Hay gente que es muy pesadita, siendo benévolos. Cuando quiere algo insiste, e insiste,  e insiste hasta que le das lo que quieres. No sólo niños, no, también mayorcetes. Reconozco que en ocasiones puede ser una cualidad, a mi en cuanto me dicen que no busco otro camino, pero en ocasiones algunos son muy pesados, tanto que como ya suponen la respuesta no escuchan nada más, ningún argumento ni reflexión, ni quieren oír más que lo que están pidiendo.

«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En la misma ciudad habla una viuda que solía ir a decirle:

“Hazme justicia frente a mi adversario.”

Por algún tiempo se negó, pero después se dijo:

“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, corno esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara. “»

Jesús pone este ejemplo para animarnos a orar sin desanimarse. Algunos, algo caraduras, se dicen. “Dios ya sabe lo que me conviene, ¡para qué perder el tiempo rezando?” y se dedican a cualquier cosa menos a la oración. Es necesario rezar, “gritar a Dios día y noche,” sin desanimarse no desistir.

“Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu palabra todopoderosa se abalanzó, como paladín inexorable” Si es necesario pedir sin parar, también es necesario callar para escuchar la respuesta de Dios. Ten la certeza de que Dios atiende a nuestras peticiones,, pero no siempre como nosotros creemos que tiene que responder. No sé si ya conté (me voy haciendo mayor), que hace unos días hablaba con un chaval, con una vida medianamente complicada y que actualmente está cumpliendo una condena judicial. Le animaba a rezar por su madre, por la parroquia, por su familia, por el mundo…, “¡Y porque me vayan bien las cosas!” me dijo. Eso se lo prohibí, puede rezar por todos menos por él. Y se lo prohibí porque que le vayan bien las cosas significa que no le pillen fumando un porro, o no yendo a clase o tomándose tres cervezas. Por eso no hay que pedir, pues seguramente Dios te lo conceda de otra manera y se enfade con Dios. Por eso es necesario callar, para saber pedir y par a saber escuchar la respuesta de Dios.

“Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»” Es una de las preguntas más inquietantes de Jesús. Estamos muy cerca de terminar el Año de la Fe, vamos a pedirle al Señor, por intercesión de nuestra Madre la Virgen, que aumente nuestra fe y la del mundo entero, y ahora un poco de silencio para escuchar su respuesta.