Lo digo por propia experiencia: empezar algo nuevo es precioso, construir una parroquia es muy bonito (lleno de dificultades, pero hermoso), y es muchísimo mejor acabarla. Lo que no tengo ni idea es cómo será el terminar de pagarla, pero os emplazo aquí dentro de veinte años y os lo cuento. Los comienzos son los ideales: quiero hacer esto, esto otro, que aquello esté así, que lo otro esté asá. La construcción es contrastar los ideales con la cruda realidad: el terreno no da para tanto, falta dinero, esta solución no es posible, esta idea hay que cambiarla…, pero poco a poco todo va tomando forma. Y llega el día de la dedicación del Templo: los que antes se quedaban en la calle ya caben dentro, la megafonía funciona, el Sagrario está en un signo digno, el altar es de piedra, el vía-crucis se tarda más de un minuto en en recorrerlo, un montón de grandes y pequeños detalles que disfrutas cada día. Eso sí, el camino no está libre de espinas, pero como las heridas de Cristo se curan rápido.

“Quien no lleve su cruz detrás de mi no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:

“Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar”.

Estamos en noviembre, este mes dedicado especialmente a la oración por los difuntos. No nos viene nada mal el pensar también en el final de nuestra vida ¿Habremos terminado de construir? Este “terminar” no tiene nada que ver con los años que se vive. hay quien ha edificado más en unos meses que algunos en decenas de años. A cada uno sabrá Dios la parte del edificio de la Iglesia que le toca construir, y los detalles pequeños son tan importantes como los cimientos. Pero no podemos ser mala argamasa o un cemento defectuoso ni una pintura que se aclara con el sol. Si piensas que aún queda mucho para el día de tu muerte piensa primero que no lo sabes, pero si aún así no te convences acuérdate que “cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz”. Ya puedes ir preparando tu vida desde ya, mañana es tarde.

Y al final de la vida se nos examinará del amor: “amar es cumplir la ley entera”. Y no pienses que amar es fácil. Te toparás con la dura realidad de gente que no te quiere, de personas que no se dejan amar o que nos hacen daño, de rencores y pequeñas heridas que se nos quedan en el corazón y nos parecen imposibles de curar. Entonces piensa en el final, la de cosas pequeñas y grandes que Dios va a valorar en tu vida y que tal vez ni tu ni yo apreciamos. Eso te ayudará a seguir adelante.

María, nuestra madre del cielo, nos recuerda que Dios nos quiere en el cielo. Tal vez cueste construir, pero el arquitecto, el proyectista y el albañil es Cristo, con que nosotros no molestemos mucho ya es bastante.