1542-1591), carmelita santo y sabio, escritor místico y poeta, ayudó a Santa Teresa en la reforma.

lsaías 48,17-19. El Señor te enseña para tu bien, te guía por el camino.

Sal 1. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.

Mateo 11,16-19. Esta generación ni escuchó a Juan ni al Hijo del hombre.
Sábado 15:
Eclesiástico 48,1-4.9-11. Elías volverá para reconciliar y restablecer las tribus de Israel.

Sal 79. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Mateo 17,10-13. Elías vendrá y lo renovará todo. Ha venido y no lo reconocieron.

 

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