Autor del archivo

LA REBOTICA

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Jeremías 11, 18-20; Sal 7, 2-3. 9bc-10. 11-12; san Juan 7, 40-53

Mientras escribo este comentario me estoy poniendo el termómetro, no estoy “muy católico”, pero tampoco tengo tiempo de ponerme enfermo, así que veremos qué pasa.
Es curioso, al menos en España, la cantidad de “médicos en potencia” que existen. Creo que en la mayoría de las casas existe una verdadera farmacopea que haría las envidias de más de un dispensario del Tercer Mundo y, además, todo el mundo sabe de medicina, todo el mundo ha estado enfermo de lo mismo que tú, todo el mundo conoce qué medicamento tomar y todo el mundo ha estado peor que el que tiene enfrente. Mucha gente se automedica y conocen más remedios a todos los posibles males que el farmacéutico, son como ratones de rebotica, “olisqueadores” de enfermedades, sabios de prospecto, su parque temático es la farmacia y su cuento preferido la enfermedad. Hace poco contaba un amigo que en su farmacia entró una mujer llorosa, otra señora le pregunta qué le pasaba y recibe la contestación: “Se ha muerto mi hija”. La otra ni corta ni perezosa le quitó la palabra de la boca y dijo: “¡Uy!, eso tiene que ser doloroso, pero no es nada comparado con mi lumbago, eso si que duele.”
“El Señor me instruyó y comprendí, me explicó lo que hacían”, ésa es la actitud del cristiano, dejarse instruir por Dios y su Iglesia. El que escucha a Cristo no es bueno que se “automedique”, siempre encontrará un bálsamo, una pomada, una pastilla o hasta un supositorio que le quite los síntomas de la fiebre, pero no la enfermedad. “¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él?” y cuando lo encuentran sacan la siguiente receta: “¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.” Dejarse instruir es difícil, en el fondo a todos nos gustaría un Salvador mas “triunfante” según nuestros criterios, nos gustaría una vida más sencilla, más a nuestro gusto, al alcance de nuestra “rebotica” particular, sin tener que acudir al “médico de las almas” que tal vez nos diagnostique una enfermedad que no queremos tener pues es muy duro el tratamiento, pero es el único que sana, no se cura un cáncer con “Desenfriol”.
“Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, pruebas las entrañas y el corazón.” ¿Por qué tantos huyen de la Confesión sacramental de sus pecados? Porque no quieren reconocer su enfermedad, quieren ocultar su ceguera con la excusa de “ser un poco corto de vista”, su lepra con el convencimiento que es “un lunar algo grande”. Tú no seas así, deja que el Señor entre en tu vida hasta el fondo, que ausculte y descubra las raíces de tu pereza, de tu falta de entrega, de tu sensualidad, de lo encogido de tu caridad, de tantas justificaciones para tus pecados. No creas que tapando la realidad (“¿También vosotros os habéis dejado embaucar?”) se sana el pecado. Acude al único que conoce tu alma, “que salva a los rectos de corazón” y, aunque el remedio sea la entrega hasta la cruz, no tengas miedo, es la medicina que salva, que llena de vigor, que hace alegre la entrega y contenta el espíritu. El único “medicamento” en la rebotica de María es su Hijo, acude a Él y quedarás sano.
No parece que tenga fiebre, a trabajar.

LO QUE DA GRIMA

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Sabiduría 2, la. 12-22; Sal 33, 17-18. 19-20. 21 y 23; san Juan 7,1-2.10.25-30

Heidi –así no se llama, pero como es chinita y su nombre es impronunciable para nosotros y podríamos decir una blasfemia en lenguaje mandarín la conocemos así y responde- entró en el bar con su cargamento de Cds y DVDs perfectamente pirateados (hasta que intentas verlos) mientras mi coadjutor y yo nos tomábamos un cafecito. En una mesa cercana un chavalote de los que presumen de “machotes” (gafas de sol sobre la cabeza, camiseta sin mangas marcando pectorales y enseñando bíceps de gimnasio, moreno de horas de rayos uva) y rodeado de tres chicas que le escuchaban con cara de escepticismo o aburrimiento, pues me imagino que la conversación que acaparaba el “gachó” era monotema: él mismo. Heidi se acerca a la mesa de estos jóvenes llevando en primer lugar de los DVDs la película de la Pasión de Mel Gibson que se vende muy bien y los chinitos tienen muy buen ojo para estas cosas. Mientras una de las chicas ojeaba el resto de las películas nuestro machote particular coge “La Pasión” y comenta en voz bien alta: “¿Quién puede querer ver esto?. Da grima, todo lleno de sangre y para ver a un tío sufrir, es una salvajada. Hay que ser un fanático para que a alguien le guste tanta sangre y bestialidad”. Se quedo él tan satisfecho de su bravuconería y Heidi se quedó con su película aunque no entendió nada, pues en castellano sólo sabe contar hasta diez (lo que rebaja bastante los precios).
Esa tarde vi “Master & Commander”, preciosos barquitos, encantadores animalillos, idílicos paisajes, música encantadora, vísceras al aire, miembros amputados, heridas de todos los tamaños y variedad de formas, cuellos segados, plomo atravesando los cuerpos, en definitiva una “aventura épica”.
“Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; (…) es un reproche para nuestras ideas y sólo verlo da grima.” Ahora comprendo la reacción del chavalote del bar, seguramente él no lo sepa pero conoce en el fondo de su corazón que la muerte de Cristo no es fruto de una reyerta, de una pelea, de una maldita casualidad; sabe que la muerte de Cristo es por él, por sus pecados, sabe que a Cristo lo recibió con alegría en su Primera Comunión, que el sacerdote cuando depositaba en su boca la Sagrada Forma era ese cuerpo al que veía deshecho en la carátula, que le había perdonado sus travesuras infantiles cuando recibió la absolución y escuchaba: “Yo te absuelvo” y era ese que veía destrozado ahora en un dibujo de la portada quien se lo había dicho. A veces el Señor se acerca “no abiertamente, sino a escondidas” y le descubrimos donde menos esperamos y, aunque nunca nos acostumbremos a encontrarnos la cruz (eso sí que sería una blasfemia) tenemos, como María, que ir conociendo los “secretos de Dios”, su amor que es inconmensurable, que nos “desarma” completamente.
Ese Cristo que ves en la cruz no es un desconocido, no es un recuadro de la sección de sucesos, no es “una cifra más”, es aquél que tanto conoces y que tanto te conoce, que tanto te quiere, que tanto ha hecho y hace por ti. ¿Lo despreciarás indiferente?

UN RESPIRO

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Isaías 7, 10-14; 8, 10; Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11 ; Hebreos 10, 4-10; san Lucas 1, 26-38

Todos los veranos suelo subir a lo alto de un monte a celebrar Misa en memoria de un salesiano amigo. Todos los veranos, cuando llego arriba, me acuerdo de Ricardo, el Salesiano, de San Juan Bosco, de los dos paquetes de Ducados que me fumé el día antes, del chuletón del día anterior, del michelín izquierdo y de lo bien que están situadas las Iglesias en medio de los pueblos y no en lo alto de los montes. Todos los veranos, cuando subo al monte, un amigo tiene ya preparado allí, en lo alto, un bocadillo de atún con pimientos que es una delicia: tras un par de mordiscos y un par de tientos a la bota de vino, se empieza de verdad a disfrutar del monte, de la altura que domina todo el paisaje, del aire que se respira (mucho más sano para fumarse un cigarrito en condiciones) y del celebrar la Eucaristía en incomparable marco e iniciar el descenso por la tarde, después de una buena comida.
La solemnidad de hoy, la Anunciación del Señor, es (salvadas las distancias, faltaría más) como el bocadillo de atún con pimientos de piquillo. Estamos avanzando en la Cuaresma, caminando hacia la cruz, descubriendo toda la dureza del camino, tropezándonos una y otra vez con nuestros pecados, raspándonos las piernas con las espinas de nuestras infidelidades, magullándonos con ese íntimo pavor a convertirnos de verdad y perder nuestros pequeños y absurdos tesoros. Parece que no tiene nada de agradable esto de la Cuaresma, además ya hemos vivido unas cuantas ¿y qué?, ¿Hemos cambiado alguna vez radicalmente nuestra vida?, ¿Hemos dejado de confesarnos de alguno de esos “pecados de siempre” después de alguna Cuaresma porque no lo cometamos más? ¿Nos han valido para algo tantas Cuaresmas anteriores?. Es algo parecido a lo que pasa a mitad de la montaña, empiezas a pensar que sería mejor hacer la Misa en la parroquia del pueblo, que así podría ir más gente, que es tontería después de tantos años seguir subiendo, que… Puedes tener toda la razón , pero el bocadillo de atún con pimientos, si te lo comes en tu cocina o en el mejor restaurante, no te sabe igual.
“Alégrate”, “No temas”, “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”, son las palabras con las que el ángel Gabriel comienza sus frases a la Virgen y no se oyen igual desde el sofá del salón de tu casa. Si no estás caminando por la Cuaresma el anuncio más grande que la humanidad entera ha recibido, la noticia más impensable e inconmensurable de todos los tiempos, no te sabrá a nada, preferirás “comer” otra cosa.
Con la Solemnidad de hoy sabemos que no caminamos para nada, que seguimos a Dios hecho hombre y “entonces yo digo:

“ER” GITANILLO, o “PRACTICANDO EL CALÓ”

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Isaías 49,8-15; Sal 144, 8-9. l3cd-14. 17-18; san Juan 5, 17-30

Muchos días, cuando voy de un templo a otro de la parroquia, me cruzo con grupos de gitanillos que juegan en la calle. Alguna vez me miran y preguntan: ¿Tú “erej” cura? Y tras la contestación afirmativa se despiden “adiós cura” y siguen sus juegos.
Un día uno de ellos, moreno como la “jet-set” marbellí, que no llevaba los moquillos colgando pues ya tenía un generoso muestrario en la camiseta y que ese día no tenía con quién jugar y sí ganas de conversación, me abordó y comenzó con la consabida pregunta: “¿tú “erej” cura?”. “¡Claro!”, le contesto y entonces –mientras daba vueltas mi alrededor y gesticulaba ampulosamente- me hace una pregunta para poner a prueba mis conocimientos (escasos, por cierto) de teología: “Si a ti te dan un cuchillo, “pá” donde apuntas, ¿pa´rriba o pa´bajo?”. “No sé –contesté desconcertado- espero que nunca me den un cuchillo, pero si es así me imagino que lo sujetaría hacia arriba, para no dañar a nadie”. “¡Hala, hala, hala, “er cura”! –contestó el chaval- pa´rriba no, que está Dios y si erej cura no querrás acuchillar a Dios, hay que tenel´lo pa´bajo, pal demoño, ca ese sí hay que acuchillal´lo”. El gitanillo estaba escandalizado de mi ignorancia y yo asombrado de la respuesta, así que le prometí que si alguna vez me daban un cuchillo lo mantendría hacia abajo, pero con cuidado de no hacer daño a nadie.
“Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo violaba el sábado, sino que también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios”. Estamos en Cuaresma, recordando nuestra iniciación cristiana, nuestro bautismo. Ese día tal vez lejano en el tiempo, pero actual día a día en que fuimos hechos –engendrados de nuevo- Hijos de Dios. Tal vez seamos hijos adoptivos pequeños, mocosos, ignorantes a los ojos de los sabios de este mundo, pero con el cariño inmenso del gitanillo en no ofender de ninguna manera a nuestro Padre Dios, de no poner ningún cuchillo “pa´rriba”.
¡Ser hijos!. “Os lo aseguro: el Hijo (con mayúsculas, la segunda persona de la Santísima Trinidad encarnada en las purísimas entrañas de María), no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre.” ¡Ser hijos!, sí, de adopción, pequeños, mocosos e ignorantes, pero: ¡hijos!. ¿Te das cuenta?. Tú y yo cuántas veces queremos enmendar la plana a Dios, emanciparnos de su amor, pensar que “me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado”, como si fuésemos funcionarios, conocidos, primos terceros o yo qué se qué. Pero: ¡Somos hijos!. “¿es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no me olvidaré.”, te dice tu Padre Dios.
“Os aseguro …” oímos repetidamente en el Evangelio de hoy. Vamos a hacerle caso al Señor, vamos a callar tantas voces sin sentido que nos rodean, vamos a dar crédito al único que puede llenar nuestro corazón, nuestras ansias de vida, lo que somos, quienes somos.
“Os lo aseguro”, nos dirá también nuestra Madre del cielo, vale la pena dar la vida al Señor de la Vida, (volvemos a las mayúsculas), al único juez cuya sentencia será justísima e irrevocable. El cuchillo de mi lengua, de mis criterios, de mis prejuicios, de mis olvidos, de mis desprecios, de mi autosuficiencia, …, siempre “pa´bajo”, nunca “pa´rriba”, hacia Quien sé que me quiere.

RESPETUOSO TEMOR

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Ezequiel 47, 1-9. 12; Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9 ; san Juan 5, 1-3. 5-16

El casi siempre genial grupo argentino “Les Luthiers” en su “Visita a la universidad de Wilstone” tiene un pasaje en que cuenta: “La atmósfera seria y solemne de las clases ha cambiado mucho últimamente, sin embrago cierto respetuoso temor no ha desaparecido de las aulas, sigue existiendo,… en los profesores.” Algo parecido pasa en nuestras iglesias, cierto respetuoso temor a hablar del infierno no ha desaparecido de las predicaciones, sigue existiendo,… en los sacerdotes.
Treinta y ocho años, unos 13879 días, al borde de una piscina. Viendo día tras día que otro se te adelanta en tirarse a la piscina sanadora, que nadie te ayuda pues cada uno piensa en sí mismo o en su enfermo. ¿Se podría pensar una tortura más dura?, ¿Mayor impotencia y pasar minuto tras minuto sintiéndote inútil y sentirse frustrado cada día cuando viese la zambullida de otro en el agua?. Es difícil pero: “Mira, has quedado sano, no peques más no sea que te ocurra algo peor.” ¿Peor? Sí, convéncete, el pecado es peor que la más dura enfermedad corporal, alejarse de Dios, rechazarlo en nuestra vida es abandonar el torrente de vida y adentrarse “en el mar de la aguas pútridas”, es huir de la alegría para echarse en brazos de la eterna melancolía, de la tristeza embriagadora, del odio eterno a todo y a todos, incluso a sí mismo.
“Cierto respetuoso temor”, hablar de la posibilidad cierta y real de la condenación no es agradable, puede parecer que vamos a “meter miedo” a la gente, que lo importante es “el amor” (dicho con tono melifluo y ñoño), que no es un asunto con el que tengamos que “asustar”. En el fondo el miedo está muchas veces en los predicadores a plantearse realmente que se juegan la vida eterna, es el intento de auto-convencerse de que lo que se silencia no existe, es el tapar tras el gesto displicente, la mueca burlona o el comentario sarcástico, una realidad que tememos y que creemos, como niños pequeños, que si nos tapamos los ojos desaparecerá.
“No sea que te ocurra algo peor”. Ciertamente si fuésemos conscientes de todos los dones que Dios nos da, de las veces que nos ha levantado de nuestra postración y nos ha dicho: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”, seríamos incapaces de ser tan ingratos de olvidarlo y ni imaginarnos el apartarnos de su lado, de hacer nada que Dios no quiera, de tener otro pensamiento, otra alegría, otra ilusión que no sea estar a su lado y anunciarle a todos y en todas partes. Pero eso sólo lo ha conseguido Santa María que no contaba con el lastre del pecado, que tenía el corazón libre para amar completamente a su Dios y Señor. Nosotros, tristemente, participamos del pecado, nos olvidamos de la infinitud de los dones de Dios, de las gracias diarias que recibimos, del amor entrañable, profundísimo y constante de Dios, “las maravillas que hace en la tierra”. Por eso nos viene estupendamente, a nosotros y a los que nos oyen, que les recordemos la fea cara del pecado, como tras lo que se presenta como agradable, deleitoso o más tristemente, indiferente, se encierra la inmundicia, la desolación, la muerte eterna. El infierno existe y tenemos que recordarlo, ya que, si lo callamos, tal vez algún día nos encontremos allí con un ex – amigo que nos escupa a la cara, nos mire con ira y nos pregunte por qué nunca le habíamos hablado de que éramos capaces de abandonar el amor a Dios, que éramos tan libres para elegir y elegimos lo peor. Santa María, reina del cielo que nunca, nunca, me ocurra.

H.L.Q.P.

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Isaías 65, 17-21; Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b ; san Juan 4, 43-54

Doce jóvenes de mi parroquia formaron hace casi un año un grupo de teatro que bauticé con el nombre de H.L.Q.P. (siglas de Hacemos Lo Que Podemos), nombre con el que se han quedado. Después de unos cuantos meses de ensayos más o menos provechosos, de enfados, mosqueos y demás, hace un mes representaron la obra “Al final de la cuerda”, de Alfonso Paso. Cuando veía el último ensayo pensé que no estrenarían la semana siguiente: Los movimientos en el escenario eran torpes, casi siempre daban la espalda al público (respetable, desde luego), se olvidaban el papel e incluso eran incapaces de olvidarlo, pues nunca se lo habían aprendido completamente. Llegó el gran día, el salón de la parroquia rebosaba con 150 espectadores y algunos de pie junto a la pared, los actores y actrices se habían puesto los disfraces por primera vez, las maquilladoras y peluqueras hacían maravillas. A petición de los propios representantes rezamos un avemaría y pasados unos pocos minutos se levantó el telón. Aparecieron las dos primeras actrices en escena y comenzó la obra. Lloré de risa, cada uno estaba en su papel, cuando tuvieron que improvisar lo hicieron con gracia y soltura, los gestos y la entonación eran los precisos y expresivos, el público se metió en la obra y avisaba a los actores de lo que sucedía a sus espaldas cada vez que aparecían moviendo un cadáver (era parte de la obra) de un lado a otro de la casa, rieron y aplaudieron a rabiar. Los integrantes de H.L.Q.P. disfrutaron y ya están ansiosos de preparar la siguiente obra y leerse “Los habitantes de la casa deshabitada” para empezar a aprendérsela.
“Como no veáis signos y prodigios, no creéis”. Parece que Jesús en Galilea no se sabe su papel, como los actores de la parroquia parece que no lo hace bien, porque aparentemente Jesús no es espectacular, no aprovecha el “tirón” de la gente, parece descolocado de su sitio y parece que, si sigue así, el día del estreno con público será un fracaso. Podía haber ido a casa del funcionario real –tal vez viviese en palacio, junto a Herodes que había oído hablar de Jesús y estaba esperando ver un milagro- haber impuesto las manos al niño tras elevar los ojos al cielo y cogiéndolo de la mano presentarlo ante la multitud que esperaría a la puerta y que le aclamaría como Mesías. Pero no, le basta con un simple: “Anda” dicho al funcionario real y que tal vez nadie más oyó. El funcionario se fió y el resultado, escondido a los ojos de las masas, fue el buscado, por eso, al ver tal maravilla, “creyó él con toda su familia”.
A veces nos pasa algo parecido al celebrar la Santa Misa, pensamos que la Palabra de Dios proclamada no es bastante, que las palabras “Esto es mi cuerpo” y “Este es el cáliz de mi sangre” van a ser poco efectivas, que, no impresionarán bastante, e inventamos. ¡Qué bonita eucaristía tuvimos en una convivencia!, me decía hace poco un joven, “hablamos todos, dimos nuestras opiniones, el prefacio y el canon de la Misa fue muy cercano (y muy inventado añado yo), fue entrañable, me llenó”. ¿Es entrañable estar en el calvario?, ¿Qué comentaríamos –tal vez como curiosos espectadores de la Pasión- a las palabras de Cristo en la cruz?. Dios no es “espectacular”, puede parecer que la obra de la salvación nunca va a llegar a estrenarse, que hace mal los gestos y que será un fracaso si no le enmendamos la plana. Pero la obra de la salvación se realiza en cada Misa que tiene cientos y miles de espectadores del cielo aunque sean pocos los de la tierra, y acaba siempre con una aclamación de admiración por el inmenso amor de Dios a los hombres. Santa María te acompaña en cada Misa, pídele que te ayude a estar mirando con toda la Iglesia a la cruz y no despistándote en invenciones absurdas.

EL DISCO DURO

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Josué 5, 9a. 10-12; Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7 ; Corintios 5, 17-21; san Lucas 15, 1-3. 11-32

Jamás lo pensé, cuando conseguí un ordenador (computadora para Hispanoamérica), con un disco duro de 9,41 GB. pensé: “Esto no lo lleno en mi vida”. Aunque el transcurrir de los años, los nuevos sistemas operativos y programas más potentes me hicieron comprar un segundo disco duro de 40 GB. “Esto ya es eterno, volví a pensar, casi 50 GB., de aquí a la tumba y aún me quedará espacio libre en el disco para mis herederos”. Mientras escribo este comentario ha saltado la alarma que me indica que: “a su disco duro le queda poco espacio libre, libere espacio o no podrá seguir trabajando”, no sé si podré terminar el comentario de hoy, y lo más triste es que todos mis comentarios, trabajos, archivos, fotos, etc., los guardo en copias de seguridad y no en el disco, pero el trabajar con películas y la creación de DVDs ha convertido mi “eternidad de espacio en disco” de la que estaba tan orgulloso, en un rinconcito oscuro del cuarto de las escobas. Habrá que lanzarse con uno de 200 GB. aunque ya no confiaré en que no se llenan nunca.
Hemos superado el primer párrafo sin más avisos estúpidos del ordenador, así que vamos a lo nuestro. “Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuenta de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la reconciliación”, hoy en muchas partes se celebra el día del seminario (¡qué tiempos aquellos en que sólo se llevaba la carga de nueve formadores y no de quince mil feligreses!), así que me permitirán que me centre en el sacerdocio. Al sacerdote se le está maltratando mucho últimamente, aparecen ante el mundo todas nuestras miserias, nuestras deficiencias y pecados. Nos meten a todos en el mismo saco de pederastas, reprimidos sexuales, dictadores, “fachorros”, autoritarios y anticuados y no me importa que nos traten así, pues unos y otros llevamos las cargas y sufrimientos de todos los hombres y especialmente de los hermanos sacerdotes y si todo el mundo hablase bien de nosotros sería que lo estaríamos haciendo muy mal. Pero a veces los sacerdotes nos podemos “achantar”, venirnos a menos, avergonzarnos de nuestro estado, no transmitir la alegría de nuestra vocación de entrega de la vida a la Iglesia por Cristo, de recibir el regalo de “el servicio de reconciliar”, de traer a Cristo al altar, de perdonar efectivamente en su nombre, de ayudar en la enfermedad y al bien morir, de proclamar su palabra y tantos momentos gozosos aunque sea cargando con la cruz propia y de los demás.
Desde que soy sacerdote me siento como mi disco duro, cada día que pasa, cada experiencia buena o mala, cada eucaristía celebrada mejor o peor, cada confesión que escucho aunque sea rutinaria, cada salmo del breviario, me va llenando y lo que parecía que ya era bastante para toda la vida te das cuenta de que Dios lo sobrepasa en el amor: cada día disfruto más –aunque nos insulten-, y noto con claridad que esta aventura divina no tiene límites que yo pueda poner porque el amor de Dios no tiene fronteras. Cada momento recibo ese aviso “disco duro lleno del amor de Dios” y voy quitando todo lo que no utilizo o me estorba para que esté sólo Él y con Él toda la humanidad a la que abraza como al hijo pródigo. ¿Tiempo para aburrirme?. Me falta tiempo para vivir más, para servir más, para entregarme más.
Si Dios te pide a ti, a tu hijo, a tu amigo, a tu hermano que se entregue como sacerdote, no pongas obstáculos, encontrarás la felicidad que nunca creías que podrías alcanzar, que tu disco duro también se queda pequeño. Santa María, madre de los sacerdotes, ayúdanos a caminar con la cabeza bien alta por la calle, pues esa cara que mostramos no tiene que ser la nuestra sino la de tu hijo Jesucristo, aunque sea el momento de mostrarse lacerado y magullado en lo alto de la cruz. Hoy una oración por todos los sacerdotes. Me voy al sagrario.

UNA PALABRA VALE MÁS QUE MIL IMÁGENES

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Oseas 6,1-6; Sal 50, 3-4. 18-19. 20-21ab; san Lucas 18, 9-14

Cada día veo menos la televisión y escucho más la radio y leo periódicos. No es que tenga nada especial contra la “caja tonta” pero la vida da de sí lo que da. Con la radio ocurre algo curioso, escuchas voces –y eso sin llegar al “delirium tremens”- y esas voces te sugieren una idea de quién habla, de su forma de ser, de su credibilidad, ganan un puesto de autoridad en tu vida según el crédito que le concedas. Cuando, por casualidad, conoces a un locutor de radio suele pasar que su “imagen verbal” no se corresponde con su aspecto. Un ejemplo: José María García que nos introducía cada noche en las intrincadas luchas del deporte español con la fuerza verbal de Goliat derribando filisteos, es bajito, calvito y poca cosa físicamente (como un servidor). Así la técnica de la competencia para desacreditarle fue llamarle “butanito” para que al oírle no se piense en la fuerza de la palabra sino en una bombona de butano que se suele colocar al fondo de la cocina junto a la basura.
“A Dios nadie le ha visto jamás”, nuestros ojos no tienen capacidad de visualizar la grandeza del creador pero “esforcémonos por conocer al Señor” que nos ha dejado su Palabra que es “tajante como espada de doble filo”. La Palabra de Dios llega a ser sólo un reflejo de la magnificencia del Señor, cuando lleguemos a su presencia no nos encontraremos con un “butanito” sino con el Creador de cielos y tierra.
Hace poco una revista publicaba la imagen que –según las encuestas- tenemos de Dios. El resultado era la caricatura de un Dios regordete, ancianito, bonachón, lleno de luces como un guateque de los setenta, simpaticote, … en el fondo, medio lelo, fatuo, simple, pasmado. Claro, a lo mejor es el gen madrileño, a un Dios así dan ganas de vacilarle: “¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano”, ni como ese terrorista, ni como ese empresario, ni como ese político, ni como esa prostituta, ni como mi vecina, ni como ese sacerdote, ni como la humanidad entera…necio te quieres enterar que cuando empiezas con esa retahíla acabarás diciendo: “ni como Cristo”. ¿Acaso te crees que le haces un favor a Dios con tus obras?, ¿Piensas que vas a “comer el coco” a Dios Padre presentándole lo que gana contigo?. Si tus obras las mueve el amor a Dios siempre te parecerán pocas, te parecerán una caricatura del amor de Dios, una nadería comparadas con la cruz de Cristo, una simple e incómoda hebra de paja en el portal de Belén, una pequeña parte seca de una esponja empapada en vinagre en la que Cristo sólo se moja los labios.
¿Te siguen quedando ganas de pertenecer a ese grupo de algunos que “teniéndose por justos” justifican únicamente su falta de entrega?. Cuando hagas esta noche tu examen de conciencia dile a tu Padre del cielo a los pies de la cruz que preside tu dormitorio: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador” y María te hará entender que el Señor acepta tu “corazón quebrantado y humillado no lo desprecia” y tendrás más ganas de entregarte y una sola palabra valdrá más que mil imágenes (seguramente trucadas) de tus triunfos.

EL PUZLE

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 ; Romanos 4, 13. 16-18. 22; san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

A mis padres les gusta hacer puzles (o rompecabezas, como se prefiera), le gustaba a mi abuela y a mis tías, aunque por mi parte he descubierto que no se trasmite en los genes: soy incapaz de acabar las dos mil piezas que tengo encima de la mesa. Es curiosa la manía de los puzles de hacer que todas las piezas parezcan iguales, sin embargo, cuando encuentras la que buscabas, realmente encaja en su sitio y van formando figuras, formas y eso: lo que parecía un manchón negro se convierte en un ojo con su ceja, su nariz adyacente, perfectamente delimitas y diseñadas. Son esas piezas claves que dan sentido y sujetan a todas las que están alrededor y que, aunque se quedaban abandonadas en la esquina de la mesa, cuando las descubrimos colocamos nueve fichas de un tirón.
Algo así-con perdón por la comparación- es la figura de San José. Puede parecer una pieza olvidada o sin importancia. Tal vez, como en el puzle, haya veces que lo has tratado de una manera o de otra y parecía que no encajaba en ninguna parte en tu vida de fe. Pero hoy, en este tiempo de Cuaresma en que estamos quitando tantas cosas y “piezas de otro juego” que nos impedían la visión, vamos a mirar a San José, vamos a elevarle de categoría para que sea nuestro intercesor para que nuestra oración llegue, seguro, hasta Dios.
“Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”, así de simple y así de envidiable. Si esta mañana hubiéramos comenzado el día –tú y yo- pensando en primer lugar qué es lo que quiere el Señor hoy de nosotros, el día hubiera sido muy distinto. ¿En qué pensaría David cuando oyó la profecía de Natán: “afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza”?. Pensaría, seguramente, en un rey poderoso de una nación fuerte, en grandes conquistas, en formar él solo el grupo de los G8, en riquezas, comodidades, bendiciones,… pero si viese a su descendiente: un artesano que se casa con una mujer embarazada, que andará de acá para allá para empadronarse, huir de Herodes, trabajando humildemente, entonces David pensaría que Natán no había escuchado la palabra de Dios, sino que habría tenido una pesadilla tras un atracón de cordero. Sin embargo, “la promesa está asegurada” pues la pieza que da sentido a el plan de Dios no es el poder ni la prepotencia sino hacer en cada momento lo que hay que hacer, con cariño, con decisión, con valentía, sin buscar componendas o satisfacciones personales. Si colocas en tu vida a San José descubrirás que tiene sentido el día a día, cada momento en que haces lo que Dios quiere aunque te cueste trabajo, y que cada acto -que a lo mejor no hace ningún ruido y sólo tú y tu ángel de la guarda conocéis- tiene sones de eternidad. Por eso San José es el patrono de la buena muerte que acerca sin ruido al encuentro con Dios, y de los seminarios donde se tiene que aprender a dejar de ser uno mismo para reflejar solamente a Cristo. Coloca la pieza de San José en tu vida y verás la cantidad de piezas que empiezan a encajar, y María -siempre a su lado- colocará el resto.
¡Ah! y felicidades Padre Dios.

NO A LA GUERRA

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Jeremías 7, 23-28; Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 ; san Lucas 11, 14-23

No, no se preocupe por el título del comentario, no me he vuelto un converso de los representantes de la “kultura” actual y sigo y seguiré sin ver ni tan siquiera los títulos de crédito de algo que filme Almodóvar, el título viene a cuenta del Evangelio de hoy: “Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa”, ese grito tan cacareado hoy ¡no a la guerra! vamos a hacerlo nuestro hoy pero referido a la guerra interior, a buscar la paz y encontrarnos con Cristo.
Hoy muchos se declaran católicos aunque ponen “peros”: Soy católico pero no voy a Misa, soy católico pero no rezo, soy católico pero no creo en la Iglesia, soy católico pero no me convence la moral sexual, soy católico pero la doctrina social es sólo para el tercer mundo, soy católico pero, pero, pero… Pero escucha: “El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama”. En muchas personas, en mayor o menor medida, esos “peros” se van filtrando poco a poco en el alma y esas pequeñas dudas y complejos se van amontonando hasta formar un enemigo “más fuerte, que lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín”.
Una guerra no comienza si uno de los contrincantes no lucha. El Papa nos decía en Cuatro Vientos “la verdad no se impone, se propone”, a veces con muy buena intención, pues tenemos clarísimo que proponemos una palabra de vida y de verdad, nos puede tentar el dialogar con cualquiera sin tener en cuenta que hay personas que viven en contra de la fe, que su afán es hacer daño a la Iglesia y a los católicos y a todo el que manifieste su fe en Dios, son “la gente que no escuchó la voz del Señor su Dios y no quiso escarmentar. La sinceridad se ha perdido, se la han arrancado de la boca”. Son hijos de Satanás, abortos de la mentira, hijos del odio a Dios y a la cruz a la que siempre “daban la espalda y no la frente” por lo que, por mucho que les razones y gastes en balde saliva, “ya puedes repetirles este discurso que no te escucharán; ya puedes gritarles que no te responderán”, son “tolerantes intolerantes”, “amables incapaces de amar”, “belicosos pacifistas”, “sabios que siembran la ignorancia” e “ideólogos de una humanidad deshumanizada”. Y con estas personas que promulgan estas ideas no se puede dialogar, pues siembran en el corazón la duda, la desazón, el desaliento que nos pone en lucha contra la gracia de Dios que actúa desde nuestro interior y nos quita la paz. Cuando te encuentres con estos vociferadores del Diablo o con sus ideas, tan sólo reza por ellos y da el testimonio de tu vida según Cristo, sin dialogar con la mentira y, si aceptan la misericordia de Dios, serán capaces un día de volverse a la cruz y decir “Realmente este era Hijo de Dios”, aunque hayan dedicado toda una vida a matarle le acogerá el abrazo de Dios. Pero si pretendes “dialogar” o dar razón a la sinrazón seguramente- no sería el primero que me encuentro- pierdas la fe o, casi peor, llenes tu vida de “peros”. Santa María danos tu entereza para seguir a Cristo de Belén al Calvario sin dejar que los enemigos asalten nuestra casa, que quiere ser siempre tuya.

Junio 2017
L M X J V S D
« May    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930