Casi podríamos decir que es tarde, pero todavía no. Hoy, 8 de noviembre, es el último día en el que se puede lucrar indulgencia plenaria por un difunto yendo a rezar al cementerio, ofreciendo una Misa o un rato de oración. El año que viene tendremos otros ocho días para hacerlo. ¿Qué son las indulgencias? Pues lo miramos en el Compendio del Catecismo: “Las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, cumpliendo determinadas condiciones, obtiene para sí mismo o para los difuntos, mediante el ministerio de la Iglesia, la cual, como dispensadora de la redención, distribuye el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos”. Es decir, lo que vulgarmente se dice, un “chollo” y que la Iglesia que es madre nos permite ganar, especialmente por los difuntos.

“¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.”  El administrador infiel negocia como negocia el diablo y el pecado, desde la mentira y el engaño buscando su propio beneficio. Tristemente nos parece “un listo” pero sus negociaciones parten de la mentira y engañar al amo, aún a costa de ganar él algo menos. Nosotros miramos a la Iglesia como Madre, que reparte lo que gratis ha recibido y salvaguarda como un tesoro. “Negociar” con Cristo es algo mucho más sencillo. Se reconoce ante Dios nuestra miseria y nuestro pecado, reconocemos que no podemos ofrecer nada a Dios y recibimos la misericordia. Como queramos intercambiar a Dios la misericordia por cosas estamos cayendo en la simonía y el descrédito. “En Cristo Jesús estoy orgulloso de mi trabajo por Dios. Sería presunción hablar de algo que no fuera lo que Cristo hace por mi medio para que los gentiles respondan a la fe, con mis palabras y acciones, con la fuerza de señales y prodigios, con la fuerza del Espíritu de Dios”. Ese es el divino negocio, reconocer lo que Cristo hace en mí, lo que el Espíritu Santo actúa. Y desde nuestra pobreza dar gracias a Dios por todo.

Así que hoy rezar por los difuntos, también por alguno que no conozcáis y no tenga nadie que rece por él, el Señor sabrá. Ese sí que es un gran negocio-

María distribuye generosamente la gracia de Dios sobre las benditas ánimas del purgatorio, que se aferran a su manto para estar con Dios. Que pidamos sin cesar.