Archiv para 31 diciembre, 2017

Domingo de la 2ª semana de Navidad. Epifanía del Señor – 07/01/2018

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

ELOGIO DEL BAUTISMO

Sobre el Bautismo se han escrito muchos libros desde una óptica teológica, litúrgica, espiritual y pastoral: no es de extrañar, pues toda la vida cristiana se construye, se desarrolla y se consuma a partir del bautismo.

Los Padres de la Iglesia escribieron páginas imborrables basándose en los ritos de la liturgia bautismal y comentando las palabras de la Escritura que los inspiran. Quizá uno de los más bellos textos, que data del siglo cuarto, corresponde a San Gregorio Nacianceno. Volver a leer y meditar hoy este venerable y maravilloso texto es beber el agua más pura de la tradición de la Iglesia. Su síntesis sobre el bautismo es difícilmente superable: “El bautismo es un resplandor para las almas, un cambio de vida, el obsequio hecho a Dios por una conciencia bondadosa. El bautismo es una ayuda para nuestra debilidad.

El bautismo es el desprendimiento de la carne, la obediencia al Espíritu Santo, la comunión con el Verbo, la restauración de la criatura, la purificación del pecado, la participación de la cruz, la desaparición de las tinieblas. El bautismo es un vehículo que nos conduce hacia Dios, una muerte con Cristo, el sostén de la fe, la perfección del espíritu, la llave del reino de los cielos, el cambio de la vida, el fin de nuestra esclavitud, la liberación de nuestras cadenas, la transformación de nuestras costumbres. El bautismo es el más bello y el más sublime de los dones de Cristo.

Nosotros lo llamamos don, gracia, bautismo, unción, iluminación, vestido de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todo lo que hay de más precioso. Don, porque se confiere a aquellos que nada aportan; gracia, porque se da incluso a los culpables; bautismo, porque el pecado queda sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real como son los ungidos; iluminación, porque es luz brillante; vestido, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos guarda y porque es manifestación del señorío de Dios”.

En las palabras antecedentes, plenas de simbolismo, de espiritualidad y de hondura teológica, queda patente la importancia y el valor del bautismo cristiano, que es anuncio eficaz de la salvación que nos ha sido ofrecida por pura iniciativa de Dios.

Hoy todos los bautizados deberíamos recordar que Jesús descendió hasta las aguas del Jordán y recibió el bautismo de Juan, para que nosotros podamos subir y alcanzar la liberación del mal por medio de la efusión purificadora del Espíritu.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

San Juan 4,11-18 Sal 71, 1-2. 10-11. 12-13
san Marcos 6, 45-52

de la Palabra a la Vida

En su breve relato del bautismo de Jesús en el Jordán, san Marcos dibuja un relevo en la misión, en la que el testigo pasa de Juan a Cristo por la unción en el Jordán. Juan ha terminado prácticamente su misión: “viene otro…”. Ese otro es Cristo, que recibió el bautismo en oración y con Él el don del Espíritu, para poder decir de Él lo que el profeta Isaías anunciaba en la primera lectura: “Mi siervo, mi elegido, sobre el que he puesto mi Espíritu”.

A partir de ahora, de hecho, el bautismo será eso: recepción del don del Espíritu. Si Juan por el agua invitaba a la conversión, Jesús por el agua y el Espíritu transforma al hombre, por acción divina. El Espíritu que da testimonio del Mesías, que reconoce, desde el principio del evangelio, quién es Jesús y a qué viene, marcará a los hijos de Dios para que vivan una vida nueva. De esta forma, no es solamente que el Espíritu actúe en nosotros en nuestro bautismo y que hoy sea un día oportuno para dar gracias infinitas a Dios por semejante don, sino que también Cristo recibe el don del Espíritu que le capacita para la misión, para ser el siervo de Dios.

Cristo ofrece en las aguas santificación a los hombres y estos pueden responder con una vida nueva. En ella, “mi fuerza y mi poder es el Señor”, no es mi acción, no es mi planificación, no es mi astucia o mi memoria, sino que es el Señor. Es más, “él fue mi salvación”, no lo fue mi perfección, ni mi inteligencia ni mi buen hacer, sino que lo fue el Señor.

Nuestra vida se encuentra en adelante marcada por el bautismo de Cristo, en el que se ha despojado de su poder para dárnoslo a los hombres, pero de tal forma que sólo es accesible para nosotros si reconocemos de dónde viene. Por eso, del mismo modo que Jesús acoge su misión salvadora mesiánica de forma pública en el Jordán, el hombre está llamado desde su bautismo a reconocer la función mesiánica de Cristo.

En su bautismo representa visiblemente que Él va a cargar, por el don del Espíritu, con los pecados de todos, y que estos le van a conducir a la muerte. Jesús no acepta su entrega salvadora al final de su misión, en Getsemaní, como algo que aparece por sorpresa: Jesús entra en las aguas del Jordán para manifestar que acoge la muerte expiatoria, obediente al Padre, para nuestra salvación. El consentimiento libre, humilde, humano, de Cristo encuentra aquí el reflejo del sí de su madre al ángel. El Hijo no es que haya aprendido a obedecer, es que ha aprendido de su madre. Cuando la Iglesia entra en la celebración litúrgica se sumerge con ese mismo espíritu en las aguas del Jordán: allí asume con humildad y por la gracia la misión salvadora del mundo, su colaboración en la obra de Cristo.

¿Puedo experimentar yo también mi deseo de entregarme como Cristo cuando celebro la liturgia en la Iglesia? ¿Puedo reconocer que recibo el don del Espíritu en los sacramentos para participar de su entrega? En su bautismo Cristo manifiesta su capacidad para acoger la voluntad del Padre. La que ha acogido durante treinta misteriosos y ocultos años.

Ahora, en la celebración de la Iglesia, yo soy llamado a hacer lo mismo, para ello se me da el Espíritu Santo. El Mesías se manifiesta ante el mundo como el que salva a los hombres introduciéndolos en su misterio, en su obra salvadora.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


Algunos apuntes de espiritualidad litúrgica

Los misterios del Bautismo del Señor y de su manifestación en las bodas de Caná están estrechamente ligados con el acontecimiento salvífico de la Epifanía.

La fiesta del Bautismo del Señor concluye el Tiempo de navidad. Esta fiesta, revalorizada en nuestros días, no ha dado origen a especiales manifestaciones de la piedad popular. Sin embargo, para que los fieles sean sensibles a lo referente al Bautismo y a la memoria de su nacimiento como hijos de Dios, esta fiesta puede constituir un momento oportuno para iniciativas eficaces, como: el uso del Rito de la aspersión dominical con el agua bendita en todas las misas que se celebran con asistencia del pueblo; centrar la homilía y la catequesis en los temas y símbolos bautismales.

(Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 119)

 

Para la Semana

Lunes 8:

1Sam 1,1-8. Su rival insultaba a Ana, porque el Señor la había hecho estéril.

Sal 115. Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.

Mc 1,1-14. Convertíos y creed la Buena Noticia.
Martes 9:

1Sam 1,9-20. El Señor se acordó de Ana y dio a luz un hijo, Samuel.

Salmo: 1Sam 2,1-8. Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.

Mc 1,21-28. Le enseñaba con autoridad.
Miércoles 10:

1Sam 3,1-10.19-20. Habla, Señor, que tu siervo escucha.

Sal 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Mc 1,29-39. Curó a muchos enfermos de diversos males.
Jueves 11:

1Sam 4,1-11. Derrotaron a los israelitas y el arca de Dios fue capturada.

Sal 43. Redímenos, Señor; por tu misericordia.

Mc 1,40-45. La lepra se le quitó y quedó limpio.
Viernes 12:

1Sam 8,4-7.10-22a. Gritaréis contra el rey, pero Dios no os responderá.

Sal 88. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Mc 2,1-12. El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.
Sábado 13:

1Sam 9,1-4.17-19;10,1a. Ese es el hombre de quien habló el Señor; Saúl regirá a su pueblo.

Sal 20. Señor, el rey se alegra por tu fuerza.

Mc 2,13-17. No he venido a llamar justos, sino pecadores.


Fiesta de la Sagrada Familia

Escrito por Comentarista 7 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hoy celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret y muchas veces nuestra reflexión pasa a centrarse en la “crisis de la familia cristiana actual” más que en la contemplación del Misterio de la Navidad, pues estamos a punto de concluir la Octava de la Solemnidad. La Fiesta de la Sagrada Familia se celebra en estos días porque se nos quiere hacer entender que todas las “instituciones” humanas han sido asumidas por el Hijo, que quiso ser en todo semejante a nosotros excepto en el pecado. Por eso debemos dirigir nuestra mirada a Jesús, a María y a José y contemplar, como nos invita el papa Pablo VI, la enseñanza de la Familia de Nazaret en la lectura que nos ofrece hoy el oficio de Lectura, su alocución en la visita a Nazaret en 1964.

En la vida familiar oculta en Nazaret, Jesús comienza a entender su misión, allí se inicia el conocimiento de su Evangelio. Allí se aprende a “observar, escuchar, a meditar” cómo Dios se manifiesta a los hombres. Allí se aprende, como nos dice el papa, a comprender la importancia que tiene el ambiente que rodeó la infancia y adolescencia de Jesús para entender su mensaje, su modo de orar, de dirigirse a los hombres. Allí entendemos lo importante que es, también hoy, el contexto en el que se educan los niños y adolescentes; María y José iniciaron a Jesús en la relación con su Padre Dios y aquí encontramos un primer modelo a imitar.

Pero Jesús aprendió también la “disciplina espiritual” de los discípulos de Cristo, cuya primera lección es el silencio; este “hábito del espíritu” es imprescindible para escuchar la voz de Dios que nos guía en medio del tumulto de la vida moderna. Otra lección es la del trabajo que “no es un fin en sí mismo” sino un medio que nos hace comprender la gran altura de la dignidad humana. Y la lección, por último –dice Pablo VI-, de la vida familiar que es “comunión de amor”.

Una bellísima promesa que hace el Señor a cada una de nuestras familias. No nos fijemos hoy en lo que nos falta, sino en el gran don que Dios concede a los discípulos de su Hijo. Bellísima celebración la de hoy.

Silvestre, papa (c.a. 270-335)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral


Santos: Silvestre I, papa; Sabiniano, Potenciano (Prudenciano), obispos; Columba, virgen y mártir: Donata, Paulina, Rogata, Rústica, Dominanda, Serotina, Hilaria, Zótico, Donato, Saturnino, Celestino, máartires; Mario, Eustasio, obispos; Erico, Pedro, abades; Hermetes o Hermes, exorcista; Esteban, Ponciano, Atalo, Fabián, Cornelio, Sixto, Floro, Quinciano, Minerviano y Simpliciano, mártires de Sicilia; Barciniano, confesor.

31/12/2017 – Domingo Octava de Navidad. La Sagrada Familia: Jesús, María y José

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Quien teme al Señor honrará a sus padres
Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madres sobre ellos.

Quien honra a su padre expía sus pecado, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.

Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.

Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.

Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.

Aunque pierda e juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en peno vigor.

Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.Palabra de Dios

Sal 127, 1bcd-2. 3. 4-5
R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.

SEGUNDA LECTURA
La vida de familia en el Señor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad humildad, mansedumbre y paciencia.

Sobre llevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta

Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.

Sed también agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Palabra de Dios

Aleluya Col 3, 15a. 16a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. La paz de Cristo reine en vuestros corazones
la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza. R.

EVANGELIO
El niño iba creciendo, lleno de sabiduría
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 36-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padre de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor