Domingo de la 3ª semana de Cuaresma – 14/03/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
CONVERSIÓN INAPLAZABLE

Jesús nos enfrenta con el realismo de la vida y de la historia. Nos enfrenta a cada uno con sus propias responsabilidades. Nos lleva a reflexionar sobre los acontecimientos, a descubrir el significado de la historia que a cada uno nos toca vivir y el sentido hondo de los hechos colectivos, políticos, en los que todos estamos implicados.

Estos sucesos, nos señala Jesús, son signo de la precariedad del hombre sobre el mundo y de la maldad que nos rodea y amenaza por la culpa que vamos segregando todos. Nos conducen desde la fe, a sentir la solidaridad en la culpa y a comprender la gravedad del momento, por insignificantes que nos puedan parecer nuestras faltas personales. Nos descubren nuestra condición de pecadores y nos reclaman estar prontos para la conversión. Son como invitación de Dios a abrirnos más allá de sí mismos. Son como índices de lo que Dios quiere: que yo pecador me convierta y viva, descubriendo por mí mismo lo que es justo.

Conversión significa estar abiertos al misterio del reino como don de amor y urgencia de un cambio que es posible. Sin este cambio, llegará la muerte como pérdida y fracaso. Si nos convertimos, el mal, el dolor, la muerte serán camino hacia el misterio, hacia la vida de Dios que ya tenemos.

No cabe el pesimismo sombrío; sino la conversión y la esperanza en un cambio fundamental que permita a la persona y a la comunidad humana y eclesial realizar su destino. Si las cosas van mal no cabe resignarse, desmoralizarse o inhibirse, sino ponerse manos a la obra para enderezar el rumbo torcido y colocar la vida, la historia, en su ruta verdadera.

Esta es la llamada a la conversión, propia del tiempo de Cuaresma y de todo tiempo; si no os convertís, todos pereceréis.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Por Cristo concedes a tus hijos anhelar, año tras año,
con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua,
para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno,
por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida,
lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios.


Prefacio I Cuaresma


Palabra de Dios:

Éxodo 3, 1-8a. 13-15

Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 11

Corintios 10, 1-6. 10-12

san Lucas 13, 1-9

Comprender la Palabra

Las lecturas Bíblicas de los Domingos 3º, 4º y 5º de Cuaresma ponen de relieve sucesivamente en los tres ciclos A, B y C, los tres Aspectos principales, que caracterizan la Cuaresma, a saber, el Aspecto Pascual, el más relevante, en el ciclo B, el Aspecto Catecumenal, en el ciclo A; y el Aspecto Penitencial, en el ciclo C., en que estamos.

La Cuaresma nace ante todo como tiempo de preparación para celebrar la Solemnidad de la
Pascua (Aspecto Pascual). Posteriormente, enseguida, será también el tiempo de preparación intensi-va a¿, los catecúmenos, que recibirán los Sacramentos Pascuales. Bautismo, Confirmación y Eucaristía, en la Noche de la Pascua. Y será también el tiempo de preparación intensiva de los penitentes (según la antigua forma del Sacramento de la Penitencia), que serán reconciliados con la Iglesia en la mañana del Jueves Santo,

Sin embargo, en Cuaresma todos somos catecúmenos, que en la Solemne Vigilia Pascual recibiremos la Aspersión del agua bautismal, y todos somos penitentes, invitados a recibir el Sacramento de la Penitencia.

Penitencia quiere decir cambio de manera de pensar, conversión de nuestros desvíos al camino de Dios. En este sentido la reiterada advertencia del Señor en la Lectura del Evangelio. “Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Sólo el Camino de Dios lleva a la vida, es decir, a laperficción, a la plenitud, de la vida eterna.

Moisés (2ª Lectura), en la Teofanía de la Zarza, que arde sin consumirse, es llamado por Dios, para que abandone el camino elegido de su huída, de su seguridad personal, y se convierta al camino, que Dios le señala: volver a Egipto para sacar de allí al Pueblo de Dios y conducirlo (Éxodo, Pascua) por el camino del Desierto a la Tierra Prometida.

El Apóstol San Pablo (2ª Lectura) evoca aquél Camino (Éxodo, Pascua) -conversión al Camino de Dios- y al evocarlo no puede menos que pensar en los dos grandes Sacramentos Pascuales, que celebraremos en la Solemne Vigilia Pascual :”Nuestros padres atravesaron el mar (Rojo) y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar y todos comieron el mismo Alimento Espiritual (el maná) y todos bebieron la misma bebida Espiritual (el agua de la roca)… ” Pero no perseveraron en el camino, se extraviaron y “perecieron “.

El Apóstol nos advierte que “esto sucedió en figura (anuncio profético) para nosotros… y que fue ese rico para escarmiento nuestro “. Pura que cuanto hemos sido bautizados en Cristo y recibimos el mismo Alimento Espiritual y la misma Bebida Espiritual (el Sacramento de la Eucaristía del Cuerpo y de la Sangre de Cristo) no caigamos en la tentación de desviarnos del camino de Dios y perezcamos.


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

¿Cómo celebramos nuestra fe? (II)


Los sacramentos son signos del amor de Dios, que nos transforma haciéndonos vivir su misma vida y colaborar en su trabajo. Dios es quien da el primer paso, pero nosotros tenemos que estar dispuestos a dejarnos a transformar por Dios. Por eso, quien va a recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, que empieza en el bautismo, se fortalece en la confirmación y llega a su plenitud en la eucaristía, tiene que prepararse: darse cuenta de lo que va a hacer y ejercitarse en la vida nueva en la que introducen los sacramentos.

Esta preparación normalmente no se consigue en un momento. Es un proceso prolongado, en el que se deben superar no pocas dificultades. Lo que cuenta el evangelio de san Juan que pasó al ciego de nacimiento, curado por Jesús, nos ayuda a comprender lo que pasa a quienes se preparan para los sacramentos, y a quienes los reviven y actualizan.


Cuadernillo, nº 3, pág. 36

al ritmo de la semana


San José, esposo de la Virgen María – 19 marzo

San José es “el hombre justo” que Dios dio por esposo a la Virgen Madre, “el servidor fiel y prudente que puso al frente de su familia, para que, haciendo las veces de padre cuidara a su único Hijo, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo nuestro Señor” (Prefacio). El esposo de María es guía seguro y amoroso, defensa y sostén en la pobreza del trabajo cotidiano (carpintero) y en la tormenta de la persecución (huída a Egipto). No se conserva ninguna palabra de San José, pero se dice de él que fue dócil a la voz de Dios: su silencio que acata la voluntad de Dios es más elocuente que muchas palabras. Su obediencia es extraordinaria, inspirada en una gran fe para admitir el prodigio de la virginidad de su esposa y madre a la vez, extraño y contrario a cualquier expectativa mesiánica de su tiempo. El Mesías será hijo de David porque José, desciende de David, del linaje. José, el hombre justo y bueno, descubre el misterio de la presencia y de la acción de Dios en su esposa, y sabe situarse ante él, primero con el gesto de retirarse y luego obedeciéndole en la misión que se le confía. José fue guardián de Cristo y de su madre virgen, los dones más grandes que Dios podía confiar a un hombre. “Señor, protege sin cesar a esta familia tuya … y conserva en ella los dones que con tanta bondad le concedes”.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

2 Reyes 5,1-15a. Muchos leprosos había en Israel, sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán el sirio.
Lucas 4,24-30. Jesús igual que Elías y Elíseo, no ha sido enviado únicamente a los judíos

Martes 3:

Daniel 3,25.34-43. Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde.

Mateo 18,21-35. El padre no os perdonará si cada cual no perdona de corazón a su hermano

Miércoles 3:

Deuteronomio 4,1.15-9. Escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir.

Mateo5,17-19. Quien cumpla y enseñe los preceptos del Señor será grande en el reino de los cielos.

Jueves 3:

Jeremías 7,23-28. Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios.

Lucas 11,14-23. El que no está conmigo está contra mí.

Viernes 3:
San José, esposo de la Virgen María.

2 Samuel 7,4-5a. 12-14a. 16. El Señor Dios le dará el trono a David su padre.

Romanos 4,13-16-18.22. José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Mateo 1, 1 6.18-21,24a. José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

o Lucas 2,41-5 1 a. Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Sábado 3:

Oseas 6,Ib-6. El Señor no quiere sacrificios ni holocaustos, sino misericordia y conocimiento de él.

Lucas 18,9-14. La oración auto-justificante del fariseo en el templo. Oración justificada del publicano humillado ante el Señor.



Domingo de la 2ª semana de Cuaresma – 07/03/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
SUBIR ES TRANSFIGURARSE

Tan importante corno vivir en la llanura de¡ trabajo cotidiano y de la lucha por la justicia y el desarrollo, es saber subir a lo alto de la oración y adquirir así visión y sentido de transcendencia. Quien se queda siempre en el valle de lágrimas del mundo y no asciende a la cercanía de Dios, pierde la perspectiva del cielo y no ve la gloria blanca de la transfiguración.

Dice el Evangelio de este segundo domingo de Cuaresma que Cristo subió a lo alto de una montaña para orar y que allí el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de blancos. El blanco es el color de las manifestaciones divinas, el color de Dios. El blanco demuestra alegría y gloria, es signo de fiesta y de comienzo. Los cristianos deberíamos cambiar un poco el color de nuestra vida, de nuestra fe, esperanza y caridad. Es demasiado indefinido, poco brillante. Nos vestimos de tiniebla, nos cubrimos con apariencias, nos autodefendemos con nuestros tonos oscuros para no tener que mostrar a la luz nuestras manchas. Es urgente recobrar el blanco resplandeciente de la oración y de la cercanía de Dios.

Pero no hay que engañarse, no siempre se vive en éxtasis, en transfiguración, en luz. Hay que superar la tentación de quedarse en lo alto estáticos diciendo. ¡qué hermoso es estar aquí! y refugiándonos en falsas tiendas de campaña. Hay que bajar al valle de lo concreto y del trabajo en el mundo. El ritmo de subidas y bajadas, de transfiguraciones breves en espera de la definitiva, de alegrías y tristezas, de cansancios y descansos es la verdad de la vida.

La verdadera transfiguración es una subida hacia la escucha de la Palabra del Hijo de Dios, palabra que viene de lo alto y no es fruto del pensamiento terreno, palabra que es luz y visión de eternidad.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Cristo,
después de anunciar su muerte a los discípulos,
les mostró en el monte santo
el esplendor de su gloria,
para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas,
que la pasión es el camino de la resurrección.


Prefacio II domingo de Cuaresma


Palabra de Dios:

Génesis 15, 5-12. 17-18

Sal 26, 1. 7-8a. 8b-9abc. 13-14

Filipenses 3, 17-4, 1

san Lucas 9, 28b-36

Comprender la Palabra

El Domingo 2º de Cuaresma, en los tres cielos A, B y C, en la Lectura del Evangelio, escuchamos el Relato de la Transfiguración del Señor,

Hay correspondencia entre el Relato de la Estancia de Jesús en el Desierto (Evangelio del Domingo 1º de Cuaresma) y el Relato de la Transfiguración. ¿A dónde conduce la travesía del Señor por “el Desierto” de este mundo, durante su ministerio mesiánico, en su incesante combate (Tentaciones) contra las fuerzas del Mal, que aparentemente vencer. (Pasión y Muerte de Cruz)? Y la respuesta no es otra sino ‘7a Resurrección Gloriosa del Señor, anticipada momentáneamente en la Teofanía de la Transfiguración, Jesucristo transfigurado (los tres Apóstoles “ven su gloria”) es declarado por el Padre “Hijo suyo “, su Palabra, a quien “hemos de escuchar”, con la fuerza del Espíritu Santo, simbolizado por “la nube”.

“Moisés y Elías” (que simbolizan la Ley y los Profetas, es decir, toda la Sagrada Escritura – El Antiguo Testamento-), observa San Locas, “hablaban con Jesús de su Éxodo (salida, Pascua, Paso), es decir, de “su muerte, que iba a consumar en Jerusalén ” (entiéndase su Resurrección de la muerte).

Hay semejanza entre la Teofanía de la Transfiguración del Señor y la que escuchamos en la l’ Lectura, El Señor, Dios, simbolizado en “la Humareda de horno” (¡la Nube de la Transfiguración!) y “la Antorcha ardiendo ” (¡la Luz de la Transfiguración!), le promete a Abraham darle la Tierra a el y a sus descendientes, con el rito de un juramento, que, según la costumbre, consistía en pasar entre los miembros descuartizados de animales, como diciendo “así me vea yo, si no cumplo lo prometido”.

En la Transfiguración del Señor Dios nos anuncia su promesa -¡Alianza Nueva Eterna de Dios con nosotros de nuestra resurrección en Cristo, como el Apóstol nos dice. “Nosotros somos ciudadanos del cielo (de la Tierra prometida a Abraham, es decir, de “los ciclos nuevos y la tierra nueva”), de donde aguardamos un Salvador, el Señor Jesucristo, El transformará nuestra condición humilde (Transfiguración = Resurrección de la muerte), según el modelo de su condición gloriosa (Cristo Transfigurado = Resucitado Glorificado) con esa energía que posee para sometérselo todo”. (2ª Lectura).

En la Solemne Vigilia Pascual, en los dos grandes Sacramentos Pascuales, el Bautismo y la Eucaristía, se nos anticipa ya nuestra transfiguración, transformación, resurrección, en Cristo.



Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

¿Cómo celebramos nuestra fe? (I)


Bautismo, confirmación y eucaristía son los sacramentos de la iniciación cristiana. A través de ellos la Santa Madre Iglesia nos hace nacer para una vida nueva: nacemos, crecemos y nos alimentamos como discípulos de Cristo,

De la celebración de estos sacramentos depende nuestra unión con Cristo, nuestra pertenencia a la Iglesia y nuestra participación en su misión evangelizadora en medio del mundo, Por eso es fundamental que estos sacramentos se celebren de un modo consciente y provechoso.

Todos pasamos por un intenso proceso educativo para poder participar en la vida de nuestra familia, de la sociedad y del ambiente que nos rodea. Es un aprendizaje para la vida.

También la Iglesia ofrece un “itinerario de iniciación” para hacerse cristiano. Sus etapas están marcadas por los sacramentos del bautismo, de la confirmación y de la eucaristía. La catequesis, estrechamente vincularla a los sacramentos, es elemento fundamental de la iniciación cristiana, porque nos ayuda a recoger con fe, consciente y gozosamente, la acción que Dios realiza en nosotros, incorporándonos plenamente a la Iglesia.


Cuadernillo, nº 3, pág. 30-32

celebrar mejor


Los tres sentidos de la Cuaresma

La Cuaresma es como un trenzado de tres hilos conductores. Los tres hilos son tres sentidos principales. Estos tres sentidos – que se manifiestan sobre todo en los domingos 3º, 4º y 5º de Cuaresma- son estos- el sentido pascual, el sentido penitencial y el sentido bautismal. Estos tres sentidos, propios de toda cuaresma, se acentúan uno u otros sucesivamente año tras año. Así, en la Cuaresma del año pasado se acentuó el sentido bautismal y en la Cuaresma del año que viene se acentuará el sentido penitencial, como en la Cuaresma de este año se acentúa el sentido pascual.

Veamos uno por uno este triple sentido o finalidad de la Cuaresma: Primero, el sentido pascual. La Cuaresma es el tiempo requerido, necesario, para prepararnos, sensibilizarnos, para celebrar provechosamente el Misterio de la Pascua, el Misterio de Cristo muerto, sepultado y resucitado, el Misterio nuclear de nuestra fe, el Misterio de nuestra muerte-resurrección en Cristo, que celebramos en la gran solemnidad del Tríduo Pascual.

Segundo, el sentido penitencial. La Cuaresma es el tiempo en que los penitentes, separados de la comunión eclesial, intensifican su esfuerzo penitencial, ayudados por la plegaria de la Iglesia, para ser reconciliados con la absolución sacramental y ser admitidos en el Banquete de la Pascua. Pero en Cuaresma todos somos penitentes, necesitados de la reconciliación y del perdón, que brotan del Misterio de la Pascua.

Y por último, el sentido bautismal. La Cuaresma es también el tiempo oportuno, en que intensifican su preparación los que van a ser bautizados y confirmados en la Noche de la Pascua, para participar también por vez primera en la Eucaristía. Pero no son ellos solos, todos somos catecúmenos en Cuaresma. Todos debemos prepararnos en Cuaresma como si empezáramos de nuevo a ser cristianos. Todos seremos rebautizados en la Vigilia Pascual por la aspersión del agua bautismal. Esa Noche la Iglesia entera nace de nuevo; todos somos neófitos, nuevas plantas.


Avelino Cayón

Para la Semana

Lunes 3:

Deuteronomio 9,4b-10. Nosotros hemos pecado, hemos cometido iniquidad.

Lucas 6,36-38. Perdonad, y seréis perdonados.

Martes 3:

Isaías 1,10.16-20. Aprended a obrar bien, buscad la justicia.

Mateo 23,1-12. Ellos no hacen lo que dicen.

Miércoles 3:

Jeremías 18,18-20. ¡Venid y le heriremos !

Mateo 20 17-28 Lo condenaron a muerte

Jueves 3:

Jeremías 17,5-10. Maldito quien confía en el hombre: bendito quien confía en el Señor.

Lucas 16,19-3 1. Tú recibiste bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentro aquí consuelo mientras que tú padeces.

Viernes 3:

Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28. ¡Ahí viene el soñador! ¡Venid, matémosle!

Mateo 21,33-43.45-46. Este es el herede-ro, ¡venid, matémosle!

Sábado 3:

Miqueas 7,14-15.18-20. Arrojará a lo hondo del mar todos nuestros deli-tos.

Lucas 15,1-3.11-32. Este hermano tuyo es-taba muerto y ha resucitado.



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