Volver a empezar.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Dice hoy San Pablo que vivimos en la “última de las edades”. Significa ante todo que estamos en la era histórica después de la venida de Dios en la carne humana. De eso hace ya, algo más de 2000 años.  Pero, igualmente, es un momento importantísimo el que estamos viviendo. A nivel social es algo incuestionable. Es urgente la recuperación de un sentido auténtico de la vida, alejado de los vaivenes de las modas y las ideologías.  Y la indignación no sólo surge de las corruptelas, de las desigualdades económicas, o de la falta de los bienes y recursos necesarios para todos, etc. ; sino más profundamente de la impotencia por sentir que continuamente se nos escapa esa promesa de felicidad innata en cada uno. ¿Qué nos pasa?

Hoy Cristo en el evangelio  -también san Pablo en su epístola- insiste en que todos estamos hechos del mismo barro. Nadie está vacunado frente a la tentación del individualismo, la falta de generosidad o el sinsentido. Ni siquiera los discípulos de Cristo. Y así nos lo hace saber. “¿Pensáis que esos eran más culpables que os demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no, y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.”

Todos, todos necesitamos convertirnos. Aunque muchas veces pensemos que unos lo necesitan más que otros. Pues la Palabra de Dios se ha revelado no sólo para los no creyentes, sino también para los más fieles. Da igual la edad, sexo, cultura, religión, contexto socio-político o lugar geográfico: Jesucristo pide la conversión, en definitiva, encontrarse con Él, volver a Él.  Convertirse no es sólo un cambio de mentalidad o de actitud, es ante todo, vivir en la Verdad -“el que es de la verdad escucha mi voz (Jn 18,37)”.

Moisés y San Pablo tuvieron que aprender a vivir en la Verdad.

Moisés aprendió que la Verdad siempre te llama por tu nombre, porque aunque haya personas que engañen nadie quiere ser engañado.  Moisés aprendió a descalzarse delante de la Verdad, porque a Dios nada se le puede ocultar y no se puede manipular. Moisés aprendió que Dios en la vida de las personas es una llama inextinguible, que quema todo lo que ha de caer pero deja en pie lo auténtico. Moisés aprendió a ver a Dios, no como su Dios, sino como el Dios de todo y de todos (de sus padres, de su pueblo, de los egipcios…) Y aprendió la lección más importante: que Dios no era la invención del corazón humano como la proyección psicológica de una respuesta ante la muerte o los dolores de la vida. Dios era el que estuvo antes que cualquier hombre o mujer de esta tierra y el que estará cuando todo haya desaparecido.  Vivir en la Verdad es vivir sabiendo que Dios “es el que realmente Es”: existe a nuestro lado y está actuando en la realidad. Llora en la guerras, se alegra entre los que se aman, pasa hambre en el necesitado, se enternece con los arrepentidos, le duele la traición del pecado, disfruta de la belleza, goza con la bondad… Y en lo profundo, ocurre, que cuando uno peca, es como si pensara de algún modo que en ese momento Dios no está. Pecar es como una pérdida instantánea de la fe.

Pablo, tan seguro de sí mismo, como un joven arrogante, alardeando de su formación exquisita tanto griega como judía, con trabajo fijo y con fama entre todos,…se sintió seguro de sí mismo. Tan seguro que empezó a negar la Verdad de Cristo, para creer que no había otra verdad que la que cada uno se construye,  y a odiar a aquellos que le denunciaban su engaño. Pero al final cayó estrepitosamente del caballo. Por eso, lo último que escribe hoy en su carta habla sobre todo de su experiencia personal: ” Por lo tanto, -dice- el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga”. Si niegas que exista un Amor verdadero y no te alimentas de él, vivirás de tus amores, pero poco a poco verás como se van consumiendo.

Vivir en la Verdad. Deja atrás tus pequeñas o grandes mentiras, tus incongruencias y falsedades,  o esos dichosos autoengaños. ¿Te resulta imposible? Para Dios no. Él busca tu salvación a costa de todo, hasta el día en que tengas que partir. Su paciencia es tu salvación. Volverá a cavar y a echar lo necesario para que des fruto. La cuestión es… ¿le dejarás hacerlo?

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