Archiv para abril, 2017

Sotero, papa († 175)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Sotero, Cayo, papas; Miles, Acepsimas, obispos y mártires; Bicor, León, Teodoro, obispos; Aitala, Parmenio o Pármenas, Elimenas, Crisótelo, presbíteros; Daniel, Alejandro, Leónides, Epipodo, Mareas, Santiago, Bicor, José, Azanades, Abdieze, Simeón, Tarbula, mártires; Apeles, Lucas, Mucio, Teodoro, Rufino, Julián, confesores; Raúl, abad; Senorina, abadesa; Reina, santa.

El Señor no quiere un corazón, sumiso sino vencido por amor

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En la relación de apariciones del Señor que vienen hoy en el Evangelio, hay una que siempre se nos escapa en el recuento. Jesús se aparece a los Once cuando están a la mesa, y les echa en cara su incredulidad y dureza de corazón. Aquel reproche no debía sonarles nuevo a los apóstoles, porque bastante aguante tuvo el Señor durante la vida pública ante el lote de egoísmos e inmadureces de los suyos. Por ejemplo, que el Señor se decidiera un día abrir su corazón y se pusiera a contarles que lo iban a atrapar, escupir, escarnecer, crucificar, etc., y que a ellos les diera por saber dónde iban a estar situados en el Reino, es para haberles dejado plantados en el mismo camino hacia Jerusalén.

Lo más interesante del Evangelio es que los autores inspirados no escatiman información sobre su incomprensión de la figura del Maestro: Pedro no se deja lavar los pies, el Señor le advierte que lo negará tres veces, los discípulos creen que la multiplicación de los panes es el principio de la instauración de un Reino terrenal, en un momento le llegan a decir “no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?”. No se enteran. Y ahora, cuando el Señor muestra a las claras quién es, los que él nombró con mimo después de una noche entera de oración se cierran en banda.

Era un momento crucial, porque si los Once no hubieran llegado a confiar en el valor del testimonio, la Iglesia naciente se hubiera roto. La dureza de corazón de la que se nos habla en el Evangelio, es una imagen poética de un sentimiento que todos hemos experimentado alguna vez, en el que la sospecha vence a la confianza. El niño carece de ese problema, porque sabe que el amor gana su total confianza. Ese es justo el mensaje que el Señor escribía entre líneas durante su vida pública: “os quiero con toda mi alma, fiaos de mí”.

Visto con cierta distancia, asusta ver la capacidad del corazón humano para ser refractario a Dios. En ningún credo religioso se observa tamaña osadía por parte del hombre. No existe en la fe cristiana un corazón sumiso, sino vencido por amor, y en esta guerra amorosa se la juega Dios por conquistarnos terreno.

22/04/2017 – Sábado de la Octava de Pascua

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
No podemos menos de contar lo que hemos visto y oído
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 13-21

En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús pero, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín, y se pusieron a deliberar entre ellos, diciendo:

«¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre».

Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo:

«¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».

Por ellos. repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido.

Palabra de Dios.

Sal 117,1 y 14-15.16-18.19-21
R. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
El Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos. R.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte. R.

Abridme las puertas de la salvación,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación. R.

EVANGELIO
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 16, 9-15

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.

Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.

Y les dijo:

«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».

Palabra del Señor.

Román Adame Rosales, sacerdote mártir (1859-1927)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Anselmo de Cantorbery, obispo y doctor de la Iglesia; Anastasio sinaíta, obispo; Román Adame Rosales, sacerdote y mártir; Simeón, Abdécalas, Ananías, Apolo, Alejandra (Sandra), Arador, Fortunato, Félix, Silvio, Vidal, Apolo, Isacio, Crotato, Timoteo, Pusicio, mártires; Conrado Parzha (sacristán), confesor.

Anselmo, arzobispo de Cantorbery, doctor de la Iglesia (1034-1109)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Anselmo de Cantorbery, obispo y doctor de la Iglesia; Anastasio sinaíta, obispo; Román Adame Rosales, sacerdote y mártir; Simeón, Abdécalas, Ananías, Apolo, Alejandra (Sandra), Arador, Fortunato, Félix, Silvio, Vidal, Apolo, Isacio, Crotato, Timoteo, Pusicio, mártires; Conrado Parzha (sacristán), confesor.

Los amigos del Señor arrojaron la toalla

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Evangelio de hoy, en el que asistimos a otra pincelada de la presencia del Señor después de su resurrección, está contado sin pizca de solemnidad. Los discípulos vuelven a pescar, además van todos en comandita, se aparece el Señor, les da de comer y lo reconocen. No hay más. Hombre, que estamos hablando de literatura oriental, y tendría que haber mucha más especia de pirotecnia milagrera y toda la exageración que les es propia a los oriundos de la zona. Pero aquí el acontecimiento no se atilda, el Señor ha encendido unas brasas y espera la comida. Toda la sobrenaturalidad del relato, porque el Hombre que ha muerto en la cruz está vivo, queda oscurecida frente a la intensidad natural de lo que ocurre: la preparación de un desayuno a los amigos que llegan de trabajar. Es como si después de la resurrección, la presencia del Señor se hiciera más natural que en su vida pública, y tan normal como las ascuas donde el pescado en breve despedirá olor a fritanga.

Los apóstoles ya no esperaban nada más de su Señor, parecían haberse conformado con las palabras sabias que salían de su boca, porque nadie había hablado como Él. Dormirían con ellas y se las recordarían de vez en cuando para no olvidar que aquello que les ocurrió fue real. Hasta aquí es lo mismo que hacemos con los muertos, de los que nos queda una colección de recuerdos amorosos. Por eso Pedro vuelve a su tarea, a ser “pescador de peces”, y al resto le pasa lo mismo. Es tan humano arrojar la toalla.

La frase “arrojar la toalla” proviene del mundo del boxeo, cuando el púgil ganador da buena cuenta del aspirante y a éste no le queda otra que tirar la toalla a la lona y respirar. A veces la realidad parece tan fiera que a uno no le quedan ganas de mirar más allá, ni explicaciones ni cuentos. Que si toca sufrir, no hay razones que valgan; que si toca cáncer, no queda otra que tragárselo y encerrarse en el dolor. Pero justo en el momento en que los discípulos abandonan el cuadrilátero, el Señor aparece en la playa. Ahora se entiende la frase tan consoladora que el Maestro pronunciara a los suyos, “yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

No hay un solo descuido de Dios en tu vida, jamás mira a otra parte, si vas a arrojar la toalla Él te regalará una vida nueva y te dejará sin las heridas del combate. Esto no son palabras bonitas, un cristiano sabe que Dios se aparece en lo natural para hacer de su Presencia una experiencia cotidiana.

21/04/2017 – Viernes de la Octava de Pascua

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
No hay salvación en ningún otro
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 1-12

En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y lo saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron ; eran unos cinco mil hombres.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas; junto con el sumo sacerdote Anás, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes. Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos:

«¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».

Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo:

«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».

Palabra de Dios.

Sal 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a
R. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Digan los que temen al Señor:
eterna es su misericordia. R.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R.

EVANGELIO
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado
Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice:

«Me voy a pescar».

Ellos contestan:

«Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:

«Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Ellos contestaron:

«No».

Él les dice:

«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:

«Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:

«Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice:

«Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

Inés de Montepulciano, virgen (c. a. 1270-1317)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Inés de Montepulciano, Hildegunda, vírgenes; Teótimo, Marcelino, Lutardo, obispos; Sulpicio, Domingo de Leonisa, confesores; Vicente, Domnino, Marcelino, Teodoro, Serviliano, Víctor, Zótico, Zenón, Acindino, Cesáreo, Acindina, Severiano, Cristóforo, Teonás y Antonino, Alberto niño, mártires; Marciano, Hardouino, monjes; Zaqueo el publicano.

Sin paz, hasta lo pequeño es imposible

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Que el Señor se apareciera a los suyos diciendo “Paz a vosotros” no es baladí. Podría haber usado un procedimiento más brillante, una aparición luminosa con banda sonora, no sé, lo que provocara una impresión de sobrecogimiento acompañada de un “eh, despertaos, poneos en marcha, es hora de evangelizar y hablar de quién soy verdaderamente”. Pero el Señor usa un insólito preámbulo que se ha convertido en la marca de la casa del cristiano: la paz. Sin paz no se construye nada, es más, sin el sosiego del primer encuentro con Cristo uno pierde identidad, porque seguirá a merced de sus pasiones y de la excitabilidad cotidiana. Sin paz, el mundo nos va deglutiendo poco a poco y nos volvemos una pieza más del engranaje de la vida.

Qué bien lo entendió Juan de la Cruz, “oh dichosa ventura, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada, a oscuras y segura…” Habla del alma que va a la busca de su Amado. Si la casa no anda sosegada, el alma sale del hogar haciendo ruido y tirándolo todo, tropezándose con la cacharrería que encuentra en las habitaciones. En fin, que el Señor dice “paz a vosotros” y no sólo queda en el aire una frase, sino que con ella llega una emulsión de gracia inmediata.

He conocido a mucha gente con paz, y hacen mucho bien. Y ojo, que no hace falta morirse para que los amigos te digan que ya descansas en paz. Parece que marcharse de este mundo es la única solución para apagar el tráfago de lo cotidiano. Piénsalo un momento, si no tienes el alma con paz porque crees que deberías hacer un millón de cosas más, y cuando te quedas solo la casa se te viene encima, te conviertes en carne de cañón para conocer superficialmente al Señor, sólo por fuera. Te aprenderás frases preciosas del Evangelio, estupendo, pero ni siquiera habrás tocado la orla de su manto. Sin soledad y sin silencio, que deberían ser nuestros hermanos de sangre, el hombre no se pone a tiro de la paz de Cristo.

Conozco a muchos enfermos que tienen paz y no fingen, son los que mejor pueden dar testimonio de la presencia de Cristo en un mundo imposible, como es el del dolor. Muchos no hablan de resignación sino de conformidad, y rezan porque no quieren dejar de lado a su Señor. Sin paz, nada de nada.

20/04/2017 – Jueves de la Octava de Pascua

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 3, 11-26

En aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, todo el pueblo, asombrado, acudió corriendo al pórtico de Salomón, donde estaban ellos. Al verlo, Pedro dirigió la palabra a la gente:

«Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a este con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.

Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.

Por la de en su nombre, este, que veis aquí y que conocéis, ha recobrado el vigor por medio de su nombre; la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud, a vista de todos vosotros.

Ahora bien, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, al igual que vuestras autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.

Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que os estaba destinado, al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Moisés dijo: “El Señor Dios vuestro hará surgir de entre vuestros hermanos un profeta como yo: escuchadle todo lo que os diga; y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo.” Y, desde Samuel, en delante, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días.

Vosotros sois los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres, cuando le dijo a Abrahán: “En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra.” Dios resucitó a su Siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros para que os traiga la bendición, apartándoos a cada uno de vuestras maldades».

Palabra de Dios.

Sal 8, 2a y 5. 6-7. 8-9
R. ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

¡Señor, Dios nuestro,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies. R.

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R.

EVANGELIO
Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:

«Paz a vosotros».

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.

Y él les dijo:

«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

«¿Tenéis ahí algo de comer?».

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo:

– «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí»

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Y le dijo:

– «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

Palabra del Señor.