Domingo de la 13ª semana de Tiempo Ordinario. – 27/06/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
DOS VOCACIONES

Es clásica la relación entre “las vocaciones” o llamadas de la primera lectura y del Evangelio de este domingo. Se describe, en primer lugar, la llamada de Eliseo. El manto es el símbolo del carisma profético que se transmite como una investidura. El arado, símbolo del trabajo de Eliseo, se convierte en el signo del nuevo trabajo de¡ apóstol, ya que “ninguno que ha puesto su mano en el arado y después se vuelve atrás es digno del reino de Dios”. Ésta es la principal diferencia entre la perícopa de Elíseo y la perícopa evangélica.

La vocación al Reino, que pide Jesús, es exigente y radical. Es necesario no apoyarse en medios humanos y naturales. Es necesario que haya prontitud de respuesta y abandono del pasado. Es necesario mirar al futuro, hacia la Jerusalén de la entrega total. “Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”.

San Pablo dice que nuestra vocación es la libertad, por eso la libertad es el gran don de la redención, ya que hemos sido librados de la esclavitud del pecado. Es la libertad que supera el egoísmo y nos centra en el amor.

La vocación cristiana es cortar con un pasado cómodo o con costumbres aceptadas. La vocación cristiana es renuncia y distanciamiento de los bienes materiales, de los afectos poco convenientes y de las decisiones superficiales. La vocación cristiana es contraria a la nostalgia.

La vocación cristiana nos lleva siempre al terreno del amor auténtico y de la fe comprometida. Nos abre a los demás liberándonos de estar encerrados en nosotros mismos. La vocación cristiana nos mueve a caminar por la senda del Espíritu liberándonos de los deseos de la carne.

La vocación cristiana nos hace encontrar al Señor como lote y heredad perfecta, como bien supremo, que nos sacia de gozo en su presencia y de alegría perpetua.


Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Reyes 19, 16b. 19-21

Sal 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10. 11

san Pablo a los Gálatas 5, 1. 13-18

san Lucas 9, 51-62

Comprender la Palabra

Con la Lectura Evangélica de este Domingo comenzamos una nueva Sección del Evangelio según San Lucas. Es la Sección más prolongada y se caracteriza por “el Camino”, que Jesús emprende de Galilea a Jerusalén. San Lucas nos lo recuerda, reiterándonos que Jesús “iba de camino”. Sin ir más lejos, en la Lectura del Evangelio de este Domingo, nos lo recuerda dos veces: “De camino entraron en una aldea de Samaría… “. Mientras iban de camino, uno le dijo: Te seguiré adonde vayas… ” Mientras va de camino, Jesús continúa ejerciendo su Ministerio Mesiánico, como iremos viendo.

Llama la atención sobre todo la frase inicial de la Lectura del Evangelio: “Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la resolución) de “Ir a Jerusalén”. Es decir, el momento culminante de Jesucristo, de su Ministerio Mesiánico, de su Vida toda ella salvífica, consiste en su Victoria sobre el pecado y la muerte por su Resurrección-Ascensión Gloriosa; Acontecimiento (subida, paso, pascua), que tuvo lugar en Jerusalén.

Pero San Lucas nos describe el Camino geográfico de Jesús a Jerusalén como un símbolo: es Jesús quien abre el Camino; más aún, El es el Camino; el Camino del seguimiento de Jesucristo. Por el Camino, Jesús invita a unos y otros a seguirle. Las respuestas de Jesús aparentemente impertinentes, desabridas, son la expresión de la prioridad y de la urgencia del Reino (proyecto) de Dios. En manera alguna se opone el Señor a los deberes filiales -Mandamiento de Dios -de atender a los padres, como es el caso del Profeta Elíseo, llamado por el Profeta Elías a seguirle (Iª Lectura).

San Lucas observa que Jesús no pudo entrar en la región de Samaría, el Evangelista quiere darnos a entender que el Señor cumplió su Ministerio Mesiánico, mientras estaba en este mundo en presencia física, en Galilea y en el Camino a Jerusalén. Después de la Resurrección-Ascensión a los cielos el mismo Señor a través de su Iglesia, con la fuerza del Espíritu Santo, proseguirá su Ministerio Mesiánico -como observa San Locas en su Libro de los Hechos de los Apóstoles desde Jerusalén, por toda Judea, y Samaría y hasta los confines de la tierra, simbolizados en Roma, encrucijada de caminos.


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Participar en el Sínodo es ponerse en Camino de Conversión (II)


Lo sabemos: del reconocimiento entusiasta del Señor Resucitado y de su obra salvadora nace el deseo intenso de vivir unidos a Él, nuestro amor y nuestra esperanza; y el compromiso de entregarnos con todas nuestras fuerzas, siempre apoyados en la gracia, a secundar su llamada. Precisamente esto es lo que pretendemos con el Sínodo Diocesano: ver más claro cómo corresponder a la acción de Dios y, pidiéndoselo, decidirnos a ello con toda generosidad.



Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

al ritmo de la semana


San Pedro y San Pablo, apóstoles – 29 de junio

“En los apóstoles Pedro y Pablo has querido dar a tu Iglesia un motivo de alegría: pedro fue el primero en confesar la fe, pablo el maestro insigne que la interpretó: aquel fundó la primitiva Iglesia con el resto de Israel; éste la extendió a todas las gentes. De esta forma, señor, por caminos diversos, ambos congregaron a la única Iglesia de Cristo, y a ambos, coronados por el martirio, celebra hoy tu pueblo con una misma veneración”(Prefacio). San Pedro y san Pablo fueron martirizados en Roma: el primero el año 64, crucificado cabeza abajo, y enterrado después en la colina vaticana, junto al circo de Nerón; el otro el año 67, decapitado, en la Vía Ostiense, a cinco kilómetros de Roma. La tradición cristiana señala que ambos apóstoles recibieron el martirio el 29 de junio del mismo año.

La Iglesia celebra en este día no sólo la gloria de su martirio, sino también el misterio de su apostolicidad y universalidad. Pedro es la roca y el fundamento, el supremo pastor. Pablo es el instrumento elegido por Dios para revelar el misterio de Cristo entro los gentiles, fuera del mundo judío. Es una celebración de santa alegría, pero al mismo tiempo un compromiso de Fidelidad a las enseñanzas recibidas de que quienes fueron fundamento de nuestra fe cristiana.

Y una ocasión de manifestar nuestra comunión con el Papa, sucesor de Pedro, al frente de la Iglesia, y de “orar insistentemente a Dios por él”.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Amos 2,6-10.13-16. Revuelcan en el polvo al desvalido.
Mateo 8,18-22. Sígueme.

Martes 3:
San Pedro y San Pablo, apóstoles. Pedro fue el primero en confesar la fe; Pablo, el maestro insigne que la interpretó; aquel fundó la Primitiva Iglesia con el resto de Israel, éste la extendió a todas las gentes.

Hechos 12,1-11. Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes.
2 Timoteo 4,6-8.17-18. Ahora me aguarda la corona merecida.
Mateo 16,13-19. Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos

Miércoles 3:
Amos, un pastor de los alrededores de Belén, que Dios llamó a la difícil misión de proclamar su palabra a un pueblo tentado de idolatría y riquezas.
Santos Protomártires de la santa Iglesia Romana. Murieron en la persecución de Nerón en el año 64.

Amos 5,14-15,21-24. Retirad de mi presencia el estruendo del canto, fluya Injusticia como arroyo perenne.
Mateo 8,28-34. ¿Has venido a atormentar

Jueves 3:

Amos 7,10-17. Ve y profetiza a mi pueblo.
Mateo 9,1-8. La gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.


Viernes 3:

Amos 8,4-6. 9-12. Enviaré hambre, no de pan, sino de guardar la palabra del Señor.
Mateo 9,9-13. No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificios.

Sábado 3:
Santo Tomás, apóstol. Su incredulidad primera ante la resurrección de Cristo desembocó después en un ardiente testimonio de fe pascual.

Efesios 2,19-22. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles.
Juan 20,24-29. Señor mío y Dios mío.




Domingo de la 12ª semana de Tiempo Ordinario. – 20/06/2004

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Comentario Pastoral
¿QUIÉN ES CRISTO?

Los cristianos debernos hacernos dos preguntas: ¿Quién es Cristo para mí? ¿Quién soy yo para Cristo?”. Reconocer a Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre obliga a revertirse de Cristo, es decir, alcanzar el verdadero “ser cristiano”. Todos tenemos que meditar la respuesta del apóstol Pedro, que por reconocer el primero en Jesús al Mesías, lo convierte en fundamento primero de la Iglesia. Jesús se apresura a decir que su mesianismo, su salvación, pasa necesariamente por el dolor y la cruz; que seguirle es negarse a sí mismo; que sólo vale algo la vida si se entrega por los demás.

Hay preguntas que parecen inútiles y superadas, pero que son fundamentales, La pregunta de Cristo “¿quién decís que soy yo?”, que se lee en el Evangelio de este domingo, es una pregunta que cuestiona seriamente y compromete la decisión consciente de seguirlo,

No bastan las respuestas sabidas de¡ catecismo. No vale evadirse: “unos dicen … otros dicen…. los de más allá ignoran, etc”. Hay que responder desde la experiencia de la fe, con el valor de la esperanza y en la sinceridad del amor. Solamente se puede llamar cristiano a quien sabe responder a esta pregunta fundamental.

¿Quién es Dios? ¿un ser lejano? ¿alguien que habita en el cielo o en morada que no sabemos ubicar con exactitud? 0 por el contrario, ¿el Dios en quien creemos es el Padre de Jesucristo y nuestro Padre? Evidentemente, es un Dios desconcertante, un Dios que no acabamos de entender del todo porque sus caminos no son nuestros caminos. Es un Dios que sentirnos cerca y al que escuchamos porque creemos en su Palabra, que se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros.

El Dios revelado por Jesucristo no es un remedio de emergencia, una medicina de última hora para los casos desesperados, cuando todo falta. Dios es plenitud, vida, amor y salvación. Creer en Dios es admitir lo eterno en nuestra finitud y saber que también se nos revela en lo opaco, en lo desconcertante. Por eso la fe supone riesgo, decisión; no es vacío, sino firmeza. A veces la fe es vivir en un interrogante profundo, que nos hace más sinceros y auténticos.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Por Jesucristo, tu Hijo amado, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas,
y nos lo enviaste, para que hecho hombre del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen,
fuera nuestro Salvador y Redentor.
Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección,
extendió los brazos en la cruz y así adquirió para ti un pueblo santo.


Prefacio Plegaria Eucarística


Palabra de Dios:

Zacarías 12, 10-11; 13, 1

Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9

san Pablo a los Gálatas 3, 26-29

san Lucas 9, 18-24

Comprender la Palabra

Reanudamos con este Domingo -12 del Tiempo Ordinario del Año Cristiano- la lectura semicontínua, siguiendo el orden de capítulos, del Evangelio según San Lucas.

La Lectura Evangélica recoge la solemne confesión deje de Pedro, “Tú eres el Mesías de Dios”. Es Pedro ciertamente el primero en confesar sin ambajes la Mesianidad de Jesús frente a otras opiniones.

La confesión de fe de Pedro tiene su relieve en los Relatos Evangélicos. Por eso la escuchamos reiteradamente en los tres ciclos A, B y C.- “Tú eres el Mesías ” (según San Marcos); “Tú eres el Mesías el Hijo de Dios vivo” (según San Mateo).

La l” Lectura nos hace fijar la atención en el Primer Anuncio, que Jesús nos hace de su Pasión-Resurrección, en respuesta a la Confesión de Fe de Pedro. Jesús es ciertamente el Mesías, mas un Mesías paciente y por ende triunfante en la prueba: “El Hijo del hombre tiene que ser desechado … ejecutado y resucitar al tercer día “.

Cristo es el misterioso personaje, “el Señor”, a quien el Profeta Zacarías hace hablar en primera persona (1ª Lectura). “el Traspasado”, a quien “todos miran”; “el Traspasado`, que “derrama sobre todos un espíritu de gracia y de clemencia” (de compunción, de conversión); “el Traspasado”, “el Hijo único”, “e1primogénito”, ‘por quien hacen llanto… ” ‘ ¿Cómo no pensar en Jesús Crucificado, Traspasado por la lanza del soldado, según testimonio del Evangelista San Juan?

“El espíritu de gracia y de clemencia” que “.se derrama… “, es simbolizado en el agua y la .sangre, que manó del costado de Cristo, abierto por la lanza; es el espíritu de compunción, que, según testimonio de San Lucas, embargó a los que presenciaban la Pasión y la Crucifixión del Señor: “Le seguían un gran gentío del pueblo y de mujeres, que se lamentaban por El … toda la muchedumbre, que había acudido a este espectáculo (la muerte afrentosa de Cristo) se volvían dándose golpes de pecho”.

‘El espíritu de, gracia y de clemencia ” es el Espíritu Santo, que nos mueve a ‘perder la vida por causa de Cristo, en seguimiento de El, para salvarla”.



Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Participar en el Sínodo es ponerse en Camino de Conversión (I)


Comprender los acontecimientos de la historia -también los de nuestra pequeña historia personal- a la luz de la Resurrección del Señor, contemplar la obra que el Espíritu Santo realiza en nosotros y en la Iglesia, conduce, como decía el Mensaje final del II Sínodo para Europa, a “una alegre confesión de esperanza: ¡tú, Señor resucitado y vivo, eres la esperanza siempre nueva de la Iglesia y de la humanidad; tú eres la única y verdadera esperanza del hombre y de la historia; tú eres entre nosotros ‘la esperanza de la gloria’ (Col 1,27) ya en esta vida y también más allá de la muerte! En ti y contigo podemos alcanzar la verdad, nuestra existencia alcanza el auténtico sentido, la comunión es posible, la diversidad puede transformarse en riqueza, la debilidad en fortaleza, la fuerza del Reino ya está actuando en la historia y contribuye a la edificación de la ciudad terrena, la caridad da valor perenne a los esfuerzos de la humanidad, el dolor puede hacerse salvífico, la vida vencerá a la muerte y la creación participará de la gloria de los hijos de Dios”.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

al ritmo de la semana


Nacimiento de San Juan Bautista – 24 de junio

Juan el Bautista, el hombre de los desiertos, el hombre que no se resigna a creer que Dios no pueda cumplir la promesa. Él ha visto amanecer ya el Día, ha podido percibir cómo el desierto le tendía la mano. No le ha faltado el alimento diario, ni el agua en momentos de bochorno. En este amanecer ha comprendido que el día camina hacia su plenitud y que los hombres vivirán sin temor, como hijos, una vez que llegue el Compasivo.

Nacimiento de Juan el Bautista: ¿Será un privilegiado entre los nacidos de mujer? Y el más pequeño en el reino de los cielos, ¿no será tan privilegiado como él? Buen día para preguntarnos por el futuro de nuestros niños: ¿qué será de estos niños? Porque también su nacimiento y su vida es prueba palpable del amor misericordioso del Padre. ¿Seremos capaces de dedicarles el tiempo que sea necesario para que crezcan y se fortalezcan en el Espíritu’~ ¿Les alejaremos de tanto ruido vacío del mundo para introducirlos en la sonoridad del desierto donde puedan escuchar con sorpresa al Dios que habla y anuncia la paz a sus amigos y a aquellos que se convierten de corazón?

Si. Muchos de ellos han salido ya al desierto, han encontrado manantiales de agua viva y, subidos sobre los montes, empiezan a hacer señas a los hombres mostrándoles el camino del Mesías que avanza por el desierto y trae la paz.



Tirso Vaquero

Para la Semana

Lunes 3:

2 Reyes 17,5-8.13-15a.18. El Señor arrojó de su presencia a Israel, y sólo quedó la ciudad de Judea,
Mateo 7,1-5. Sácate primero la viga del ojo.

Martes 3:
San Paulino de Nola (355-43 l), primero vivió en matrimonio, después monje, finalmente, obispo. San Juan Fisher (1469-1535), obispo de Roff, luchó contra los errores de su tiempo y Santo Tomás Moro (1477-1535), canciller del rey de Inglaterra, ambos decapitados por Enrique VII.

2 Reyes l9,9b-l 1, 14-21.31-35a.36. Yo escucharé a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David.
Mateo 7,6.12-14. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.


Miércoles 3:

2 Reyes 22-8-13; 23,1-3. El rey leyó al pueblo e¡ libro de la alianza encontrado en el templo y selló ante el Señor la alianza.
Mateo 7,15-20. Por sus frutos los conoceréis.

Jueves 3:
Natividad de San Juan Bautista. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan, para dar testimonio de la luz y preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto.



Isaías 49,1-6. Te hago luz de las naciones. Hechos 13,22-26. Antes de que llegara Cristo, Juan predicó.
Lucas 1,57-66. El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre.


Viernes 3:
San Pelayo (+925), mártir de la castidad a los 14 años en Córdoba.

2 Reyes 25,1-12. Marchó Judá al destierro.
Mateo 8,1-4. Si quieres, puedes limpiarme.


Sábado 3:

Lamentaciones 2,2.10-14.18-19. Grita al Se flor, laméntate, Sión.
Mateo 8,5-17. Vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán Isaac y Jacob.



Domingo de la 11ª semana de Tiempo Ordinario. Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – 13/06/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
CORPUS CHRISTI

Cada día, de Oriente a Occidente, desde donde sale el sol hasta el ocaso, la Iglesia celebra el banquete sacrificial del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, cuya institución conmemoramos en la tarde del Jueves Santo. Todos los días son por lo tanto celebración del “Corpus”. Sin embargo, concluídas las fiestas pascuales, somos invitados nuevamente a una celebración solemne y particular de este Santísimo Sacramento, que sintetiza la vida toda del Señor y nos comunica los frutos de la redención.

El misterio de la Eucaristía tiene muchas evocaciones: es memorial de la pasión, es banquete de unidad, es anticipo de la vida divina que compartiremos con Cristo en el cielo. Por eso es necesario no quedarse en la periferia del misterio, sino descubrir una vez más lo que creemos y celebramos: el Cuerpo que se entrega, la Sangre que se derrama. La entrega es esencia profunda y última del Corpus, que debemos renovar constantemente. El cristiano debe ser pan que se multiplica, pan que se hace accesible a cualquier fortuna, pan de vida, pan de unión, pan que sacia el hambre. A ejemplo de Cristo que ha derramado su sangre,. el cristiano debe convertirse también en vino bueno, de la mejor cosecha, que va pasando de mano en mano y de copa en copa, para que todos beban salvación y no muerte.

Hay dos clases de procesiones. Una muy sencilla, pero difícil, la que día a día y momento a momento, al salir de la Eucaristía, debemos mostrar la verdad de fe y las exigencias de amor de lo que hemos recibido y hemos comulgado.

Y está la procesión solemne, grandiosa, emotiva y testimonial del Corpus. Con temblor interior y emoción profunda llevamos la Eucaristía como síntesis total de la vida de Cristo, y de su salvación universal, y a la vez como testimonio de la verdad y del amor que creemos e intentamos llevar a la práctica.


Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Fue en la última -ágape fraterno-, tras comer la Pascua según mandamiento,
con sus propias manos repartió su cuerpo, lo entregó a los Doce para su alimento.
La Palabra es carne y hace carne y cuerpo con palabra suya lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino, y aunque no entendemos basta fe, si existe corazón sincero.
Adorad postrados este Sacramento. Cesa el viejo sitio; se establece el nuevo.
Dudan los sentidos y el entendimiento: que la fe lo supla con asentimiento.


Fragmento del ‘Pangue Lingua”


Palabra de Dios:

Génesis 14, 18-20

Sal 109, 1. 2. 3. 4

san Pablo a los Corintios 11, 23-26

san Lucas 9, 11b-17

Comprender la Palabra

En la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo las tres Lecturas Bíblicas se refieren al Misterio de la Eucaristía. En la 2ª Lectura escuchamos el Relato de la Institución de la Eucaristía, transcrito por el Apóstol San Pablo. “Yo he recibido -nos dice- una tradición, que procede del Señor, y que a su vez os trasmito…”. En las otras dos Lecturas escuchamos anuncios profetices de la Eucaristía.

La figura de Melquisedec, que irrumpe en la trama de la Historia Sagrada, ofreciendo al Dios Altísimo pan y vino y bendiciendo a Dios por la Creación y por la Victoria de Abraham (1ª Lectura), evoca la figura de Jesucristo en la Última Cena, tomando en sus manos el pan y la copa, pronunciando sobre ellos la Plegaria de Bendición, evocando la Creación y la Salvación de Dios a través de los tiempos y que culmina en Cristo. La brevísima Plegaria sobre el pan enseguida, después de Cristo, se fundió con la Plegaria sobre el Cáliz, de mayor entidad y relevancia.

Pero Jesucristo no ofrece, como Melquisedec, pan y vino, sino “su Cuerpo y su Sangre” bajo los velos del pan y del vino; es decir, se ofrece a Sí mismo, su Persona, su Vida biográficamente entendida, que culmina en el Acontecimiento de su Pasión-Muerte-Resurrección, ofrece su Vida al Padre, viviéndola pendiente de la voluntad del Padre; es decir, entregándola por años en servicio de todos -“Su Cuerpo entregado y su Sangre derramada”; entregados a la muerte por (en provecho de) nosotros -Resurrección-.

Esta Ofrenda (Elevación) de Jesucristo al Padre culmina en su Ascensión Gloriosa. Así Cristo es sacrificado = Hecho sacro, sagrado, Glorificado. Este momento culminante de Cristo fue proféticamente anunciado en el Salmo, que comenta la Lectura: El que se ofrece y sacrifica es Aquel ti quien el Padre “ha engendrado entre esplendores sagrados antes de la aurora” y a quien ha declarado “Sacerdote Eterno, según el rito de Melquisedec”.

La Presencia real de Cristo, de su Persona, de su Vida Salvífica, que culmina en su Resurrección Gloriosa, en los dones consagrados, está garantizada por el mismo Cristo, en virtud del Espíritu Santo, por el Memorial (Evocación), que el Señor nos mandó hacer. “Haced esto en Memorial (memoria, conmemoración) de Mí”.

El Milagro de Multiplicación de panes y peces (Lectura del Evangelio) es también anuncio profético del Misterio de la Eucaristía. Cuando San Lucas escribe el Relato, hace tiempo que ya viene celebrándose la Eucaristía en la Iglesia y no puede menos que pensar en ella al describírnoslo.

Atención a las palabras de Cristo -exigencia de la Eucaristía- en este Dio de Cáritas. “Dadles vosotros de comer”.


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

La Vida del Resucitado se abre camino victoriosamente en nuestra historia (II)


El que participa en el Sínodo proclama esta certeza y, fundado en ella, sabrá buscar con toda humildad qué quiere Dios de nosotros aquí y ahora, y disponerse a la reforma de la propia vida, y a colaborar lleno de alegría en la realización del plan de Dios en este momento de la historia y de la vida de la Iglesia Diocesana. ¡Estamos seguros de no trabajar en vano!.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

al ritmo de la semana


El Sagrado Corazón de Jesús – 18 de junio

La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús no tiene ninguna relación con un hecho histórico de su vida. Sus antecedentes hay que situarlos en la Edad Media, donde la devoción a la humanidad de Cristo, especialmente a su pasión y a sus llagas se extendió como una corriente de espiritualidad. Los impulsores de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús fueron primero Santa Gertrudis y Santa Matilde en el siglo XIV, y en el XVII San Juan Eudes y Santa Margarita María de Alacoque. Clemente XIII aprobó la fiesta para la nación polaca, Pío IX en 1865 la extendió a la Iglesia universal, y Pío XI en 1928 la elevó a la máxima categoría litúrgica, comparable con las fiestas de Navidad y la Ascensión. No han faltado liturgistas que veían difícil justificar esta fiesta desde el punto de vista litúrgico. Decían que el Viernes Santo ya se celebraba el amor de Cristo herido por nuestros pecados, y que es el día más apropiado para meditar en su humanidad, incluyendo en ella su corazón. Lo principal en esta fiesta es el reconocimiento del amor de Cristo y la reparación. En la oración colecta se pide ofrecer a Dios “una cumplida reparación”. Pío XII en la encíclica “11aurietis aquas” dice que el amor a Dios a nosotros es lo fundamental en el cristianismo. Y este culto al Corazón de Jesús, en lo esencial, no es otra cosa sino el culto al amor divino y humano de la Palabra encarnada. Y a la vez el culto al amor con que el Padre y el Espíritu Santo aman a los hombres.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

1 Reyes 21,1-16. Nabot ha muerto apedreado,
Mateo 5,38-42. Yo os digo: no hagáis frente al que os agravia.

Martes 3:
En Madrid, Dedicación de la Catedral de la Almudena, consagrada por Juan Pablo 11 el 15 de junio de 1993.

1 Corintios 3,9b-l 3.16-16. Sois templos de Dios.
Lucas 19,140. Hoy ha sido la salvación de esta casa.

Miércoles 3:
En Madrid: Santa María Micaela del Santísimo Sacramento (1809-1865), virgen, devota de la Eucaristía, fundadora de las Adoratrices.

2 Reyes 2,1-6-14. Los separó un cano de fuego y Elías subió al cielo.
Mateo 63-6.16-18. Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.


Jueves 3:

Eclesiástico 48,1-15. Elías fue arrebatado en el torbellino y Elisco recibió dos tercios de su espíritu,
Mateo 6,7-15. Vosotros rezad así.

Viernes 3:
El Sagrado Corazón de Jesús. Se celebra el amor de Jesús para con todos los hombres, representado en su corazón.

Ezequiel 34,11- 16. Yo mismo apacentaré mis ovejas; las haré sestear.

Romanos 5,5b-1 1. La prueba de que Dios nos ama.

Sábado 3:
Inmaculado Corazón de María. Fiesta instituida por Pío XII en 1944.

Isaías 61,9-11. Desbordo de gozo con el Señor.
Lucas 2,41-5 1. Conservaba todo esto en su corazón.



Domingo de la 10ª semana de Tiempo Ordinario. La Santísima Trinidad – 06/06/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
SANTÍSIMA TRINIDAD

Los cristianos creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso; y en un solo Señor, Jesucristo; y en el Espíritu Santo, dador de vida. Este es el dogma fundamental de que todo fluye. Por eso la Iglesia, hoy nos invita a la celebración del gran misterio que nos hace conocer y adorar en Dios la unidad de naturaleza en la trinidad de personas.

Creer en la Trinidad normalmente no cuesta mucho, quizá porque es una verdad abstracta, que parece que afecta sólo a los teólogos. Ante el misterio no se pueden emplear palabras banales ni es actitud coherente el simple soportarlo. El misterio se cree, se adora. No basta quedarse en la representación del triángulo, del trébol o de los tres círculos enlazados. Tenemos un concepto de fe demasiado nocional, pues nos parece que creer es saber y entender, sin embargo creer es vivir. Por eso, creer en Dios es intentar vivir el misterio múltiple y único de Dios, que se manifiesta en nuestra vida.

La oración cristiana comienza “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” y siempre se concluye con una doxología en honor de las tres divinas personas.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Dios, Padre todopoderoso,
que has enviado al mundo la palabra de la verdad
y el Espíritu de la santificación
para revelar a los hombres tu admirable misterio,
concédenos profesar la fe verdadera,
conocer la gloria de la eterna Trinidad
y adorar su unidad todopoderosa.


Oración colecta


Palabra de Dios:

Proverbios 8, 22-31

Sal 8, 4-5. 6-7a. 7b-9.

San Pablo a los Romanos 5, 1-5

San Juan 16, 12-15

Comprender la Palabra

Concluido el Tiempo Pascual con la Solemnidad de Pentecostés, celebramos este Domingo la Solemnidad de la Santísima Trinidad. En toda celebración cristiana celebramos siempre a la Santísima Trinidad. Sin embargo este Domingo las lecturas bíblicas y las plegarias de la Misa nos hacen fijar la atención en el Misterio de Dios-Trinidad, revelado en Jesucristo.

Las tres Divinas Personas son mencionadas en la 2ª Lectura y en la del Evangelio, La actividad de Dios fuera de Sí mismo -la acción creadora, conservadora, la acción salvadora- es común a las tres Divinas Personas, si bien las diversas acciones divinas son atribuidas a Una u Otra Personas.

En la Lectura del Evangelio escuchamos un fragmento del coloquio de Jesús con sus discípulos en la sobremesa de la última Cena. Jesús nos revela la comunión armoniosa de las tres Personas Divinas, que intervienen en la Revelación de “la Verdad Plena”, que nos salva, si bien la revelación es atribuida al Espíritu Santo: “Todo lo que tiene el Padre es mío (del Hijo), Por eso os he dicho -nos dice el Señor- que (el Espíritu Santo) tomará de lo mío y os lo anunciará” (Lectura del Evangelio). El Espíritu Santo, “el Espíritu de la Verdad”, guió efectivamente a la Iglesia naciente “hasta la Verdad plena” durante el período, en que vivieron los Apóstoles en este mundo, la Iglesia Apostólica. Y proseguirá después incesantemente el Espíritu Santo iluminando a la Iglesia en el conocimiento de la Verdad Revelada.

En la 2ª Lectura el Apóstol también nos recuerda la actividad de las tres Divinas Personas: “De Dios (Padre), por medio de Jesucristo, hemos recibido el don de la fe … y de la esperanza … y, del amor de Dios, que ha sido derramado en nues1ros corazones con el Espíritu Santo, que se nos ha dado”.

En la 1ª Lectura el Misterio de la Santísima Trinidad está insinuado. En una relectura cristiana podemos entender “la Sabiduría” de Dios, personificada, como revelación implícita de Dios Hijo y de Dios Espíritu Santo.


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

La Vida del Resucitado se abre camino victoriosamente en nuestra historia (I)


La Vida del Resucitado se abre camino ya en nuestra historia victoriosamente y llegará un día en que será realidad plena, por el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, que con sus dones, con la gracia, ha puesto en el corazón de los cristianos las semillas indestructibles del Remo, La victoria del Resucitado sobre la muerte no es una hipótesis posible o deseable: es cierta (cfr. 1 Cor 15,54-58). En tiempo de incertidumbre como el nuestro, esta certeza puede parecer a algunos arrogante. La fe no lo permite, al situarnos en el polo opuesto del triunfalismo: al mostrarnos en el cuerpo glorioso del Resucitado las llagas abiertas, que nos avisan del sufrimiento en el camino.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

celebrar mejor


La Solemnidad de la Santísima Trinidad

E1 domingo siguiente a Pentecostés se celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad. Es como un eco y una síntesis de la Pascua del Señor. Todos los domingos se celebra la Santísima Trinidad, pero en éste se contempla el misterio pascual en el marco de la acción divina en el mundo y en la historia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La devoción a la Santísima Trinidad se inicia hacia el siglo IX, desarrollándose su culto en los monasterios benedictinos. No obstante, la liturgia nunca ha ignorado este misterio. “Todo don salvífico viene del Padre, por mediación del Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo; y en el Espíritu Santo, por medio del Hijo, vuelve de nuevo al Padre”. De una manera o de otra en todas las oraciones litúrgicas se invoca a las tres divinas personas: “Dios Padre todopoderoso… Por nuestro Señor Jesucristo… en la unidad del Espíritu Santo.
El formulario antiguo de la Misa era más bien abstracto y conceptual, y tenía puesta la mirada en la expresión de la fe de la Iglesia en un solo Dios y tres personas distintas. Pero la Santísima Trinidad es un misterio de vida y de comunión, además de misterio de fe y de adoración. Los formularios de después de la reforma litúrgica tienen más en cuenta la actuación de las tres divinas Personas con su unidad de naturaleza, con lo que es propio de cada persona, en la misma perspectiva que aparece este misterio en la Escritura. La oración colecta antigua decía: “Dios todopoderoso y eterno, que en la profesión de la fe verdadera, has concedido a tus siervos reconocer la gloria de la Trinidad eterna y adorar la Unidad de tu majestad omnipotente…”. En cambio, ahora: “Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio ……


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:
En los libros de los Reyes la historia nacional de Israel os contemplada con los ojos de Dios: son alabados los que fueron fíeles a un solo Señor y a un solo Templo, y son condenados y silenciados los otros, prescindiendo de sus cualidades políticas. Mateo en su evangelio, escrito para los cristianos que provenían de la ley mosaica, ve en Jesús de Nazaret al Mesías, en el cual se cumplen las promesas hechas a los padres de Israel por boca de los profetas. El tenia principal es la venida del reino de Dios.



1 Reyes 17-16. Elías sirve al Señor Dios de Israel.
Mateo 53-12. Dichosos los pobres en el espíritu.

Martes 3:

1 Reyes 17,7-16. La orza de harina no se vació, como lo había dicho el Señor por medio de Ellas.
Mateo 5,13-16. Vosotros sois la luz del mundo.


Miércoles 3:
San Efrén (306-373), diácono de Edesa, asceta y teólogo.

1 Reyes 18,20-39. Que sepa este pueblo que tú eres el Dios verdadero y que tú lo cambiarás el corazón.
Mateo 5,17-19. No he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Jueves 3:

1 Reyes 18,41-46, Elías oró, y el cielo derramó lluvia.

Mateo 5,17-19. No he venido a abolir, sino a dar plenitud,


Viernes 3:
San Bernabé, apóstol, compañero de San Pablo, intervino en el Concilio de Jerusalén y predicó el Evangelio en Chipre,

Hechos 11,21b-26; 13,1-3. Era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe.
Mateo 5,27-32. El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero.


Sábado 3:

1 Reyes 19,19-21. Eliseo se levantó y marchó tras Elías.

Mateo 5,33-37.Yo os digo que no juréis en absoluto.



Domingo de Pentecostés – Termina el Tiempo Pascual – 30/05/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
PENTECOSTES

Qué significa celebrar Pentecostés? Significa tomar conciencia de nuestra ciudadanía celeste, reconocer el valor de lo especial sin evasiones, profundizar en la vivencia pascual, descubrir el pluralismo en la unidad y alcanzar la convergencia en la fe. Pentecostés es la fiesta del aire nuevo, del viento impetuoso que viene de arriba para barrer, purificar y oxigenar nuestras estancias contaminadas y mortecinas. Pentecostés es día de fuego, de transmisión de calorías de fe y esperanza a nuestros corazones ateridos. Pentecostés es tiempo de comunicación con palabras auténticas de amor y de perdón, que superan el frío lenguaje institucionalizado.

La Iglesia comienza a andar en Pentecostés, que es día de catolicidad y por lo tanto de expansión misionera. Por la acción santificadora del Espíritu, la Iglesia es en el mundo la anti-Babel, pues en ella las diversas lenguas encuentran su unidad en la confesión del nombre del Señor.

Para los creyentes el Espíritu Santo es torrente de vida abundante, fuente de energía que capacita para imitar a Jesús, manantial de alegría eterna, origen de la paz verdadera que es fruto del perdón de los pecados. El cristianismo necesita la sacudida de un constante Pentecostés, para no quedarse en una quietud cobarde y en una actividad estéril.

Pidamos que el Espíritu descienda sobre nosotros para que seamos hombres con espíritu, con aliento de vida trascendente, con empuje creador. Supliquemos a Dios que su Espíritu sea para todos maestro, abogado, defensor, revelador de la Palabra. Deseamos el Espíritu que es causa de plenitud para el mundo y origen de la nueva creación.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones.

Derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.



Oración colecta


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34

San Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

San Juan 20, 19-23

Comprender la Palabra

VIGILIA DE PENTECOSTES

Oportunamente escuchamos, en la Lectura del Evangelio de la Misa de la Vigilia, la Promesa del Señor de enviarnos su Espíritu Santo; Promesa, que leemos cumplida en la Lectura del Evangelio de la Misa del Día.

El Señor promete el Don del Espíritu Santo bajo el símbolo del agua. Jesús, asiste ala Fiesta de los Tabernáculos, durante la que se agua sobre el altar de los Holocaustos en el Templo de Jerusalén en acción de gracias e impetración de lluvia necesaria para la sementera otoñal.
Pero aquella agua anunciaba proféticamente a quien es el “Agua” -Cristo, su Espíritu-. Por eso, nos dice: ‘El que tenga sed que venga a Mi, el que cree en Mí que beba… de sus entrañas manarán torrentes de agua viva ” Recordemos que Jesús, en su diálogo con la Samaritano dirá lo mismo; “El que beba del agua, que Yo le daré nunca más tendrá sed…se convertirá dentro de él en un surtidor de agua, que salta hasta la vida eterna”.

El Evangelista observa que Jesús “se refería al Espíritu, que iban a recibir los creyentes; y que todavía no se había dado, porque Jesús no había sido glorificado “. En efecto, el Señor Jesús resucitado, glorificado, -escuchamos en el Evangelio del Día – exhala su aliento -su Espíritu- sobre los discípulos; y en la 1ª Lectura de la Misa del Día San Lucas nos describe la efusión del Espíritu Santo en Pen tecostés.

El Espíritu Santo, “el Agua viva, que apaga toda sed”, que el Señor Jesús resucitado, glorificado, ha “derramado ” sobre nosotros (en el Bautismo) y nos ha dado a beber (en la Eucaristía), es quien hace suyos “nuestros gemidos”, “intercediendo por nosotros con gemidos inefables”, avivando en nosotros “la esperanza “y “fortaleciendo nuestra debilidad”, para que “aguardemos con perseverancia la hora de ser (plenamente) hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo«. (Lectura anterior a la del Evangelio).

Las cuatro Lecturas del Antiguo Testamento (a elegir) nos describen sucesos u oráculos proféticos, que evocan y anuncian el Acontecimiento de Pentecostés.

PENTECOSTÉS

Celebramos este Domingo, Octavo de Pascua, la Solemnidad de Pentecostés. Pentecostés significa cincuenta; los cincuenta días del Tiempo Pascual; el Día Cincuenta del Tiempo Pascual.

El momento de la Donación-Efusión del Espíritu Santo es culminación del único Acontecimiento de la Pascua. El Señor Jesús, Resucitado de entre los muertos y Subido a los cielos, nos envía desde el Padre el Don del Espíritu Santo, para que se realice en nosotros, a imagen de Jesucristo, el mismo proceso. Y así la Pascua (Paso) de Cristo sea nuestra Pascua (Paso) en Cristo.

En la Lectura del Evangelio (la misma, que escuchábamos el Domingo 20 de Pascua) y en la l’ Lectura escuchamos Relatos del mismo Acontecimiento del Don del Espíritu Santo, simbolizado en “el Aliento” Vital, que Jesús “exhala “y en “las lenguas como llamaradas “, respectivamente. En el momento de la Ascensión -escuchábamos el Domingo pasado Jesús, “levantando las manos -imponiendo las manos- los bendito” La imposición de las manos es signo ritual eficaz de la comunicación del “Bien, que les dice”, que les da: el Espíritu Santo.

Es, pues, el Espíritu Santo, el Don de la Pascua, que, con su incesante actividad, es el alma de la Iglesia en medio del mundo, impulsando la Misión (“Como el Padre me ha enviado, así también os envío YO”); provocando la fe-adhesión a Jesucristo (“Nadie puede decir Jesucristo es el Señor, si no es bajo la acción del Espíritu Santo”); promoviendo en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, los diversos carismas “servicios ” , ‘funciones”, “para el bien común”.

Y principalmente, en las acciones sacramentales, acciones de Cristo en, con, el Espíritu Santo: “Todos hemos sido bautizados (sumergidos) en un mismo Espíritu ” (el agua, símbolo de Cristo- “Agua “, y del Espíritu Santo). “Y todos hemos bebido de un solo Espíritu ” (beber la Sangre, Persona, Vida, de Cristo, es beber el Don del Espíritu Santo). (2ª Lectura). El ministro sacerdote (obispo, presbítero) “perdona los pecados”, Cristo en con, el Espíritu Santo perdona los pecados (Evangelio).

Avelino Cayón


celebrar mejor


Vigilia de Pentecostés

La celebración de la Pascua del Señor alcanza su culminación en la solemnidad de Pentecostés. Cristo resucitado ha dejado en su lugar, y como arras de la promesa, al Espíritu Santo. Puede ser conveniente celebrar la tarde-noche anterior una vigilia de oración. Hay que tener en cuenta que ésta, a semejanza de la Vigilia pascual, es meditación de la Palabra de Dios. La última edición del Misal Romano propone la celebración de la Misa de la vigilia de forma más extensa, con o sin 1 Vísperas incorporadas, abundantes lecturas bíblicas: cuatro del Antiguo Testamento, cada una con su salmo responsorial y oración, una paulina y el evangelio.

Las lecturas de la vigilia hablan una y otra vez del Espíritu Santo en cuanto promesa del Antiguo y Nuevo Testamento. En Babel el Señor confundió la lengua de toda la tierra (Gén ILI-9). El Señor bajará al monte a la vista del pueblo en la alianza del Sinaí (Ex 19.3-8a. 16-20b). La impresionante visión de los huesos secos es un anuncio de la resurrección del pueblo: “os infundiré mi
espíritu y viviréis” (Ez 37,1-4). La espléndida promesa: “sobre mis siervos y siervas derramaré mi espíritu” (J1 13,1-5). La lectura del Nuevo Testamento es como un eco de esta profecía de Joel, habla de la acción del Espíritu en el corazón de los creyentes: “el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rin 8,22-27). El cuadro se completa con el anuncio hecho por Jesús en la fiesta de los Tabernáculos: “El que tenga sed, que venga a mí: el que cree en mi, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva” (3n 7,37-39). Jesús Se refería a¡ Espíritu Santo que habrían de recibir los creyentes. Espíritu que brotó del costado de Cristo en la cruz.

“Dios todopoderoso y eterno, que has querido que la celebración de la Pascua durase simbólicamente cincuenta días y acabase con el día de Pentecostés; te pedimos que los pueblos, divididos por el odio y el pecado, se congreguen por medio de tu Espíritu y que las diversas lenguas encuentren su unidad en la confesión de su nombre”.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:
La Visitación de la Virgen María. “Dichosa tú, María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.
La segunda carta de Pedro habla sobre todo de conservar y aumentar la gracia, que es la vocación recibida de Dios por la fe, Nos invita a deshacernos de las corrupciones del mundo y esperar un cielo nuevo y una tierra nueva, inaugurados con la segunda venida del Señor.

Sofonías 3,14-18a. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti.

Romanos 12,9-16b. Contribuid en las necesidades del Pueblo de Dios: practicad la hospitalidad.

Lucas 1,39-56. ¿Quien soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Martes 3:
San Justino (s. II), filósofo y mártir, defendió con sus escritos el cristianismo.
Hacia el año 67, Pablo prisionero escribe a su discípulo Timoteo. Le dice que tenga fuerza para gobernar la Iglesia, ya que para este ministerio recibió la imposición de las manos, que le comunicó su espíritu de confianza y valentía

2 Pedro 3,12-15a.17-18. Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva.

Marcos 12,13-17. Lo que es del César, pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios.

Miércoles 3:
San Marcelino y San Pedro, mártires. San Dámaso da testimonio de su martirio, pues conoció a su verdugo.

2 Timoteo 1,1-16-12, Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos,

Marcos 12,18-27. No es Dios de muertos, sino de vivos.

Jueves 3:
Jesucristo, Sumo y eterno Sacerdote, fiesta concedida al episcopado español en 1973.

Isaías 52,13-53,12, Él fue traspasado por nuestras rebeliones.

Hebreos 10,12-23. Tenemos no gran sacerdote al frente de la casa de Dios.

Lucas 22,14-20. Este es mi cuerpo. Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre.

Viernes 3:

2 Timoteo 1,10-17. El que se proponga vivir piadosamente en Cristo Jesús, será perseguido.

Marcos 12,35-37. ¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David?

Sábado 3:
San Bonifacio (673-754), obispo de Maguncia, martirizado por unos paganos.

2 Timoteo 4,1-8. Cumple tu tarea de evangelizador. Yo estoy a punto de ser sacrificado y e) Señor me premiará con la corona merecida.

Marcos 12,38-44. Esa pobre viuda ha echado más que nadie.



Domingo de la 7ª semana de Pascua -La Ascensión del Señor – 23/05/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
LA ASCENSIóN COMO ENVíO


La Ascensión es un misterio de planificación, pues culmina el misterio pascual. Hoy actualizamos y celebramos en la fe el estado glorioso de Jesús de Nazaret, sentado a la derecha del Padre en el. cielo.

Celebrar la Ascensión del Señor no es quedarse estáticos contemplando el azul celeste o mirando las estrellas. No es vivir con los brazos cruzados pensando en la estratosfera y soñando evasiones fuera de la realidad. No es suspirar por un cielo nuevo y una tierra nueva, creyendo que en este mundo vivimos en una ausencia que engendra tristeza.

Todos necesitamos ascender, subir y superar nuestros niveles bajos de atonía humana y espiritual. Necesitamos perspectivas de altura para ver todo con más verdad y justa proporción. Es urgente ascender en la fe, en la esperanza y en el amor. Paradójicamente ascendemos mejor cuando descendemos más, somos ciudadanos del cielo cuando en la tierra caminamos comprometidos en las existencias del Evangelio. Cristo ha ascendido a los cielos porque antes descendió obediente a la voluntad del Padre hasta la verdad del desprecio, de la condena y de la muerte.

La Ascensión es sobre todo un envío y un compromiso en la Iglesia. Con realismo cristiano hay que vivir en el mundo trascendiendo todo, bautizando siempre, predicando el Evangelio en cualquier circunstancia, bendiciendo a todos, dando testimonio de cuanto hemos visto en la fe. Si levantamos los ojos para ver a Cristo que asciende, es para saber mirar a los hombres y reconocerlos como hermanos. Y a la vez acrecentar nuestro deseo del cielo.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado, de la muerte,
ha ascendido ante el asombro de los ángeles a lo más alto del cielo,
como mediador entre Dios y los hombres, como juez de vivos y muertos.
No se ha ido para desentenderse de este mundo,
sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra
para que nosotros miembros de su Cuerpo,
vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino.


Prefacio I de Ascensión del Señor


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 1, 1-11

Sal 46, 2-3. 6-7 8-9

Efesios 1, 17-23

san Lucas 24, 46-53

Comprender la Palabra

Celebramos este Domingo, Séptimo de Pascua, la Solemnidad de la Ascensión del Señor.

Escuchamos, este año (ciclo C), el doble Relato de] Acontecimiento de la Ascensión, en la 1ª Lectura y en la Lectura del Evangelio, escrito por el Evangelista San Lucas. Ambos relatos con sus variantes se complementan.

El Acontecimiento de la Ascensión del Señor concluye el Evangelio según San Lucas y abre el Libro de los Hechos de los Apóstoles.

La Ascensión del Señor -ateniéndonos al Mensaje de San Lucas- es el momento culminante de su Relato Evangélico; Jesucristo, con su Gloriosa Ascensión, alcanza la meta de su Camino-subida desde Galilea a Jerusalén; y a partir de Jerusalén inaugura un nuevo Camino, que el mismo Cristo Glorioso, a través de su Iglesia, recorrerá por “Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra”.

Concibe, pues, el Evangelista San Lucas la Ascensión del Señor como punto final de la Misión Mesiánica del Señor en este mundo antes del Acontecimiento de la Pascua, y como punto y seguido de su Misión Mesiánica, prolongada en la Iglesia hasta el final de los tiempos. Jesucristo no ha dimitido; no tiene sucesores; es siempre el Señor de la Iglesia.

Es importante tener en cuenta el orden geográfico, que san Lucas nos indica: Galilea-Jerusalén (Ministerio de Cristo); Jerusalén -Judea- Samaria-Confines de la tierra (Ministerio de la Iglesia). San Lucas se atiene a este esquema en su doble Obra literaria: Evangelio-Hechos de los Apóstoles. Concluye precisamente su Relato de los Hechos de los Apóstoles con la llegada de San Pablo a Roma, encrucijada de todos los caminos, que conducen a todos los confines de la tierra.

Un dato importante a tener en cuenta: En el momento de elevarse hacia el cielo Jesús, “levantando las manos, los bendijo ” (Lectura del Evangelio), Entiéndase: Imponiendo las manos sobre ellos, los bendijo. La imposición de las manos es gesto simbólico, ritual, expresivo, de la comunicación del Don del Espíritu Santo, que enseguida iban a recibir. “Yo os enviaré -les dice- lo que mi Padre ha prometido … que os revistáis de la fuerza de lo alto”. El Relato de la Ascensión del Señor que hoy escuchamos, se completa con el que escucharemos el próximo Domingo, Solemnidad de Pentecostés.

El Apóstol San Pablo, ahondando en el Misterio de la Ascensión del Señor, nos descubre su sentido : la Ascensión de Cristo es nuestra Ascensión en Cristo; El es nuestra Cabeza, inseparable de nosotros, que somos su Cuerpo (2ª Lectura).


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Nuestra esperanza tiene como fundamento la resurrección de Jesucristo (II)


“El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias”(Ap 3,22), que no es otra cosa que el Evangelio. El anuncio de la victoria del Resucitado es lacl4veque permite interpretar el sentido de los acontecimientos y de toda la existencia humana. El Evangelio es)apalabra que Dios nos dirige para que percibamos cómo la historia que vivimos con nuestros hermanos, con sus interrogantes y sus penas, junto con sus anhelos, ilusiones y nostalgias, avanza, aunque sea a tientas, por el camino pascual, abierto por Jesucristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte.

Vivir el Sínodo y participar en él en la forma que sea posible -en los grupos de consulta, o unidos en espíritu y oración por sus frutos- es un acto de esperanza cristiana, sobrenatural, que no nace de nuestra sola voluntad de cambiar las cosas, como si el reino de Dios dependiera de nuestro esfuerzo; ni tampoco del bienintencionado e ingenuo optimismo que nos sugiere como alcanzables los ideales de nuestra imaginación. La esperanza cristiana nace de la seguridad del don de la Vida a la que Dios nos llama, por más que la veamos fuertemente combatida y amenazada por el pecado.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

celebrar mejor


La Última Semana de la Cincuentena Pascual

E1 cirio pascual no se apaga después del evangelio de la Ascensión del Señor sino que sigue junto al altar o junto al ambón hasta el domingo de Pentecostés inclusive. Después se coloca en el baptisterio para utilizarlo en la celebración del bautismo. Así se simboliza la presencia del Cristo resucitado en todos los sacramentos.

‘Tas ferias que van desde la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés preparan para la venida del Espíritu Santo’. Después de la Ascensión de Jesús a los cielos 1os apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos… Todos ellos se dedican a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hech 1, 12-14). De la misma manera la Iglesia espera en la oración la venida del Espíritu Santo. Aunque esta espera ha estado presente durante toda la cincuentena pascual, se pone de relieve de manera especial en la última semana. “Oh rey de la gloria, Señor del universo, que hoy ascienden triunfante al cielo, no nos dejes huérfanos, envíanos desde el Padre tu promesa, el Espíritu de la verdad. Aleluya”. En las antífonas de entrada y de comunión y en el versículo del aleluya se emplean las mismas palabras de Cristo que promete el Paráclito. En la oración colecta se pide al Padre que llene su Iglesia con el don de su Espíritu, o que nos fortalezca con su poder para que hagamos su voluntad y le seamos fieles, o que haga nuestros corazones agradables a él, o que robustezca nuestra fe.

“Jesucristo, señor del universo habiendo entrado una -vez para siempre en el santuario del cielo, ahora, intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu. Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés” (Prefacio).




J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Hechos 19,1-8. ¿Recibisteis e¡ Espíritu Santo al aceptar la fe?

Juan 16,29-33. ¡Tened valor!: Yo he vencido al mundo.

Martes 3:
En Madrid: Santa Vicenta López Vicuña (1847-1890), funda en Madrid un Instituto para atender a las empleadas de hogar, sobresalió por su caridad con los pobres y humildes.



Hechos 20,17-27. Lo que me importa es completar mi carrera y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús.

Juan 17,1 -11 a. Padre, glorifica a tu Hijo,

Miércoles 3:
San Felipe Neri (1515-1598), se dedicó al cuidado de los jóvenes, fundó la Congregación del Oratorio, dedicada a las obras de caridad.



Hechos 20,28-38. Os dejo en manos de Dios que tiene poder para construiros, y datos parte en la herencia,

Juan 17.1lb-19. Que sean uno como nosotros.


Jueves 3:
San Agustín de Cantorbery (+605). Enviado a Inglaterra desde su monasterio, primero predicó el Evangelio, después ordenado obispo.



Hechos 22,30,23,6-11. Tienes que dar testimonio en Roma.

Juan 17,20-26. Que sean completamente uno

Viernes 3:

Hechos 25,13-21. Se trataba de ciertas discusiones acerca de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo.

Juan 21,15-19. Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.

Sábado 3:

Hechos 26,16-20-30-31, Pablo vivió en Roma predicándoles el Reino de Dios.

Juan 21,20-25, Este es el discípulo que ha escrito todo esto y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.



Domingo de la 6ª semana de Pascua – 16/05/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
DIALOGAR DESDE LA FE Y GUARDAR LA PALABRA

E1 tiempo pascual, que se caracteriza por el denominador común de la alegría se diversifica cada domingo por los temas que pone a nuestra consideración. La Pascua es el gran fundamento de la vida cristiana, que nos hace pasar de la utopía a la realidad, de la mentira al amor, del miedo a la paz.

Domingo tras domingo los cristianos guardamos la palabra que se nos ha dado, escucharnos las lecturas santas que nos recuerdan lo que Dios ha hecho por nosotros y sobre todo lo que Cristo ha realizado y cumplido para salvarnos. El cristiano no tiene que ser olvidadizo, desmemorizado, sino hombre de palabra, fiel a lo que cree y dice. El creyente es el que habla con palabra auténtica en un mundo de tantas falsedades, de tantos matices fonéticos. Hay que hablar y hacerse presente para posibilitar el diálogo, tomar conciencia de la realidad circundante manifestar vivencias interiores. Los diálogos desde la fe, aunque sean difíciles, son necesarios y urgentes, pues se están achatando los horizontes de la vida del hombre.

Se debe guardar la palabra de Dios sin que tiemble nuestro corazón ni nos acobardemos. El miedo es mal consejera, atenaza, impide cumplir la misión que se nos ha confiado. Existen demasiados temores y desánimos que cristalizan en cobardías cómplices. Es el Espíritu quien nos enseña y recuerda todo. No hablamos de nosotros, sino de Cristo. Nuestras palabras no tienen que ser de alarma o inquietud, no deben imponer más cargas que las indispensables, es decir, las del evangelio. Los conflictos hay que encerrarlos con serenidad, sin arrogancia, pues la palabra cristiana siempre es oferta de paz.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
nos concedes en cada momento lo que más conviene
y diriges sabiamente la nave de la Iglesia,
asistiéndola siempre con la fuerza del Espíritu Santo,
para que, a impulso de su amor confiado,
no abandone la plegaria en la tribulación
ni la acción de gracias en el gozo.


Prefacio II del Espíritu Santo


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 15, 1-2. 22-29

Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8

Apocalipsis 21, 10-14. 21-23

san Juan 14, 23-29

Comprender la Palabra

Escuchamos este Domingo, 6º de Pascua, en la Lectura del Evangelio, -como el Domingo anterior- un fragmento del Discurso-Coloquio de Jesús con sus discípulos en la sobremesa de la última Cena. Desde la perspectiva de la Pascua adquieren las palabras del Señor plenitud de sentido.

“Mi Padre y Yo -nos dice el Señor- vendremos a él (al que lo ama y guarda su Palabra) y haremos morada en él”. Es la Presencia del Padre y del Hijo en, por, el Espíritu Santo), Presencia Misteriosa, latente, tan reiterada en las páginas del Antiguo Testamento y afirmada solemnemente en el Nuevo a partir del Acontecimiento culminante de la Pascua de Cristo.

Esta Presencia de Dios –del Padre y del Hijo en, por, el Espíritu Santo- se hará patente, en visión beatífica, según la Visión-Revelación que tiene el Evangelista San Juan en su Libro del Apocalipsis (2ª Lectura): ‘El ángel … me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios … Su templo es el Señor Todopoderoso y el Cordero (la gloria de Dios lo ilumina y su lámpara es el Cordero) “. Es la Iglesia triunfante, gloriosa, el Nuevo Pueblo de Dios, Israel (las Doce puertas de la Ciudad=los nombres de las Doce Tribus); es la Iglesia Apostólica (los Doce cimientos, que llevan los nombres de los “Doce” Apóstoles).

La Iglesia Triunfante, Gloriosa, en la que la Presencia de Dios será patente, en su fase definitiva, tiene su precedente, su preparación, en la Iglesia en este mundo, a la que el Señor Jesús consuela, diciendo, “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde… me voy y vuelvo a vuestro lado” (de un modo nuevo, misterioso, latente). Esta vuelta del Señor será en, con, “el Espíritu Santo “, “a quien el Padre nos envía en nombre de Jesucristo”, para que “nos lo enseñe todo y nos vaya recordando todo lo que el Señor nos ha dicho”.

En el primer Concilio de la Iglesia, en Jerusalén -según testimonio de San Lucas en el Libro de los Hechos de los Apóstoles (1ªLectura), los convocados son conscientes de la Presencia actuosa del Señor Jesús, que “vuelve a nuestro lado “, con el Espíritu Santo, y al concluir su deliberación, -dirán-: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros.., “. La Presencia de Jesucristo en, con, el Espíritu Santo garantiza la infalibilidad de la Iglesia en lo esencial de la Fe y de la vida cristiana, preservándola de caer en graves errores; tal era el caso, al que se refería el Concilio de Jerusalén.


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Nuestra esperanza tiene como fundamento la resurrección de Jesucristo (I)


En la exhortación apostólica postsinodal La Iglesia en Europa, el Papa Juan Pablo II, nos ayuda a comprender bien las actitudes con que hemos de vivir nuestro trabajo sinodal en este curso que se inicia. Evocando el libro del Apocalipsis, nos muestra la fuerza sobrenatural de la resurrección de Jesucristo que guía y alienta a unas comunidades cristianas en su misión de anunciar el Evangelio en medio de la inseguridad, el desconcierto y las persecuciones. “No temas” dice la voz del cielo, potente como una trompeta. “Yo soy el Primero y el último, el que vive estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Infierno” (Ap 1,17-18). La Iglesia puede verse rechazada e incluso perseguida -como en tantas ocasiones a lo largo de su peregrinación histórica-, pero su confianza tiene un firme fundamento: el Viviente que sostiene en su derecha las siete estrellas, que son una figura de las diversa iglesias. La Iglesia habrá de hacer frente a las dificultades, no hay duda; pero su victoria esta asegurada porque está en manos de quien ya ha vencido a la muerte para siempre (cfr, Ap 1,20)


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

celebrar mejor


Sentido del Misterio

Algunos síntomas revelan un decaimiento del sentido del misterio en las celebraciones litúrgicas, que deberían precisamente acercarnos a él. Por tanto, es urgente que en la Iglesia se reavive el auténtico sentido de la liturgia. Esta, como han recordado los Padres sinodales, es instrumento de santificación, celebración de la fe de la Iglesia y medio de transmisión de la fe. Con la Sagrada Escritura y las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, es fuente viva de auténtica y sólida espiritualidad. Con ella, como subraya certeramente también la tradición de las venerables Iglesias de Oriente, los fieles entran en comunión con la Santísima Trinidad, experimentando su participación en la naturaleza divina como don de la gracia. La liturgia se convierte así en anticipación de la bienaventuranza final y participación de la gloria celestial.

En las celebraciones hay que poner como centro a Jesús para dejamos iluminar y guiar por Él. En ellas podemos encontrar una de las respuestas más rotundas que nuestras Comunidades han de dar a una religiosidad ambigua e inconsistente. La liturgia de la Iglesia no tiene corno objeto calmar los deseos y los temores del
hombre, sino escuchar y acoger a Jesús que vive, honra y alaba al Padre, para alabarlo y honrarlo con Él. Las celebraciones eclesiales proclaman que nuestra esperanza nos viene de Dios por medio de Jesús, nuestro Señor.

Se trata de vivir la liturgia como acción de la Trinidad. El Padre es quien actúa por nosotros en los misterios celebrados; El es quien nos habla, nos perdona, nos escucha, nos da su Espíritu; a El nos dirigimos, lo escuchamos, alabamos e invocamos. Jesús es quien actúa para nuestra santificación, haciéndonos partícipes de su misterio. El Espíritu Santo es el que interviene con su gracia y nos convierte en el Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

Se debe vivir la liturgia como anuncio y anticipación de la gloria futura, término último de nuestra esperanza. Como enseña el Concilio, “en la liturgia terrena pregustamos y participamos en la Liturgia celeste que se celebra en la ciudad santa, Jerusalén, hacia la que nos dirigimos como peregrinos hasta que se manifieste Él, nuestra Vida, y nosotros nos manifestamos con Él en la gloria”.


Juan Pablo II.
Ecclesia in Europa, nn. 70-71


Para la Semana

Lunes 3:

Hechos 16,11-15. El Señor abrió el corazón de Lidia para que aceptara lo que decía Pa-blo.

Juan 15,26-16,4a. El Espíritu de la Verdad dará testimonio de mí.


Martes 3:
San Juan 1 (+526), papa, que murió mártir en la cárcel de Ravena.



Hechos 16,22-34. Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.

Juan 16,5-11. Si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito.


Miércoles 3:

Hechos 17,15.22-18, 1. Eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo.

Juan 16,12-15. El Espíritu de la Verdad os guiará hasta la verdad plena,


Jueves 3:
San Bernardino de Siena (1380-1444), franciscano, predicador por toda Italia, gran devoto del nombre de Jesús.

Hechos 18,1-8. Se quedó a trabajar en su casa. Todos los sábados discutía en la sinagoga.

Juan 16,16-20. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.


Viernes 3:

Hechos 18,9-18. Muchos de esta ciudad son pueblo mío.

Juan 16,20-23a. Se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría.

Sábado 3:
Santa Joaquina Vedruna (1783-1854), religiosa, que se dedicó al cuidado de los enfermos y de la juventud.

Hechos 18,23-28. Apolo demostraba con la Escritura que Jesús es el Mesías.

Juan 16,23b-28. El Padre os ama, porque vosotros me queréis y habéis creído.



Domingo de la 5ª semana de Pascua. – 09/05/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
LA NOVEDAD DEL AMOR CRISTIANO

Los textos bíblicos de este quinto domingo de Pascua hablan de “novedad”. “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva” dice el Apocalipsis. “Os doy un mandamiento nuevo” afirma Jesús. Después de veinte siglos de historia de la Iglesia de práctica y vivencia del mandamiento primero y principal de la ley, ¿se puede hablar sinceramente de “novedad”? ¿No suena a tópico decir que la novedad cristiana se traduce en la palabra “amor”, palabra tan exaltada y a la vez tan desgastada? ¿Cuál es la novedad del amor cristiano?

Evidentemente que el amor no es algo nuevo. El afecto, el gozo, el cariño, la pasión, el consentimiento son la expresión constante del amor humano. El amor es sentimiento imperecedero del hombre en la tierra. La novedad cristiana de amor está en la referencia “corno yo os he amado”, que manifiesta su perfección y su meta. El amor no es una fría ley, no se puede reducir a un organigrama caritativo y a una institución social, no debe someterse a un calendario con días fijos para amar, no admito límites cortados por un reglamento, una campana o un reloj. El amor auténtico germina y vive siempre en la libertad de poderse expresar siempre.

Cristo nos amó hasta dar su vida. Por eso tiene sentido que el cristiano se consagre al servicio exclusivo de sus hermanos hasta la muerte de uno mismo.


Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Tanto amaste al mundo, Padre Santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu único Hijo.

El cual se encarnó por obra de¡ Espíritu Santo, nació de María la Virgen, y así compartió en toda nuestra condición humana menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo.

Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte, y, resucitando destruyó la muerte y nos dio nuestra vida.

Y porque no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó, envió, Padre, desde tu seno al Espíritu Santo, como primicia para los creyentes, a fin de santificar todas las cosas, llevando a plenitud su obra en el mundo.


Plegaria Eucarística IV


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

Sal 144, 8-9. 10-11. 12-13ab

Apocalipsis 21, 1-5a

san Juan 13, 31-33a. 34-35

Comprender la Palabra

Los Domingos Quinto y Sexto de Pascua, en la Lectura del Evangelio, escuchamos fragmentos del llamado Discurso-Coloquio del Señor en la sobremesa de la Última Cena, del Evangelio según San Juan. Escuchamos este Domingo (ciclo C) el comienzo del Discurso-Coloquio, “una vez que salió Judas del Cenáculo”.

De entrada Jesús anuncia su “pronta glorificación”: su glorificación por su Resurrección de la muerte. En la suprema humillación de la Cruz allí está Dios, allí resplandece el brillo (gloria) de su poder amoroso.

Todo el Discurso-Coloquio, de gran densidad, tiene plenitud de sentido y de comprensión a partir del Acontecimiento de la Pascua. Por eso, lo escuchamos en Tiempo Pascual.

La perenne novedad de la Pascua de Cristo, el Hombre Nuevo, lo innova todo: ‘Ahora hago el Universo Nuevo” -dice “el que está sentado en el Trono”, en la Visión del Evangelista San Juan en el Apocalipsis (2ª Lectura). Contempla el Evangelista, en sucesivas Visiones 1a Nueva Jerusalén -Morada de Dios entre los hombres-, que descendía del cielo de junto a Dios (la Iglesia, don de Dios, anterior a todos sus miembros), arreglada como una novia, que se adorna para su Esposo ” (Cristo). Es la Iglesia, que tiene su comienzo y su fin culminante en el Acontecimiento de la Pascua; la Iglesia en su fase definitiva, gloriosa, en la que “ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor”, en el marco grandioso de “los cielos nuevos y la tierra nueva”, porque “el primer mundo “, este mundo, por el que peregrina la Iglesia en su fase provisional, “ha pasado”.

Y en “la Nueva ciudad de Dios « en la Bienaventuranza Eterna, se cumple perfectamente “el Mandamiento Nuevo” del Señor: “Amaos unos a otros como Yo os he amado “: el Mandamiento perennemente vigente, que la Iglesia en este mundo se esfuerza por cumplir.

En la 1ª Lectura escuchamos la conclusión del Primer Viaje misionero del Apóstol San Pablo, acompañado de Bernabé, fundando numerosas comunidades cristianas. Es la Iglesia en sus comienzos, que crece y se extiende a todas las gentes, no sin persecuciones ( “Les exhortaban a perseverar en la fe, diciéndoles que “hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios. Así se cumple en la Iglesia la muerte (persecuciones) y la Resurrección de Cristo (el éxito de la Misión).


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Participar en el Sínodo es un testimonio de esperanza


La participación en un grupo de consulta sinodal -grupo eclesial orante-, a fin de preparar el Sínodo Diocesano, conlleva un valioso testimonio de la fe y una prueba inequívoca y eficaz de querer fortalecerla. No caigamos en la tentación del pesimismo, pensando que las comunidades eclesiales son demasiado rutinarias como para poder renovarse y abrirse a la voluntad del Señor y que resulta poco menos que imposible conseguir que la sociedad actual acoja el Evangelio. No, no .sería nada sensato desistir del camino emprendido. Sólo pensará as¡ el que no quiere salir de su propia comodidad o cuenta únicamente con sus propios recursos, los puramente humanos, y no con la gracia de Dios, Pero sabemos que Jesucristo resucitado vive en su Iglesia, nos llama a la conversión, perdona nuestros pecados y nos alimenta en la Eucaristía y los demás sacramentos, para enviarnos día a día a hacer de todos los pueblos discípulos suyos. No ha lugar ni para el desfallecimiento ni para la retirada. Todo lo contrario: lo que se impone es la actitud y el talante de la esperanza,


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

al ritmo de la semana


San Isidro Labrador, patrono de Madrid – 15 de mayo

Madrid, capital de España, no tiene por patrono un sabio, sino un sencillo trabajador, que “prefirió vivir de la agricultura, por parecerle el oficio más humilde, más penoso y más apto y seguro para la salvación de su alma”. Porque San Isidro, que vivió en el siglo XII, y fue canonizado por Gregorio XV en 1622, supo aquello de que “el que no trabaja, que no coma”, que decía Pablo, o lo que Santiago, “el labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía”.

Isidro nunca fue a labrar sin haber asistido primero al santo sacrificio de la misa, y haber implorado el auxilio de Dios y de la bienaventurada Virgen María. Fue tan grande su caridad hacia los demás que aún siendo pobre, se privaba a sí mismo de lo necesario para entregárselo a los necesitados. “San Isidro, labrador, cultivando la tierra, trabajó por el alimento que perdura; apeteciendo el Pan de la Vida, compartió su pan con los necesitados; unido a la Vid, que es Cristo, derramó sobre todo el vino del consuelo y de la alegría. En él nos has dejado la imagen viva de tu Hijo Jesucristo, que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (Prefacio).

“A ninguno, Isidro, el cielo premió por arar tan bien, porque fuisteis sólo quien aró con el cielo el suelo… ¿Qué labrador ha sabido fructificar sufrimientos? ¿Quién en la tierra ha escondido tanto cielo, que a sedientos campos haya humedecido?” (Himno de Vísperas).


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Hechos 14,5-18. Os predicamos el Evangelio, para que dejéis los dioses falsos y os convirtáis al Dios vivo.

Juan 14,21-26. El Defensor que enviará el Padre os lo enseñará todo.


Martes 3:

Hechos 14,19-28. Contaron la comunidad lo que Dios habla hecho por medio de ellos.

Juan 14,27-3 la. Mi paz os doy.

Miércoles 3:
San Nereo y San Aquiles, al convertirse abandonaron su vida militar, y murieron martirizados, o San Pancracio, sufrió el martirio en la persecución de Diocleciano.

Hechos 15,1-6. Se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los Apóstoles y presbíteros sobre la controversia.

Juan 15, 1-8. El que permanece en mi y yo en él ése da fruto abundante.



Jueves 3:

Hechos 15,7-21. A mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios.

Juan 15,9-11. Permaneced en mi amor, para que vuestra alegría llegue a plenitud.


Viernes 3:
San Matías, fue elegido apóstol para ocupar el puesto de Judas

Hechos 1,15-17.20-26. Echaron suertes, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstoles.

Juan 15,9-17. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido.

Sábado 3:
San Isidro, labrador (s. XII), patrono de la villa de Madrid y de los agricultores.

Hechos 4,32-35. Todos pensaban y sentían lo mismo.

Santiago 5,7-8.11.16-17. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra.

Juan 15,1-7. Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador



Domingo de la 4ª semana de Pascua. – 02/05/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
OVEJAS DEL BUEN PASTOR

Este domingo, conocido como el del Buen Pastor, recientemente desde tiempos del Papa Pablo VI tiene el matiz propio de ser Jornada de oración por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

Una de las imágenes bíblicas más entrañables es la del pastor. Ya en las catacumbas y en los mosaicos de las antiguas basílicas es frecuente la imagen del “buen pastor” joven y fuerte, que carga una oveja sobre sus hombros. Pastor y cordero son una misma realidad dentro de la maravillosa unidad de las imágenes terrenas usadas para representar al Cristo pascual desde la primitiva Iglesia. Son rasgos propios del pastor la fortaleza, el aguante, el silencio, la sensibilidad, la capacidad de observación, la sencillez de un rico mundo espiritual, la constancia. Todas estas características encerradas en la figura, frecuentemente enjuta y curtida, del pastor, hacen que sea persona entrañable e imprescindible en la experiencia de la vida rural de todos los tiempos, aunque muchos de nosotros, habitantes de la gran ciudad y un tanto tecnificados, tengamos que hacer un esfuerzo para captar la riqueza de su significado.

El trozo de evangelio que se lee este año, la última parte de la parábola, está centrado en la relación que existe entre las ovejas y el pastor Jesús, que se presenta a sí mismo como pastor verdadero, identificándose de esta manera con Dios, a quien los profetas y salmos proclaman como el Pastor de 1srael. “Yo y el Padre somos uno”.


Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Señor, Padre santo, tú que invitas a todos los fieles a alcanzar la caridad perfecta, pero no dejas de llamar a muchos para que sigan más de cerca las huellas de tu Hijo, concede a los que tú quieras elegir con una vocación particular llegar a ser, por su vida, signo y testimonio de tu reino ante la Iglesia y ante el mundo.


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 13, 14. 43-52

Sal 99, 2. 3. 5

Apocalipsis 7, 9. 14b-17

San Juan 10, 27-30

Comprender la Palabra

El Domingo 4º de Pascua, en los tres ciclos anuales, la Lectura del Evangelio es de Capítulo 10 del Evangelio según San Juan, en el que el Señor, en diálogo con los dirigen les religiosos de Israel, se nos revela bajo la imagen del Pastor; también bajo la imagen de la Puerta del aprisco. “Yo soy el Buen Pastor; Yo soy la Puerta de las ovejas”. Las solemne afirmaciones de Cristo “Yo soy… “, que encontramos sobre todo en el Evangelio según San Juan, evocan el Nombre de Dios, revelado a Moisés en la Teofanía de la Zarza; y no revelan el Misterio de la Divinidad de Jesucristo.

En el breve párrafo, que escuchamos, no aparecen esas solemnes afirmaciones, pero e preciso tenerlas en cuenta. Escuchamos estas palabras del Señor en el Tiempo Pascual. Es a partir del Acontecimiento de la Pascua cuando adquieren pleno sentido.

En la Visión, que tuvo el Evangelista San Juan y que él nos describe (2ª Lectura) contemplamos la Iglesia en su fase definitiva: “la muchedumbre inmensa, que nadie podía contar” “vestidos con vestiduras blancas” (la Nueva Humanidad -lo blanco símbolo de lo nuevo) ” … y con palmas en las manos” (la Humanidad vencedora sobre las fuerzas del mal-la palma símbolo de victoria). “Están delante del Trono (de Dios Padre) y del Cordero (degollado = inmolado; puesto en pie-resucitado). Son la Iglesia triunfante, gloriosa, que tiene su comienzo en este mundo.

“El Cordero, que está delante del trono, será su Pastor” (de nuevo la imagen de Pastor); El “nos conduce hacia fuentes de agua viva”. Cristo, el Pastor de la Iglesia en la dos fases: en este mundo y más allá de este mundo. Es la Iglesia, en la que va cumpliéndose el Acontecimiento de la Pascua de Cristo: “los que vienen de la gran tribulación … a quienes Dios enjuga las lágrimas de sus oíos”.

En la lª Lectura escuchamos un fragmento del relato del Primer Viaje misionero de Apóstol San Pablo (y Bernabé) por la zona sur de la actual Turquía. El Misterio Pascual, que anuncian en su Mensaje, se cumple, se verifica, en la persecución que padecen Pablo y Bernabé “hasta la expulsión del territorio” (Pasión de Cristo); pero también en el éxito de la Misión: las comunidades recién fundadas, “llenas de alegría y de Espíritu Santo” (Resurrección de Cristo).



Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Buscar Juntos la voluntad de Dios


Es cierto, un examen de conciencia veraz y cristianamente exigente, compartido con otros hermanos, nos ayuda a combatir contra las propias pasiones y las tentaciones del “enemigo” e implica la búsqueda de la verdad cristiana; es decir, supone no dejarse enredar en el relato interminable de las propias experiencias, acoger todo lo que la Palabra de Dios dice y no sólo lo que aparentemente nos conviene; y, finalmente, atreverse a avanzar en la dirección que Dios nos muestra aunque sea contra la corriente y la propuesta del mundo. Todo ello es posible si se vive en un clima de hondo y perseverante espíritu de conversión y con una valiente disposición de cambio de vida a la medida del Evangelio, según Dios, cueste lo que cueste, ¡Grande es -y será -el gozo que recibiremos por perseverar, con humildad y confianza, en la sincera búsqueda de la voluntad de Dios! Las propuestas de renovación y reforma personal y pastoral se aplicarán luego con toda la naturalidad, propia del estilo de vida de aquellos que, como María, escuchan la Palabra de Dios y la cumplen: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

celebrar mejor


Cultivo de las vocaciones

Al ser determinante la entrega de los ministros ordenados y de los consagrados, no se puede pasar por alto la preocupante escasez de seminaristas y de aspirantes a la vida religiosa, sobre todo en Europa occidental. Esta situación requiere que todos se comprometan en una adecuada pastoral de las vocaciones. Sólo “cuando a los jóvenes se les presenta sin recortes la persona de Jesucristo, prende en ellos una esperanza que les impulsa a dejarlo todo para seguirle, atendiendo su llamada, y para dar testimonio de él ante sus coetáneos”. El cultivo de las vocaciones es, pues, un problema vital para el futuro de la fe cristiana en Europa y repercute en el progreso espiritual de sus pueblos; es paso obligado para una Iglesia que quiera anunciar, celebrar y servir al Evangelio de la esperanza.

Para desarrollar una pastoral vocacional, tan necesaria, es oportuno explicar a los fieles la fe de la Iglesia sobre la naturaleza y la dignidad del sacerdocio ministerial; animar a las familias a vivir como verdaderas “iglesias domésticas” en cuyo seno se puedan percibir, acoger y acompañar las diversas vocaciones;
realizar una acción pastoral que ayude, sobre todo a los jóvenes, a tomar opciones de una vida arraigada en Cristo y dedicada a la Iglesia.

En la certeza de que también hoy actúa el Espíritu Santo y no faltan signos de su presencia, se trata ante todo de llevar el anuncio vocacional al terreno de la pastoral ordinaria. Por eso es necesario “reavivar, sobre todo en los jóvenes, una profunda nostalgia de Dios, creando así el marco adecuado para que broten vocaciones corno respuesta generosa”; es urgente que se propague en las Comunidades eclesiales del continente europeo un gran movimiento de oración, puesto que 9a actual situación histórica y cultural, que ha cambiado bastante, exige que la pastoral de las vocaciones sea considerada corno uno de los objetivos primarios de toda la Comunidad cristiana”. Y es indispensable que los sacerdotes mismos vivan y actúen en coherencia con su verdadera identidad sacramental. En efecto, si la imagen que dan de sí mismos fuera opaca o lánguida, ¿cómo podrían inducir a los jóvenes a imitarlos?.


Juan Pablo II.
Ecclesia in Europa, nn. 39-40

Para la Semana

Lunes 3:

Hechos 11,1-18. También a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida.

Juan 10,1-10. Yo soy la puerta de las ovejas

Martes 3:

Hechos 11,19-26. Se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles al Señor Jesús.

Juan 10,22-30. Yo y el Padre somos

Miércoles 3:
En Madrid. San José-María Rubio ( 1861-1919), jesuita, se dedicó a la predicación y ministerio de la reconciliación, verdadero padre para pobres y abandonados, apóstol de Madrid, canonizado el 3 de marzo de 2003.

Hechos 12,24-13,5a. Apartadme a Bernabé y Saulo.

Juan 12,44-50. Yo he venido al mundo como luz.

Jueves 3:
Hasta el día de Pentecostés se lee en el Evangelio de Juan las palabras de despedida de Jesús a sus discípulos en la última cena.

Hechos 13,13-25. Dios sacó de la descendencia de David a un Salvador: Jesús.
Juan 13,16-20. El que recibe a mi enviado me recibe a mí.


Viernes 3:

Hechos 13,26-33. Dios ha cumplido la promesa resucitando a Jesús.
Juan 14,1-6. Yo soy el camino, y la verdad y la vida.

Sábado 3:

Hechos 13,44-52. Nos dedicamos a los genti-les.

Juan 14,7-14. Quien me ha visto a mí, ha vis-to al Padre.



Domingo de la 3ª semana de Pascua – 25/04/2004

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
RECONOCER AL RESUCITADO

Prosigue el gozo de la Pascua: “La tierra entera aclama al Señor, la Iglesia canta himnos a su gloria, el pueblo fiel exulta al verse renovado en e espíritu y al haber recobrado la adopción filial”. La figura central de la tres lecturas bíblicas de este domingo es Cristo resucitado, que se aparece los apóstoles, mientras están pescando, y dispone la comida en la playa a s regreso. Es un evangelio rico en matices, de significados y reacciones.

A la indicación de Simón Pedro, el pescador fuerte, los apóstoles van a pescar quizás por necesidad, o por desahogo de instinto profesional o por querencias y reclamo del mar. Ellos, en otro tiempo tan expertos, se pasan toda la noche sin coger nada; ni un solo pez compensa su vigilia y agotamiento. Y al amanecer, la voz de un desconocido les llega desde la playa indicándoles que echen la red a la derecha. ¡Cuántas noches y días de esfuerzo vano y de trabajo estéril pasamos todos! Si sabemos llegar vigilantes al alba y escuchamos la voz amiga y obedecemos sus indicaciones, lograremos también una pesca abundante.

Al ver el milagro reconocen al Señor. Pedro con tantos esfuerzos para sacar la red no se había dado cuenta de quien le hablaba. Es necesario que s amigo Juan le indique: “es el Señor” y entonces va el primero a su encuentro ya que no ha sido el primero en identificarle. A nosotros nos puede pasar 1 mismo ante los afanes de este mundo y los esfuerzos por lo inmediato. N descubrimos al Señor presente, a Cristo resucitado, al Hijo de Dios que está nuestro lado.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Para orar con la liturgia
Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado
y rejuvenecido en el espíritu, y que la alegría de haber recobrado
la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente


Oración colecta


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 5, 27b-32. 40b-41

Sal 29, 2 y 4. 5 y 6. 11 y l2a y 13b

Apocalipsis 5, 11-14

San Juan 21, 1-14

Comprender la Palabra

El Domingo tercero de Pascua, en los tres cielos, escuchamos, en la Lectura del Evangelio, relatos de Apariciones del Señor Resucitado. Este año (ciclo C) escuchamos el Relato de la Aparición de Jesús a siete Discípulos Apóstoles, junto al Lago de Galilea.

El Relato tiene dos partes: La 1ª concluye con la Comida (pan y peces) y la 2ª comienza con el Diálogo de Jesús y Pedro.

En la 1ª Parte del Relato apenas hay palabras. Los Discípulos al comienzo de la Aparición parece que dubitan y enseguida se cercioran; “Ninguno de los discípulos -observa el Evangelista- se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor”. Fue precisamente Juan, el discípulo a quien Jesús tanto quería, el primero en reconocerle: “es el Señor”. El Señor Resucitado, en sus Apariciones, se aparece, no en el esplendor de su gloria tal cual es El Resucitado Glorioso, sino a través de mediaciones: bajo la apariencia de un hortelano, de un forastero o de su propia forma física en este mundo. De este modo los Apóstoles serán videntes sin dejar de ser creyentes para ser testigos cualificados, cuyo testimonio funda la .fe de la Iglesia.

“El pan” y “el pez sobre unas brasas “, que el Señor les prepara, evoca el Milagro de la multiplicación depones y peces, y también el Misterio de la Eucaristía (“Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado”).

En la 1ª Lectura escuchamos el solemne testimonio de Pedro ante el Sanedrín, que por segunda vez lo detiene y lo juzga. El Apóstol, vidente, creyente, testigo cualificado, nos anuncia lo nuclear de la Fe. “Dios resucitó a Jesús … la Diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo Jefe y Salvador .. para otorgar la conversión con el perdón de los pecados”. En el testimonio del Apóstol hay citas implícitas del Antiguo Testamento; el Resucitado no es un cualquiera sino Aquel a quien Dios ha acreditado como Salvación para la Humanidad, en la Sagrada Escritura.

Los Apóstoles dan testimonio de Cristo c en su palabra y con su vida hasta el martirio – “Azotaron a los Apóstoles … y salieron contentos de haber merecido ultrajes por el Nombre de Jesús “.

El mismo Señor, a quien en su Aparición contemplan los Apóstoles y de quien Pedro da solemne testimonio, es aclamado como “el Cordero degollado”, inmolado, que “esta de pie ante el trono de Díos”, resucitado, por “los cuatro Vivientes” que asisten ante el Trono y representan a toda la Creación, y por “los veinticuatro Ancianos” que representan al Antiguo y al Nuevo Israel, fundados respectivamente por los doce Patriarcas Hijos de Jacob y por los doce Apóstoles, en la perenne Celebración de Cielo y Tierra (2ª Lectura)


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Reunirse para hablar de la propia fe


El primer fruto ha consistido sin duda en el mero hecho de reunirse para hablar de la propia fe en un clima de oración y de búsqueda de la voluntad de Dios. Hemos sentido la fortaleza que nos da la Palabra en momentos de prueba, el gozo interior que encontramos en ella, la necesidad de transmitirla a otros y lo difícil que resulta a veces vivir cristianamente en una sociedad tan paganizada como la nuestra.

Otro fruto muy valioso ha sido el de haber examinado con los ojos de la fe y una sincera actitud de conversión las situaciones que vivimos en la sociedad, en nuestras parroquias o asociaciones y en nuestra familia. En la humilde escucha de la Palabra de Dios el Espíritu Santo ha desvelado a los ojos de nuestra conciencia la verdadera realidad de nuestra vida personal y comunitaria, vista y valorada según la medida de la Ley de Dios.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

al ritmo de la semana


San José obrero – 1 de mayo

Antes de convertirse en Europa el primero 1 mayo en fiesta del Trabajo, a finales del siglo XIX y principios del XX, fue un día de reivindicaciones, y con frecuencia de luchas en favor de la promoción obrera. En todo ello no podía quedar insensible la Iglesia. Los papas León XIII y Pío XI se esforzaban por abrirse a los problemas del mundo del trabajo. Pío XII en 1955 quiso dar una dimensión cristiana a ese día, instituyendo la fiesta de San José Obrero. Esta sustituía a la festividad del Patrocinio de San José sobre la Iglesia Universal, prescrita por Pío IX en 1847, y que se celebraba el miércoles de la segunda semana de Pascua. José no sólo fue un trabajador, el carpintero de Nazaret, sino que es el modelo del trabajador cristiano, ya que durante muchos años trabajó para Jesús, dentro de la intimidad diaria con él.
Las reivindicaciones de los derechos del trabajador en la sociedad actual son ciertamente una conquista humana y social. La memoria de San José Obrero disipa de algún modo la falsa acusación de que la lucha del mundo del trabajo es una lucha contra la Iglesia. “En tu amorosa providencia, has elegido a San José para que cuidara a tu Hijo hecho hombre, rodeándolo de afecto paternal, y nos ofreciera a nosotros el ejemplo de una vida laboriosa. Aunque descendía de la estirpe de David, se ganó el pan con el sudor de su frente. Ennobleció el trabajo humano sostenido y alentado por la convivencia de Jesús y de María, ejerciendo su arte con dedicación y virtud admirables, se convirtió en maestro de trabajo para Cristo el Señor, que no desdeñó ser llamado hijo del carpintero”.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:
San Isidoro (560-636), arzobispo de Sevilla durante 40 años, hombre erudito de vastísimo saber, figura destacada de la liturgia mozárabe.

1 Corintios 2, 1 – 10. Vuestra fe se apoya en el poder de Dios.

Mateo 5,13-16. Vosotros sois la luz del mundo.


Martes 3:

Hechos 7,51-8, 1 a. Señor Jesús, recoge mi espíritu.

Juan 6,30-35. No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo.

Miércoles 3:
San Pedro Chanel (1803-1841), misionero en Oceanía, donde murió mártir. 0 San Luis-María Griñón de Monfort (1673-1716), sacerdote, al servicio de los pobres y enfermos. predicador infatigable de la Virgen María.

Hechos 8,1b-8. Al ir de un lugar a otro iban difundiendo el Evangelio.

Juan 6,3 5-40, Esta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna.

Jueves 3:
. Santa Catalina de Siena (1347-1380), virgen, doctora, defensora de la libertad y de la paz, patrona de Europa

1 Juan 1,5-2,2. La sangre de Jesús nos limpia los pecados.

Mateo 11,25-30. Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla.


Viernes 3:

Hechos 5.34-42. Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

Juan 6,1-15. Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.


Sábado 3:
: San José Obrero, memoria instituida por Pío XII en 1955 para exaltar cristianamente el trabajo humano,



Génesis 1,16-2,1 Llenad la tierra y sometedla.

Colosenses 3,14-15.17.23-24. Lo que hacéis hacedlo con todo el alma, como para servir al Señor y no a los hombres.

Mateo 13,54-58. ¿No es el hijo del carpintero?.



Agosto 2017
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