Archiv para enero, 2018

Jesucristo es el señor del sábado

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Martes 16-1-2018 (Mc 2,23-28)

 

«¿Por qué hacen tus discípulos en sábado lo que no está permitido?». Después de la difícil experiencia del exilio en Babilonia y tras el contacto con otros pueblos como el griego y el romano, los judíos descubrieron en la Ley su seña de identidad más profunda. Para no asimilarse al resto de los gentiles y perseverar en la fidelidad a la Alianza con Dios, dieron cada vez más importancia al cumplimiento exacto y riguroso de los numerosos preceptos escritos de la Ley. Sin embargo, esta práctica, en sí misma buena, dio lugar a una interpretación “farisea” y legalista que fue duramente criticada por Jesús. Siempre existe lo que se podría llamar la tentación de los “buenos”: de aquellos que buscan cumplir la voluntad de Dios en su vida, pero la convierten en una mera apariencia, en un cumplimiento vacío, en un formalismo legal que sólo conduce a considerarse “puros” y superiores al resto de los mortales. También hoy, muchos cristianos podemos caer en esta tentación.

 

«¿No habéis leído nunca lo que hizo David?» Ante la dura acusación de los escribas y fariseos de violar el sábado, uno de los preceptos más importantes de la Ley, Jesús recurre a la misma Escritura. Puesto que no es una discusión sobre preceptos humanos sino sobre la voluntad de Dios, el Señor les remite a la misma Palabra divina. Así, les echa en cara que han dejado de lado esta Palabra de vida y salvación y han reducido su contenido a una serie de normas, casos y formas que la dejan en letra muerta. Por eso, olvidan lo verdaderamente importante. Jesús nos muestra que nosotros debemos volver una y otra vez a la Escritura para vivir según el Evangelio y no según nuestras reducidas interpretaciones humanas. Como cristianos, debemos aprender a contrastar nuestra vida con la Palabra de Dios para hacer siempre su voluntad. Y esto sólo lo conseguiremos si cada día en la oración leemos y meditamos esa misma Palabra.

 

«El Hijo del hombre es señor también del sábado». En la discusión con los fariseos, Jesús no sólo acude a la Escritura santa, sino que se pone a sí mismo como el centro de la Ley, apareciendo como su verdadero intérprete. Es más, ya que el sábado fue instituido por Dios al descansar en el último día de la Creación, al llamarse “señor del sábado” se sitúa en el mismo plano de Dios. El cristianismo no es ante todo una religión del un libro sagrado, de una doctrina o de unas normas morales. Nuestra religión se basa en la centralidad de la persona de Jesucristo. Él es el verdadero sábado, es decir, el verdadero lugar y tiempo del encuentro con Dios. Sólo en Él encontramos al Dios vivo y verdadero que nos da el descanso definitivo y eterno. Sólo a través de Él podemos entrar en la intimidad y familiaridad con ese Padre que nos ama infinitamente. Sólo con Él llegamos a ser en verdad hijos de Dios.

Marcelo I, papa († 308)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Fulgencio, doctor; Marcelo I, papa; Bernardo, Pedro, Acursio, Adyuto, Otón, Julio y Tolomeo, Marino y Esteban, mártires; Honorato, Ticiano, Melas, Valerio, Marcelo y Fausto de Riez, obispos; Rolando, abad; Priscila, virgen; Frisio, confesor.

16/01/2018 – Martes de la 2ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Samuel ungió a David en medio de sus hermanos y el espíritu del Señor vino sobre él
Lectura del primer libro de Samuel 16, 1-13

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:

«¿Hasta cuándo vas a estar sufriendo por Saúl, cuando soy el que lo he rechazado como rey sobre Israel? Llena la cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».

Samuel respondió:

«¿Cómo voy a ir? Si lo oye Saúl, me mata.»

El Señor respondió:

«Llevas de la mano una novilla y dices que has venido a ofrecer un sacrificio al Señor. Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que has de hacer. Me ungirás al que te señale».

Samuel hizo lo que le había ordenado el Señor.

Una vez llegado a Belén, los ancianos de la ciudad salieron temblorosos a su encuentro.

Preguntaron:

«¿Es de paz tu venida?».

Respondió:

«Si. He venido para ofrecer un sacrificio al Señor. Purificaos y venid conmigo al sacrificio».

Purificó a Jesé y a sus hijos, y los invitó al sacrificio.

Cuando estos llegaron, vio a Eliab y se dijo:

«Seguro, que está ungido ante el Señor».

Pero el Señor dijo a Samuel:

«No te fijes en las apariencias ni en lo elevado de su estatura porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón».

Jesé llamó a Abinadab y lo presentó Samuel, pero le dijo:

«Tampoco a este lo ha elegido el Señor».

Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé:

«El Señor no ha elegido a estos».

Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo:

-«Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»

Entonces Samuel preguntó a Jesé:

-«¿No hay más muchachos?».

Y le respondió:

-«Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».

Samuel le dijo:

-«Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa, mientras no venga».

Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel:

-«Levántate y úngelo,de parte del Señor, pues es este.»

Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

Samuel emprendió luego el camino de Ramá.

Palabra de Dios.

Sal 88, 20. 21-22. 27-28
R. Encontré a David, mi siervo.

Un día hablaste en visión a tus santos:
«He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado de entre el pueblo». R.

«Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso.» R.

«Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”;
y lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra». R.

Aleluya Cf. Ef 1, 17-18
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. El Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine los ojos de nuestro corazón,
para que comprendamos cuál es la esperanza
a la que nos llama. R.

EVANGELIO
El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 23-28

Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.

Los fariseos le preguntan:

«Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»

Él les responde:

« ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre como entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él».

Y les decía:

«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».

Palabra del Señor.

Domingo de la 3ª semana de Tiempo Ordinario. – 21/01/2018

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

EL EVANGELIO DE MARCOS

Hoy comienza a leerse el evangelio de Marcos, que es el correspondiente al ciclo litúrgico asignado para este año. Durante una treintena de domingos se proclamará lo más fundamental de este segundo evangelio, el más breve y menos sistemático, pero rico en vivacidad para los hechos esenciales, narrados por un testigo ocular cualificado. Con San Marcos, intérprete y discípulo de San Pedro, se pasa del Evangelio predicado oralmente por los apóstoles y memorizado por las primeras comunidades cristianas, al Evangelio escrito.

San Marcos escribe únicamente para presentar con realismo el misterio de la persona y de la obra de Jesús, reuniendo todo en torno a tres grandes títulos cristológicos: Hijo de Dios, Mesías, Hijo del hombre. Ningún evangelista subraya tan frecuentemente la humanidad exquisita y genuina de Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías glorioso y humilde.

Los destinatarios de este evangelio, escrito antes del año 70, son claramente cristianos de cultura romana. En el texto existen latinismos y es evidente la preocupación por explicar los usos y costumbres judías y por precisar los lugares geográficos o traducir palabras arameas. Relatando un gran número de milagros de Jesús, San Marcos quiere demostrar a los romanos, gente de acción más que de pensamiento, que Jesús es el más fuerte, porque está dotado de la omnipotencia del Dios viviente y personal.

El comienzo del evangelio de hoy coincide con el inicio de la predicación de Jesús, sus primeras palabras son estas: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios, convertíos y creed la Buena Noticia”. En esta breve frase se advierten dos situaciones: una situación objetiva, referente al tiempo, que manifiesta que el Reino está presente; y otra subjetiva, que depende del hombre y de su libertad: la necesidad de la conversión. Con la venida de Jesús la historia universal ha entrado en su fase definitiva de plenitud. Para entrar en la salvación el hombre debe cambiar su mentalidad, su actitud moral; debe convertirse y así unirse personalmente al misterio de Cristo.

No hay conversión del corazón sin adhesión en la fe. Si es preciso, hay que dejar las redes o al padre, como nos narra San Marcos la vocación de los primeros discípulos. Nunca el propio trabajo, ni lo que es base del sustento diario, ni la sociedad que nos rodea, ni la propia familia debe ser obstáculo para el evangelio. El Reino de Dios es una aventura misteriosa, que obliga a abandonar lo que se tiene y exige una respuesta incondicional. El tiempo es breve, el momento es apremiante; la llamada, urgente y decisiva.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Jonás 3, 1-5. 10 Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9
san Pablo a los Corintios 7, 29-31 san Marcos 1, 14-20

de la Palabra a la Vida

Hace un mes escuchábamos cómo Juan el bautista empleaba en el evangelio la misma palabra que el Señor hoy: “conversión”. El bautista nos invitaba a preparar los caminos como conversión para la venida del Señor. Viene este y nos invita a la conversión para… ¿para qué? La conversión a la que Cristo nos llama en el evangelio de hoy es necesaria para una consecuencia de la fe, como una forma de expresar la fe: “Convertíos y creed” es una propuesta de Jesucristo a no perder el tiempo después de decirle que creemos en Él, que creemos que es el Señor o que le queremos más que nada. La conversión conlleva ser discípulos, tal y como hace Jesús en el evangelio de hoy, y conlleva una vida santa, como encontramos en la invitación a la conversión a los minivitas en la primera lectura.

Ya lo veíamos en los anteriores domingos: ese seguimiento de Cristo se hace como escucha a una palabra y en obediencia a ella. Por eso, hoy podemos aprender el versículo que hemos repetido una y otra vez en el salmo responsorial y llevarlo a casa, al trabajo, cuando salgamos de casa, de paseo, o cuando experimentemos en nuestro interior el deseo de independencia, de rebelión, de ir a lo nuestro, de perder la caridad: “Señor, enséñame tus caminos”. Enséñame, Señor. Esta petición es ante todo una petición confiada, y por lo tanto valiente. Tenemos tanto que aprender, tantas cosas que nuestro corazón cree saber pero aún no sabe. Si echamos un vistazo rápido al tiempo de discipulado que los doce tienen con el Señor, encontraremos que los momentos de conflicto, de dolor, de equivocación o de división, surgen cuando los doce no quieren ser enseñados, o creen saber más incluso que el Maestro.

Por eso, para recorrer el camino del Tiempo Ordinario, para recorrer el camino de los discípulos de Jesús, es necesario aceptar ser discípulos, ser enseñados. Convertirse es aceptar pasar de ir por la vida dando lecciones a escuchar y aprender. Nuestro corazón adulto y autosuficiente se tiene que rebelar tantas y tantas veces… es entonces cuando conviene repetir: “Señor, enséñame tus caminos”.

Como no siempre es fácil, el salmo responsorial nos ofrece otra ayuda para que esa conversión que pide el Señor se dé en nosotros: en él encontramos la forma de dirigirse al Señor, de definirlo. El Señor tiene “ternura”, “misericordia”, “bondad”, “es bueno y recto”. Eso significa que es merecedor de nuestra confianza.

De hecho, el salmo nos presenta dos características que vamos a encontrar en los discípulos, que van a ser necesarias para poder ser discípulos de Jesús, pues este enseña su camino a los pecadores y a los humildes. El Señor ha venido a llamar a los pecadores, a los enfermos y no a los sanos, es decir, a los que se reconocen pecadores, y se convierten con humildad. No nos sobra ningún día recordar quién puede seguir al Señor: “los pecadores y los humildes”.

Para poder participar en la celebración de la eucaristía, en los sacramentos, en el encuentro con Cristo en la confesión, sólo podemos reconocernos pecadores y además ir con actitud humilde, dispuestos a escuchar y a aprender, para poder convertirnos… o nos quedaremos por el camino. Ante esa tentación, no dudemos, repitamos una y mil veces para convertirnos: “Señor, enséñame tus caminos”.

Diego Figueroa

 



al ritmo de las celebraciones


Algunos apuntes de espiritualidad litúrgica

Teniendo siempre presente la oración de Jesús: “cómo tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que ellos sean una sola cosa en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21), la Iglesia invoca en cada Eucaristía el don de la unidad y de la paz. El mismo Misal Romano -entre las Misas por diversas necesidades- contiene tres formularios de Misa “por la unidad de los cristianos”. Esta intención aparece también en las preces de Liturgia de las Horas.

Dada la diversa sensibilidad de los “hermanos separados”, también las expresiones de la piedad popular deben tener presente el criterio ecuménico. De hecho “la conversión del corazón y santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y con razón puede llamarse ecumenismo espiritual”. Un especial punto de encuentro entre los católicos y los cristianos pertenecientes a otras Iglesias y Comunidades eclesiales es la oración en común, para impetrar la gracia de la unidad y para presentar a Dios las necesidades o preocupaciones comunes, y para darle gracias e implorar su ayuda. “La oración común se recomienda especialmente durante la “Semana de oración por la unidad de los cristianos”, o en el tiempo entre la Ascensión y Pentecostés”. Se han concedido indulgencias a la oración por la unidad de los cristianos”.

(Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 182)

 


Para la Semana

Lunes 22:
San Vicente, diácono y mártir. Memoria.

2 Samuel 5,1 7.10. Tú serás el pastor de mi pueblo, Israel.

Sal 88,20.21-22.25-26. Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán.

Marcos 3,22 30. Satanás está perdido.
Martes 23:
San Ildefonso, obispo. Fiesta.

2 Samuel 6,12b 15.17 19. Iban llevando David y los israelitas el arca del Señor entre vítores.

Sal 18. Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Marcos 3,31 35. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
Miércoles 24:

2Sam 7,4-17. Estableceré después de ti un descendiente tuyo, y consolidaré su reino.

Sal 88. Le mantendré eternamente mi favor.

Mc 4,1-20. Salió el sembrador a sembrar.
Jueves 25:
La conversión de san Pablo. Fiesta

Hch 22,3-16. Levántate, recibe el bautismo que, por la invocación del nombre de Jesús, lavará tus pecados.

Sal 116. Id al mundo entero y proclamad el evangelio.

Mc 16,15-18. Id al mundo entero y proclamad el evangelio.
Viernes 26:
Santos Timoteo y Tito, obispos. Memoria.

2 Samuel 11,1 4a.5 10a.13 17. Me has despreciado, quedándote con la mujer de Urías.

Sal 50. Misericordia, Señor, que hemos pecado.

Marcos 4,26 34. Echa simiente, duerme y la semilla va creciendo sin que él sepa cómo.
Sábado 27:

2 Samuel 123 7a.10 17. ¡He pecado contra el Señor!

Sal 59. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Marcos 4,35 41. ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!


El nuevo ayuno que propone Jesús

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Lunes 15-1-2018 (Mc 2,18-22)

 

«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?». El ayuno, es decir, privarse de algún bien superfluo o necesario (como es la comida), forma parte de la Ley que Dios mismo reveló en la Antigua Alianza. La Ley antigua establecía que antes de las fiestas litúrgicas y de las celebraciones importantes los israelitas debían guardar un ayuno para prepararse bien, desapegando el corazón de los bienes materiales caducos y disponiéndolo para recibir con pureza y humildad la bendición del Señor. En ese sentido, el ayuno, querido por Dios, fue siempre una práctica propia del judío justo y piadoso. Sin embargo, sucede muchas veces que una acción buena que debería agradar a Dios se convierte en una mala que nos aparta de Él por las torcidas intenciones de nuestro corazón. Así les pasó a los fariseos, cuando su ayuno les llevó no a una mayor pureza y humildad, sino a situarse por encima de todos aquellos que no vivían según sus enseñanzas. Toda acción, por buena y aparente que sea, si nos lleva a juzgar y a criticar a los demás, es seguro que no es querida por Dios que dijo: «No juzguéis y no seréis juzgados».

 

«Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán». Cristo, con su venida, llevó a plenitud y renovó la Ley antigua, refiriéndola a él mismo. Por eso, también nos enseña en este pasaje el verdadero sentido del ayuno cristiano, tal y como lo ha establecido y vivido la tradición de la Iglesia, por ejemplo, en el ayuno eucarístico o en la Cuaresma. Los cristianos debemos ayunar porque, mientras peregrinamos en esta vida, estamos lejos del Señor y caminamos hacia Él. Para que no olvidemos la grandeza de nuestra meta y no nos apeguemos a las cosas materiales y perecederas, es bueno en ocasiones renunciar y privarse de algunos de estos bienes. Así tendremos nuestra alegría y esperanza sólo en los bienes del cielo, no en las riquezas o la fama, la comida o la bebida, el poder o el placer… Jesús nos enseña con el ayuno a dejar de lado lo que nos despista y centrarnos en lo importante. Él quiere que con el ayuno y la renuncia, vividos en las pequeñas cosas ordinarias de cada día, nos preparemos para el encuentro gozoso con el Esposo, que sucederá al final de nuestra vida.

 

«A vino nuevo, odres nuevos». En la cuestión del ayuno, como en otras muchas, Cristo nos muestra aquí que ha venido a hacer nuevas todas las cosas. Si nos preparamos para recibirle en nuestra vida, Él nos dará un nuevo vino: la nueva vida de la fe, la esperanza y la caridad. Además, Él nos renovará con su gracia para crear en nosotros unos nuevos odres: una nueva humanidad con un nuevo corazón en el que acoger esa vida divina que se nos da gratuitamente. Debemos estar dispuestos a abrirnos a esa novedad, renunciando a tantas cosas que nos ofrece el mundo pero que no se ajustan a las exigencias del Evangelio. Por eso, vivir hoy el ayuno supone ir contracorriente, no actuar como la mayoría de la gente que se mueve por el placer de lo inmediato y lo fácil. Así, suscitaremos a nuestro alrededor la misma admiración y las mismas preguntas que la vida y el mensaje de Jesús despertó en sus contemporáneos.

Mauro, abad (511–583)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Pablo, ermitaño; Cosme, Benito, Máximo, Emberto, obispos; Francisco Fernández Capillas, protomártir de China; Tarsicia, Secundina, vírgenes; Mauro, Alejandro, Macario, Conrado, abades; Miqueas, Habacuc, profetas; Arsenio, Efisio, Eligio, Isidoro, Juan, Calabita, confesores; Ida, monja; Tarsicia, viuda.

15/01/2018 – Lunes de la 2ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
La obediencia vale más que el sacrificio. El Señor te ha rechazado como rey
Lectura del primer libro de Samuel 15, 16-23

En aquellos días, Samuel dijo a Saúl:

-«Voy a comunicare lo que me ha manifestado el Señor esta noche».

Saúl contestó:

-«Habla».

Samuel siguió diciendo:

«¿No es cierto que siendo pequeño,a tus ojos eres el jefe de las doce tribus de Israel? El Señor te ha ungido como rey de Israel. El Señor te envió con esta orden: “Ve y entrega al anatema a esos malvados amalecitas y combátelos hasta aniquilarlos”. ¿Por qué no has escuchado la orden del Señor, lanzándote sobre el botín, y has obrado mal a sus ojos?».

Saúl replicó:

-«Yo he cumplido la orden del Señor y he hecho la campaña a la que me envió. Traje a Agag, rey de Amalec, y entregué al anatema a Amalec. El pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo más selecto del anatema, para ofrecérselo en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guilgal.»

Samuel exclamó:

-«¿Le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz. La obediencia vales más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de carneros. Pues pecado de adivinación es la rebeldía y la obstinación, mentira de los terafim. Por haber rechazadola palabra del Señor, te ha rechazado como rey».

Palabra de Dios.

Sal 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mi.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños. R.

¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos? R.

Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios. R.

Aleluya Heb 4, 12ad
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. La palabra de Dios es viva y eficaz;
juzga los deseos e intenciones del corazón. R.

EVANGELIO
El esposo está con ellos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:

-«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»

Jesús les contestó:

-«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar.

Llegarán días en que les arrebatarán al esposo; y entonces ayunarán en aquel día.

Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto – lo nuevo de lo viejo – y deja un roto peor.

Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

Palabra del Señor.

Jesús, al encuentro de los hombres

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Antes que cualquier milagro, Jesús sale al encuentro con los hombres. Así lo relata el evangelio de Juan. No es extraño que los primeros discípulos del Señor pertenecieran al círculo del Bautista. Él se había dedicado a preparar “un pueblo bien dispuesto” para recibir al Mesías. Antes que por sus gestos los primeros discípulos son atraídos por la persona misma de Cristo. No hace mucho una joven, con graves dificultades morales y que renegaba de la Iglesia porque pensaba que esta quería destruirla, encontró la fe a través de unos amigos. Entonces dijo: “hasta ahora todos los problemas de mi vida me parecían insoportables, ahora comparado con Jesucristo, al que he conocido, todo me parece pequeño”.

También los primeros discípulos encontraron a Jesús a través del testimonio de otro. ¿Qué ha hecho Juan el Bautista? Además de sus predicaciones anteriores, ahora cuando pasa Jesús se fija en él. Después habla de lo que está mirando y lo define como “Cordero de Dios”. Esa frase aludía al sacrificio, que más o menos a esa hora, se celebraba cada día en el templo. El caso es que mirando al que, a nuestros ojos parece un simple hombre, lo define señalando el misterio de su divinidad. Por la atención de Juan los dos discípulos se acercan a Cristo.

Entonces es Jesús quien les pregunta: “¿Qué buscáis?” Porque el encuentro con el Señor no es un divertimento de la vida, sino que él viene para responder a nuestras necesidades más profundas; nos trae la salvación.

Aun antes de saber cómo responder a esa pregunta los discípulos desean estar con él y escucharle. Lo llaman Rabí, con lo que de antemano le reconocen la autoridad para formarles. Y la invitación de Cristo es a que vayan con él y vean. Años más tarde el evangelista Juan, que muchos consideran que fue el compañero de Andrés en esta escena, iniciará su primera carta hablando “de lo que hemos visto y oído, lo que han tocado nuestras manos”. La invitación de Cristo a permanecer con él indica la novedad de la vida cristiana, que ya desde entonces consistirá en permanecer con el Señor. Por eso, en el bautismo, lo primero que sucede es que Dios viene a nosotros para estar junto a nosotros.

Carlos de Foucauld, comentaba este texto: “tu primera palabra a los discípulos es ‘Venid y veréis’, esto es ‘seguid y mirad’, o sea ‘imitad y contemplad’… La última es ‘sígueme’ (Jn 21, 22)… ¡Qué tierna, dulce, saludable y amorosa es esta palabra: ‘sígueme’, esto es, ‘imítame’!”

Tras pocas horas de estar con el Maestro los discípulos ya tienen una certeza: es el Mesías. Por eso Andrés corre a decírselo a su hermano Pedro. Les ha sucedido algo impresionante: se han encontrado con Cristo. Y en esto consiste, nos recordaba Benedicto XVI, el cristianismo: en el encuentro con una persona que cambia radicalmente la orientación de nuestra vida. A ello se refiere el apóstol en la segunda lectura al indicarnos cómo hemos de vivir ya que, unidos a Cristo, no sólo hemos sido salvados por su muerte sino que también estamos llamados a resucitar. De ahí que toda nuestra vida (nuestro cuerpo) ha de glorificar a Dios.

Malaquías, profeta (s. IV y V a. C.)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Félix, presbítero; Eufrasio, Dacio, Fulgencio, Sabas, Caldeolo, Barbescemin, obispos; Malaquías, profeta; Juan de Ribera, Macrina, confesores; Ponciano, Prisco, Prisciliano, Engelmaro, Benedicta, mártires; Esteban, abad.

Juan de Ribera, obispo († 1611)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Félix, presbítero; Eufrasio, Dacio, Fulgencio, Sabas, Caldeolo, Barbescemin, obispos; Malaquías, profeta; Juan de Ribera, Macrina, confesores; Ponciano, Prisco, Prisciliano, Engelmaro, Benedicta, mártires; Esteban, abad.

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