Archiv para 8 Junio, 2017

Tu voluntad, mejor que la mía

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En las dos lecturas de hoy se ven dos personas para las cuales lo más importante en su vida es hacer la voluntad de Dios: Abraham y Jesús. La actitud que expresa el salmo de “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” se ve reflejada hasta el extremo en los dos casos.

Pero, ¿qué descubrieron Abraham y Jesús para vivir de ésta forma? Estamos en una sociedad donde prima tener claras las cosas, hacer lo que a uno le apetece, decidir por sí mismo lo que uno quiere hacer con su vida, su cuerpo, etc. ¿Es vivir según la voluntad de Dios una propuesta para nuestros días? ¿Si hago la voluntad de otro, aunque éste sea Dios, no voy a dejar de ser yo mismo? ¿Dónde queda mi realización personal?

Para ello lo primero que necesitamos estar seguros es que Dios quiere nuestra felicidad, una vida abundante y ser más plenamente uno mismo. Esto presupone creer que Dios no me viene a quitar nada ni externo, ni de lo que constituye la propia personalidad o talentos humanos.

Uno de los santos de los primeros siglos del cristianismo, San Irineo, lo expresa así: “la gloria y la voluntad de Dios es el hombre vivo”, que quiere decir: en plenas facultades interiores, con verdadera capacidad de ser libre, lleno de esperanza y de amor, desplegando todo lo que es y tiene en servicio de los demás, etc. Dios no viene a manipularnos sino que, como dijo en su día Juan Pablo II, en la Redemtor Hominis 10: “Cristo Redentor revela plenamente el hombre al mismo hombre”. Jesús nos muestra la talla de personas que podemos ser; lo que podemos llegar a dar de amor, de lucidez mental, de integridad como personas, de solidaridad con los más cercanos a y a la vez con los más desfavorecidos, etc.

Estas certezas nacen del trato con Dios asiduo, de ir creciendo en la amistad con El hasta llegar a decir como San Pablo: “Sé en quien he puesto mi confianza” (2 Tim 1,12) o en el caso de San Pedro, quien llega al punto de “dejarse ceñir” por Jesús y que El le pueda llevar incluso a donde él nunca hubiera ido. Jesús le da la fuerza de llegar a dar las mayores pruebas de amor (Juan 21). De esta amistad surge el creer profundamente que el proyecto de Dios para mi vida es mejor que mis planes. Esta gran confianza se ve en Abraham y de una forma totalmente radical en Jesús mismo, quien llega a decir después de una noche entera de lucha y oración: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

La voluntad de Dios sobre la vida de su querido Hijo no es algo nacido del masoquismo o crueldad, sino que como dijo el profesor Menke de la universidad de Bonn: es el Padre mismo quien sufre con su Hijo, quien se expone al odio y a la violencia de los hombres antes de manipular y obligar a sus hijos a amarle. Tanto el Padre como Jesús pasan por la impotencia del amor ante la libertad del hombre. Desde ahí se entiende que la vida de Jesús fue hacerse uno con el amor de su Padre por cada hombre de esta tierra, de buscar a cada uno, de perdonarles; en definitiva, de unirse a su voluntad de salvarnos a todos, aunque esto le costara la vida. Este camino no es espontáneo para nadie; de ahí se entiende la lucha que también Jesús, como hombre, vivió.

Medardo, obispo (c. 456-c. 545)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Maximino, Medardo, Gildardo, Clodulfo, Disibodo, Severino, Gaudencio, Eutropio, Eustolio, Heraclio, Fortunato, Guillermo, obispos; Salustiano, Sira, Victorino, confesores; Calíopa, mártir; Mario, eremita; Sabiniano, abad.

08/06/2017 – Jueves de la 9ª semana de Tiempo Ordinario. Jesucristo, sumo y eterno sacerdote

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe
Lectura del libro del Génesis 22, 9 -18

En aquellos días, llegaron Abrahán e Isaac al sitio que la había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

«¡Abrahán, Abrahán!».

Él contestó:

«Aquí estoy».

El ángel le ordenó:

«No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy, «En el monte el Señor es visto».

El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:

«Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz». Palabra de Dios.

Sal 39, 6. 7. 8-9. 10. 11
R. Aqui estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios; R.
entonces yo digo. «Aquí estoy». R.

«- Como está escrito en mi libro –
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R.

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R.
No me he guardado en el pecho tu justicia,
he contado tu fidelidad y tu salvación. R.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean tu salvación. R.

EVANGELIO
Mi alma está triste hasta la muerte
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 26, 36-42

Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y le dijo:

«Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».

Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.

Entonces les dijo:

«Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».

Y adelántandose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».

Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos.

Dijo a Pedro:

«¿No habéis podido velar huna hora conmigo? Velad y orad par ano caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».

De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

«Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

Palabra del Señor.

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